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Lazos negros en la Biblioteca Nacional |
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Todos los que escribimos patrañas con sabor a Historia pasamos alguna tarde en la Biblioteca Nacional, depósito secular de nuestra memoria, de nuestra inteligencia, de todo lo que estuvo, está y estará vivo. Nuestra Biblioteca perdió el once de marzo a tres empleados suyos y al hijo de otro. No sabemos si hubo también lectores entre las víctimas, ni si alguno de los asesinos, pasearon por nuestros pasillos. Quiero creer que no. Sólo recuerdo a Marion, porque hablábamos en francés; porque los dos conocíamos Biarritz y San Juan de Luz; porque un día nos trajo a su niña, de unos pocos meses; le dije hola a la niña, con una gran sonrisa: la niña se asustó y se echó a llorar. Pobrecita, se ha quedado huérfana y todavía no lo sabe... Sí, me acuerdo de Marion pero quisiera recordarlos aquí a todos, a todos los demás, a todos los que no conocí. La sangre de una biblioteca es la tinta con la que se escriben los libros, así que la memoria también debe ser una tinta espesa, tinta tan negra como aquellos lazos que aparecieron por todos los balcones y los escaparates de Madrid, de España y de medio mundo; lazos para abrazarlos y enlazarlos a todos, todos aquellos que no volverán a abrazar a nadie; lazos de amor, nudos de dolor, un dolor desnudo en la boca del estómago... Junto a las puertas de la Biblioteca, algunas personas dejan y encienden unas velas cada día más apagadas y gastadas o depositan unas flores que se van marchitando. Es el santuario de la memoria: algún día no habrá flores, ni habrá velas, pero no olvidaremos ese once de marzo. Si la memoria es negra, el olvido es blanco, blanco como la muerte. Que nunca aparezca esta página en blanco. Luis Español Bouché |
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Rubans noirs à la Bibliothèque Nationale |
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Nous tous qui écrivons des sornettes à la sauce historique, passons de nombreux après-midi à la Bibliothèque Nationale de Madrid, dépôt séculaire de notre mémoire, de notre intelligence, de tout ce qui fut, de ce qui est, et ce qui sera vivant. Notre Bibliothèque a perdu le onze mars dernier trois de ses employés et le fils d’un quatrième. Nous ne savons pas si entre les lecteurs il y a eu des victimes ni si parmi les assassins il s’en trouva qui se promena dans nos couloirs. Je veux croire que non. Je me souviens seulement de Marion, parce que nous parlions en français; parce que nous connaissions tous les deux Biarritz et Saint Jean de Luz;: parce qu’un jour elle nous présenta sa fille, son bébé, âgé de quelques mois; je dis bonjour à la petite, je lui fais un grand sourire: elle prend peur et commence à pleurer. Pauvre petite, elle est déjà orpheline et elle ne le sait pas encore... Oui, je me souviens de Marion mais je voudrais me rappeler tous les autres, tous ceux que je n’ai pas connu. Le sang d’une bibliothèque c’est l’encre avec laquelle on écrit les livres; la mémoire doit donc aussi être une encre épaisse, une encre noire comme les rubans, les lacets qui apparurent sur tous les balcons et les vitrines de Madrid, de l’Espagne et de tant de pays; des rubans pour les enlacer tous, tous ceux qui n’embrasseront plus personne; des lacets d’amour, des nœuds de douleur, une douleur nue au cœur du ventre... Aux portes de la Bibliothèque certains laissent ou allument des cierges, chaque jour plus usés, plus éteints; ou bien ils déposent quelques fleurs bientôt fanées. C’est le sanctuaire de la mémoire: un jour il n’y aura plus de fleurs ni de cierges, mais nous n’oublierons pas ce onze mars. Si la mémoire est noire, l’oubli est blanc, blanc comme la mort. Puisse cette page ne jamais se noyer dans le blanc
Luis Español Bouché. |
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La Biblioteca Nacional de luto |
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La Razón, 13.03.2004
Tres trabajadores y el hijo de uno de ellos murieron en la masacre. Luis Racionero, director de la institución: «Todo el personal está muy golpeado. Ha sido un impacto atroz para nosotros» Los trabajadores de la Biblioteca Nacional están consternados por la pérdida de tres compañeros y el hijo de uno de ellos, además de dos obreros heridos, debido a la fatídica realidad de que la mayoría de sus miembros acude diariamente al edificio en el tren de cercanías que llega hasta su misma puerta. «En efecto, la proximidad de la Renfe y el horario causaron la macabra coincidencia de que nos tocara ponerle cara a las víctimas, es horroroso», declaró Luis Racionero, director de la institución, situada en la plaza de Colón, de donde partió ayer la multitudinaria manifestación contra los atentados.
