DE ANDRÓMEDA

       DE ANDRÓMEDA

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Atada al mar Andrómeda lloraba,
los nácares abriéndose al rocío,
que en sus conchas cuajado en cristal frío,
en cándidos aljófares trocaba.

Besaba el pie, las peñas ablandaba
humilde el mar, como pequeño río,
volviendo el sol la primavera estío,
parado en su cénit la contemplaba.

Los cabellos al viento bullicioso,
que la cubra con ellos le rogaban,
ya que testigo fue de iguales dichas,

y celosas de ver su cuerpo hermoso,
las nereidas su fin solicitaban,
que aún hay quien tenga envidia en las desdichas.

Lope Félix de Vega y Carpio


Rimas (1609)

Incluido en Poesía selecta. Edición Antonio Carreño. CÁTEDRA - Letras Hispánicas nº 187. 2ª edición, 1995.


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