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Mariza,
Plaza Nueva, Bilbao
24 de Agosto de 2002
Fotos:
Internet
Texto:
Bedwyr
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En
la última noche de conciertos de la Aste Nagusia llegaba Mariza
a Bilbao, directamente desde el barrio lisboeta de Mouraria, cuna
de la canción portuguesa por excelencia: el fado. Llegaba con un
único disco publicado “Fado Em Mim” y como una gran
desconocida para el común de los mortales, pero consiguió reunir
a un buen número de personas en torno al escenario y la Plaza
Nueva presentaba un muy buen aspecto antes del concierto. En la
penumbra del escenario comenzaron a sonar entonces los primeros
acordes del trío de cuerda que acompañaba a Mariza: guitarra clásica,
guitarra portuguesa y contrabajo; sonidos muy característicos e
inconfundibles para cualquiera que se haya acercado alguna vez a
la música portuguesa. Tras la introducción instrumental se
escuchó por primera vez la poderosa y desgarrada voz de Mariza,
apareciendo un poco después su peculiar silueta en el escenario:
pelo corto con un peinado que permitía adivinar que esta
portuguesa nació realmente en Mozambique y un largo vestido de un
austero negro que acentuaba la melancolía de los sonidos y las
letras del fado. En los primeros temas del concierto apareció una
ligera lluvia, gente huyendo en busca de cobijo y paraguas que no
dejaban ver el escenario, y esto parecía poder estropear un poco
lo que tan bien había comenzado. Curiosamente resultó todo lo
contrario y esa lluvia no podía ser más oportuna para presentar
el sobrecogedor tema “Chuva”, mientras lo cantaba, Mariza
desapareció del escenario y nos dejó boquiabiertos a todos
cuando apareció, micrófono en mano, entre el público y bajo el
pertinaz zirimiri, mientras los músicos seguían tocando sobre el
escenario. Ya con el público totalmente entregado e impasible a
cualquier adversidad climatológica, Mariza seguía presentando
los temas de su primer disco como “Maria Lisboa” con el que
nos mostró que no todos los fados son tristes y melancólicos,
todo lo contrario que en “Barco Negro” en el que una mujer se
niega a admitir que su amor ha muerto en el mar. También hubo
ocasión para el lucimiento de los músicos en una pieza
instrumental con un solo para cada uno de ellos, tras la que
Mariza apareció con el pañuelo azul de fiestas alrededor del
cuello. El teórico punto y final al concierto lo ponía “Ó
Gente da Minha Terra” con letra de Amalia Rodrigues, la que para
muchos ha sido la más grande fadista de todos lo tiempos y que
siempre está presente de una u otra manera en conciertos como el
que nos ocupa. Por supuesto que Mariza tuvo que salir de nuevo al
escenario y pudimos disfrutar así de su voz durante varias
canciones más. Fue precisamente en una de estas canciones cuando
llegó el momento más especial de la noche, un regalo para los
que estábamos disfrutando del concierto. De nuevo Mariza iba a
cantar entre el público, pero esta vez no lo haría sola, los músicos
cogieron las guitarras y el contrabajo y descendieron del
escenario. Así, sin micrófonos ni amplificadores y con el mayor
silencio que permitía la fiesta que se desarrollaba fuera de la
plaza, escuchamos hipnotizados el sonido del fado en estado puro,
como si de una plaza del barrio de Mouraria se tratase. Sin duda
fue uno de esos conciertos de los que se guarda un muy grato
recuerdo para siempre.
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