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      El siguiente artículo de Marcial Castro salió publicado el día 1 de febrero de 2006. El descubrimiento del lugar de la primera tumba de Colón se publicó por la agencia de noticias Efe el 7-12-2006. Se incluyen unas pequeñas correcciones que por error no aparecieron en la revista.

    La tumba vallisoletana de Colón

 

Los tres últimos años de Colón fueron de auténtica pesadilla. En verano de 1503, durante su cuarto y último viaje a América, sus barcos están totalmente inutilizables por la broma, un parásito que carcomía la madera de los barcos, "horadados de gusanos más que un panal de abejas", y se va quedar totalmente aislado en Jamaica durante casi un año. Para mayor desesperación suya le había acompañado en este malhadado viaje su hijo Hernando, de sólo trece años. Su salud, que ya era muy frágil, se va a resentir, "…aislado en esta pena, enfermo, aguardando cada día por la muerte y cercado de un cuento de salvajes y llenos de crueldad". Fue Diego Menéndez de Salcedo, hombre de su confianza y ante la ausencia de otros voluntarios, quien se decidió atravesar los más de ciento cincuenta kilómetros que separaban Jamaica de la isla de la Española. Tardó cinco largos días en llegar a su destino en dos canoas conducidas por indios, pero el socorro le tardó aún muchos meses en llegar.

En el otoño de 1504 Colón está de vuelta en España, después de su más terrible y fatigoso viaje, lleno de toda clase de trabajos, tempestades y desventuras. Se entera de que el rey y su corte itinerante están en Valladolid y allí pretende dirigirse. Al rey le acompaña a donde quiera que va su hijo Diego Colón. También se han dirigido a la corte su hermano Bartolomé y su hijo bastardo, Hernando, "juntos para besar las reales manos de Su Alteza y le dar cuenta del viaje y también para te ayudar a negociar lo que allá fuere menester".

¿Pero qué tiene que negociar con el rey toda la familia en pleno, a la que se quiere ahora unir Cristóbal Colón para hacer más fuerza en sus pretensiones? Colón pretende que se cumpla todo lo firmado en las Capitulaciones de Santa FE, sobre todo lo referente a la parte que le correspondía de todo el oro que se trajese de Las Indias, como su derecho a ostentar todos sus cargos que se le habían reconocido antes de partir hacia su primer viaje. Recordemos que Colón, hábil marino pero mal gobernante, había sido cuestionado repetidas veces, e incluso hubo un momento en que fue desposeído de sus cargos y traído preso a España. Además se empezó a considerar excesivas las prerrogativas que se firmaron en Santa Fe y Colón luchó para que se mantuvieran intactas, y sobre todo que las heredase su hijo Diego como primogénito.

Inmediatamente después de su llegada a España, Colón se lanza a una febril actividad de elaboración de correspondencia, ordenando pagos, dando órdenes a diestro y siniestro y quejándose a su hijo mayor, situado en la corte, de que sus tres parientes no le tiene informado todo lo frecuentemente que él querría. Sin duda cree que como él nadie llevará sus asuntos, y está dispuesto a ir en persona desde Sevilla, en pleno invierno, hasta Valladolid. A finales de diciembre de 1505 está incluso dispuesto a pedir unas andas prestadas al cabildo sevillano, que habían sido utilizadas para trasladar el cuerpo de un cardenal difunto, Hurtado de Mendoza. Otra posibilidad que contempla es pedir una licencia especial para viajar en mula, ya que esta forma de viajar estaba reservada a clérigos y mujeres: "…la licencia de la mula, si sin trabajo se puede haber, holgaría de ella y de una buena mula. Con todos consulta tus negocios y diles que no les escribo particularmente por la gran pena que llevo en la péndula". No obtuvo la licencia del rey para viajar en mula ensillada y enfrenada hasta el 23 de febrero del año siguiente de 1505.

Este último párrafo manuscrito de Colón nos deja bien a las claras que casi era incapaz de utilizar la pluma. El día 1 de diciembre de 1504 ya advertía a su hijo de que "…mi mal no consiente que escriba, salvo de noche, porque el día me priva la fuerza de las manos". ¿Qué enfermedad tenía Colón para no poder viajar salvo en andas, todo lo más en mula, que le impide escribir salvo de noche y que él dice que se agrava con el frío? Todos los especialistas médicos coinciden en que Colón padecía una fuerte poliartritis reumatoidea deformante y anquilosante, que se caracteriza por fuertes dolores articulares, con empeoramiento de los síntomas y agarrotamiento de los miembros al permanecer en la cama; síntomas que se van aliviando a lo largo del día con la actividad cotidiana y el movimiento.

