resumen - guerra civil 1939

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Resumen - Résumé - Resume

© Luis Español Bouché, 2004 de la version española, francesa e inglesa

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Febrero de 1939: tras el desastre de la campaña del Ebro y la toma de Barcelona, aislada y vencida, la República ha perdido la guerra. Refugiados en Francia la mayoría de los diputados y altos cargos republicanos, incluido el presidente Azaña, e importantes militares como Vicente Rojo y Juan Hernández Sarabia, los únicos poderes que le quedan a la República son el ejército y el gobierno de Negrín, que regresa a la Península cuando se rumoreaba ya que el general Miaja, cabeza visible de los ejércitos republicanos, iba a tomar el poder que había quedado vacante para conseguir una paz entre militares.


Ante la evidencia de la derrota, todos esperan la paz. Pero, ¿bajo qué condiciones?  Coincidiendo con el regreso a la zona republicana de Negrín, el general Franco, que sólo admitía una rendición incondicional, publica su Ley de Responsabilidades Políticas, que criminaliza retroactivamente a todos los partidos del Frente Popular, poniendo así un serio obstáculo a la posibilidad de la paz. Ante esa voluntad claramente expresada de represión, ¿qué alternativa se dejaba a los republicanos? El gobierno Negrín, lejos de admitir la derrota, pretendía alargar la resistencia con la "esperanza" de que una guerra general en Europa modificara la situación, pero pasan días y semanas y... la situación no se modifica.


El 27 de febrero, el mismo día en que Francia y el Reino Unido reconocen a Franco, el presidente Azaña, refugiado en Francia, dimite. Negrín no se creyó obligado a hacerlo también. Por otra parte, Negrín realiza una serie de nombramientos en el Ejército que suponen dar todo el poder a sus partidarios comunistas. Esos nombramientos tenían que aparecer publicados en la Gaceta de la República del 6 de marzo. Ante esa situación los partidos del Frente Popular —con excepción del Partido Comunista y de los socialistas de la línea de Negrín— apoyaron la constitución del Consejo Nacional de Defensa tras el mal llamado "golpe de Casado" en la noche del 5 al 6 de marzo. Aunque en Madrid fuera el jefe del Ejército del Centro, Segismundo Casado, quien diera el golpe, fue el general Miaja quien finalmente presidió el Consejo. Además de representar al ejército, el Consejo contaba con el apoyo político explicito de Julián Besteiro (PSOE), y de los anarquistas, cuya principal figura era Cipriano Mera.


El 6 de marzo por la mañana Negrín huye a Francia, mientras que los comunistas de Madrid y de otros puntos de España se alzan en armas contra el naciente Consejo.  En Madrid, los I, II, y III Cuerpos de Ejército, bajo mando comunista, toman casi toda la capital y asedian el Consejo Nacional de Defensa, atrincherado en el centro de la ciudad. Varios oficiales del Estado Mayor de Casado son asesinados, así como el comisario Ángel Peinado, responsable de la publicación de la Gaceta de la República. Los comunistas hacen cientos de prisioneros a los que internan en el Palacio del Pardo, futura residencia de Franco.


Transcurre una semana de combates. El 12 de marzo, tras la decisiva intervención de las fuerzas anarquistas del IV Cuerpo de Ejército a las órdenes de Cipriano Mera y del socialista Liberino González, los comunistas acaban rindiéndose. Muchos de ellos son, a su vez, encarcelados. Cuando, con una semana de retraso, el Consejo consigue dominar la situación en Madrid, resulta que ha perdido la flota, que dejando su base de Cartagena se ha entregado en Bizerta (Túnez) a los franceses, algo particularmente grave dado que desde primeros de febrero los republicanos carecen casi completamente de aviones. ¿Cómo evacuar, por lo tanto, a los más amenazados por las represalias franquistas? Por otra parte la mayor parte de los recursos económicos y logísticos siguen en el extranjero bajo el control del propio Negrín y de algunos de sus testaferros.


