DEJAD QUE LA ALABE...

DEJAD QUE LA ALABE...

¿Existirá? ¡Quién sabe!
Mi instinto la presiente;
dejad que yo la alabe
previamente.

Alerta el violín
del querubín
y susceptible al
manzano terrenal,
será a la vez risueña
y gemebunda,
como el agua profunda.

Su índice y su pulgar,
con una esbelta cruz,
esbelto persignar.

Diagonal de su busto,
cadena alternativa
de mirtos y nardos,
mientras viva.

Si en el nardo canónico
o en el mirto me ofusco,
Ella adivinará
la flor que busco;
y, convicta e invicta,
esforzará su celo
en serme, llanamente,
barro para mi barro
y azul para mi cielo.

Próvida cual ciruela,
del profano compás
siempre ha de pedir más.

Retozará en el césped,
cual las fieras del Baco
de Rubens;
y luego... la paloma
que baja de las nubes.

Riéndose, solemne;
y quebrándose, indemne.

Que me sea total
y parcial,
periférica y central;
y que al soltar mi mano
la antorcha de la vida,
con la antorcha caída
prenda fuego a mis lacios
cabellos, que han sido antes
ludibrio de las uñas
de las bacantes.

Que me rece con rezos abundantes
y con lágrimas pocas;
más negra de su alma
que de sus tocas.


Ramón López Velarde


   Zozobra (1919)    

Notas de edición José Luis Martínez: Primera publicación conocida cerca de 1917.

Incluido en Obra poética. Ramón López Velarde. Edición crítica. José Luis Martínez. Galaxia Gutenberg. Círculo de lectores. ISBN 8489666350. Incluye valiosas notas de poemas, así como apéndices, fotos de manuscritos originales, antología de la prosa y otros artículos, cartas y ensayos que la convierten en la obra definitiva que todo admirador de D. Ramón debe poseer.

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