201 (4-XII-2002)
Pan y circo
La vieja fórmula de los emperadores más corruptos del Imperio Romano sigue teniendo vigor merced a la democracia imperante. Basta un poco de pan y mucho circo, mucho espectáculo, cuanto más degradante mejor, para contentar a la plebe y que no se amotine. Los esclavos no tienen derechos y los patricios viven con un lujo insultante.
Para que un pueblo sea digno y dueño de sus propios destinos, debe ejercitar la virtud en grado sumo. Familia, trabajo, religión, orden y ley, son los factores sustanciales de una sociedad bien constituida. Pero aquí llevamos un cuarto de siglo de degradación constante. Uno de los efectos maléficos del sufragio universal es que los políticos prometen tentaciones y vicios bajo capa de libertad. Sólo los restos de la sociedad moralmente sanos se inclinan por partidos conservadores, que bien pronto defraudarán su confianza y serán el vagón de cola de un tren que avanza hacia el túnel de la perversión arrastrado por la locomotora de la izquierda. Cuantos se suben a ese tren terminan fatalmente pasando por ese túnel.
En ese túnel cavernario, lóbrego y siniestro, se contemplan escenas de pesadilla si se abren los ojos, que muchos prefieren mantenerlos cerrados. Ahí la matanza de criaturas inocentes antes de nacer; ahí la perversión de la niñez y de la juventud, manchada su alma por la impiedad, el sexo fácil y la droga alienadora; ahí la delincuencia y la violencia; ahí la invasión de los bárbaros y la pérdida de la Patria. Voto a voto, metro a metro, hasta el desastre final.
Una de las escenas que habrán podido contemplar los viajeros del último vagón, los franquistas del voto útil y del mal menor, los que han hecho imposible la presencia de formaciones patrióticas en las instituciones, habrá sido la condena del franquismo que ha hecho el Congreso el mismo día 20 de noviembre, para más INRI. Me consta que muchos, atrapados en el vagón por su enorme cornamenta cerval, tan enramada como sus repetidos votos útiles, mugen de desesperación porque no hallan escapatoria ni en la necesidad de echar a los socialistas ni en la minoría relativa del PP. Ahí los tenéis, con mayoría absoluta, homenajeando a Carrillo y a las Brigadas Internacionales, derribando la estatua ecuestre del Caudillo en el Ferrol, corrompiendo a la sociedad desde las televisiones privadas y desde las públicas que administra el PP, batiendo el récord de abortos con 63.000 en el año 2001, legalizando y recetando la píldora abortiva; sin trabajo para millones de españoles; sin vivienda para cientos de miles de jóvenes que quisieran formar una familia; sin seguridad ciudadana, inermes ante la marea negra, ante la marea roja, ante la marea separatista y ante la marea de invasores. Culminando con la condena del Alzamiento Nacional y del Régimen de Franco. Así que se pasan la vida mugiendo: muuuuuu...cho voté al PP; muuuuuuu.....y desagradecidos que son; muuuuuuu....cha pena me da.
Así que nadie vota a partidos que propugnan la moral, las buenas costumbres, la austeridad, la disciplina, el trabajo ni el sacrificio, que son los instrumentos del auténtico bienestar y de la felicidad humana. Los partidos han prometido y traído la facilidad para desentenderse de los compromisos contraídos en el matrimonio, disolviendo la familia con el divorcio; han traído la sensualidad en forma de pornografía, el sexo rápido y fácil de la prostitución y de los anticonceptivos, la libertad, legalización y protección oficial de cualquier unión sexual; han traído el aborto, que han disfrazado de "interrupción voluntaria del embarazo" y "píldora del día después"; han hecho la vista gorda con la droga; han legalizado formas de explotación laboral, próximas a la esclavitud, de forma que masas ingentes de extraños entren en la sociedad, sin importarles futuros enfrentamientos sociales ni la desintegración de las naciones.
Y el pueblo, embrutecido, emplebeyecido, gusta de todo eso como el puerco se refocila y come su propio vómito. Cuando reacciona no lo hace por motivos verdaderamente espirituales, por conversión, por aversión a una democracia putrefacta e inmoral; sino que lo hace buscando remedio a alguno de los males que se le hacen inaguantables. Forma piquetes contra los delincuentes, hace huelga cuando le van a despedir, vota candidaturas nacionales porque está harto de que los inmigrantes le hostiguen y le roben, le desprecien en su propio país y le quiten el puesto de trabajo. Pero no hay nada noble en ello; es puro egoísmo, aunque sea lícito.
Nos queda, a los que nunca hemos adorado al Becerro de Oro, la posibilidad de fermentar esa masa anodina, insulsa y bruta, actuar como levadura para infundir en medio de esas necesidades materiales el espíritu noble, altivo y puro, de nuestro ejemplo; la luz iluminadora de nuestros principios, la guía para volver al buen camino. Pero eso no puede hacerse avergonzándonos del tesoro que poseemos, ocultando aquello en lo que creemos; triste papel sería ese, que nos devolvería a nuestros cuarteles sin victoria y sin honor.
Yo compruebo cada día en la juventud que sabe apreciar el ideal puro y verdadero; los jóvenes no gustan del disimulo y del cálculo. Que no les quiten ni a Franco ni a José Antonio, ni el escudo del águila, ni el "Cara al Sol" ni a su Cristo. Los jóvenes que se acercan a nosotros quieren que les demos nuestros principios en toda su autenticidad. Mientras, otros que quisieron adaptarse, ser más modernos, esconder símbolos y canciones, han fracasado, iba a decir estrepitosamente, pero ni eso; sin estrépito, anodinamente, vergonzosamente.
Esa juventud está dispuesta a organizarse políticamente; pero no debe esperar sólo la victoria electoral, que se hace dificilísima por el embrutecimiento de la plebe y el dominio de los medios de comunicación por los patricios mundialistas. Sin renunciar a arrancar parcelas de poder a nuestros enemigos, los jóvenes deben prepararse para formar familias numerosas, no importa el sacrificio que cueste, empresas e iniciativas privadas donde se viva sanamente, en conformidad con nuestros ideales: colegios, equipos deportivos, medios de comunicación, cooperativas y empresas de todo tipo, incluso espacios urbanos, sin caer en el gueto. Es necesario un tejido social fuerte y sano donde vivir y dar ejemplo de la posibilidad práctica de vivir estos ideales. Pero eso se logra cuando se está dispuesto de verdad a poner empeño, perseverancia, riesgo, sacrificio, estudio, amor, dinero y la vida entera. Y Dios en todo y sobre todo.
200 (11-IX-2002)
Solzhenitsyn y el comunismo
Estos días se han vuelto a recordar aquellos crímenes, aquellas torturas, aquella agresión monstruosa contra la humanidad y la decencia que fue el comunismo soviético con la reedición de la obra de Alexander Solzhenitsyn "Archipiélago Gulag". Si los comunistas practican el terrorismo para llegar al poder, de lo cual es muy representativo el terrorismo de ETA, del GRAPO y del FRAPP, que llevamos padeciendo más de 30 años, el comunismo implantado es el TERROR por antonomasia.
