Juan Ramón Jimenez
LO DE
MARGA
*
En
un sobre cerrado y a nombre de "Lo de Marga", tenía Juan
Ramón en Puerto Rico las siguientes cuartillas escritas:
***
Marga nos tomó
como pretexto para "su historia". Pero es tan bello lo que
escribió y fue tan valiente y decidida por su imajen que me parece
un crimen (matarlo del todo), una falta de humanidad no dejar en la vida "su
fantasía".
MARGA GIL ROËSSET
Tu sufrimiento, muerta tú, se ha quedado espandido sobre mi, como el rojo del sol, después de puesto, por la tarde.
Sentimiento sordo, profundo, concentrado,
inmenso, como el rojo de la puesta de sol en un crepúsculo eterno.
(agosto 1932)
F. de mi
V.
Antes, amiga, yo
buscaba en el fulgurador ocaso grana los infinitos suficientes.
Te
tendistes, por tu gusto, bajo la tierra, entre el ocaso y yo, sangrienta
como una puesta loca de sol retardado en la negra noche.
Ahora tú
eres un fijo ocaso, una llama perene, un infinito suficiente.
(4 Agosto 1932)
Fechas
de mi voz.
MARGA
Si Marga hubiese tenido tiempo, espacio
para soñar, hubiese suplido con aquellas alas, de que me hablaba,
la realidad visible. No le quedaba más que realidad visible mejor o
peor. No aceptó la peor. Prefirió la realidad invisible.
MARGA GIL ROËSSET
Acaso creyó que no vivía a su
gusto. ¡Quién puede hacer su gusto! ¡Quizás no
medios. Y decidió con voluntad suprema, abreviar su vida,
realizarla sintéticamente unos tiempos y luego desaparecer ¿o
reaparecer? ¿Qué creía? Cuando agonizaba, henchida de
viril estertor, vendada la cabeza como una fe, tenía una exaltación
serena y fija, voluntariosa, que parecía decir: porque he querido.
La tarde siguiente, cuando la llevaban en
su caja blanca, ancha y firme, a hombros, carretera de Las Rozas, frente
al Guadarrama azul y firme, parecía repetir: porque he querido.
Y ya enterrada he pensado que su voluntad
de hierro estaba bien contra la tierra, hecha base, fundamento, firme que,
si daba una flor, sería flor fuerte, un fuerte gusto áspero,
un ala, ala segura.
De ABC Cultural. 7 de febrero
de 1997
LA ESTACIÓN TOTAL
LA VOLUNTARIA M.
I
SIESTA
¡Qué
solo suene el tiempo rojo y verde
contra tu comenzada ausencia
eterna!
¡En qué arrinconamiento quemado nos
dejaste
la superficie material sin tu presencia!
Te
llevaste contigo a tu más ser
la identidad de nuestro azul,
la instalación desnuda del anhelo,
el fervor amplio de
la estación plena.
(Estoy viendo ascender la rosa que
dijiste,
caliente, entre la luz mayor y, a un tiempo, fresca.
Verano y sol aquí encima, sin ti.
un eco frío y
una pompa seca.)
Ahora será, otra vez primaveral,
debajo,
a tu apretado alrededor, tu hora entera.
Hora
con radios de tu corazón
centro parado en floración
suprema.
II
ESPACIO
Tu forma se deshizo. Deshiciste tu forma.
Más tu
conciencia queda difundida, igual, mayor,
inmensa,
en la
totalidad.
Y te sentimos
alrededor, en el ambiente pleno
de ti, tu más gran tú.
Nos miras
desde todo, nos sumes,
amiga, desde todo, en ti, como en un cielo,
un gran amor,
o un mar.
III
LUGAR
Con la tierra, en la inmensa madrugada,
tú; en
esa paz sin sed, que no admite cansancio,
tesoro del estar
definitivo
bajo el abismo azul sin miedo ni cuidados...
(Mano, ¡con qué mano segura
te abriste tú la
estrada del remanso;
qué bien sabías tú en la
sombra, arriba,
que penetrabas en la luz, abajo!)
..Y en
lo evidente variable,
por el alrededor, jardín de espera
de caballeros y señoras,
tirito al blanco de la feria
vana,
los otros, sí, nosotros, grises, negros,
intentando, tentando, tanteando
IV
AURORA
Estará auroreando, primero, sobre ti
el campo
seco. Guadarrama rosa;
aún soñará tu tierra
gris en esa lucha dulce
del sol que viene y la huidera sombra;
el gorrión accidental, la fija esquila
gotearán su
son, su pío de la hora.
¡Qué plenitud, tú
en lo definitivo,
fundida a lo que nunca cambiará ya la
historia;
estensión de tu yedra, tu nueva vida solitaria
por lo real profundo sin pasadiza forma;
semilla verdadera de
lo fijo, escultura, conciencia
enquistada en la tierra que no de
desmorona!
