Jasón y los argonautas
Jasón y los argonautas
   
  Jasón en Yolcos

En Yolcos reina Pelias, que ha conseguido destronar a su hermano Esón mediante engaños. Esón tiene un hijo, Jasón, que acude a Yolcos para ejercer su derecho legítimo al trono.

Al llegar, Jasón se encuentra con que debe atravesar un río. Una anciana le pide ayuda. Él la coge en brazos y pasan el río. Esta anciana no es otra que Hera que a partir de entonces es su protectora.

La corriente se ha llevado una de sus sandalias, pero aún así se presenta ante Pelias. Pelias se horroriza al verlo. No teme el hecho de que sea el legítimo heredero sino que un augurio había vaticinado que un hombre con una sola sandalia acabaría con su vida y le arrebataría el trono.

Decide deshacerse de él y le engaña y le envía a una misión en la que seguramente encontrará la muerte. Le dice que si realmente es merecedor del trono debe probarlo trayendo el vellocino de oro que se encuentra en el lejano país de la Cólquide.

Jasón no tiene más remedio que aceptar aunque sabe que la misión le sobrepasa. Jasón es un héroe atípico. En muchas ocasiones se contrapone su figura a la de Ulises. Ulises es el de los mil recursos, las mil artimañas. Jasón no posee más recursos que aquellos que los demás le conceden. Es un héroe indeciso, jefe de una tripulación que le supera y a la que muchas veces no sabe como manejar. Al enfrentarse a los peligros se muere de miedo y casi siempre se refugia tras sus compañeros o tras la mujeres. Tiene la protección de tres diosas: Hera, Atenea y Afrodita y es gracias a ellas que logra su objetivo. Cuando éstas no le protegen lo hace Medea, su esposa.

Atenea se encarga de convocar a los héroes griegos para que le acompañen en su misión. Todos se embarcan en una nave muy especial: Argo. A partir de ahí se les llama los argonautas.

  El viaje hacia la Cólquide

Antes de llegar a su destino, los argonautas deben salvar una serie de obstáculos.

Primero llegan ala isla de Lemnos. La isla está habitada solo por mujeres. Los argonautas se quedan allí un tiempo.

Llegan a Cício. Allí les recibe un jovencísimo rey con el que traban amistad. Parten, pero los vientos les hacen regresar al mismo sitio. El rey cree que están invadiendo Cício y los argonautas se defienden. En la oscuridad de la noche ninguno de los amigos se reconoce. Por la mañana se descubre la verdad. Los dos bandos se unen en su dolor mutuo y entierran a los muertos, incluido el joven  rey y su esposa que se ha suicidado por la muerte de éste.

En otra isla pierden a tres compañeros. Hilas es raptado por la ninfa de una fuente que se enamora de él. Hilas es el mejor a migo de Heracles y éste y Polifemo le buscan. Los argonautas parten sin ellos y cuando se dan cuenta de su falta, deciden no regresar. Ya se encargará Heracles de vengar el abandono.

En el país de los bébrices, su rey, Amico, se dedicaba a retar a los extranjeros a un combate pugilístico en el que siempre vencía. Uno de los argonautas, Pólux le reta y vence.

Encuentran al rey Fineo que sufre un castigo ejemplar por hacer predicciones demasiado ajustadas a la realidad (los videntes tiene prohibido que sus profecías muestren el futuro con claridad para que los hombres no sean como los dioses). Todos los días le atormentan unos monstruos: las harpías. Zetes y Calais acaban con ellas. En agradecimiento Fineo les revela como atravesar las rocas Ciareas, que chocan la una contra la otra. Deberán enviar una paloma. Si el ave pasa sin peligro, ellos harán lo mismo.

Siguiendo este consejo las atraviesan sin peligro.

 

El vellocino de oro

Llegan a la Cólquide. Allí, Jasón se entrevista con el rey Eetes. Eetes no está dispuesto a dejarle marchar con su tesoro, pero no da muestras de ello.

"Claro. Te lo daré. Pero antes has de superar unas pruebas"

Eetes pretende que muera en esas pruebas. Pero Jasón tiene poderosas aliadas.

