CEREAL

      CEREAL

    Los labradores se detuvieron a escuchar el ruido. Habían llegado de la profundidad del horizonte, por sendas vías, y coronaban una meseta. Se encontraban desconcertados.

    Los perros miraban fijamente al suelo y lo despolvoraban con sus resoplidos.

    El rumor crecía por momentos y semejaba el de una ciudad precipitada a su ruina.

    Los labradores ahuyentan y matan un ave sanguinaria, ensañada con un toro fugitivo de la muerte, herido por la segur del sacrificio.

    El sol arroja de sí mismo el velo de azafrán, efecto del verano, y preside la salvación de la víctima ensangrentada.

    Los labradores observan el respeto de la vida y aborrecen las prácticas de sus vecinos. Conjeturan su pérdida en medio de un portento.

    Los labradores emprenden el camino de su aldea y reservan al predilecto del sol una ribera fecunda.


José Antonio Ramos Sucre



   El cielo de esmalte (1929)