DIDÁCTICA DE LA ALEGRÍA (Fragmentos)

II. DIDÁCTICA DE LA ALEGRÍA (Fragmentos)

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Desertarás primero la Tristeza,
Con su país de soles indecisos
    Y de rumiantes vacas.
La Tristeza es el juego más tramposo del diablo:
Tiene las presunciones de una Musa frutal,
y sólo es un pañuelo con que se suena el alma
      su nariz en resfrío.
Elbiamor, ¿qué dirías de una lámpara hermosa,
            pero sin luz adentro?
    Tal es, yo te lo juro, la Tristeza:
    es igual a esos platos de vitrina
que nunca recibieron y no recibirán
  ni una manzana verde ni un cuchillo.

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Si la Tristeza es ya tu inquilina morosa,
Échala de tu casa, pero sin altivez.
Le dirás que se lleve su catre y su baúl,
Que se ponga su gorro de astracán o de lluvia
Y que se vaya, en fin, a pisar hojas muertas
O a tocar los llorosos violines del hastío.

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  Bueno es ahora que te diga yo
cual ha de ser la esencia de un Alegre perfecto.
No entiendas, Elbiamor, que un Alegre lo es
porque la risa brota sin partera en sus labios
  o porque sus talones en frescura
  son dos rojos ovillos de la danza.
Baile, canción o risa traducen a menudo
la  sola complacencia de un hígado triunfante.
No desdeñes, empero, la humildad de esas flores,
  Porque lucir un hígado armonioso
también es un regalo de la Bondad Primera.


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Según mi ciencia, es un Alegre puro
  quien se atrevió a reír
después de haber mirado en equidad
el semblante primero de la Rosa.
¡Que un hombre así merezca tu saludo!
Porque ya es el espejo de una flor sin otoño.

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Deja la soledad para el uso exclusivo
      de los poetas devastados
      y los filósofos en ruinas.
«¡Estoy solo y medito!», se gallardea el búho,
    muy arropado en su lujosa noche.
    Pero el cóndor sereno de los Andes,
erguido en su montaña y al sol de mediodía,
reflexiona en silencio: «La soledad no existe».
Y es verdad, Elbiamor, que ninguno está solo.

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              22

  Tomo un pedazo de pan duro,
    lo remojo en el agua
  y lo doy a los pájaros de arriba.
  Come un gorrión el pan y luego tiende
      sus alas al espacio:
Elbiamor, el pan duro se ha convertido en vuelo.
  Se nutre de mi pan una calandria
Y en seguida retoma su profesión del trino:
Elbiamor, el pan duro se ha transformado en música.
No es bueno destruir el pan duro del alma:
  vale más remojarlo y transmutarlo
  ya en altura de vuelo ya en canción.

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              29

Elbiamor, que te vean siempre igual a ti misma,
ya toques las alturas, ya recorras el suelo.
Ni se rebaja el pan en la mesa del pobre
    ni se sublima en el mantel del rico.
        Sé como el pan, y la Justicia
        Dirá tu elogio en su balanza.

Leopoldo Marechal


Heptamerón (1966)  
acceso a poema completo

Poema gentilmente proporcionado por Graciella Ortellao, desde la Argentina ( enviar email ), que además seleccionó los fragmentos reproducidos.