El Hombre y la Tierra

En la Página principal creo haberte convencido, o al menos hecho reflexionar, sobre tu importancia y tu exclusividad intransferible de beneficiar a la Naturaleza.

Tienes mucho a tu favor. Lo repito. Tú te quejas de que los sensibilizados del gozo y la gloria de proteger la Naturaleza son cuatro gatos. Pues bien, los tiempos, al cambiar, ponen de manifiesto un anhelo creciente: la ciudad -"lo ciudadano", lo reconocéis todos-, con todo su veneno "nos mastica el corazón (!). Es exacto: de otro modo, no habría esa estampida de coches al campo los viernes por la tarde.

Vuestra necesidad -algo muy superior al mero deseo- de descubrir al animal surge de la asfixia producida por vuestra repetida unión carnal con el hormigón, de vuestra úlcera por rendiros al menú de asfalto, de vuestra esquizofrenia por la metralla de eslóganes, de vuestra no concentraros en lo plácido, bello y pacificador causado por el estrés de las oficinas. De esa herida surge vuestra instintiva necesidad de experimentar al máximo y en todo su vigor  vuestro hermano animal que reina en su medio, de recuperar esencias perdidas, de incorporar la fauna con sus rasgos, con sus necesidades, con sus facultades y soluciones, y de ayudarla.

Otro valor que nos hace imprescindibles, y que no sabéis, es que en nosotros se pueden explorar múltiples rostros humanos. ¿Lo digo de otro modo?: es la potencialidad de la fauna para revelárselos como símbolos -o fuerzas- de realidades espirituales imperecederas, inalterables, o que por su carácter polisémico le portan al hombre y a su compañera nuevos y antiguos mensajes. Seguirán como realidades imperecederas, si no acabáis con la Tierra.

Son mensajes nuevos no porque cambien, sino porque se transforman los receptores; o sea; cambia vuestra forma de pensar en cada tiempo. Sólo los animales permanecemos iguales.

Los animales os humanizan, está claro. Os devuelven aquéllo que el hábitat de los adoradores de la caja registradora os hace reprimir. Os traen lo que tanto y tan afanosamente buscáis en las demás personas y demasiado a menudo no halláis en ellas . Os recuerdan la tristeza necesaria, la dulzura, el arrepentimiento, la osadía, la fuerza, la pasión, la rebeldía, el misterio, el silencio, os traen el amor y la delicadeza, ¡concretamente nosotras las nutrias os salpicamos de espontánea lozanía...!, Ah, la Naturaleza os trae la paz, la mística. Y es que el sistema de vida cerrado que habéis creado os obliga a rebajaros a "otra cosa" -que no sois vosotros- como en La metamorfosis de Kafka, que recoge el espíritu de vuestro tiempo -todos sois, en poco o mucho, aquel escarabajo-.

Pero el protagonista -tú- se reduce a escarabajo no en cuanto gana como animal sino en la medida en que pierde lo animal: las formas de vida empresariales anularon tus posibilidades de júbilo espontáneo y sincero.

El empresario al que le dije que no destruyera mi ribera arguyó que los animales no son tan importantes. Que hay otros referentes del hombre para que el hombre pueda crecer: el comercio, la psicología, la filosofía, las ciencias, sean humanas o no. Hay que disentir. Esas posibilidades, incluso el arte y la religión, se refieren a vosotros mismos de una forma demasiado próxima: son creaciones vuestras, o han pasado demasiado por vuestras propias manos: todo eso impide la tan necesaria visión desde la distante perspectiva. Para acercaros al conocimiento de vosotros mismos necesitáis referencias más primitivas, quizás la transmitida por el mundo subacuático -vosotros fuisteis un día peces-, y vuestras neuronas os lo recuerdan siempre. O tal vez la transmitida por el águila inmemorial, que comprende espiritualmente desde muy alto.

En la impresionante obra  El rinoceronte, de Ionesco, el protagonista asiste horrorizado a la transformación de la humanidad en rinocerontes, sin que lo adviertan, hasta que él mismo, acuciado por tanto aislamiento, acaba haciéndose igualmente rinoceronte. El hombre se rebaja, por mutilación, a escarabajo, a rinoceronte. La fauna le ayudará a ganar su antiguo feudo conquistado por fuerzas extrañas y disolventes, a incorporar a la vida nuevos rasgos, a superarse, a volver a completarse, incluso a espiritualizarse, pues ¿qué otra creación habla más de la obra de Dios que la propia Naturaleza?

En fin, los animales silvestres no sólo poseen una capacidad única de irradiar vigor, libertad y la aniquilación de las fronteras, sino que pueden salvaros. Los animales son grandes médicos del alma, son terapeutas. Dejad, pues, que la fauna entre a borbotones y devuelva a vuestro deshumanizador "Casino" global su humanidad profundamente erosionada, metamorfoseada, en ciertas facetas irreversiblemente perdida.

Cree Miguel, mi transmisor, que la fauna y la Naturaleza son una de las piedras angulares para la construcción de un mundo utópico, es decir, su "finalidad"  última es su capacidad para la convivencia ya no solo humana, sino del mundo, de todos sus habitantes, en una comunidad fantástica pero posible, como propusiera San Francisco de Asís. Y que ese pacto tendrá existencia únicamente si entendéis qué significan los animales silvestres. Pero, ¿cómo comprenderéis qué son los animales silvestres si hace tiempo que decidisteis iros a otro lugar, alejados de vuestros hermanos, en pos de extraños sueños, cuando (no) quitando el nexo que nos unía a la Madre Tierra?

Inicio | Homenaje a la Fauna | E l Hombre y la Tierra | El pionero del ecologismo | Comentarios | Los autores