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“Perfecto”: Esa era la palabra que tenía clavada en la mente desde el día 25 de septiembre. Continuamente consultaba los mapas… medía los tramos, y veía los perfiles hasta el punto de hacer cinco cambios en el recorrido para evitar inconvenientes. Sabía que soy humano y que nunca todo sale perfecto, además teniendo en cuenta que soy un novato a lomos de la bici, estaba obligado a contrarrestarlo con una férrea capacidad de planificación… Imposible “perfecto”, pero cuanto más perfecto, mejor.
Ya en marcha, sigues con el mismo empeño: y te miras en ese infalible espejo que son tus compañeros de aventura. Pero ese mismo camino nos demuestra que el pretender ser perfecto nunca es una garantía de éxito. El camino y la propia vida nos enseñan que a veces hay que improvisar… por webos. En el camino y en la vida, si no eres McGiver, estás apañáo.
Por mucho que te empeñes, tus manos nunca hacen la fuerza justa sobre una llave para apretar un tornillo. Si no llegas te queda flojo y, si te pasas, lo partes… Siempre hay un metro tortuoso que te hace perder el equilibrio, siempre hay un abrojo o una piedra puntiaguda sobre la tierra. Siempre hay un sol que decide apartar la cortina de nubes, o tal vez el eslabón de una cadena cede ante tu propia fuerza
Cuando al final del camino tus compañeros desmontan y te dicen –“ha estado way”- es cuando comprendes que todo vale la pena… y que salga como salga.
9 de octubre de 2005.
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