De un Quijote sin Molinos de Viento

En aquel tiempo era yo un Quijote robusto, de largos cabellos, que pensaba que la vida era un sendero colmado de tentaciones, a las que uno no debía resistir. Mis hazañas más grandes habían consistido en beber litros y litros de borgoña en medio de plazas públicas a medianoche o, acaso, gritar semidesnudo y ebrio a los paseantes de una ciudad dormida para que despierten de tanta calma y estupidez. Mis ideales quijotescos eran y son creer, sin embargo, en la paz y la justicia de las gentes y que un sólo soplo borraría para siempre la barbarie y el egoísmo al empezar el Siglo XXI.
Fui armado caballero en innobles casuchas iluminadas con luces de colores, donde sufridas hetairas ofrecían sus apagados cuerpos y donde un tumefacto ser barrigón con ancho bigote y mirada porcina supervisaba con la vista gorda la entrada de los mozalbetes.
Más tarde comulgué en una fe blasfema, que buscaba desterrar a Dios de los diccionarios del mundo, sin saber que este podía encontrarse agazapado bajo una flor o entre las alas de una inofensiva gaviota.
Fui llamado a defender causas justas y causas deplorables. A las dos me entregué con igual ardor y candor. Me vestí de púrpura, de blanco, de rojo y de negro. También caminé por calles vacías donde no podía ver mi sombra, por entre pasadizos de silenciosos horrores, cruzando charcos pestilentes, entre nubes donde Cristo y los Apóstoles no podían hacer nada por mí, caminé sobre oro, plata, diamantes y caí también sobre barro. Tropecé, me levante, volví a tropezar, me hundí, me perdí para siempre, naufragué, me ahogué, morí mil veces y otras tantas volví a salir a flote, y heme aquí vociferando frente a tus narices.
Fui testigo de la inmolación de amigos prestalibros-prestadinero-admira poemasdibujosóleosgestosgritos, hermanos de sangre-tiempo-sueños, compañeros de escuela-carpeta quinto año de secundaria-iniciaciones-manifiestos-marchas y de muchachas aún vírgenes, que podían haber hecho mucho por la Causa, y me sentí torpe e impotente al no poder hacer nada para salvarlos.
Me rodee de Sanchos, asnos y otros animales de impronunciables costumbres. Y con ellos divagué errante cometiendo mil y una fechorías en pueblos y villorrios de olvidados nombres.
En aquel tiempo, valga decir, Dulcinea aún no había llegado a este mundo. También es cierto que la busqué, mas en vano di sus señas en aquellos lugares donde mi cuerpo guardó las noches lejos de su cuna natal. (Trujillo 1997)
Contra los Molinos de Viento
Yo no sé que hago luchando contra los molinos de viento.
Se le perdona al Quijote
pues él no lo sabía
Él muy bien creía que eran sus enemigos
unos desaforados gigantes
a quienes haría batalla y quitaría la vida
más terminó en el suelo y maltrecho
En este caso no hay perdón
ni de otro ni mío
pues muy bien sé que delante tengo a los molinos de viento
muy bien sé que sus brazos son aspas
muy bien sé que su cuerpo es una fría torre
que sus ojos son el fulgor del metal al Sol
que detrás de su aparente docilidad hay un furor contenido
que el embrujo de su voz es el aire que mueve el aspador
que sus pies en verdad son hierba y sombra y estiércol
Sancho se quedó en casa en esta historia
el gordo ha pedido unos días de vacaciones
de tantas aventuras de tanta ida y vuelta a la locura
donde tanto hemos sufrido él y su borrico, como yo y rocinante
Sólo pido esta vez
al buen Cervantes
que no me aparte de la letra empezada
de la dulce miel con que empalago esta hoja
¡Oh, deleites!:
Este deglutir sobre el espacio claro
sobre el campo del sueño
en el mismo manjar azul.
Sólo quiero habitar bajo tu sombra
Mi gentil dama
igual vistes de seda /de obrera /de gasas artificiales
igual me miras desde una esquina
desde un rincón mal iluminado
De todos eres burla
pero déjame decirte que en mí tienes a tu caballero andante
no vestiré trapos azules
ni tendré nada en la coronilla
pero aquí estoy a tus pies
para tratarte como a mi reina
En verdad eres mi dama
Oh, gracias por esta allí delante
mi Dulcinea del Toboso
Que sería de mi vida
sin tu querencia dominical
de estos juegos de verano
Tal vez sin miel y sin queso
pero contentos
felices en la fugacidad de la tarde
felices ¡yo más que tú!
Sobre el molón de Salaverry
aunque después tengan que avisarnos
que adelante no debemos ir
que donde el mar debería darnos en la cara
y en los pechos
habita un ogro hambriento de crueldad
que quiere extraernos el corazón
y debemos partir
Debo abrazar tu talle en silencio
que la tarde no se de cuenta
de nuestra tristeza
Que el sol no se fije en mi rostro demudado.
Estoy junto a Dulcinea y sé que ella se esfumará
con la tarde del día destinado al descanso.
Mientras eso ocurra
déjame creer que son siglos a tu lado
mi Señora del Toboso.
¡A tus pies imploro el honor de tu cobijo!.
(Escritos en enero 2004)

