San Pedro de Alcántara
    San Pedro de Alcántara

                                            MONUMENTAL ESTATUA EN PLAZA DE SU NOMBRE

       Esta monumental estatua del hijo más predilecto de la villa es obra del famoso escultor ya fallecido Navarro Gabaldón . Mide cerca de cuatro metros de altura y destaca por sus enormes proporciones. El santo  penitente  se  encuentra  en éxtasis,  queriendo  ascender al cielo y suspendido en el aire, con un misticismo difícil de igualar y perfectamente conseguido por el artista que esculpió tan importante obra.

    

El gran santo de alcantarino, "campeón de la penitencia", pues castigó su cuerpo con increíble sacrificio, nació en esta  ilustre  villa  de  Alcántara y en ella vivió hasta que partió para hacerse fraile de la orden franciscana a la cual reformó  y  benefició  a  lo  largo de  su vida. Fue amigo inseparable de la Santa  de Ávila, Santa  Teresa de Jesús, viajó  incansablemente  por  toda  la  geografía nacional creando  conventos  innumerables  y  dando   en   todo momento un vivo ejemplo de sencillez que le llevaron a ser querido y admirado de todos cuantos tuvieron la suerte de relacionarse con el. 

        Su nombre en vida fue Pedro Garabito de Sanabria y es una de las figuras más grandes y dignas de  su  tiempo  y  de  todos  los  tiempos. Fueron sus padres, ambos de noble linaje, el licenciado don Alonso Garabito y doña María Villela de Sanabria, madre está del ilustre historiador alcantarino Pedro Barrantes Maldonado.

         Se bautizó el año 1499 en la iglesia de Santa María de Almocovar, en cuyo baptisterio se encuentra una placa conmemorativa del tal acontecimiento.

        A  los  16  años,  en  1515,  y  cuando  ya  había  hecho  estudios de Leyes en la Universidad de Salamanca, tomó los hábitos religiosos en el Convento de Recoleto de Majarretes de mano de su tío el guardián del convento fray Miguel Roco, alcantarino muy distinguido.

        Estando  en  Oropesa   con   sus  grandes  amigos,  los  Condes  del  mismo  nombre,   se  sintió repentinamente  enfermo  y pidió  que  le  trasladaran  a su convento de San Andrés en Arenas de San Pedro (Ávila) donde murió en olor a santidad el 18 de octubre de 1562.

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