Bartolomé de las Casas nos dice que Colón padecía "gota", término que en esta época se aplica tanto a la acumulación de ácido úrico como a la artritis. Idéntica enfermedad tenía el esqueleto del presunto cuerpo de su hermano Diego, enterrado en la Cartuja de Sevilla e investigado recientemente, que presenta una fuerte anquilosis de las articulaciones interfalángicas que le inutilizaron una mano los últimos años de su vida.

Desde febrero de 1505, cuando obtuvo la licencia para viajar en mula, hasta mayo de 1506 poco se sabe de lo que hizo Colón, ya que no se conserva de él casi ningún escrito, o simplemente no los hizo, pero sabemos que siguió a la corte del rey Fernando allí donde iba, para procurar una audiencia real y el reconocimiento de sus privilegios. Colón y su hermano Bartolomé fueron recibidos por el rey Fernando en Segovia, pero sólo recibieron buenas palabras y más largas sobre sus pretensiones, así nos lo dice Las Casas: "…cuanto más peticiones al rey daban, tanto mejor respondía dando palabras y se lo dilataba…". De Segovia se dirige a Salamanca siguiendo a la corte, de ahí de nuevo a Segovia, después a Burgos y por último Valladolid.

En esta última ciudad Cristóbal Colón se enteró de que los nuevos reyes de Castilla, Felipe el Hermoso y Juana la Loca, habían desembarcado el 26 de abril de 1506 en La Coruña. En ellos cifró su última esperanza; si con Fernando el Católico no había nada que hacer, quizás los nuevos reyes le harían más caso. Al encuentro de la pareja real envió a su hermano Bartolomé, con la última carta que redactó en vida. El 19 de mayo, sintiendo morir, llamó a un notario y se ratificó en su último testamento y en la escritura de mayorazgo a favor de su primogénito. Falleció el Almirante en una ciudad como Valladolid, de forma casual y de paso, sin que le atase a ella ningún lazo especial.

La edad de su fallecimiento se discute con pasión por los historiadores, ya que de ella dependen muchas de sus teorías. Los partidarios de la teoría genovista tradicional, la más conocida internacionalmente y la que aparece en todas las enciclopedias del mundo, sostienen que Colón nació hacia 1451, por lo que falleció con unos 55 años de edad. Pero si nos fijamos en sus propias palabras pudo morir con unos 58-60 años. En 1503 escribe: "yo vine a servir de 28 años" (1476 que vino a Portugal menos 28 = 1448, luego Colón murió con 58 años). No creemos que se refiriese a su llegada a Castilla, ya que al venir en 1484 tendría que morir con 48 años, y nos parece muy improbable esta edad. En 1501 dice: "de muy temprana edad entré en el mar navegando (…), ya pasan de 40 años que voy en este uso". Si aceptamos la tesis tradicional de que Colón nació en 1451, Colón tendría menos de 10 años cuando empezó a navegar, cuando él mismo afirmó que "…empecé a navegar de 14 años". Si comenzó a navegar, como dice, antes de 1461 y tenía 14 años cuando comenzó esta actividad tendremos que Colón nació como muy tarde hacia 1447, por lo que falleció como mínimo con 59 años. En 1492 nos dice: "…yo he andado 23 años en el mar, sin salir de ella tiempo que se haya de contar". Se debe referir a su llegada a Castilla en 1484, que fue cuando dejó de navegar y no volvió a dirigir un barco hasta ese año de 1492, cuando descubrió América; por tanto 1484 – 23 = 1461, menos los 14 años que entró a navegar, tenemos de nuevo que no es descabellado suponer que murió con 59-60 años.