Lo que relata Solzhenitsyn, sin inventarse nada, es pavoroso y estremecedor. El exterminio masivo de decenas de millones de seres humanos. Maltratados, torturados, amenazados, aterrorizados, obligados a confesar contra sí mismos y a firmar acusaciones falsas contra sus familiares, amigos, conocidos o desconocidos. Alguno llegó a delatar al cardenal Richelieu, sin que los feroces comisarios, fiscales y jueces advirtieran la burla. Primero fueron exterminados todos los "enemigos de clase", los ricos, nobles y hacendados; los militares y funcionarios del Zar, los eclesiásticos, los adeptos al Antiguo Régimen. Luego, los mencheviques y otros partidos que colaboraron en la Revolución Soviética; después las nacionalidades sospechosas, desde alemanes del Volga a lituanos, mongoles, kazakos y cien pueblos más. Bastaba la etnia o el apellido para ser deportados a Siberia. Siguieron los trostkistas y en general todos aquellos que eran comunistas antiguos. También los "empecedores" o saboteadores, todos aquellos considerados culpables de no cumplir los fantásticos objetivos de producción fijados por los dirigentes, desde ingenieros a modestos campesinos que no habían colaborado lo suficiente en el koljós. No fueron algunas cabezas de turco, sino muchos cientos de miles. Y los que habían visto el extranjero, culpables de haber visto el bienestar occidental. Y los millones de soldados que se rindieron a los alemanes cuando ya no tenían municiones ni víveres; 10 años por ello. Y los que compraron, vendieron, sirvieron, atendieron o mantuvieron relaciones de cualquier clase con el enemigo, aunque hubiera sido por orden precisamente de los mismos soviéticos. Sabían demasiado y habían visto demasiado. Y los que no fueron suficientemente diligentes en delatar a sus familiares, amigos y vecinos. Y los que sí fueron denunciados por cualquier fútil motivo. Y los que osaron comentar cualquier deficiencia del sistema o alabar algo de fuera del "paraíso soviético". O los que vieron algo, o pasaban por allí, o conocían o habían convivido o se habían relacionado con otros acusados. Por supuesto, los soldados enemigos capturados, incluidos nuestros compatriotas de la División Azul. Pero también los "niños de la guerra", que fueron deportados en nuestra guerra civil, así como los mismos comunistas, incluidos algunos dirigentes famosos como Enrique Castro Delgado, que cuando pudo huir del paraíso escribió su impresionante "Hombres made in Moscú"; o como Valentín González, "El Campesino", que pudo huir de los campos de concentración en una azarosa odisea a través de miles de kilómetros. De aquellos niños de la guerra fue Gabriel Amiadma, que tradujo al español a Solzhenitsyn, labor que ejerció también cuando Íñigo lo entrevistó en directo en TVE. Amiadma fundó "Carta del Este", una publicación que iba dando cuenta de la situación en los países comunistas sometidos al yugo comunista soviético. De todo ello nos tuvo bien informados Ángel Maestro, quizá el español mejor documentado sobre esa barbarie llamada comunismo. En los años 90 fue publicado el demoledor informe "El libro negro del comunismo", obra colectiva de varios autores franceses, que demostraba bien claramente que aquel horror no fue privativo del monstruo Stalin, sino que prendió con características no menos virulentas en las cepas maoístas, vietnamitas, camboyanas, etíopes, sudanesas o castristas. Entre nosotros, supo llegar a conclusiones profundas y a lecciones magistrales Luis María Sandoval con su "Cuando se rasga el telón", verdadera historia mundial del comunismo.
A nosotros nadie nos tenía que contar nada. Lo sabíamos bien desde la República y desde la zona roja de la Guerra Civil. Sabíamos lo que fueron las checas, cárceles particulares que tenían los partidos y sindicatos rojos en cada barrio de las grandes ciudades. Más de 300 en Madrid, más de 200 en Barcelona y más de 100 en Valencia. Sabíamos de la persecución religiosa, con casi 7.000 sacerdotes, religiosos, religiosas y seminaristas asesinados; entre ellos, 13 obispos. Sabíamos de la destrucción de 20.000 edificios religiosos. También por eso resistió Oviedo, que no estaba dispuesta a consentir lo que ya sucediera en 1934, con las matanzas de inocentes y la destrucción, el robo y el saqueo, incluida la voladura de la Cámara Santa de la Catedral. Y recordamos la vesanía del "te rindes o matamos a tu hijo". Todo ello es consustancial al marxismo.
Pero hubo muchos que no se quisieron enterar y siguen sin querer enterarse. Siguen dando honores a Santiago Carrillo, el genocida de Paracuellos para quien el juez Garzón no quiere abrir un proceso por genocidio, delito que según el juez estrella nunca prescribe; y tuvimos que ver unas Cortes democráticas con el Duque de Paracuellos, presididas siquiera brevemente por razón de edad por la Pasionaria, con otros asesinos contumaces como Gallego y Alberti. Cortes que se apresuraron en amnistiar a los terroristas marxistas de la ETA, del FRAPP y del GRAPO, tratándolos como héroes que "habían luchado por la democracia y la libertad de los pueblos de España". Ahora, esos mismos héroes pasan a ser nazis y fascistas para los mismos partidos que los glorificaron y de los que fueron compañeros de viaje. Siempre encontramos la mentira y la violencia aliadas en esta demoniocracia que padecemos.
Vivimos una auténtica "cultura de la muerte", denunciada y definida como tal por el Papa Juan Pablo II.
199 (9-V-2002)
Estuve en París
Pues sí; me parecía un deber indeclinable apoyar a los patriotas franceses en su 1º de Mayo en honor de Santa Juana de Arco, el 20-N francés. Este año particularmente, porque estaba reciente el triunfo de Le Pen en las presidenciales, celebrándose pocos días después la segunda y definitiva vuelta, donde todos se coaligaron contra él. Tal coalición es una evidencia más, aunque nosotros no la necesitáramos, de que todos son lobos de la misma camada, desde el centro-derecha a la extrema izquierda. Una extrema izquierda que hace el papel de los "sans-culottes" de la Revolución, el trabajo sucio, el agredir, atentar y matar sin ningún tapujo. Lo acabamos de comprobar otra vez más en Holanda, con el asesinato del líder ultraderechista, Pim Fortuyn, que ganó las elecciones municipales en Rotterdam y estaba situado como tercer partido en las encuestas.
Primero usan el odio y el terror, culpando a las víctimas de lo que ellos mismos practican. Es la misma táctica del "motín de Esquilache": "vosotros pegad y luego salid corriendo gritando que os han pegado". Acusan a gente honrada y pacífica, trabajadora y buena, de ser violentos ultras, malvados racistas y xenófobos, intolerantes y extremistas. En la tarea de demonizar al patriotismo se vuelcan todos los medios de comunicación, partidos políticos, profesores y creadores de opinión. Siempre se refieren a los patriotas como ultras, fascistas, violentos, etc. Por contra, los verdaderos violentos que siembran el pánico en la calle son incontrolados, jóvenes radicales, cuando están en plena actuación arrasando las ciudades. Fuera de ahí, se disfrazan con la complicidad de todos como pacifistas, ecologistas, antifascistas, etc.
Para que la farsa continúe no dudan en variar el vocabulario a su conveniencia. El que ayer era un líder ultraderechista, al ser asesinado se convierte en populista de derechas, mientras que su ecologista y pacifista asesino pasa a ser un ultra. Terrorismo informativo le llamó yo a este comportamiento de la prensa canallesca.
En Francia más de lo mismo. Turbas violentas y amenazadoras, puño en alto, amedrentan a los que osen considerarse patriotas. Las palabras son contundentes. Vuelve el "écraser" (aplastar), ya célebre desde Voltaire: "Écrasez l'Infame" (aplastad a la infame - la infame era la Iglesia Católica). Palabras como odio, vergüenza, en todas las pancartas.
El acto
Un cortejo de decenas de miles de personas desfiló ante la estatua de la Santa de Orleáns y llegó a la plaza de la Ópera, que viene a ser nuestra Plaza de Oriente en cuanto al significado político, que no en cuanto a la forma urbanística. Allí esperaban otros miles y otros más que llegaron después. En total, unas 100.000 personas, más parecido al 20-N de antaño que al de hogaño. Miles de banderas francesas y algunas regionales, junto a pendones y banderines tradicionales, de ex combatientes o de "Chretienté et Solidarité". Los gritos más coreados eran "Liberté, liberté" y "Le Pen président". Lo más agresivo que se podía leer era "Fier d'être français" (Orgulloso de ser francés). Eran franceses normales, del pueblo, de todas las edades, trabajadores, estudiantes y jubilados, amas de casa, padres de familia, sin odio, sin venganza, junto a inmigrantes como los españoles o algunos de raza negra, como la misma animadora del acto hasta que llegó Le Pen.