Redacción Madrid- En efecto, minutos antes de la concentración, se confirmaba la muerte de Marion Subervielle, madre de una niña de 15 meses y una de las azafatas de chaqueta roja contratada hace tres años, a la que su marido buscaba desolado desde ayer y que ayer acudió muchas veces a la Biblioteca, informa Efe. Por otra parte, David Vilela Fernández, que trabajaba en la sala de Publicaciones Periódicas, María Luisa Polo Remartínez, una operaria de toda la vida adscrita al Depósito Legal, y Elías González, hijo de un auxiliar de Servicios Generales muy conocido por todos en la Biblioteca Nacional, fueron las otras tres víctimas. «Todo el personal está muy golpeado, esto ha sido un impacto atroz para nosotros», agregó el director, y recordó que además dos obreros de la empresa que trabaja en la fachada del edificio resultaron heridos en el atentado. Uno ha perdido el bazo y el otro los tímpanos (...) |
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Mon Bijou
(El País, 15.03.2004, artículo de Miguel Moreno)
Marion Subervielle, 30 años, de nacionalidad francesa y madre de una niña de 10 meses, atendía en la recepción de la Biblioteca Nacional a los usuarios, especialmente a los extranjeros que necesitaban de intérprete, dado su conocimiento de idiomas. Había estudiado en Estados Unidos e Inglaterra, y llegó a la Universidad de Alcalá de Henares en 1996 matriculada en un curso de español. Allí conoció a José Luis Sánchez San Frutos, su novio, con quien convivía desde hace unos años en una calle céntrica de Alcalá. "Marion era francesa, muy francesa, algo que se notaba en su elegancia a la hora de vestir", relata su cuñado Jesús. "Pero sin dejar de ser muy francesa, amaba España y pensaba quedarse a vivir aquí para siempre". Ana, una de sus compañeras de trabajo, muy afectada porque han muerto cuatro trabajadores de la Biblioteca Nacional, comenta que Marion era muy sencilla y buena amiga. "Me ayudó en momentos difíciles", añade. "Siempre estaba alegre. No paraba de tararear canciones españolas, le gustaba La Unión y Radio Futura". Sus últimos meses fueron felices. Todo el rato hablaba a sus compañeros de Inés, su niña. "Estaba entusiasmada con su bebé. Antes de carnaval pasó un par de días pensando en el disfraz de Inés, y hace poco nos enseñó las fotos de la niña disfrazada de Minnie, la novia de Mickey. Estaba encantada". La familia viajaba con frecuencia a Pardies, un pueblo cercano a Pau, para que los abuelos franceses fueran conociendo a la nieta. Marion siempre hablaba con su hija en francés porque quería transmitirle la lengua. A Inés a menudo la llamaba mon bijou, mi joyita. La última vez que su marido, José Luis, vio a Marion con vida, ella estaba terminando de vestirse. Él entraba al cuarto de baño. Justo antes de meterse en la ducha, él le dijo: "Espera un poco antes de marcharte que quiero darte un beso". Pero Marion iba con prisa, y cuando José Luis salió ella ya se había ido.
Traducción francesa:
(Le Monde, 16.03.2004, artículo de Miguel Moreno)
Marion Subervielle, 30 ans, de nationalité française et mère d'une fillette de dix mois, travaillait à la réception de la Bibliothèque nationale où elle aidait à l'accueil des usagers, tout particulièrement, en raison de sa maîtrise des langues, les étrangers qui avaient besoin d'interprète. Elle avait fait des études aux Etats-Unis et en Angleterre, et elle était arrivée à l'université de Alcala de Henares en 1996 pour y suivre un cours d'espagnol. C'est là qu'elle a connu José Luis Sanchez San Frutos, son compagnon, dont elle partageait la vie depuis quelques années, dans un appartement du centre de Alcala. " Marion était française, très française, quelque chose qui se remarquait dans son élégance, dans sa façon de s'habiller, dit son beau-frère, Jésus. Mais sans cesser d'être française, elle aimait l'Espagne et pensait rester ici pour toujours.". Ana, l'une de ses camarades de travail, très secouée par la mort de quatre collègues de la Bibliothèque nationale, explique que Marion était une bonne amie, quelqu'un de simple. " Elle m'a aidée dans des moments difficiles, ajoute-t-elle. Elle était toujours gaie. Elle était tout le temps en train de fredonner des chansons espagnoles, elle aimait bien La Union et Radio Futura. "Ses derniers mois ont été des mois de bonheur. A chaque instant, elle parlait d'Inès, sa petite fille, à ses collègues. " Elle était folle de son bébé. Avant le carnaval, elle a passé deux jours à réfléchir au déguisement d'Inès et il n'y a pas longtemps elle nous a montré une photo de la petite déguisée en Minnie, la fiancée de Mickey. Elle était ravie." Marion et sa famille se rendaient souvent à Pardies, un village près de Pau, pour que les grands-parents puissent voir leur petite fille. Marion ne parlait que français à sa fille parce qu'elle voulait lui transmettre sa langue. Inès, elle l'appelait souvent "mon bijou". La dernière fois que José Luis, son mari, a vu Marion en vie, elle était en train de s'habiller. Il entrait dans la salle de bains. Avant de se mettre sous la douche, il lui a dit : "Attends un peu avant de partir, je veux t'embrasser." Mais Marion était pressée, et quand José Luis est sorti de la douche, elle était déjà partie.