Aunque el Consejo alcanzó uno de sus objetivos —el más importante sin duda— que fue el de detener la Guerra,  no dispuso de medios ni de tiempo suficiente para evacuar a muchos que temían sufrir —y de hecho sufrieron— la interminable represión de los franquistas. Negrín y sus aliados comunistas, que controlaban los buques y el dinero para asegurar esa evacuación y comprar alimentos para la hambrienta población de la zona republicana, singularmente la madrileña, no colaboraron con el Consejo que les había derribado y que, tras los combates de marzo, había encarcelado a numerosos miembros del Partido. Ese dinero será la causa de graves divisiones entre los republicanos en el exilio y condicionará la actitud de la Diputación Permanente de las Cortes. Madrid 1939 aporta numerosos datos sobre los aspectos más controvertidos de aquellos días, empezando por tratar de forma exhaustiva el tema de los nombramientos realizados por Negrín al final de la guerra. También aborda la obra del Consejo, el asunto de los dineros controlados por Negrín y Prieto, la responsabilidad de la tragedia del puerto de Alicante, las reuniones de la Diputación Permanente de las Cortes en París y aporta nuevas e interesantes perspectivas sobre el periodo comparando el Discurso-programa de Franco de 1936 con los llamados Trece puntos de Negrín o aludiendo a los distintos proyectos del republicano Miguel Maura para desbancar a Franco: una restauración frustrada de la monarquía (1940) y un restablecimiento también frustrado del régimen republicano (1944-1945).


Aunque en Madrid 1939 se detallan los cruciales acontecimientos vividos en la capital de España, también se trata de lo sucedido en Valencia, Alicante, París y México y se abordan cuestiones como los problemas de logística y criptografía de la zona republicana, el papel del SIM (Inteligencia Militar de los republicanos) y el pretendido papel de la masonería al final de la guerra. Finalmente, se realiza una reflexión acerca de cómo las divisiones de los republicanos y las de los monárquicos fueron el origen real de la consolidación del régimen de Franco.

Février 1939: après le désastre de la bataille de l'Ebre et la prise de Barcelone, isolée et vaincue, la République espagnole avait perdu la guerre. La plupart des députés républicains, des généraux comme Vicente Rojo et Juan  Hernández Sarabia, ainsi que le Président Manuel Azaña se sont réfugiés en France. Les seuls pouvoirs qui demeurent encore dans la zone républicaine sont l'armée et le gouvernement de Juan Negrín, qui est retourné dans la Péninsule alors que des rumeurs circulaient déjà au sujet du général Miaja, chef visible des armées républicaines: il aurait voulu profiter de l'absence du gouvernement pour chercher la paix avec les militaires de l'autre bord.


Devant l'évidence de la défaite, tous attendent la paix. Mais sous quelles conditions? Alors que Négrin retournait en zone républicaine, le général Franco fit publier la Loi des Responsabilités Politiques (Ley de Responsabilidades Políticas), qui criminalisait rétroactivement tous les partis membres du Front Populaire, mettant ainsi un sérieux obstacle aux possibilités d'un accord. Face à une volonté de répression si clairement exprimée ¿quelle issue laissait-on aux républicains? Le gouvernement Negrín, loin d'admettre la défaite, prétendait prolonger la résistance avec un seul "espoir": qu'une guerre générale en Europe puisse modifier la situation, mais les jours s'écoulent, puis les semaines, sans changement.


Le  27 février 1939, le même jour où la France et le Royaume Uni  reconnaissent officiellement Franco, le président Azaña, réfugié à Paris, finit par démissionner. Negrín ne se crut pas dans l'obligation de faire de même. D'autre part, Négrin nomme à la tête des armées ses propres partisans, communistes pour la plupart. Ces changements auraient du être publiés dans le journal officiel (Gaceta de la República) du 6 mars. Devant le fait accompli, tous les partis du Font Populaire, à l'exception des communistes et des quelques socialistes partisans de Negrín, décident de constituer un Conseil National de Défense, après le putsch connu comme "golpe de Casado". Bien qu'à Madrid le directeur du putsch fut Segismundo Casado, le général Miaja accepta de présider le Conseil qui non seulement représentait l'armée mais comptait aussi avec l'appui explicite de Julián Besteiro (Parti Socialiste), et de Cipriano Mira, chef de file des anarchistes à Madrid.