Allí nosotros, con nuestras banderas de España y del Movimiento Católico Español, triunfando en toda regla en cuanto las exhibimos. Los medios de comunicación de varios países nos rodearon y pidieron declaraciones. También se nos juntaron inmigrantes españoles y franceses hijos de inmigrantes, así como los camaradas italianos de Fuorza Nuova.
Una gigantesca pantalla permitía ver aspectos del acto y a los intervinientes. Le Pen habló 1 hora y 20 minutos. Comenzó evocando a la doncella de Orleáns, haciendo un paralelismo entre aquellos tiempos difíciles y estos de ahora.
Luego entra en la situación actual, de la que culpa a los políticos con sus leyes. Dice que Chirac no puede ahora hacer de bombero, que él es el pirómano. Los problemas de delincuencia, inseguridad, coste de la vida, altísimos impuestos, corrupción, baja de la natalidad, invasión de gente que no respeta a Francia, subordinación al mundialismo, etc. La riqueza nacional de Francia por habitante es ahora la 13ª de la Unión Europea, tan sólo por delante de Grecia y Portugal. Yo me lo creo y doy fe de ello en sólo tres días de estancia en tierras galas. No hay ni un francés gordo. Están todos delgaditos. La comida, servida con bastante escasez, cuesta entre el doble y el triple que en España. Por ejemplo, un simple café con leche y croissant cuesta 3 euros (500 ptas) y una hamburguesita pequeña con coca-cola y unas pocas patatas 6 euros (1000 pesetas). Y los sueldos, aunque más altos, no llegan a tanto. Es culpa de los impuestos, para mantener todo el tinglado, invasión incluida con sus propios guettos y sus familias poligámicas. Algunos moros sólo tienen que fabricar hijos con varias mujeres a la vez para vivir opulentamente a costa del pueblo francés.
El veterano luchador patriota usa la ironía con maestría: "Chirac se acaba de enterar ahora de que en Francia hay inseguridad", "parece ser que para el Cardenal Lustiger yo soy el único pecador de Francia". Sus comentarios despertan murmullos, aplausos, vítores, ondear de banderas. La gente está entregada.
Jean-Marie Le Pen habla con rotundidad, sin apresurarse. La terminación aguda de todas las palabras francesas es más acentuada al terminar cada frase, por lo que el discurso adquiere una cadencia rítmica, como el romper de las olas cuando hay mar brava. Cada frase es un mazazo contundente, una verdad irrebatible, una propuesta audaz; entra por los oídos y llega hasta la médula; electriza la percepción, arde como reguero de pólvora, eriza el vello, corre en forma de adrenalina por las venas.
Cuando termina, el pueblo vibra. Comienza "La Marsellesa" sin esperar a la música. La gente está enardecida, canta, grita y llora su himno. Lo harán 3 veces consecutivas, entre tremolar de banderas, alcanzando la emoción su máximo clímax. "Allons, enfants de la Patrie" (Vamos, hijos de la Patria), contra la tiranía, "Aux armes, citoyens", (A las armas, ciudadanos), "Marchons, marchons" (marchemos, marchemos).
¿Y qué hago yo emocionándome con ese himno y esa bandera, que proceden de la Revolución Francesa? Pues procederán de ahí, pero se han transformado y se han convertido en símbolos de todo lo contrario en Francia. Así como el cristianismo aprovechó elementos paganos y los cristianizó, así estos símbolos se han redimido y vuelto patrióticos y cristianos. Ahora son los símbolos del resurgir patriótico, de la oposición a las consignas mundialistas y masónicas, de defensa contra la invasión musulmana, signos de familia, vida, seguridad, justicia, trabajo y honradez.
Breve, pero intensa visita
Pudimos también encontrarnos en la recepción de "Christianité et Solidarité", un grupo muy parecido al Movimiento Católico Español, aunque con una mayor proyección internacional y preocupación por los católicos perseguidos en todo el mundo. Su presidente es Bernard Anthony, un dinámico líder que pronunció un discurso elogiando la Cristiandad, unida en sus principios y valores universales, pero rica y diversa en sus peculiaridades, que hay que conservar. Le hicimos entrega de una bandera española y me invitó a pronunciar unas palabras. En nuestro honor se cantó el "Cara al sol" y luego siguieron con "A la santé du Roi de France" y otras viejas canciones vendeanas y de las guerras coloniales. También había belgas y suizos. Por la noche nos atendió un grupo de amigos militantes de Front National que suelen acudir los 20-N y participan en nuestra Cena de Cristo Rey. Improvisaron una "soirée" muy agradable y familiar, en la que nos sentimos como en casa. Porque nuestros movimientos no se quedan en la simple operación política, sino que son verdaderas familias con relaciones fraternales.
Y aún nos quedó tiempo para visitar algo de París (un inmenso Barrio de Salamanca con incrustaciones góticas), Notre Dame, Saint Etienne, Sant Nicolas de Chardonnet, Le Sacré Coeur y ciudades de la Francia profunda y auténtica como Chartres, Orleáns, Blois y Tours.
198 (21-IV-2002)
Le Pen, apoteósico
Menuda crisis de nervios les ha entrado a todos los santones, gurús, prebostes, mercenarios y giliflautas de la democracia con el ascenso de Le Pen. Hay dos efectos buenos en estos fenómenos de triunfo, presencia del patriotismo y testimonio. Primero, el éxito bien merecido de los que llevan tantos años luchando y sufriendo contra corriente. Segundo, la rabia, la impotencia y la frustración que ello genera en los malvados de toda laya y condición.
Por fin, Europa se empieza a sacudir la catalepsia y la hipnosis en que la han mantenido los brujos del sistema. Sólo se podía ser demócrata y sólo se podía dar de comer al mismo dragón de las dos cabezas, la izquierda y la derecha. El resto era extremismo, barbarie, lo malo que había que erradicar a cualquier precio. Y los pueblos se lo han creído durante decenios. Pero ha ido creciendo una generación escéptica, que veía cómo quedaba desempleada y relegada, mientras los políticos y los hombres del sistema se enriquecían, formando una plutocracia sin escrúpulos, ambiciosa, cínica e inmoral.
Por desgracia, la masa no ha reaccionado a impulsos de un noble ideal. Sí que ha fermentado por una pequeña minoría que está actuando como levadura. La masa se embadurnó del mismo materialismo egoísta, aceptó el adulterio, el divorcio y el desmadre sexual. Se negó a tener hijos para "vivir mejor". Abortó a mansalva o lo toleró sin mayor oposición. Aceptó la invasión de inmigrantes cuando les venían a trabajar barato en tareas caseras, en el campo o en los trabajos duros.
Pero ha llegado el momento en que ven que no pueden circular libremente por sus ciudades. Son robados y vejados. Tienen que respetar los "ghetos" y los grupos mafiosos que se enseñorean de las ciudades. Se sienten extraños y acosados en su propio país. Les queman los coches cada fin de semana para divertirse, soportan largas colas en la seguridad social para que puedan atender primero a los inmigrantes de otro color y religión, no sea que los servicios sanitarios sean tachados de xenófobos y racistas. En el pecado han llevado la penitencia; lo que les ha pasado era lógico y justo que les pasara. Que les salieran los hijos drogadictos y que les pegaran una paliza, que para eso los educaron tan libre y laicamente, sin mandamientos ni religión; que les violen a las hijas, que les maten a los hijos, que a ellos los arrojen a los asilos, que se vean en la calle mendigando, que se mueran solos y olvidados sin que nadie les recuerde, sin un cura que les asista ni una voz amiga que les consuele. Al fin "libres", sin Dios, ni Patria, ni familia.
Los ciudadanos tienen miedo y están hartos. Pero sólo cuando les ha tocado a ellos padecerlo. Sólo cuando los problemas no se solucionan con la demagogia de los políticos de izquierdas y derechas. Sólo al cabo de muchos años. Sólo cuando se han ido muriendo los bienpensantes de la burguesía, los rabiosos e impenitentes radicales demócratas y liberales. Sólo cuando generaciones de jóvenes hartas de lo que llevan soportando desde la infancia tienen edad de votar y de organizarse políticamente.
