Hubo un ayer histórico en que todo era campo, Naturaleza. Una ardilla roja y saltarina podía cruzar la Península Iberica sin tocar el suelo. Las ciudades se extendieron y crecieron. En el siglo XVI se habla ya de Naturaleza en términos de objeto: empieza a ser "algo", y pronto será algo "extraño", diferenciado del hombre. El siglo de las nubes ilumina la Revolución Industrial y hoy el monstruo urbano ha extendido su sombra por gran parte de la Tierra y, si acaso, ha abandonado unos tristes jirones y migajas.
La Fauna y la Flora se mueren. Son supervivientes en reservas. Son Naturalezas cautivas de esas islas asediadas por un falso "progreso" que amenazan con asfixiarlas.
La fauna tiene un mensaje: "Seguiremos dándote oleadas de gozosa energía de éxtasis transformador que necesitas, pero tú, humano, estás tan pendiente de tu seguridad, de tu prestigio, de tu estima y el dinero, que ya no puedes oirnos": ¿qué otro elemento mejor que la fauna y la llamada misteriosa de la Naturaleza podrían despertar tu espíritu moribundo, el del hombre actual? "Deja que nos ganemos un crédito -dicen, entre otros embajadores, los marinos: los delfines-, abre un espacio en tu corazón".
Y todos susurran poesías a quemarropa: "es peor mil balazos que la destrucción de una hectárea de Naturaleza". Esa hectárea no será Naturaleza -casa de la fauna- nunca más.
Hay, aún, una mayoría de españoles que consideran el campo como algo susceptible de acabar de humanizar, olvidando que el amor a la Naturaleza, traducible de un único modo posible, su defensa activa -nada más es amor a la Naturaleza-, humaniza al propio hombre. Para empezar, aparte de la experiencia de integridad y comunidad, le inspira, le trae recuerdos de un ayer perdido, le hace más libre, es casa de oración, es ilimitadamente beneficiosa y curativa.
La Naturaleza es del hombre, pero el hombre occidental la desdignificó desdignificandose con ello a si mismo, la perdió extraviándose a él, y el único modo de recuperar su honra y su propia humanidad es luchando individualmente -sin delegar responsabilidades a otros-, día a día, por recuperar a la Madre que le dio todo y nos lo sigue dando todo. Tal como tratas a la Naturaleza es como te tratas a tí. Venimos de la tierra y somos de la tierra. Somos tierra. Todo lo que ingerimos, todos los "ladrillos" de los que estamos hechos, son Naturaleza. Félix Rodríguez de la Fuente, a quien conozco a la perfección, dijo hablando de células y de "ladrillos":"...Y por eso le he dado este título a mi programa: El Hombre y la Tierra".
El asedio a la Naturaleza, la brutal extracción de todos sus recursos, su agotamiento, ha constituido un pirateo de tal envergadura, que los animales indómitos, ahora "aterrados" e inermes ante el "progreso", se ven obligados a luchar contra él entrando en competencia con el resto de bienes del mundo - hoy a disposición absoluta de las leyes mercantiles-. Repelente contradicción. Y lo hace mediante Páginas Internet como ésta. Yo mismo soy una pequeña nutria a la que un día destruyeron la ribera de su único río. Peor que si cien cazadores le hubieran arrancado la piel a mis hermanas: otras nutrias podrían haber recolonizado nuestro mundo.
De una manera no metafórica, se ha dado, a medida que os habéis separado de la Naturaleza y de aquella fauna que un día engrandecieron la Tierra, un progresivo "enmudecimiento" mío y de mis hermanos los animales.
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¿Sabíais que hubo un tiempo en que le hablábamos a tus abuelos, y nos escuchabais mucho y repetidamente, es más, íbais a consultarnos como oráculos, y os respondíamos, y os dirigíamos voces siempre nuevas, trayendoos mensajes cambiantes, importantes y siempre enriquecedores? Sí, los animales éramos abundantes, significativos, traslúcidos. Hoy la Naturaleza es opaca y está muda y muerta, ¡porque la habéis destruido!
Pero los que quedamos... no confundimos, no torturamos, no hay dictadores.
Nuestro lema es "vive y deja vivir". ¿Cuántos de vosotros sois capaces de cumplirlo?
Existen, entre los humanos, los naturalistas y los divulgadores de la Naturaleza, quienes no sobrevivirían sacudidos por una constante frustración e impotencia si los lectores a los que se dirigen decidieran cruzar el puente que les presentan: un viaducto para unirlos con la Naturaleza que les llama.
Aquí si cabe el pesimismo. He visto cómo demasiados poderosos obstaculizan y paralizan la labor medioambiental. Decenas de naturalistas capaces de realizar proyectos altamente constructivos mendigaban dinero a empresarios que sistemáticamente no les escuchan, les niegan cualquier ayuda o les imponen condiciones tan imposibles, que tendrían que corromperse o hacer de sus realizaciones un wáter. Veo como la Naturaleza se hace un producto comercial, a veces una moda, o se le da una consideración escasa, cicatera, banal. He visto demasiado que los sensibilizados que están arriba no ayudan a los que estamos abajo del todo, y muchísimo parloteo ecológico bienintencionado para esconder la insolidaridad, el engaño, el fraude. Aguanto estoica como un águila real que se proclame el valor de conservar la Naturaleza en textos que no consiguen nada más que matar árboles, y que los intereses la hundan y la prostituyan.
"Vámonos poco a poco,
que en los nidos de antaño,
no hay pájaros hogaño".(Como decía León Felipe).
No, el común hombre occidental dirá que no es verdad, porque solo busca la comodidad y el dinero, porque no mira el cielo azul donde la claridad expansiva del espacio inunda la mente. Así, en pos de fantasmas, no pueden -no quieren- entender que el progreso es incompatible en esencia y de raíz con la existencia de la Naturaleza que les curaría. Reconocerlo sería reconocer que tienen que ponerse ahora mismo manos a la obra para protegerla, y eso no es cómodo.
Algún día tendréis que arrancar las alambradas y dinamitar las carreteras, para no morir asfixiados por vuestra propia mala creación
Pero basta de palabras, porque ha llegado la hora de actuar.
Te hablo porque creo que aún no estás perdido.
Desembárcate de tu inacción. Desembarázate de tu desidia. Eres cómplice y puedes ser héroe. Haz no que el águila bendiga el risco coronándolo con su más bella e impactante presencia: ¡corónate tú, corona tu propia vida bendiciendo la Naturaleza para glorificarte a ti! No busques el camino: ¡conviértete en el camino que lleva a la Naturaleza!: otros transitarán por él. Salva la fauna ibérica.
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