Con tu permiso
Señorita, con todo respeto,
me acerco hasta donde Ud.
duerme plácidamente
en esta tarde de verano
soñando quién sabe con qué galanes
de obscuros cabellos
y claros ojos.
Más allá de la casa, el pueblo vive la fiesta de fin de año
con risas de niños
cantar de viejos ebrios
y danza de parejas en celo...
¡Qué nos importa tanto cohete
y tanto alboroto
cuando es tan agradable sentir
las caricias del viento en la hamaca!
Hace dos horas que has cerrado los ojos
y las avispas construyen su panal bajo el tejado.
Ha pasado la hora del almuerzo,
el banquete en mesa al aire libre,
rodeado de árboles, monos y loros gritones.
La gran familia se dio el abrazo
y se renovaron las tradiciones de la tribu.
Todos estaban allí.
Andrés, tu hermano más querido,
arribó con papas y carne de cerdo al hombro.
Raquel vino del pueblo vecino
con tres gallinas recién peladas.
Mamá María
más gorda que en el último festejo
con su vestido de luto descolorido
y detrás de ella su vetusto pretendiente
con la elegancia del terno gris del siglo XIX.
La legión se completa
con los hijos de Ruth
esos lindos gemelos
que compiten en tener los rulos más rubios.
Y los hijos de Josué
los taciturnos
a quienes el ratón les comió la lengua.
Tu misma,
pese a tener en la sangre el perfume de estos árboles,
eres una foránea
ahora que vienes con el título de bachiller
el cabello más corto
los pensamientos más liberales
la ropa a la moda
y la foto de tu novio en la cartera.
Hace unas horas que todos se fueron.
Luego de tanta cháchara
la tropa se lanzó al pueblo
a buscar el embrujado licor
y a las alegres mujeres
protegidos por el espíritu del jolgorio.
¿Y tú, qué haces allí,
s o l a
en el corredor,
entre
dos
palmeras?
Con el cuerpo semidesnudo a causa de tanto sofoco
apenas un vestido raído y las bragas blancas
tus pechos sin corpiño
suben
y
bajan
al vaivén de la respiración.
A escasos centímetros escucho tu resuello.
He llegado hasta aquí en puntas de pies.
Nadie me conoce en estos lares.
Soy como el lobo que busca una oveja
y de pronto la presa
está más cerca de lo imaginado
-y aún más: desprotegida
Estoy ahora delante tuyo
lobo frente a caperucita
Contemplo esas largas pestañas
que amparan a tus ojos mentirosos.
Allí está el rostro que sueño acariciar...
pero lo primero que me importa son tus pies
llego a ellos
como un cervatillo que flota
como un duende hermoso
que apenas te toca
que apenas roza su mano derecha
sobre tu fina extremidad izquierda
Con o sin tu permiso
querré desnudarte
extraerte el ropaje sin que despiertes
de tal manera que permanezcas en la misma posición.
Acercaré mi nariz
mis dedos
mi lengua
a cada rincón de tu anatomía
cabellos orejas boca pezones axilas ombligo muslos pies
Echaré pétalos de rosa sobre tu piel
rociaré tu cabeza con perfumes orientales
y cada milímetro de tu continente
hasta que tengas el sabor de las flores de enero
hasta que la materia de la que estas hecha
seduzca a los hombres a kilómetros de distancia
hasta que tu respiración
contenga el efluvio que nos encadene.
Quisiera en este momento pedir permiso
para ingresar al mundo de tus horarios y miedos
a través de tus labios
de tus ojos
de tus pechos
de tu hendidura vertical
Con tu permiso
podré caer como aquella catarata que canta al otro lado
sólo así las aves que perdieron sus nombres volverán a recuperarlo
Sólo así este instante tendrá sentido
y los hombres seguirán reproduciendo la imagen de algún dios
En tanto todo eso ocurra
déjame contemplar
la tranquila armonía de tu dormir.
Autor: Luis Cabrera Vigo
Trujillo Perú
2005
Escribir a: cantorderumipite@yahoo.es