Ya no hacen caso de los curas "progres", que esos sí que actúan como auténtico "opio del pueblo", mansurreando al rebaño y conduciéndolo al sacrificio, transformando el amor al prójimo en aceptación de cualquier delito, confundiendo el perdón con la complicidad, trocando lo sagrado por la secularización profanadora y sacrílega, igualando a Cristo con las falsas religiones, falsificando el catolicismo como mundialismo. En Francia, la mitad de los católicos practicantes va a las misas tridentinas, en latín, mandando a paseo a los obispos y curas "progres", cómplices de la Revolución como aquellos clérigos "juramentados" de la Revolución de 1789.
En España pronto ocurrirá lo mismo que ya está ocurriendo en toda Europa. No es sólo Le Pen en Francia. Es Haider en Austria; Fini y Bossi en Italia. La UDC en Suiza; y Amberes, y Holanda, y los países nórdicos, y Alemania.
Yo soy testigo de miles de jóvenes que están hartos y hasta los "güebos" de moros y extranjeros que los asaltan, roban, amenazan y pegan; que consideran a profesores predicadores de la democracia los mayores farsantes; que son tratados peor que los delincuentes sólo por mostrarse españoles; que están asqueados del antiespañolismo, la degradación y la perversión de los "guarros" de extrema izquierda; que han de sufrir la histeria de unos padres inducidos por los medios de comunicación; que soportan la intolerancia agresiva y fanática de todos los "tolerantes" de los medios de comunicación, de todos los partidos, de todos los curas "progres". Esa generación, próxima a la edad adulta, se organizará y el sistema, con todas sus malas artes, no la podrá parar. En España, además, es posible una reacción patriótica mucho más depurada y exacta, porque entre nosotros pervive un hondo sentido hispánico y católico que seguimos cultivando muchos en uniones seglares, federaciones de excombatientes, asociaciones franquistas, falangistas y carlistas. Todavía sería posible entroncar con los 10 millones de católicos practicantes. Aunque me temo que los actuales pastores, enfeudados al sistema imperante, prefieran mantener al rebaño pastando en los pestilentes y venenosos pastos del liberalismo y de la democracia. Ellos han sido culpables del abandono del Estado Católico que tanta santidad, prosperidad, bienestar, justicia social y dignidad nos produjo y no darán fácilmente su brazo a torcer ni entonarán el "mea culpa", que hipócritamente y cínicamente a la vez se entona sólo para pedir perdón por lo que supuestamente hicieron nuestros antepasados que defendieron, recobraron y extendieron la Cristiandad, mientras que ellos no piden jamás perdón por sus propios pecados concretos, como este de entregar una nación católica en la que reinaba Cristo, simbolizado en el monumento del Cerro de los Ángeles, para que se enseñoreen de ella todas las potestades infernales.
Que Dios se lo demande y que nosotros acertemos a ser instrumentos de su Justicia.
197 (4-IV-2002)
Derecho de injerencia
Después de los atentados terroristas cometido por el terrorismo fundamentalista islámico el 11 de Septiembre en Nueva York y Washington, los comentaristas y políticos han aludido no sólo a un legítimo derecho a la defensa propia, sino también a un derecho de injerencia en cualquier lugar donde no se respeten los derechos humanos.
Ese mismo derecho ha sido esgrimido para encausar a militares argentinos y chilenos por parte de jueces europeos.
Como cabía esperar, ese derecho ha sido ejercido de forma sectaria y arbitraria. El mismos juez Garzón que encausaba a Pinochet, vencedor del comunismo en su Patria, se negaba a encausar al genocida Santiago Carrillo, tan próximo físicamente en el espacio de sus fechorías, lo mismo que se negaba a ocuparse del tirano Fidel Castro, tan próximo en el tiempo de su oprobio.
Lo mismo se puede decir de los ataques angloamericanos a Serbia, Irak y Afganistán. En cuanto al Irak por causa de sus ataques a los supuestos derechos de otros, como los kurdos y kuwaitíes. En Afganistán, como defensa propia por los atentados de la red terrorista "Al Quaeda" en suelo norteamericano, conjugada con la defensa de los derechos humanos de una población sometida al fundamentalismo musulmán más fanático, especialmente en el caso de las mujeres.
Pero hete aquí que ese mismo afán humanista tardó muchísimo en reaccionar cuando las matanzas de Timor Oriental contra cientos de miles de católicos. Y sigue sin inmutarse por la dramática suerte corrida por los cristianos en Sudán, exterminados y esclavizados por millones. Y se llama andana ante la ocupación israelí del territorio palestino y el humillante sometimiento de su población, cristiana o musulmana. Lo cual significa que se emplea a medida y conveniencia de las potencias, que convierten en ese derecho en un taparrabos de sus vergüenzas.
Pero el principio existe y no hay que olvidarlo. Es el que impulsó a los conquistadores españoles a derribar los ídolos y terminar con los sacrificios humanos de un Imperio diabólico como el azteca, para edificar desde sus ruinas la nueva civilización cristiana de la Hispanidad.
En virtud de ese principio deberíamos exigir a los países musulmanes y comunistas la libertad de predicar el Evangelio. Y allí donde los misioneros o los cristianos fueran perseguidos, allí enviar fuerzas de paz suficientemente aguerridas para imponer ese derecho elemental de conocer el Evangelio. Y qué decir de los países abortistas. Habría que impedirles a sangre y fuego que continuaran con tal matanza, y los dirigentes democráticos que las hacen posibles ser derribados y juzgados por tribunales internacionales de auténticos derechos humanos.
Pero qué lejos estamos de eso. Ni siquiera se intenta evangelizar a los musulmanes que llegan a nuestra tierra, sino que son ellos los que consiguen nuevos prosélitos entre los naturales del país. Y el aborto se acepta ya como la cosa más natural del mundo. Las protestas en su contra son cosas de exiguas minorías entre las que me cuento, sin que los católicos que siguen llenando las iglesias, más para aquietar su conciencia que para renovarse apostólicamente y actuar como intrépidos soldados de Cristo, se consideren interpelados. Hasta para votar, algo tan sencillo y gratuito, secreto y breve, prefieren entregar su confianza masivamente a los partidos abortistas de izquierdas o derechas, que tanto dan unos como otros.
Las sociedades secretas
A propósito de la red "Al Quaeda", que ha puesto en vilo a la sociedad occidental, debemos recordar que la existencia de sociedades secretas, ligadas por vínculos juramentados e iniciaciones no pocas veces esotéricas, no es un fenómeno nuevo, sino bien antiguo. Siempre hemos hablado de la Masonería, pero esta no ha sido la única en actuar y tener decisiva influencia en los destinos de muchos pueblos. Entre los mahometanos llevan más de un siglo propagándose los "Hermanos Musulmanes", que intentan adaptar el gobierno de sus países a una rígida interpretación del Corán. A su vez, estos proceden por evolución de diversas sectas surgidas del sufismo, movimiento ascético y místico que busca la pureza del Islam. Entre ellos, los ismaelitas, de quienes surgieron los "Asesinos" del famoso Hassan-ben-Sabbah en la Persia de finales del siglo XI y principios del XII. Se llamaron así por su fanatismo producido con ayuda del hachís, de donde deriva el nombre de "hachischmins" y el de asesino. Los drogaban y los llevaban a un lugar fértil donde les hacían disfrutar de todos los placeres. Cuando los devolvían al mundo real les hacían creer que lo que habían hecho era estar a las puertas de la muerte y gozar un momento del paraíso, motivo por el cual no dudaban en morir cuando se lo mandaban. Por eso eran temibles, porque no dudaban en afrontar cualquier misión, aunque les acarreara la muerte. Los ismaelitas dicen, sin embargo, que tales cosas no fueron reales, sino alegóricas y que el nombre vendría del plural de "Assas" que significa "guardián" y de donde derivaría lo de "Asesinos". Serían así una especie de orden de caballería.
También los drusos de Siria y del Líbano tienen su propio libro sagrado y sus ritos iniciáticos, así como los kurdos.