CARTA A UNA MUSA
“Oh Musa, oh espectro insaciable!”
Alfred Musset
La verdad es que no sé qué haces allá arriba. ¿Crees que es bonito estar sentada allí y contemplar las peripecias por las que debo pasar durante el día? ¿Por qué no bajas y la sudas conmigo? ¿Sabes a dónde te llevaría el primer día?. Te haría caminar toda la mañana, ya te imaginas por qué lugares. Sí, no pongas esa cara de asombro. Dejarías tu haraganería de siglos. Sí, señor. Los mercados serían nuestro primer recorrido. Ahí buscaríamos retratar los cansados rostros y cuerpos de aquellos hombres que viven trasladando los paquetes de los clientes. Me acompañarías a hacer un boceto de las vendedoras de pescados y mariscos. Tú sabes como me llaman esas “escenas” cargadas e intensas. ¡Cómo perennizar el sudor de una matrona mientras corta el pescado! ¡Encontrar el color y el gesto exacto de los rostros de los cargadores de papa y la forma como se filtra la luz en haces filudos por los techos del mercado! O acaso la gracia de alguna muchacha que vende naranjas y sonríe a todos. También el juego de los pequeños hijos de los dueños de los puestos. ¡Ah!, ¿recuerdas el último boceto que hice del infante que sorbía la leche de los pezones de una mujer joven en la esquina donde venden las lechugas?.
Claro que no vas a bajar sólo a mirar, qué bueno esta eso. No, tu trabajo será llevar el maletín con las acuarelas y las cartulinas, mientras transporto el caballete. ¿Y con qué objeto todo esto? Te haría sentir humana, te transformarías en carne que sufre y hueso que vive al igual que el resto de mortales. ¡Ah, cómo imagino tu primera transpiración y esos delgados labios secos cuando vayas a pedir el primer vaso de agua y la delicia con que beberás el líquido, para luego continuar la jornada! ¡Cómo adoraré tu primer descanso sobre algún banco o sobre una sucia vereda! Te despeinarás, tendrás sueño, pero amarás el día siguiente.
También quiero que bajes para sentir que no estoy solo, que no eres una vil e indiferente musa. Y para que me conozcas un poco más, para que convivas con quien te cantó todo este tiempo, y sepas que no es fácil ser poeta, que las madrugadas son frías, que el hambre existe después del mediodía, que la economía es algo que no sé manejar.
Sin embargo sigues allá e ignoro tus propósitos. Limpia y lejana. Trivial y sin color. Mas sé que descubriré la forma de asaltar el Olimpo y te raptaré. Estas advertida. Prepárate. Esto no es una broma. (Setiembre 1998)

