SONETO LXXXVII - Cien sonetos de amor (1959) Noche

      SONETO LXXXVII

Las tres aves del mar, tres rayos, tres tijeras
cruzaron por el cielo frío hacia Antofagasta,
por eso quedó el aire tembloroso,
todo tembló como bandera herida.

Soledad, dame el signo de tu incesante origen,
el apenas camino de los pájaros crueles,
y la palpitación que sin duda precede
a la miel, a la música, al mar, al nacimiento.

(Soledad sostenida por un constante rostro
como una grave flor sin cesar extendida
hasta abarcar la pura muchedumbre del cielo.)

Volaban alas frías del mar, del Archipiélago,
hacia la arena del Noroeste de Chile.
Y la noche cerró su celeste cerrojo.

Pablo Neruda, 1959


   Cien sonetos de amor (1959) Noche    

Incluido en Veinte poemas de amor y una canción desesperada. Cien Sonetos de Amor. Plaza y Janés. Ave Fénix 205-2. Sexta edición, junio 1998. Barcelona. En la red http://www.wagill.com/neruda/ciensone/

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