Una madre ejemplar y una excelente amiga
(La Razón 16.3.2004)
"Venir al trabajo era una gozada, porque estaba con una amiga. El trabajo con ella era un placer. Pero de eso te das cuenta ahora cuando no está y sólo queda la rutina". Marion Subervielle tenía 28 años y una hija, Inés, que el 14 de abril cumplirá un año. "Era muy familiar, y estaba muy ilusionada", dice una compañera y amiga: "Le gustaba consultar libros sobre cómo cuidar a su bebé, ir a comprar ropa para su hija y...". Puntos suspensivos. Marion es una de las tres empleadas de la Biblioteca Nacional que falleció en el 11-M. Había nacido en Mourenx, Francia, y no cesaba de repetir que "España le gustaba mucho". Llegaba al trabajo con un diario bajo el brazo y sus compañeras recuerdan sus palabras de disgusto cuando una tragedia afectaba a las personas: "Decía qué horror cuando leía cosas sobre terromotos, sobre todo cuando veía a niños". En el salvapantallas de su ordenador aún hay una foto de su hija, y junto al monitor un jarrón con flores que velan su memoria. "Los lectores se acuerdan de ella. Se ganaba a la gente". Todos resaltan su humanidad: "Era una amiga, de las que están cuando hay problemas"
Obsèques. Exequias.
(Radio Europe 1, 16.3.2004)
Plusieurs centaines de personnes ont assisté mardi après-midi en l'église Saint-Paul de Mourenx (Pyrénées-Atlantiques) aux obsèques de Marion Subervielle, décédée jeudi à l'âge de 29 ans dans les attentats de Madrid. La jeune femme a été ensuite inhumée dans l'intimité familiale dans le cimetière du village voisin de Pardiès où ses parents habitent.
L'église moderne, construite dans la ville nouvelle érigée à la suite de la découverte du gisement de gaz de Lacq, était trop petite pour contenir la foule venue rendre un dernier hommage à la jeune mère d'une fillette de onze mois. Plusieurs dizaines de personnes n'ont pu pénétrer dans l'édifice pour assister à la cérémonie mais toutes ont signé les registres de condoléances disposés sur des tables sur le parvis de l'église. Le président de l'UDF et député de la circonscription voisine François Bayrou, le député-maire PS de Mourenx David Habib ont assisté à la cérémonie ainsi que le préfet des Pyrénées-Atlantiques Philippe Grégoire qui a déposé deux couronnes devant le cercueil, l'une au nom du président Jacques Chirac. Seule victime française du drame du 11 mars, Marion Subervielle, originaire de la petite ville béarnaise, travaillait à la bibliothèque nationale de Madrid. La jeune femme habitait à Alcala de Henares, point de départ du train qu'elle empruntait chaque jour et visé par les terroristes. Vendredi soir, 600 à 800 personnes avaient défilé silencieusement dans les rues de Mourenx pour lui rendre hommage.
Traducción española (Luis Español Bouché):
Varios cientos de personas asistieron el martes por la tarde en la iglesia de Saint-Paul de Mourenx (Departamento de los Pirineos Atlánticos) a los funerales por Marion Subervielle, fallecida el jueves pasado a la edad de 29 años en los atentados de Madrid. La joven fue luego enterrada, en la intimidad familiar, en el cementerio del vecino pueblo de Pardiès dónde viven sus padres.