LA LUNA ES UN CORAZÓN
Quiero irme a vivir a la Luna contigo. Es lo primero que se me vino a la cabeza cuando me di de bruces esta noche con ese disco orgulloso y elegante. Acababa una tarde de feria y como nunca el bullicio no me afectaba. Camine tres o cuatro cuadras antes de llegar al paradero y desde ahí empecé a caer bajo el hechizo de los plateados rayos del satélite.
¡No sabes cómo la saboreo! La tengo en mis labios. La abrazo. La adoro. ¡Cuando la veo así, carnosa y llena de lujuria colgando a 45 ° de mis ojos no sé que hacer! Mis manos y mi cuerpo convulsionan. La vista no me sirve para mirarla. Tengo que abrirme el pecho y sentirla con el alma. Ya no sólo es amarilla, es roja, azul y dorada. La siento rotar en mi pecho e imagino, como en el cuento que quiero escribirte, que la luna reemplaza a mi ardiente corazón, y que este está instalado en el firmamento rodeado de estrellas.
Ahora tengo una luna que late en el pecho, y tengo un corazón iluminando la noche. Mi cerebro resulta ser el lobo que aúlla a tu corazón.
También imagino que soy un niño que vuela cometas y que la mejor cometa que he construido es ese disco que flota divino en lo alto de la bóveda celeste. Una cometa sin cola, orgullosa de su elegancia y que vuela muy suavemente.
¡Arde luna! Baila y canta para mí. Descorre el velo de nubes y muéstrate desnuda para estos ojos mortales. Diosa del deseo, satisface las ansias de mi raza. (¡Ah, esta sonriendo!. Se apiada de mi torpe figura. Es hora de darme un baño de plata. Restriego mi cuerpo desnudo centellando en la noche).
Descubro que soy hijo de la luna, ella me parió una noche en medio del mar. Poe y Lord Byron fueron mis padrinos. Soy el hijo de la luna temprana, el catador de la noche, he nacido en cuarto creciente y divago una canción lunar para los hombres de este planeta.
Si devoro una calle contigo, si atrapo con mis ojos los rojos autos, si desaparezco a las ninfas de las veredas, si estremezco este cuerpo a lo largo de las avenidas, es porque quiero viajar contigo hasta la luna.
Quiero irme a vivir contigo a la luna. Alquilar un lugar junto al Lago de los Sueños, frente al Mar de la Serenidad. Nos separan de ella más de 380 mil kilómetros, pero siento sus latidos, sus ansias de vivir tan cerca!.
Estas noches, y aún por las tardes, vivo y pienso con la luna. Pienso en sus cráteres, en sus mares y lagos de nombre, en la huella que pondremos junto a la de Neil Armstrong. También llevaremos una bandera: un trapo viejo con nuestras iniciales o una gaviota que quiera acompañarnos. Llevaré mi paleta con los colores del arco iris y lienzos preparados para pintarte con el fondo del planeta.
Quiero escribirte un cuento con la luna llena, con tu nombre, con el mío. Ambos cantando viejas canciones en la noche, bajo la oscuridad, al centro de lo oculto.
Que esa luz plateada baje por tu rostro de mujer extraña e ilumine tu pecho desnudo en medio del mar. En medio de una duna blanca. Entonces sentir el aletear de la vida en cada centímetro de nuestra piel. Sentir como hierve, como late, como salta, y exagera su loca pasión. Ella se acicala, se diluye, ríe y llora junto a nuestros sentidos.
Quiero bajarla para jugar con ella. La colocaría sobre tu espalda. De arriba abajo recorrería con ella tu cuerpo. Sentirías su calor. Y si quisiera hacerse pequeñita la deslizaría por tu vientre marcado, por tus axilas azules, por las frutas gemelas, por el pliegue tibio. Jugaría con ella por tus pies, por tu nariz, por esos labios que embriagan. La luna sería un fruto que compartiríamos. La acabaríamos a mordiscos. Tu de un lado y yo del otro. Un manjar de luna. ¡Te imaginas!
Pondría la luna a tus pies. Tus pies sobre la luna. Toda una equilibrista lunar. Sin escafandra conquistarías la luna. Y con un sólo soplo la devolverías a su lugar, a que siga flotando en la noche. Para que el poeta la vea y le cante. Para que la musa recoja su fragancia, para que la niña inquiete con sus interrogantes al hermano mayor. Para que mi madre diga que estoy loco por treparme al techo y contemplarla desde ahí. Para mostrártela. Para que la ames. Para vivir como vivo. Con la luna entre los labios, con lo que es y lo que significa.
Ahora la veo detrás de la Catedral, cerca a tu nombre. En este paraíso que imagino junto a tu cuerpo. Eres La Duna Arcaica. Cómplice en la noche, sueño con tu forma en el día, le canto. Luna escogida, luna soñada, disco perturbador: me embriaga tu forma. Eres el círculo del que nazco. Atrapado estoy en tu silencio pálido. Para poder abrazarte la luz me ha creado extremidades. Para cantarte me hiciste humano.
Antes de empezar a sentir la sangre que recorre la cáscara que te cubre y con la que te presentas en esta función, quiero que cierres los ojos, abras la envoltura por un momento y te aparezcas conmigo más allá de la huella de Armstrong. Terco polvo lunar, placentera forma de flotar.
Mientras la luna se mece en lo alto, déjame imaginar que tu pecho es la luna, que tus labios son la luna, que tú eres la luna que me inunda.(Octubre 1998)

Los sueños de mamá
Mamá sueña que el mundo se inunda
¿volveremos otra vez al tiempo de Noé?
¿Tendremos que construir un arca para sobrevivir?
Mamá no tiene perros ni gatos
ni gallinas ni patos
ella solo quiere salvar su progenie
la sangre de su sangre
las lágrimas que se hicieron carne
el sudor que se convirtió en canas
agua sobre la ventana
sobre el tejado y sobre los ojos de papá
agua que lave el cansancio de la semana
de estos años somnolientos
agua sobre los ojos rojos de mamá
sobre su espalda azotada por la friega diaria
riachuelo para los pies de mamá
que limpie su vientre y sus riñones
agua que la haga soñar
que vuelva a ser la niña que volaba
que salte los cerros sin temor
que busque los corderos perdidos del ayer
y asome esa sonrisa de ternura
que los espejos niegan en la ciudad
mamá sueña con el agua
mamá es el agua
ella es el cántaro es la nube que se lanza
para germinar la tierra
la que se da a beber entre sus hijos
Alguien te regala un arco iris mamá
vaya usted a jugar
Noé aún es un bebé.

Autor: Luis Cabrera Vigo
Trujillo Perú 2005
Escribir a: cantorderumipite@yahoo.es