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Conviene
que tengas prefijado un tiempo diario de repaso de la materia
para evitar nerviosismos y desasosiegos de última hora.
El
repaso debe hacerse en sesiones cortas, cuando has empezado
con suficientes días de antelación, con descansos
intermedios. Los repasos finales se pueden alargar más.
Interesa,
sobre todo, repasar, y no estudiar -salvo excepciones- material
nuevo: de otro modo existe el peligro de confundir las ideas al
querer aprender cosas nuevas a última hora.
En los
repasos hay que dedicarse a:
Preguntas
fundamentales que se considera que saldrán en el examen.
Esbozar mentalmente o por escrito la contestación que
debe darse a esas preguntas. Comprobar las respuestas con ayuda
de esquemas, apuntes, textos...
Temas
respecto de los cuales se conoce una especial inclinación
del profesor.
Repasar
con los resúmenes esquemáticos que nos hemos hecho.
Puede
ser aconsejable, para evitar la aridez, un autoexamen en solitario.
Pero siempre después de un repaso personal.
Si
has estudiado siguiendo un método de trabajo adecuado,
preparar un examen es, en gran parte, una cuestión de repaso.
En este momento es cuando realmente vas a darte cuenta de que
tu trabajo durante la evaluación no ha sido en vano: tienes
el libro subrayado entresacadas las ideas principales y cuentas
con un resumen que te evitará tener que acudir de nuevo
al libro.
Con
todo este trabajo realizado lo primero que debes hacer, nada
más conocer el día o los días de los exámenes,
es planificar el tiempo de repasos. Al hacerlo, deja siempre
unos días para posibles imprevistos que pudieran surgir
durante esos días (una enfermedad breve, la dichosa gripe
que todos terminamos padeciendo al menos una vez al año,
la visita inesperada de un familiar...)
Es
conveniente además que revises bien tu planificación
con el fin de asegurarte el repaso de todos los temas del examen
y no encontrarte al final con agobios de última hora.
Por
supuesto, la preparación para un examen deberá
ser un repaso y no un intento apresurado y desesperado de aprender
lo que aún no has estudiado. Aunque quizás,
a fuerza de robar tiempo de descanso, por suerte o gracias a una
gran capacidad memorística, salgas del paso, ten por
seguro que habrías realizado el examen mucho mejor, te
agobiarías menos y obtendrías un conocimiento mucho
más profundo y duradero si hubieras subrayado, hecho esquemas
y resumido los temas.
El estudio
puramente repetitivo de los últimos días antes de
un examen es solamente eso, estudiar para el examen, pues la materia
no puede ser asimilada, en muchos casos ni siquiera comprendida,
y al cabo de unos días no recordarás prácticamente
nada de lo estudiado.
Sin
embargo, la preparación, el repaso antes de un examen no
tiene por qué ser una actividad extenuante. Los períodos
de repaso deben ser más bien cortos, de una hora o de hora
y media, intercalando periodos de descanso entre ellos.
Durante
estos días en que el esfuerzo mental va a ser máximo
no descuides la actividad física: el ejercicio, el deporte,
la distracción contribuyen a evitar, o por lo menos a aminorar,
la tensión y la ansiedad.
Al
repasar para un examen, debes limitar al mínimo la relectura
y dedicar la mayor parte de tu tiempo a la recitación de
los temas.
Al
repasar una lección, primero trata de recordar las ideas
principales sin consultar tus notas. Luego, para comprobar si
las recuerdas adecuadamente, acude a los esquemas. Si hay
algo que recuerdas con dificultad o que no comprendes del todo,
consulta el libro y vuelve a leer ese apartado. Esto es lo único
que debes releer del libro durante todo el repaso: las dudas.
Un
ejercicio que puedes realizar también durante el repaso
es la simulación del examen. Esta actividad te ayudará
a familiarizarte con la situación, además de darte
una buena muestra de tu nivel de recuerdo y aprovechamiento del
tiempo (hazlo con el reloj delante, como si fuera el examen de
verdad y para de escribir cuando transcurra el tiempo de la prueba).
Verás algunos fallos o errores que será más
difícil de volver a cometer en la situación real.
Otra
actividad que puedes realizar en este momento es intentar predecir
las preguntas que te pueden hacer en el examen. Piensa un
poco, recuerda las clases, pues la mayoría de los profesores
suelen dar pistas, directa o indirectamente, de las posibles preguntas
de examen (mayor énfasis en ciertos apartados, tiempo dedicado
a un tema...).
Puede
ser conveniente organizar un repaso en compañía
de un amigo del curso que tenga un nivel similar al tuyo para
revisar los puntos más débiles y difíciles
del programa. Hacer un bombardeo de preguntas y centrar la
atención en las respuestas incorrectas, defectuosas o contestadas
a medias. Estudiarlas a fondo y comprobar de nuevo si todo
ha quedado comprendido.ç
También
pueden orientarte los exámenes de evaluaciones y años
anteriores. Sobre estas posibles preguntas insiste más
pero,-no por ello, dejes de estudiar el resto de los temas ya
que algunos profesores, conociendo este truco de las adivinanzas
y la circulación por las clases de pruebas de años
pasados, cambian siempre las preguntas.
Pero,
además de esta preparación exclusivamente mental,
es conveniente que cuides también el aspecto físico,
especialmente si el examen es oral. Por lo que respecta a tu alimentación,
huye de comidas ricas en grasas, azúcares, dulces y alimentos
en conserva.
Por el
contrario, tu alimentación debe de contener proteínas,
vitaminas, especialmente las A, B, C y D, y sales minerales como
el hierro, el calcio y el fósforo (alimento para tu memoria).
No
hagas comidas copiosas. Es mejor poca cantidad de alimentos, para
favorecer la digestión, pero repitiendo las comidas más
a menudo. Tampoco es conveniente que estudies inmediatamente
después de las comidas porque el adormecimiento dificultará
tu concentración.
Si eres
de esos consumidores de café "sólo en fechas
de exámenes", has de saber que la cafeína tomada
en pequeñas dosis (dos o tres tazas como mucho al día)
no parece tener efectos negativos en un organismo sano. Pero tomado
en dosis mayores, dificulta el sueño, la concentración
en el estudio y el rendimiento de la memoria, además de
incrementar la irritabilidad, justo lo contrario de lo que tú
querías conseguir atiborrándote de café.
Durante los días de preparación de tus exámenes,
no te olvides del cuidado de tu cuerpo: "mens sana in corpore
sano". El ejercicio físico aumentará tu
relajación, disminuirá tu ansiedad y te ayudará
a concentrarte mejor en el estudio, después de haberte
distraído durante un rato.
En
contra de la creencia generalizada, durante estos días
no debes cambiar tus hábitos de sueño. El tiempo
que se roba al sueño se paga en el examen con nerviosismo,
confusión, cansancio e incluso bloqueo mental.
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