Los grupos tribales africanos también tuvieron desde antiguo sus grupos más o menos secretos de iniciación y brujería. Hábilmente explotados por el marxismo, formaron grupos terroristas como los "Mau-Mau" de Kenia, célebres en la década de los 60. Transportadas sus creencias y prácticas rituales a América se forman religiones mixtas como el "Vudú", la "Macumba" y la santería. Una réplica opuesta sería el "Ku-Klux-Klan" entre los blancos de Estados Unidos.
Los "Thugs" de la India, especializados en estrangular a sus víctimas con gran rapidez, subsistieron hasta principios del siglo XIX, en que los eliminó el Imperio Británico. También existieron los "Tantras", de carácter esotérico, que en parte se dieron al misticismo y en parte a las orgías iniciáticas.
En China proliferaron las sociedades secretas contra la dinastía de los manchúes, impuesta por los invasores en 1644. Con la expansión del cristianismo avivaron su xenofobia y su nacionalismo, que desembocaron en la famosa guerra de los "Boxers" que eran una rama de la "Triade", conjunción de varias sociedades secretas. Han sido reprimidas severamente por el comunismo, pero se mantienen en las colonias de la diáspora china. Recientemente ha surgido otra secta que trae de cabeza a los comunistas, los "Faluo-gang"; se dice que tienen 50 millones de seguidores en lo que fue el Celeste Imperio.
En Europa, ya hubo sectas iniciáticas entre los druidas y en el Imperio Romano. Una verdadera plaga fue la de los gnósticos, que la Iglesia combatió enérgicamente. En el Medievo casi desaparecieron para retornar en el Renacimiento, especialmente con los Rosa-Cruz, de proyección continental. De la Masonería ya he escrito en otros artículos y asimismo lo han hecho eruditos estudiosos y divulgadores en "La Nación". Me remito muy especialmente a los trabajos del Padre Cervera y de Carlos de Meer.
Más netamente políticos eran los "Iluminados de Baviera", fundados por Adan Weishaupt en 1776 y que ya pretendían una sociedad sin gobiernos ni propiedades privadas, proponiéndose en primer lugar sustituir a las monarquías por repúblicas. Como el fundador cogió el sobrenombre de Espartacus algunos han querido ver las revueltas espartaquistas de Alemania en 1918-19 como continuadoras de ese movimiento.
En Italia se desarrollaron los "Carbonarios", a los que perteneció Mazzini, y que fueron determinantes en conseguir la desaparición de los reinos peninsulares y de los Estados Pontificios para imponer la unidad de Italia durante el siglo XIX. Mazzini fundó también "La Joven Europa", una sociedad secreta de jóvenes revolucionarios de toda Europa, pero fue una de sus ramas, "La Joven Italia", la que triunfó plenamente.
En Francia, la "Sociedad de los Derechos del Hombre", creada en París en 1833 para derrocar a Luis Felipe, no tuvo éxito, pero en unión de otras similares provocó las revoluciones de 1848.
Algunos oficiales rusos que llegaron a París como fuerzas coaligadas de ocupación tras la derrota de Napoleón se imbuyeron de principios revolucionarios y quisieron trasladarlos a Rusia. Fundaron la "Sociedad de los Eslavos Unidos". Fracasaron contra Nicolás I, pero otras nuevas se fueron formando en un movimiento que el escritor Turgueniev dio el nombre de "nihilistas". Estos nihilistas terminaron por asesinar al Zar Alejandro II en 1881.
Sus semejantes de Serbia formaron la "Mano Negra" que pretendía un paneslavismo, una federación de pueblos eslavos del Sur de Europa. Tomaron el poder tras matar al rey Alejandro y a la reina Draga y cambiar la dinastía en 1903. Su líder era el coronel "Apis". Ellos prepararon el atentado de Sarajevo en 1914 con el que empezó la I Guerra Mundial, asesinando al Archiduque Francisco Fernando de Austria y a su esposa. El coronel Apis no terminó bien, pues luego intentó derrocar al rey Pedro y fue ajusticiado junto a sus cómplices en 1916. De aquellos polvos vinieron estos lodos, pues al término de la contienda se formó artificialmente Yugoeslavia, cuya reciente historia es más conocida y ha terminado por el momento como todos sabemos.
Otro caso de sociedad secreta iniciática es la irlandesa Orden de Orange, con todos los rituales masónicos aunque no esté reconocida por la masonería regular. Una sociedad para garantizar el dominio protestante.
Las sociedades secretas han sido siempre condenadas por la Iglesia Católica, por eso no se dan en su seno, pese a quienes se empeñen en catalogar de tales a grupos como los Templarios, los Jesuitas o el Opus Dei. Tampoco en España han nacido estas agrupaciones, merced a la Unidad Católica y a la Santa Inquisición. Aquí las herejías, como las sectas, son de importación.
196 (3-III-2002)
Baja la vida
Otro año más con el mismo descaro, decir que la vida ha bajado en el mismo mes en el que la mayoría de las cosas han subido entre un 10 y un 20 por ciento. Ahora es que han aplicado las rebajas. Como si desayunáramos y comiéramos y cenáramos de rebajas cada día. Como si los transportes públicos estuvieran en rebajas. Y la gasolina, y correos, y las comisiones bancarias, y el gas y la luz y el agua. Este sistema político, con partidos de derechas o de izquierdas, que son los mismos perros con distintos collares, miente con la mayor desenvoltura y aplomo. Políticos tan seriecitos, tan aparentemente respetables, impecablemente vestidos, rasurados y peinados. Nada que ver con esos demagogos de los rojos, calvos y barbudos, rudos y ladradores, a los que se nota el pelo de la dehesa. No, estos chicos parecen tan buenos, tan de derechas de toda la vida, tan pulcros. Pero mienten igual que los otros y hacen exactamente igual que los otros. Manipulan los índices para convencer a la población de que mejora su nivel de vida y que estamos mejor que nunca, lo cual es una falsedad rotunda.
Ahora ha sentenciado el Tribunal Supremo, formado por jueces elegidos por su docilidad política y su sensibilidad auditiva a las sugerencias del poder político, que el Gobierno tenía mucha razón en congelar los salarios a los funcionarios. De donde resulta que a estas alturas cientos de miles de funcionarios siguen cobrando mensualmente entre 104.000 y 120.000 pesetas al mes, trabajando diariamente de lunes a viernes y de 8 a 3. Y con las pensiones igual, un 2 por ciento de subida y a bailar. Si los mentirosos índices oficiales dicen que la inflación anual ha sido del 3,1 por ciento les dan una paguita anual por la diferencia y a correr. La paguita es por una sola vez, pero la subida real, que no es del 3,1 sino muy superior, será para toda la vida, acumulativa año tras año.
Pero como la gente les vota, pues tiene lo que se merece. Que en el pecado llevan la penitencia. Si este pueblo se ha convertido en un rebaño de ovejas y en perritos mudos que lamen la mano que los apalea, que se joroben largo tiempo.
Ídem de ídem
Una señora que asistió a la Misa de los Círculos San Juan casualmente me decía al final que ella simpatizaba con nuestras ideas pero que fue a no sé qué manifestación y no le gustó que unos chicos gritaran PP, asesinos y ladrones. Que los socialistas sí, pero estos no. Yo le respondí que esos chicos tenían muchísima razón. Que quienes han legalizado la píldora abortiva son estos. Y que el año 2000 ha registrado el récord de abortos, 63.000 en un año. Por no hablar de la violencia y la cultura de la muerte, que avanzan imparablemente. Y que los que se han repartido la Telefónica, la Tabacalera, Iberia y otras empresas del Estado han sido estos. Y Gescartera y mil chanchullos más, exactamente igual que los socialistas con Filesa, los fondos reservados y todo lo demás.