(Un momento, en su riel, el alto tren del alba
conducirá sus deslumbrados presos de una pena a otra.)
..¡Tú dentro ya, tú fuera, tú ya libre,
el vivo muere, el muerto es inmortal,
sustancia voluntaria
para más alta obra!
Agosto de 1932
MARGA (GIL ROËSSET)
Yo me había imajinado que Marga era
rubia, como Consuelo su hermana mayor; y creí entreverla así
en la penumbra carminienta de un palco, una mañana de concierto.
Aquella tarde Marga era, y era morena pálida, de verdoso alabastro,
con ojos hermosos grises, y pelo liso castaño. Sentada tenía
una actitud de enerjía, brazos musculosos, morenos, heridos siempre
de su oficio duro. Y al mismo tiempo ¡tan frágil! Llevaba el
alma fuera, el cuerpo dentro. Le dije al momento: "Amarga. Persa.
Fuerte, viril".
En su arte, escultura, pintura, también
estaba siendo oriental. Una desvelada imajinación una fantasía
sinuosa y delicada, enfondada en ritmo redondo, misticismo sensual. Con
una gran personalidad enmedio, centro, médula, eje. A los 24 años
se libraba ya de los fatales de la escultura máxima actual:
Mestrovic, Einstein, Rosandich, Fiori. Iba a ella, se atraía a sí
misma como un imán.
Al momento quiso hacer las cabezas de mi
mujer y mía. Empezó la de mi mujer. Un hallazgo desde el
primer instante, una primera distribución maestra, después
un sentimiento natural y sobrenatural a la vez, sacado del fondo, sin otra
estilización que la necesaria. Mi mujer le dijo que parecía
que la estaba haciendo brotar, como una fuente, de la tierra. Soltada la
piel anterior. Evolucionaba, estaba en la naturaleza penúltima. Iba
sin duda a lo perene. Nuestras cabezas (no hizo más que una, tenía
prisa), estaban siendo ¡quién lo hubiera sabido! el ensayo
para su estraordinaria escultura yacente, resucitada.
*
Venía contenta, nueva, salida de sus
nubes. Nos traía jenerosa el regalo de cada día, de cada
mediodía, de cada hora: rosas, libros, frutas, papeles, cintas de
colores, Sin duda se encontraba a gusto trabajando con nosotros,
trabajadores como ella. Era un ejemplo de vitalidad exaltada, de voluntad
constante, de capricho enérjico. Trabajaba hora tras hora sin
descanso, de pié, con dolor físico, cabeza, hígado,
muelas. Se deshacía las manos, se caía, se hería.
Manchada de yeso, punteados, los ojos de piedra cobraban una belleza ácida,
una expresión injente. Se iba ya de noche, corriendo. Siempre
corriendo, entrando, saliendo, cargada de cosas, subiendo, bajando. Dormía
poco, abandonaba el comer. Café, té, vida abreviada. No le
importaba seguramente vivir. Una estoica.
*
Habíamos llegado a las Rozas a
las 9 y 1/2, después de buscarla en vano por Madrid. Estaba en la
mesa de operaciones de la Clínica de Urjencia Omnia. Un tiro en la
cabeza, con la belleza no destrozada, descompuesta. Su mano estaba
caliente, latía su pulso. Sangre a borbotones por la boca, la
frente vendada de gasa. Una mirada ancha dilatada, salida, pero ¿sin
ver?
Está enterrada en la Rozas. Un
corralillo cuadrado con algunos cipreses. Fue llevada en hombros en su
caja blanca llena de rosas. El forense le hizo una autopsia de hora y
media y cuando salió llevaba el zapato de lona con sangre de Marga.
Pasaban trenes por un lado, coches por otro. La fosa tenía tres
metros de honda. A las 8 le echaron la primera tierra, con un ocaso
amarillo miel tras el Guadarrama morado.
Si pensaste al morir que ibas a ser bien
recordada, no te equivocaste, Marga. Acaso te recordaremos pocos, pero
nuestro recuerdo te será fiel y firme. No te olvidaremos, no te
olvidaré nunca. Que hayas encontrado bajo la tierra el descanso y
el sueño, el gusto que no encontraste sobre la tierra. Descansa en
paz, en la paz que no supimos darte, Marga bien querida.
Juan Ramón Jiménez
De: Españoles de tres mundos y A B C literario de 14 de
noviembre de 1997, más completa que la primera ya que, Francisco
Hernández Pinzón, suprimió de dicha edición
los tres últimos párrafos, para no herir a la familia de
Marga y, posteriormente, su hija Carmen, los entregó al Diario ABC.