Verte, qué visión tan clara.

La lámpara del cuerpo es el ojo, así que si tu ojo fuere sincero, todo tu cuerpo será luminoso.

SAN MATEO, VI, 22

Verte, qué visión tan clara.
Vivir es seguirte viendo.
Permanecer en la viva
sensación de tu recuerdo.

Verte. La distancia nace.
El cielo suprime al cielo.
La vida se multiplica
por el número de puertos.

Todo colmado por ti.
No ser más que el ojo abierto,
y eternizar el más leve
escorzo de tu silencio.

Verte para amarlo todo.
Claustro en tranquilo destierro.
Dulzor de caña lunada.
Luz en órbita de sueño.

Mortal límite de ti.
Cielo adolescente y tierno.
Núbil paciencia de playa.
Vivir es seguirte viendo.

¡Verte, Abril, verte tan sólo!
Tranquilísimo desierto.
Pena misericordiosa.
Sosegado advenimiento.

Verte: qué oración tan pura,
islas, nubes, mares, vientos,
las cinco partes del mundo
en las yemas de los dedos.

Luis Rosales


   Segundo Abril. Poema del aprendiz y el discípulo (1935-1938)    
Versión

Incluido en Luis Rosales. Poesía reunida 1935-1974. Biblioteca breve. Seix Barral. Barcelona. 1981.

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Y en Antología de la poesía española del siglo XX (II) 1940-1980. Edición de José Paulino Ayuso. Clásicos Castalia. Madrid. Editorial Castalia.

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