Yo no me dejo engañar por la voz engolada del Sr. Rato, ni por la seriedad aburrida del Sr. Mayor. Cuando les veo a ellos, como a los Aznar, Rajoy, Gallardón o Manzano, sé muy bien que ellos son los responsables directos de esos policías que vienen a quitarnos las banderas de España con el águila de San Juan, y los puestos y los carteles y la propaganda. Los que continuamente agreden al patriotismo, que es lo mismo que agredir y acallar a la España viva. Esto quizá no lo entiendan muchas señoras que jamás llevan una bandera de España por la calle ni salen a pegar carteles. Las señoras de casita y televisión, paseo y merienda, misa y visita, no viven esto. Pero sí lo vive la juventud española cada día, en calles e institutos. Esa juventud no tiene ningún respeto ya por esta democracia mentirosa, hipócrita y antipatriota; esa juventud desprecia a los políticos de izquierdas y derechas, a los profesores que les quieren comer el coco y les cuentan la gran mentira de lo de la libertad de expresión y luego les persiguen, suspenden y expulsan por expresar su patriotismo. Lo estamos viendo diariamente en Acción Juvenil Española, donde cientos de muchachos llegan hartos de las bandas de forajidos inmigrantes, hartos de la chusma de guarros rojos y anarquistas, hastiados de una democracia falsa y embustera, que nació del perjurio y la traición de unos políticos de derechas de toda la vida, franquistas hasta la muerte (hasta la muerte de Franco, claro), oportunistas, chaqueteros y ambiciosos, cobardes y desleales. Ellos son los máximos responsables de los males que padecemos. Para esos nos piden respeto algunas señoras. Pues no, salvo el respeto a las personas, el mismo que podemos tener a los terroristas o a los violadores, nuestro desprecio más profundo y nuestro asco más expresivo para estos demócratas repugnantes.
195 (18-II-2002)
Un cura sale del armario
No despiertan admiración en los medios de comunicación los cientos de miles, millones que en el tiempo han sido, de personas que viven en castidad perfecta y renuncian a hacer uso de la sexualidad para vivir la perfección evangélica, aquellos que "se hacen eunucos por amor del Reino de los Cielos", como dijo Nuestro Señor Jesucristo, que nos dio ejemplo máximo de esa perfección.
Pero sale un cura diciendo que él es homosexual y que lo practica y todos los medios se le abren para que presuma de ello y le ensalzan y apoyan hasta el paroxismo. Incluso plantean denunciar a quien se atreva a sancionarle o discriminarle por ello. En nombre de los principios de la Revolución, la Igualdad y la Libertad, este cura es muy libre de hacer y decir lo que quiera y que nadie ose impedírselo.
De lo que tratan realmente es de destruir la Iglesia y su carácter sagrado. La Iglesia no es un club cualquiera. Es el Cuerpo Místico de Cristo, nuestro Dios. Y el sacerdote actúa "in persona Christi", como "alter Christus". De ahí la necesidad de que el sacerdote viva como vivió Cristo, consagrado a la misión de salvar y redimir a las almas, sin hacer uso genital de su sexualidad, ni siquiera en el matrimonio, mucho menos con otras actividades desordenadas.
Porque así como la inclinación sexual no se elige libremente, el sacerdocio sí. Y este cura mintió y engañó a la Iglesia ocultando su inclinación sexual, que le hubiera impedido ser sacerdote, por lo menos antes, que ahora ya no hay que extrañarse de nada y parece ser que aceptan con mucha manga ancha en los seminarios. Y este cura faltó a sus votos, como les puede haber ocurrido a otros muchos por debilidad de la carne. Pero no sólo faltó, sino que se atreve a pregonarlo a sabiendas del escándalo que ocasionaría. Y se atreve a llamar la atención a la Iglesia y a condenarla por no permitirle ejercer sus tendencias sexuales con entera libertad.
La Iglesia y la sexualidad
No hay nada oscurantista, ni antediluviano, ni salvaje ni opresor en lo que la Iglesia enseña. Que el sexo es un don de Dios que nos permite participar de su potencia creadora para perpetuar la especie y crear nuevos seres humanos para enriquecer nuestra vida y llevarlos a la eternidad. Nada puede haber más grandioso.
La Iglesia, Madre y Maestra, experimentada en todos los recovecos del alma y de la psique, conocedora de todas las culturas y de todas las situaciones, amparo y refugio de todas las fragilidades, de todas las debilidades, de todas las miserias humanas, no condena con dureza y crueldad a los que caen. Como Jesús, ofrece perdón y misericordia. Él salva de la lapidación a la mujer adúltera proponiendo a los verdugos que tire la primera piedra el que esté libre de pecado. Y luego le dice, cuando todos se han marchado avergonzados: "¿Nadie te ha condenado?. Tampoco Yo. Vete, y en adelante no peques más". La salva, pero no le dice que lo que ha hecho está bien, no la engaña, le advierte claramente de que es un pecado.
Porque el pecado no es otra cosa que la ruptura del plan de Dios. El pecado es malo para nosotros también. No nos conviene. Si la Iglesia llamara virtud a lo que es pecado nos engañaría. Así pues, la Iglesia acoge con misericordia, pero dice la verdad.
Y la verdad universal para todos está en que el fin de la sexualidad es la procreación en primer lugar, la ayuda mutua de los cónyuges luego y el remedio del deseo carnal en tercer lugar, todo ello dentro del matrimonio. Y todo uso de la sexualidad fuera del matrimonio es desordenado e ilícito. Para heterosexuales y para homosexuales. A todos invita a la continencia y a algunos a un grado superior, el celibato, la renuncia a la sexualidad por amor a Dios y a las almas.
El misterio de la homosexualidad
El Catecismo de la Iglesia Católica habla de las ofensas a la castidad en sus puntos 2351 a 2356 y específicamente de la homosexualidad del 2357 al 2359. Dice de ésta que "designa las relaciones entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual exclusiva o predominantemente hacia personas del mismo sexo". Frente a teorías vulgares del tipo de "se adquiere por vicio", la Iglesia dice que "su origen psíquico permanece en gran medida inexplicado". La Tradición ha declarado que los "actos homosexuales son intrínsecamente desordenados". Pero ojo, que esto se dice igualmente de la masturbación en el punto 2352, de la fornicación en el 2353, la pornografía en el 2354, la prostitución en el 2355, la violación en el 2356 o la anticoncepción en el 2370, lo que no implica la misma gravedad en todos, claro está. Porque algunos, con hipocresía manifiesta quisieran condenar sólo lo que a ellos no les afecta, condenando a otros y no a sí mismos. La paja en el ojo ajeno y la viga en el propio. Pero esas fobias y esas filias no son la doctrina moral que nos obliga. A éstos es muy importante recordarles aquello de "No juzguéis y no seréis juzgados" y más especialmente en estos temas propios de la debilidad humana.
Por eso debe aplicarse también lo que enseña la Iglesia en el punto 2352 a propósito de la masturbación: "Para emitir un juicio justo acerca de la responsabilidad moral de los sujetos y para orientar la acción pastoral, ha de tenerse en cuenta la inmadurez afectiva, la fuerza de los hábitos contraídos, el estado de angustia u otros factores psíquicos o sociales que reducen, e incluso anulan la culpabilidad moral".
Evidente, es doctrina tradicional que el acto moral para ser imputable requiere plena advertencia, plena libertad y plena responsabilidad.
Como siempre se ha dicho, hay que odiar al pecado y amar al pecador. Amor al homosexual que se transcribe muy bien en el punto 2358:
"Un número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales instintivas. No eligen su condición homosexual; ésta constituye para la mayoría de ellos una auténtica prueba. Deben ser acogidos con respeto, compasión y delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta. Estas personas están llamadas a realizar la voluntad de Dios en su vida y, si son cristianas, a unir al sacrificio de la cruz del Señor las dificultades que puedan encontrar a causa de su condición".
Y el 2359: "Las personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio de sí mismo que eduquen la libertad interior y a veces mediante el apoyo de una amistad desinteresada, de la oración y de la gracia sacramental, pueden y deben acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana".