Le matin du 6 mars Negrín s'enfuit vers la France tandis que les communistes à Madrid  et ailleurs commencent à combattre le Conseil nouveau-né. A Madrid, les I, II et III Corps d'Armée, commandés par des communistes, prennent presque toute la capitale et assiègent le Conseil National de Défense, retranché dans le centre de la ville. Plusieurs officiers d'Etat Major, collaborateurs du colonel Casado, et le commissaire Angel Peinado, responsable de la Gaceta de la República, sont assassinés. Les communistes font des centaines de prisonniers qu'ils parquent au palais du Pardo, future résidence de Franco.


Une semaine de combats s'écoule. Le 12 mars, après la décisive intervention des forces anarchistes du IV Corps d'Armée aux ordres de Cipriano Mera et du socialiste Liberino González, les communistes finissent par se rendre. Nombre d'entre eux sont, à leur tour, emprisonnés. Quand, avec une semaine de retard, le Conseil réussit à contrôler la situation à Madrid, il s'avère qu'il à perdu la flotte, qui laissant sa base de Carthagène s'est rendu aux français, à Bizerte (Tunisie), ce qui est particulièrement grave car depuis début Février les républicains ont perdu pratiquement toute leur aviation. Comment évacuer, alors, les autorités les plus menacées par les représailles franquistes? D'autre part la plupart des ressources économiques et logistiques des républicains se trouvent à l'étranger, contrôlées par Negrín et  plusieurs de ses hommes de paille. Le Conseil atteignit un des objectifs, sans doute le plus important, qui était celui de mettre un terme à la Guerre, mais, manque de temps et de moyens, il ne put évacuer ceux qui craignaient, à bon escient, de souffrir les représailles des franquistes. Leurs craintes furent d'ailleurs parfaitement justifiées. Negrín et ses alliés communistes, qui contrôlaient les bateaux et l'argent indispensables pour assurer l'évacuation et pouvoir acheter les vivres nécessaires à l'alimentation de la population affamée de la zone républicaine  —singulièrement les habitants de Madrid— ne voulurent pas collaborer avec le Conseil qui les avait démis et qui, après les combats de Mars, gardait en prison de nombreux membres du Parti. Cet argent sera la cause des graves divisions des républicains lors de l'exil et finira par conditionner l'attitude de la Diputación Permanente de las Cortes (groupe de députés qui, lorsque les chambres son dissoutes ou ne peuvent se réunir représentent le Parlement et assurent sa continuité).


Madrid 1939 offre de nombreuses données sur les aspects les plus controversés de ces jours-là, et, entre autres, traite d'une manière exhaustive les nominations faites para Negrín à la fin de la guerre, l'affaire des ressources économiques détenues par Negrín puis par Prieto, la responsabilité de la tragédie du port d'Alicante et les réunions de la Diputación Permanente à Paris; on peut y lire aussi de nouvelles et intéressantes perspectives sur la période étudiée en comparant le Discours-Programme (Discurso-programa) de Franco de 1936 avec la déclaration connue comme les Treize Points de Négrin (Trece puntos de Negrín) et quelques références sur les différents projets du républicain Miguel Maura pour renverser le régime de Franco: une restauration frustrée de la monarchie (1940) et le rétablissement, également frustré, du régime républicain (1944-1945).


Bien que Madrid 1939 précise les événements vécus à la capitale de l'Espagne, on y traite aussi ce qui se passa à Valence, Alicante, Paris et Mexico; on y aborde des questions comme les problèmes de logistique et de cryptographie en zone républicaine, le rôle du SIM (Renseignement Militaire des républicains) et le prétendu rôle joué par la Franc-maçonnerie à la fin de la guerre d'Espagne. Finalement, l'auteur souligne que les divisions des républicains et celles des monarchistes furent à l'origine de la consolidation du régime de Franco.

February of 1939: after the Ebro Campaign disaster and the nationalist conquest of Barcelona, the Spanish Republic, defeated and isolated, has lost the war. Most of the representatives and higher republican authorities, including the president Manuel Azaña, and important military as Vicente Rojo and Juan Hernandez Sarabia, look for refuge  in France. The only support that remained to the Republic were the Army and the government of Juan Negrín. Negrín returned to the Peninsula just when there were rumours about general José Miaja: perhaps was he going to take the power to obtain a peace among soldiers?