La iglesia moderna, construida en la nueva ciudad levantada a raíz del descubrimiento del yacimiento de gas de Lacq era demasiado angosta para contener la multitud que vino a rendir un último tributo a la joven madre de una niña de once meses. Docenas de personas no pudieron entrar en el edificio para asistir a la ceremonia pero todas han firmado los libros de pésame dispuestos en mesas a la entrada de la iglesia. [Asistieron] el presidente de UDF [partido de la derecha liberal francesa] y diputado de la vecina circunscripción, François Bayrou, el alcalde y diputado de Mourenx David Habib, del PS [Partido Socialista francés] así como el prefecto del departamento de los Pirineos Atlánticos Philippe Grégoire que ha depositado dos coronas delante del ataud, una de ellas en nombre del presidente Jacques Chirac. Única víctima francesa del drama del 11 de marzo, Marion Subervielle, natural de la pequeña ciudad bearnesa trabajaba en la Biblioteca Nacional de Madrid. La joven vivía en Alcalá de Henares, origen del tren que tomaba cada día y que fue el objetivo de los terroristas. El viernes por la noche entre 600 y 800 personas desfilaron en silencio por las calles de Mourenx para rendirle un homenaje. |
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Marion y su hija, la pequeña Inés |
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María Luisa Polo Remartínez |
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"Tan apañadicas las dos"
(El País, 23.03.2004, artículo de Francisco Peregil)
María Luisa tenía 50 años, una hija de 18 años y una hermana melliza. Trabajaba en la Biblioteca Nacional. Había sido durante toda su vida ama de casa. Hasta que decidió apuntarse al paro un año. En agosto encontró su primer empleo en el guardarropa de la biblioteca. En navidades se terminó su contrato. La volvieron a llamar y apenas llevaría trabajando 15 días cuando sufrió el atentado.
"A ella no le hacía falta trabajar", indica su madre, María Luisa Remartínez, de 80 años. "Pero, claro, su hija era ya mayor y a ella el trabajo le servía de distracción y al mismo tiempo hacía amistades".
"Ella no solía coger esa línea. No sabemos por qué la cogió", añade María de los Ángeles, su hermana melliza. "Mi sobrina Soraya, la hija de mi hermana, me decía cuando vimos que no daba señales de vida: 'No te preocupes, tía, si mi madre no suele coger esa línea'. Ella prefería coger el autobús aunque hiciera dos transbordos".
No pasaba un año sin que María Luisa cogiera al menos cuatro veces el Talgo para visitar a su madre en el pueblo de Ateca, al lado de Calatayud. Le gustaban los bailes en la plaza, pasear por las mismas calles que le llevaban a las charlotás algunos domingos, enterarse de las últimas novedades, quién se casó y a quién enterraron.
La madre de María Luisa recuerda que el día en que más feliz la vio fue el de su boda. "Celebramos el banquete en un hotel de Calatayud. Vino la familia del novio desde Madrid y estaban muy contentos porque veían que era una chica muy formal. Se llevaba muy bien con su hermana melliza, no discutían nunca, tan apañadicas las dos".
"Queremos agradecer tanto apoyo"
(Red Aragón, 30.03.2004, artículo de Rubén Cristóbal
ATECA. Los familiares de María Luisa Polo, fallecida en el atentado del 11 de marzo en Madrid, recibieron numerosas muestras de afecto. Cientos de vecinos de Ateca acompañaron a la familia de María Luisa Polo para transmitirle el dolor y apoyo por el fallecimiento de esta vecina de Ateca en el atentado de Madrid que costó la vida a 200 personas. Sumidos en el dolor desde entonces, a los familiares de María Luisa no les pasó desapercibido las muestras de afecto y apoyo que durante los días siguientes han recibido de los vecinos de Ateca, por ello han querido utilizar las líneas de este periódico para transmitirles el agradecimiento general por su solidaridad. Desde el viernes, el pueblo estaba molesto. Los vecinos, que ya estaban indignados por los atentados, sentían ahora el dolor más cerca. Por eso arroparon a la familia y pusieron velas en el ayuntamiento. Su hermana melliza, María Angeles, sintió un escalofrío cuando se enteró de los atentados en el cercanías de Madrid el 11 de marzo. Enseguida pensó en María Luisa. Pasó el día y seguía sin noticias. Al final, casi 24 horas después de las explosiones, se lo dijeron. "Nos resistíamos a creerlo, pero estaba claro que algo le había pasado", relataba después María Angeles, serena pero bloqueada por el suceso. Es la hermana de la aragonesa que falleció el pasado jueves en los atentados de Madrid. La familia vive en Ateca, pero María Luisa se marchó hace unos 20 años a la capital, cuando se casó, ya que su marido era madrileño. Pero nunca perdió el contacto con el pueblo y acudía con asiduidad. María Angeles se acuerda de algunas conversaciones con su hermana: "El pasado 3 de febrero nos llamamos porque cumplimos 50 años. Recuerdo que yo le dije que lo llevaba fatal, que me iba a empezar a quitar años, pero ella me dijo que no lo hiciera. Ella estaba muy contenta". Su hermana la define como una mujer alegre. "Venía cuando podía y se traía también a su hija, que tiene 18 años. En las fiestas del pasado verano me llevó por todas las peñas de Ateca, algo que a pesar de ser de aquí nunca había hecho", recuerda María Angeles, que no deja de darle vueltas a un pensamiento.