No veo dónde están el odio, la excomunión, la condena y la homofobia que tanto denuncian los que quieren cargarse el orden moral. Ahí sí veo la tajante condenación que hace San Pablo en su epístola a los Romanos: "Y como no procuraron conocer a Dios, Dios los entregó a su réprobo sentir, que los lleva a cometer torpezas y a llenarse de toda injusticia, malicia, avaricia, maldad; llenos de envidia, dados al homicidio, a contiendas, a engaños, a malignidad; chismosos o calumniadores de Dios, ultrajadores, orgullosos, fanfarrones, inventores de maldades, rebeldes a los padres, insensatos, desleales, desamorados, despiadados; los cuales, conociendo la sentencia de Dios, que quienes tales cosas hacen son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que aplauden a los que las hacen". La prensa canallesca, vamos.
Ahí es donde se inscribe la apología de la homosexualidad, la incitación a practicarla (también los heterosexuales pueden realizar prácticas homosexuales), el orgullo gay, las críticas a la Iglesia, las amenazas de romper el secreto de confesión, el chantaje a supuestos homosexuales en la Iglesia para que se declaren como tales, etc.
Nosotros al contrario, insistamos en decir la verdad, aunque sea impopular. Recordemos al Apóstol Santiago el Menor: "quien convierte a un pecador de su errado camino salvará su alma de la muerte y cubrirá la muchedumbre de sus pecados". Lo que popularmente se tradujo en "si salvas un alma, salvas la tuya".
194 ( 7-I-2002)
Sobre la militancia
Se suele hablar mucho de las razones por las que miles de personas han pasado por nuestras filas y ya no continúan. ¿Dónde están aquellos cientos de miles que abarrotaban la Plaza de Oriente? Muchas veces la incógnita se vuelve agria recriminación a los que quedan, especialmente a los dirigentes, que no habrían sabido mantener aquel caudal de gente patriota y bien dispuesta, crítica a las organizaciones que se habrían equivocado en su estrategia y en su táctica.
Intentaré aproximarme a este fenómeno que a todos nos inquieta haciendo que nos preguntemos qué estamos haciendo mal.
En todo movimiento hay un sector de militantes, otro de afiliados y otro de simpatizantes. Los primeros se encargan de hacer las cosas; los segundos acuden, financian y engrosan los actos; los últimos popularizan la idea, la extienden socialmente y apoyan en momentos muy puntuales, adquiriendo publicaciones, votando o comprando. Esos campos no son rígidos, sino que se producen trasvases entre ellos.
El grupo más esencial y sensible es el de los militantes, porque ellos son como la locomotora del tren; si ellos no tiran, los demás vagones no continúan, especialmente en la cuesta arriba. Un militante es un soldado de la Causa y no basta con querer ser soldado, hay que saber ser soldado; en otro caso, pronto se perecerá en la batalla o se producirá la deserción o la rendición ante el enemigo. No basta tampoco que el soldado esté adiestrado en el uso de las armas, en este caso las políticas, sino que necesita una buena organización y una moral de victoria, junto a un código de conducta moral. Así pues, un soldado, un buen soldado, un buen militante, resulta difícil de conseguir.
Capacidad de sacrificio
El militante tendrá que sacrificarse y sufrir mucho. He ahí la causa principal del abandono de tantos. Al militante le toca dedicar horas y más horas a reuniones y actos, a propaganda y actividades; tiene que viajar mucho, aguantar el acoso de los enemigos, detenciones, palizas, agresiones, destrucción de su propaganda. Tiene que ver cómo otros abandonan o caen, cómo hay que volver siempre a empezar, que nadie le agradece nada; encima llueven las críticas y las incomprensiones, en su ambiente familiar, de trabajo y estudio, de amistades y relaciones sociales. Y en el mismo grupo donde milita vivirá momentos difíciles y tensos con otros militantes o mandos. Si supera todo eso y destaca, además le calumniarán y hostilizarán de mil modos: críticas a su línea política, a su capacidad, a su moral, a su comportamiento.
No es muy distinto de lo que sucede en el trabajo de cada uno. Con la diferencia de que en el trabajo se recibe una nómina mensual que permite vivir. Y cuando a uno le jubilan, muy pocos son los que acudirían voluntariamente a seguir trabajando. En el caso de los militantes, ni hay remuneración ni se alcanza nunca la jubilación remunerada. Por el contrario, hay que pagar cuotas y hacer frente a muchos gastos.
Así que ya tenemos una primera y principal causa del abandono: la falta de capacidad de sacrificio.
Está claro que esto no vale para los partidos del sistema, que sí remuneran a sus militantes con cargos públicos y privados donde ven recompensada con creces su sumisión, sin apenas sacrificio.
La disciplina
Para que cualquier empresa o grupo social funcione es necesaria también una disciplina: horarios, normas, objetivos, toma de decisiones. De lo contrario, si cada cual va a su bola, hace lo que le da la gana, el grupo se desintegrará tras un proceso de convulsiones, fracasos, enfrentamientos y divisiones. En el caso de la política se hace necesaria además una cohesión doctrinal y espiritual. En el caso de una militancia, es imprescindible cumplir las órdenes que tiene que dar una autoridad. Imaginemos un ejército donde cada soldado o grupo de soldados toma sus propias decisiones. La derrota es segura. Más vale equivocarse con las órdenes del mando que intentar acertar cada cual con su propia solución.
Pues bien, las fuerzas nacionales se fueron contaminando de la indisciplina connatural al sistema democrático. El sistema tiene su disciplina, claro está; pero exhorta a la sociedad a que se comporte sin ella; así, el sistema es fuerte y la sociedad débil. "Haz lo que quieras", "Sé libre" "Non serviam". El orgullo de cada cual no le permite soportar una disciplina. Cada cual, diosecillo de sí mismo, determina cuándo llega y cuándo va, si colabora o no. Si voy tarde o no voy, que nadie me llame la atención; el dirigente que me la llama es un dictador. Si no me da la gana colaborar en esto o en lo otro, miento, pongo una excusa y se acabó. Y si me sorprenden y me regañan no lo permito, que encima que colaboro quién es nadie para reprenderme. Pues me voy, hala. Y encima te pondré verde y procuraré tirar por tierra todo lo que estés haciendo. Esa es la mentalidad de muchos, que quisieran disponer de un amable club social donde acudir para entretenerse cuando les interesa, sin aceptar ni disciplina ni sacrificio. Si se les consiente ya no habrá una organización política, sino un club social que se mantendrá el tiempo que queramos mantener económicamente su sede social. Y que no influirá para nada en la sociedad.
La moral de victoria
Cuando uno lucha es porque quiere vencer. No se lucha una y otra vez para ser derrotado. Imaginemos un boxeador que pierde todos los combates. Se retiraría. Pues eso ha sucedido con las fuerzas nacionales. Han sufrido derrota tras derrota y los abandonos han sido masivos. Cuando se juntaban centenares de miles de jubilosos patriotas en la Plaza de Oriente, cuando se abarrotaban plazas de toros, cines y teatros, había un optimismo, una moral de victoria. Era posible vencer, el Ejército nos apoyaría, la democracia estaba al caer, nuestros ideales podían triunfar. Aquello se mantuvo los años de la transición, pero luego del fallido golpe del 23-F, la disolución de Fuerza Nueva, la desaparición de "El Alcázar", etc. ninguna expectativa de victoria quedó en el horizonte. La gente necesita creer que lucha por algo que sirve para algo, que su esfuerzo no es estéril. De ahí los fantásticos proyectos e ilusiones que se comunicaban a veces a algunos para animarlos. Cuando no se cumplían, el desaliento era mayor. En el ámbito religioso este aspecto psicológico se ha visto reflejado en el auge del aparicionismo: esto se va a acabar, Dios castigará al mundo y la Virgen salvará a los buenos que quedamos; no hay solución, recemos.
Todavía en 2002 quedan coletazos de esa mentalidad: se formará no sé qué alianza, se unirán estos y aquellos, vendrá un transpirenaico a echarnos una mano.... No son sino manifestaciones de impotencia y pastillitas de éxtasis político para que los exhaustos militantes que quedan tiren un poquito más hasta el alba que ya anuncian los gallitos.
