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Elliott Murphy & Olivier Durand, Palacio
Euskalduna, Bilbao
26
de Enero de 2003
Fotos:
Dena Flows
Texto:
Bedwyr
(haz click en las fotos para
verlas ampliadas y mantén el puntero sobre ellas para ver la
descripción)
El que esto escribe debe reconocer
que aún le queda mucha música por descubrir. Si, es cierto, hasta
el 26 de Enero de 2003 yo no había escuchado nada de Elliott
Murphy (ojalá ese fuese el peor de mis pecados), lo único que
sabía de él es que, año tras año, aparecía en el cartel del Ciclo
Musiketan y que era la portada del primer número de In Focus;
ahora entiendo por qué.
Las entradas se habían agotado
mucho tiempo antes de la hora del concierto, lo que ya presagiaba
la entrega del público desde la primera canción y durante las
breves más de dos horas que estuvimos en la sala pequeña del
Euskalduna. Olivier y Elliott aparecieron, en este orden, en el
escenario; el segundo cubriendo su cabeza con un sombrero,
rojo en
esta ocasión, y vistiendo camisa de flores, retrato inalterable de Elliott a juzgar por las fotos de otros directos. Los instrumentos
se reducían a
dos guitarras acústicas Taylor idénticas, buen
panorama para un folkie como yo, a las que se sumaba en ocasiones
la
armónica de Murphy. Cualquier duda que me podría quedar tras
las buenas vibraciones previas se disipó con las primeras notas de
las guitarras. A partir de entonces se fueron sucediendo los
sonidos blues con espíritu rockero e incluso algún eco de balada
country, si bien poco importan las etiquetas musicales que se le
puedan poner al concierto. Entre canción y canción Elliott nos
contó muchas cosas. Nos habló de su relación especial con Bilbao,
“tal vez sea la ciudad que mejor conozco”, “después de París”
añadió, y nos dijo que fuera de aquí Bilbao no era conocida por el
Guggenheim como pensábamos, sino por ser la capital del blues en
el País Vasco; risas y aplausos entre el público. También nos
habló de la canción que había robado al mismísimo Mick Jagger,
pidiendo que guardásemos el secreto; fue en un sueño donde Elliott
escuchó a Jagger tocar esa canción y, al despertarse de
madrugada, la grabó para no olvidarla, sorprendiéndose más tarde
de que nadie la hubiese escuchado antes. Llegando ya al final del
concierto pudimos escuchar “Bilbao Bo Diddley”, canción escrita en
y dedicada a Bilbao y que nos ofreció a todos los que estábamos
allí. Muy destacable la actuación durante toda la noche del genial Olivier Durand, mucho más que un mero acompañante y capaz de
cualquier cosa con su guitarra. Tras varias reapariciones en el
escenario, el concierto finalizó dejando una sensación de
sinceridad e integridad musical muy reconfortante en estos tiempos
que corren. Estamos sin duda ante dos músicos de los que viven
para tocar y no al contrario, de los que tienen la cinta de la
guitarra marcada a fuego en el hombro.
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