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La simpatía y el humor que nadie olvidará
David Vilela Fernández. Empleado de la Biblioteca Nacional.
(La Razón, 16.03.2004)
Se pregunta, pero apenas hay palabras en las respuestas. Puede que nunca existan muchas. David Fernández Vilela tenía 23 años, y debería tener, también, toda una vida por delante. Pero la muerte fue implacable. Le gustaba el deporte, y el fútbol. Su equipo, el Real Madrid. «Hablábamos de fútbol. La última vez del encuentro con el Bayern». Los compañeros resaltan la simpatía, el sentido del humor y una juventud que disfrutaba: este verano quería hacer el Camino de Santiago. «Planeaba muchas cosas, era muy activo». Entre sus aficiones están coches («Le gustaban mucho y compraba revistas»). Vivía con su hermana y sus padres en Alcalá, donde trabajó con la Escuela Taller de la Universidad de Alcalá en el Centro de Acceso al Documento de la Biblioteca Nacional. Ahora estaba en la Sala y Depósitos de Publicaciones Periódicas de la Biblioteca Nacional desde 2002. «Creaba buen ambiente», dice una compañera. «Siempre estaba predispuesto», subraya otro. Todos destacan su «responsabilidad», y una «calidad humana» que le convirtió en algo más que un compañero. «Su mirada encantaba».
"Así era mi hijo"
(El País, 21.03.2004, artículo de Lola Huete Machado)
Empleado de la Biblioteca Nacional, 23 años, vivía en Alcalá. Su padre, José Luis, describe con entereza como era su hijo:
“David era atento, trabajador, buen hijo, ya sé que todos los hijos son buenos, pero éste desbordaba, nos besaba a su madre y a mi cuando se iba o volvía, siempre que salía de casa; sólo cursó hasta BUP, estudiar se le hacía cuesta arriba, trabajó de carnicero y luego hizo un curso en la Biblioteca Nacional, en la carretera de Meco, y por eso lo contrataron luego en la sede de Recoletos, adonde iba en tren, y como era inquieto y voluntarioso, se buscaba la vida ya para cuando se le acabara el contrato, y ese día tenía una entrevista en un hipermercado para vendedor de libros o de carnicero; ya había pasado esa época mala de adolescente, la edad tonta, se estaba haciendo un hombre, le había cambiado el carácter, maduraba; mi esposa y yo cumplimos 25 años casados y planeábamos ir a Italia, ahora lo hemos anulado, y un día vino él y dijo ‘mirad’, y allí estaba: una cámara de vídeo para grabarlo todo, y en mi último cumpleaños me dio el regalo que más ilusión me ha hecho nunca, buscó periódicos del 18 de febrero de 1951, cuando yo nací en Yebra, Guadalajara, me los trajo y dijo: ‘Mira, papá, lo que pasó ese día’; se había apuntado al gimnasio, y bromeaba, ‘¡qué músculos tengo ya!’ y su madre se reía con él; le encantaban el fútbol, los coches, quería comprarse uno, hacía montoncitos con el dinero que ganaba, era buen administrador, decía ‘esto para ahorrar, esto para gastar’, y así, y con 14 años, perteneció al Parlamento infantil, aquí tengo su carné, tocaba la guitarra en la parroquia, se quedó en cuarto de solfeo y ahora aprendía acordeón; lo hemos enterrado en Yebra, tenía amigos allí, lo pasaba bien, íbamos los veranos, y allí se ha quedado; nosotros somos creyentes, optimistas, vamos a tirar para adelante con todo lo bueno que nos ha dejado”. |
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