Facing the evidence of the defeat, everyone was waiting for the peace. But, under what conditions? Coinciding with the return of Negrín to the republican zone, the general Francisco Franco, who only admitted an unconditional surrender, published its Law of Political Responsibilities, that criminalized retroactively all the parties of the Popular Front, putting thus a serious obstacle to the possibility of the peace. Face to that clear will of repression, ¿what alternative was left to the republicans? The government Negrín, far from admitting the defeat, intended to extend the resistance with the "hope" that a general war in Europe could modified the situation, but days and weeks passed, without changes.


February 27, the same day that Franco was recognized by France and United Kingdom, the president Azaña, in France, resigned. Negrín did not believe that he must resign, too. On the other hand, Negrín made appointments in the Army that they signified to give all the power to his communist supporters.


Facing that situation the parties of the Popular Front —with exception of the Communist Party and the Negrín-leaning socialists— supported the constitution of the National Council of Defence (Consejo Nacional de Defensa) after the "Golpe de Casado" (the colonel Casado's coup d'Etat) in the night of the 5th to 6th March. Although in Madrid Segismundo Casado was the leader of the Army of the Center, finally the general Miaja presided the Council that represented the Army at the same time it counted on the political support of Julián Besteiro (PSOE, Spanish Socialist Party), and the anarchist libertarians, whose main figure was Cipriano Mera.


March 6th morning, finally Negrín flees to France while the communists of Madrid and other parts of Spain were taking arms against the rising Council.  In Madrid, the 1st, 2nd and 3rd Army Corps, leaded by the communist, took almost every the town and besieged the National Council of Defense, entrenched in the center of the city. Some Colonel Casado's Staff officers were murdered, as well as the commissioner Angel Peinado, responsible  of the Gaceta de la República (the Official Gazette). The communists done hundreds of prisoners and they imprisoned them in the Palace of the Pardo, the future residence of Franco.


A week of fight passes. Finally, on 12th March, after the decisive intervention of the anarchist troops of the IV Army Corp leaded by Cipriano Mera and the socialist Liberino González, the communists surrendered. Many of them were imprisoned. When, with a week of delay, the Council manages to dominate the situation in Madrid, it had lost the fleet, that having left its base of Cartagena had been delivered in Bizerta (Tunisia) to the French, something particularly serious because since first of February the republicans lack almost completely of airplanes. How evacuate, then, the most threatened by the nationalist retaliations? On the other hand, the majority of the logistic and economic resources continue abroad under the control of Negrín and some of his dummy shareholders.


Although the Council reached one of this goals —the most important without doubt— that was stop the War, it did not arrange of sufficient neither media or time to evacuate people that feared to suffer —and in fact, suffered— the endless repression of the nationalist. Negrín and its communist allies, who controlled the ships and the money to assure that evacuation and to buy food for the hungry population of the republican zone —mainly the people of Madrid— did not collaborate with the Council that had felt down them, and, after the battles of March, had imprisoned numerous members of the Party. That money will be the origin of serious divisions among the republicans in the exile and will condition the attitude of the Diputación Permanente de las Cortes, in Paris.


The work of Luis Español Bouché contributes with numerous data on the most disputed aspects of those days, beginning for trying exhaustively the issue of the appointments carried out by Negrín in the last days of the war. Also it undertakes the work of the Council, the question of the money controlled by Negrín and Prieto, the responsibility of the port of Alicante tragedy, the meetings of the Diputación Permanente de las Cortes in Paris, and contributes with new and interesting perspectives on the period, comparing the Franco's Speech-Program of 1936 with the calls Thirteen points of Negrín or alluding to the different projects of the republican Miguel Maura to oust Franco: a frustrated restoration of the monarchy (1940) and an also frustrated re-establishment of the republican state (1944-1945).


Although in Madrid 1939 the crucial events lived in the capital of Spain are detailed, the author also deals with the events in Valencia, Alicante, Paris and Mexico. Other questions are undertaken as the problems of logistics and cryptography of the republican zone, the role of the SIM (republican Millitary Intelligence) and the supposed role of the Freemasonry at the end of the Spanish Civil War. Finally, the author underlines how the divisions between republicans and those between monarchists were the real origin of the consolidation of the Franco's regime.