Nada se sabe de la casa donde murió Colón. La tradición de que pudo fallecer en la calle Ancha de la Magdalena (hoy calle Colón), en el solar de lo que es en nuestros días el Museo de Colón de Valladolid, está sobradamente descartada. Nada sabemos de dónde pudo estar alojado los últimos días. Unos autores suponen que quizás en la hospedería del convento de San Francisco, por cuya orden tuvo siempre especial predilección. Otros sostienen que pudo fallecer en una posada. Más recientemente se ha dicho que pudo estar alojado en la casa de un supuesto hijo del duque de Medinaceli, de nombre Luis de la Cerda, que tenía palacio en la calle Teresa Gil; pero también es imposible, porque se ha confundido al supuesto hijo del duque con otro del mismo nombre, ya fallecido en tiempos de Colón, cuya viuda le cedió su cripta para ser enterrado, pero emparentado éste con el duque de Medinaceli en un lejano décimo grado de consanguinidad.

Sólo sabemos de cierto que fue inhumado en el convento de San Francisco y "…enterrose en San Francisco en la capilla de Luis de la Cerda, en la calaostra". Sabemos que este Luis de la Cerda era III señor de Villoria y había fallecido en 1469, por lo que suponemos que quizás fue su viuda, doña Francisca de Castañeda quien autorizó el entierro del Almirante en su capilla, que sabemos que falleció después de 1503, pero se ignora cuándo. Otras fuentes aseguran que falleció este mismo año en Sevilla.

Lo que es cierto es que la hija de este don Luis de la Cerda era nuera del I duque de Béjar, fallecida en 1503, y por tanto esta familia estaba bien relacionada; o bien pudo hacer la cesión su nieta Francisca Zúñiga de la Cerda, casada con Diego Fernández de Córdoba, el III conde de Cabra. Pero en la extensa documentación colombina no hemos podido encontrar ni una sola referencia que nos aclare qué tipo de relación pudo mantener Colón con esta familia.

Por más que nos pueda parecer sorprendente, nunca ha habido ni un solo intento en Valladolid por ubicar esta capilla donde recibió la primera tierra don Cristóbal Colón, después de haber sido estudiado todo lo tocante a su vida hasta la saciedad y la obsesión.

El antiguo convento de San Francisco y sus dependencias, desaparecido en 1837, era inmenso, y sobrepasaba en poco las tres hectáreas (30.000 metros cuadrados), cabida suficiente para que cupiesen en él holgadamente cuatro campos de fútbol como el Santiago Bernabeu. La ausencia de referencias concretas echó atrás a los investigadores que debieron intentar su localización.

Sin embargo, sabemos por descripciones antiguas que la capilla era de "cuadra grande y alta, cúbrela en lugar de bóveda un techo de madera enlazado con agrios a lo antiguo. La vidriera que cae al claustro grande y el chorrillo lo hizo el convento y lució la capilla (…) y entonces se abrió aquella puerta grande, enfrente de la capilla mayor, porque en lo antiguo ésta no tenía más de la puerta que sale al primer paño del claustro". Otra noticia nos indica que esta capilla está "en el tránsito oscuro que está al salir de la capilla mayor a la derecha". Y por último una tercera referencia nos dice "…que está en el dicho convento de San Francisco como se va a la sacristía a mano derecha". Con estos datos y con la ayuda inestimable de doña María Antonia Fernández del Hoyo, máxima autoridad en lo que atañe al arte de dicho convento vallisoletano, hemos sobreimpuesto un plano actual de la ciudad y el único plano de este convento que se hizo en 1830. La coincidencia es asombrosa y situamos la capilla de Colón en el eje de la actual calle Constitución, que se proyectó tras la desamortización de Mendizábal hacia 1843.

En la actualidad por esta calle transitan más de mil vehículos al día, ignorantes por completo de que entre 1506 y 1509 estuvo enterrado bajo ese asfalto el personaje histórico mundial de mayor trascendencia de los últimos mil años.

Nos hemos puesto en contacto con el Ayuntamiento, concretamente con "Aguas de Valladolid", y desde ahí nos han informado de que a la altura donde estaba la capilla se colocó una tubería de agua de fundición gris de 25 cms. de diámetro, instalada a finales del siglo XIX, y aproximadamente a 1,25 metros de profundidad. También hay una alcantarilla de gres de 30 cms. de diámetro enterrada a unos 2,2 metros. La calle tiene una anchura de 9 metros por lo que quizás aún queden restos del antiguo convento. Nos basamos en que cuando se construyó el edificio de "El Corte Inglés", a sólo 75 metros de donde estaba la capilla, aparecieron tumbas y restos de columnas.

Algún día, tarde o temprano, se tendrá que hacer alguna obra de reparación en la zona, y el arqueólogo presente sentirá sin duda latir su corazón ante lo que se pueda hallar.

 

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