En el Olimpo, Atenea y Hera llegan a la conclusión de que lo mejor para Jasón es que Medea, hija de Eetes y hechicera consumada, ayude al héroe. Van a visitar a Afrodita y la convencen para que su hijo Eros dispare una de sus flechas contra Medea y la enamore de Jasón.

Afrodita soborna a su hijo y éste cumple la misión. Medea muere de amor por Jasón y le ayuda en sus pruebas a pesar de traicionar a su padre.

La primera prueba es uncir dos bueyes que escupen fuego, arar el campo con ellos y sembrar en el unos dientes de dragón. Medea le aconseja. Prepara un ungüento que le protegerá contra el fuego de los bueyes. Cuando siembre los dientes ha de estar preparado porque de ellos van a nacer unos guerreros terribles que le matarán. Para librarse de ellos debe tirarles una piedra y así se matarán los unos a los otros.

Jasón supera las pruebas. Pero Eetes se niega a darle el vellocino e intenta matarles. Los griegos huyen con Medea. Medea ayuda a Jasón a dormir al dragón que guarda el vellocino y así lo roban.

Eetes les persigue y Medea no tiene pudor al matar a su propio hermano y despedazarlo. Luego arroja los trozos por la borda y Eetes se retrasa para recogerlos.

De todo es capaz Medea por el amor que siente por Jasón. Su pasión vital siempre supera a Jasón. A su lado el héroe es un niño.

  El regreso a Yolcos

El viaje de regreso es igual de complicado que el de ida.

Parten hacia la isla de Eea, donde vive la tía de Medea: Circe. Ella les purifica por las violencias tan terribles que han cometido.

Pasan por la isla de las sirenas. Orfeo toca y sus tonadas impiden que los argonautas enloquezcan con el canto de las sirenas.

También en su camino Medea acaba con el gigante Talos, que guarda la ciudad de Creta.

En Corcira, el rey Alcínoo y la reina Arete casan a Jasón y Medea.

Incluso los argonautas deberán portar sobre sus hombros a la Argo hasta encontrar una salida la mar.

Regresan a Yolcos. Pelias no da crédito a sus ojos. Aún así se niega a cederle el trono. Medea planea la venganza. Se introduce en palacio y convence a las hijas de Pelias para que bañen a su padre en una poción con la que volverá a ser joven. Todas menos Alcestis creen en le engaño. Pelias se introduce en el baño y así muere.

  La venganza de Medea

Tras la muerte de Pelias, Medea y Jasón parten hacia Corinto. El rey Creonte acoge con entusiasmo a Jasón, que es un héroe, pero no pasa lo mismo con Medea y los dos hijos de ambos.

Jasón ve la oportunidad de conseguir el reino de Corinto y no duda en repudiar a Medea y pedir en matrimonio a la hija de Creonte, Glauce. Creonte está loco de contento. Va a casar a su hija con un héroe y por fin se librará de Medea y los niños.

Pero Medea no acepta fácilmente lo que han preparado para ella. Es capaz de cualquier cosa, ya lo ha hecho antes, y eso la hace muy peligrosa. Convence a Creonte para que acoja a sus hijos aunque la destierre. Para que también Glauce se apiade de ellos les envía con unos regalos: un peplo y una corona. A Glauce se le ilumina el rostro ante la belleza de los regalos. Lo que no sabe es que Medea no espera su piedad, ni ella ni sus hijos van a necesitarla.

Glauce se prueba el peplo y la corona y cae presa de un terrible dolor que le quema el cuerpo. Los regalos estaban envenenados. Su padre se corre a abrazarla y toca el veneno. Ambos mueren en medio de una terrible agonía.

La venganza de Medea aún llega más lejos. Va a matar a sus hijos. Sabe que el dolor que le producirá hacerlo le va a quitar parte de su humanidad, pero también sabe que le va a provocar el mismo tormento a Jasón.

Tras cometer aquel acto terrible, deja a Jasón llorando a sus hijos y huye en un carro de fuego, prestado por su abuelo Helios. Antes maldice a Jasón: morirá por su amado barco.

La profecía se cumple. Mientras duerme a la sombra de Argo, un tablón se desprende y cae sobre él matándole.