Marga Gil Roësset

Rosa Arciniega de Granda

Las mujeres en la Exposición Nacional de Bellas Artes

Marga Gil Roësset no se deja influenciar por nadie,
ni cree en el amor simultáneo de dos corazones


Me sorprendió extraordinariamente, en mi primera visita a la Exposición, una escultura en escayola patinada, titulada Adamus et Eva. Pero mi sorpresa subió de punto al comprobar por el catálogo que su autora era una mujer: Marga Gil Roësset, esta chiquilla de veintiún años con quien ahora me encuentro en la intimidad de su estudio, intentando arrancarle el secreto de su arte, un arte sin influencias, sin parecidos, sin normas; pero que tiene cual ninguno la rara cualidad de acertar a expresar lo que quiere.

Ella me lo explica a su modo de esta manera:

- Yo intento siempre operar sobre mis esculturas de dentro afuera. Es decir, trato de esculpir más las ideas que las personas. Mis trabajos, en cuanto a la forma, podrán no ser muy clásicos; pero, por lo menos, llevan el esfuerzo de querer manifestar su interior.

- ¿Que ha querido usted expresar en la que ahora ha expuesto?

- Adán y Eva, padres del género humano. Viejos como el mundo. Atlético él, fuerte como para engendrar a todos los hombres. Débil ella, apoyada en el robusto pecho del hombre, pero amplio su seno como para amamantar a toda la Humanidad.

En sus caras reflejado el dolor; dolor del paraíso perdido, dolor de sentirse solos en medio del planeta, dolor por todos los dolores que habrán de arrastrar su hijos a través de los siglos. No sé si habré logrado mi idea.

Me quedo perpleja mirando a esta chiquilla afable y bondadosa, en cuya menuda cabecita bullen ya ideas tan trascendentales como éstas, a las que intenta dar forma en la greda con sus dedos estilizados.

- ¿Sus maestros de escultura?

- Ninguno. Fue un día mi madre a ver a Victorio Macho. Vio mis trabajos y e dijo: "Deje usted a su hija que siga sola". Y así trabajo, sin consejos de nadie, sin influencias de nadie, único modo de formarme un estilo propio.

- ¿Cuál de sus obras le gusta más?

- ¿Viajes?

- Conozco casi toda Europa, y hablo francés, alemán e inglés.

- ¿Planes para el futuro?

- Intensificar mi trabajo para hacer en breve una exposición.

- ¿Piensa usted casarse?

Como quien lo tiene bien pensado, Marga me contesta rápidamente:

- Creo que no.

- ¿Razones?

- Porque no creo en el amor simultáneo de dos corazones. Le explicaré esto que a primera vista podría parecer una paradoja. Yo, por ejemplo, puedo enamorarme de un hombre sencillamente porque me gusta; pero me parece difícil que él al mismo tiempo se enamore de mí, completando así el amor. Me parece que en esto hay siempre un sacrificado. Lo que ocurre generalmente es que uno se enamora del otro, y en fuerza de constancia y de trato llegan a creer en un apasionamiento simultáneo. Yo, como no espero hallarlo, tampoco pienso casarme.


Rosa Arciniega de Granda

Revista Crónica, 19-Junio-1930