La opinionitis
Eso sí, como todos somos libres y tenemos libertad de expresión, todos opinamos. Pero no nos conformamos con opinar. Hay que hacer lo que yo digo y si no me hacen caso, me voy. El primero que llega se cree autorizado a opinar y exigir. Lo correcto sería llegar, escuchar, aprender, enterarse bien de las cosas, preguntar, indagar, formarse. Por eso son más fáciles de reclutar muchachos jovencitos, porque llegan con mejor disposición. Otros, con 18 o 20 años ya quisieran ser líderes máximos. Cuando yo entré en política, en Fuerza Nueva, con 23 años, estuve en Fuerza Joven. Me pusieron de mando a un chaval de 14 años. Jamás le desobedecí; pero eso no se comprende ahora. Que para saber mandar hay que saber obedecer y que el mando es un puesto de servicio más y que todos venimos a servir.
Hace poco nos entró por internet uno que hacía visos de querer afiliarse. Nos exigía imperiosamente que nos uniéramos a estos y a aquellos y que si de verdad éramos patriotas y amábamos a España teníamos que olvidar absolutamente todo y dejar al margen cualquier agravio y hablar sólo de lo que nos une y dejar de lado lo que nos separa, etc, etc. que cosas así ya habrán escuchado muchas mis lectores.
Decidimos contestarle un poco agriamente, a ver cómo reaccionaba y poco más o menos le dijimos que no era él quien tenía que decirnos lo que hacer sino nosotros explicarle a él lo que debía hacer. Contestó muy airado que ya no quería saber nada de nosotros y que qué nos creíamos y que eso era una ofensa muy grave.
Es decir, que para ese apóstol de la unidad y del perdón y para otros muchos que he conocido, yo debería unirme inmediatamente a los que me han traicionado, a los que me han calumniado y difamado, a los que han puesto todas las trabas posibles a mi lucha política. Me debería unir con los que han querido reiteradamente quemar y destruir mi sede, los que han intentado acabar con mi vida rompiendo elementos esenciales de mi coche, los que me han agredido. Me debo unir con los que no son católicos, los que odian e insultan a Franco, los que renuncian a la Tradición o al Nacional-Sindicalismo. Pero él no puede aguantar ni perdonar que le digan algo tan elemental como que es él el que debe aprender y obedecer al entrar en una organización.
Del mismo modo, son muchos los que se comportan como generales: hay que hacer esto o lo otro. Que cuando me lo dicen a mí lo que me están diciendo es para que lo haga yo. Yo les apruebo la idea y les invito a ponerla en práctica ellos mismos. Pero no, lo que quieren es que lo haga yo. Muchas veces me siento como el único soldado de muchos generales. Se han invertido los papeles. En vez de un general y muchos soldados tenemos muchos generales y un solo soldado.
Más del generalato
La lista de generales es impresionante. No están sólo los recién llegados con su fiebre de opinionitis. Están también muchos de aquellos que ocuparon puestos importantes o no tan importantes, casi siempre por méritos propios. Suele ser gente de valía que luchó y bien. Pero claro, ahora no se van a poner a las órdenes de nadie, salvo de Franco o José Antonio, que tengo entendido que no piensan darse una vuelta por estos andurriales para satisfacer los deseos de ser bien mandados que tienen estas importantes personalidades. El que fue tal cargo del Régimen, tiene tal graduación, fue secretario general o presidente de esto o de aquello, o jefe provincial, o director de, o firma de reconocido prestigio, no va a partir de cero ahora. Ser militantes, que saben muy bien, ellos sí, lo que significa, no están dispuestos a serlo. Así que tenemos una nómina impresionante de altos cargos en la reserva, pero no tenemos soldados, militantes.
Confusión doctrinal
También son fuente de confusión la profusión de distintas ideas doctrinales, la falta de formación, especialmente en los más jóvenes. La gente no tiene las ideas claras, por lo cual es difícil luchar sacrificadamente por lo que se desconoce. Muchas veces prevalece en la militancia cierto amiguismo, adhesión al grupo o líder como apoyo afectivo y social, por lo que cualquier quiebra en esa amistad trae como consecuencia el fin de la militancia política. A lo que hay que añadir la influencia del ambiente, que transmite continuamente criterios y opiniones contrarios a los nuestros, lo que lleva a la duda, a la inseguridad, al desconcierto.
Hay grupos que optan por desdibujar el mensaje para ser mejor aceptados por el entorno, lo que no ha servido para nada a esos grupos, pero aumenta la confusión. O se limitan a algunos puntos de programa, dejando al margen un ideario.
Esta es una fuerte tentación, sobre todo en esta época de decaimiento moral. A muchos se les hace difícil conjugar su vida personal con un ideal exigente. De hecho, ha habido abundantes casos de abandonos de nuestras filas por divorcios, amoríos, vida desordenada. Han caído en la tentación y no se han podido levantar. Saben que ello es contradictorio con los ideales y los abandonan. Otros pretenden adaptar los ideales a su situación personal. Así surgen grupos aconfesionales, paganos, etc.
Otra tentación es la económica. Para situarse bien, alcanzar puestos en empresas, judicatura, ejército, política o sociedad, ser portador de unos ideales es un serio inconveniente cuando no una causa directa de estigmatización. Todos vemos de vez en cuando a personas que eran de los nuestros y ahora se han "situado". Ha podido más el interés personal que el ideal. Entre ellos no faltan los que decían que primero hay que formarse, estudiar, prepararse y alcanzar puestos en la sociedad para desde allí transformarla. Pero cuando los han alcanzado han variado su forma de pensar y ya no piensan en transformar, ni aportan económicamente ni colaboran con los grupos patrióticos. Se han situado y procuran vivir lo mejor posible.
Soluciones
Hay que recordar las viejas verdades, elementales. Que de nada le sirve al hombre ganar el mundo entero si pierde su alma. Que nuestra condición de cristianos y españoles nos obliga a mucho y que la obligación moral es indeclinable, aunque la forma de ejercerla sea opinable y variable. Que debemos luchar por nuestra Patria, en trance de perecer; y por nuestra civilización y por nuestra Iglesia. Que no venimos a servirnos, sino a servir. Que debemos ser mitad monjes, mitad soldados. Que todo cuanto hacemos vale ante Dios, que nos ha de juzgar, ante nuestras conciencias y ante muchos que nos observan ahora y tendrán noticias nuestras en el futuro. Que si continúa el patriotismo activo no es por los que abandonaron y critican, sino por los que nos mantenemos y luchamos. Que el sacrificio engrandece y ennoblece. Que la disciplina y la obediencia son el obsequio de nuestra voluntad a la voluntad de Dios, que se manifiesta en la autoridad legítima. Que la verdad, el bien y la justicia no son una mezcla de opiniones, sino que están al alcance de muy pocos y a esos hay que seguir. Que nosotros no defendemos egoísmos particulares ni teorías humanas construidas arbitrariamente, sino principios sagrados que es menester conocer bien y servir incondicionalmente, sin renuncias ni menguas. Que sin la ayuda de Dios y de su Gracia nada podemos. Que no hemos fracasado, sino que hemos sido derrotados por un enemigo superior en medios, traidor y malvado. Que no debemos avergonzarnos, sino enorgullecernos de cumplir nuestro deber. Que debemos ser humildes, sencillos como palomas y astutos como serpientes. Que bienvenidos los tiempos difíciles porque ellos obrarán la depuración de los cobardes. Que debemos ser inasequibles al desaliento. Que la vida da muchas vueltas y en peores se vieron nuestros antepasados y muchos cristianos ahora por el mundo. Que Dios es Omnipotente y Omnisciente y nos dará la victoria cuando convenga. Que nuestro ejemplo es importante y se sigue transmitiendo a miles de jóvenes. Que Dios no ha de morir. Que España es demasiado grande e importante como para desaparecer. Que torres más altas han caído y que no hay mal que cien años dure. Ánimo, coraje, tesón, perseverancia, oración, lectura, camaradería, valentía, sinceridad, testimonio, fe, esperanza, caridad, estudio, confianza, nobleza, prudencia, justicia, fortaleza y templanza.