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METRO CÚBICO       mr.kubik producciones     METRO CÚBICO      mr.kubik producciones

 

El hombre cúbico ha recibido las llaves de su nuevo hogar, y maleta en mano se dispone a instalarse en él. Nada más abrir la puerta se percata de las dimensiones del sitio donde va a vivir a partir de ahora: un espacio de poco más de un metro cúbico. Lejos de sorprenderse, sino al contrario, asumida esa circunstancia tan común en nuestros días, se dispone a hacer su vida cotidiana;  tan cotidiana como la de cualquiera... en principio, porque actividades tan sencillas como instalar un único mueble, hacer una llamada de teléfono, organizar una pequeña fiesta, ver la televisión, hacer la limpieza o simplemente conseguir dormir por la noche, no resultan tareas tan fáciles para un hombre como ese en un espacio como aquel. Menos lo será aún el enfrentarse a los imprevistos domésticos, que no pasarían de simples anécdotas para cualquiera de nosotros, pero que para el hombre3 resultan verdaderos retos de dimensiones épicas.

            m3 es un espectáculo de humor de aproximadamente 50 minutos de duración, basado en el humor gestual en vivo combinado con proyección de vídeo digital y montaje de sonido.

            Formalmente m3 basa su estética y contenido en los principios del surrealismo y el teatro del absurdo de creadores como Magritte, Ionesco o Becket, buscando esa atmósfera Kafkiana y claustrofóbica que precisamente por eso, por lo absurdo y sorpresivo de las situaciones, provoque la risa del espectador. Pero como contrapunto a esta apariencia retro, los temas que trata y los iconos, imágenes y demás elementos que utiliza para ello, resultan completamente actuales. Las viviendas reducidas a su mínima expresión y su mala calidad, la producción en serie y el consumo masivo de productos tan defectuosos como las casas para los que están pensados, la soledad y las dificultades para relacionarse socialmente, los diferentes tipos de violencia con los que se nos bombardea desde televisiones y medios de comunicación y que hacen del individuo un ser atemorizado y dócil, son temas próximos al espectador con los que es lógico que se identifique fácilmente. Todo ello, confiere al espectáculo una marcada estética al servicio de la más absoluta actualidad.

            El lenguaje utilizado por el único actor que aparece en el escenario, es esencialmente gestual, en la línea de composiciones tan populares como las de EL TRICICLE o el  MISTER BEEN de Rowan Atkinson.  Este trabajo de interpretación se complementa con un diseño sonoro y de montajes de vídeo proyectados sobre la actuación en vivo, o sobre una pantalla que a modo de persiana se baja, de forma oportuna y justificada siguiendo la lógica del espectáculo, cerrando la cuarta pared del cubo. Estas proyecciones vienen a apoyar la narración sugiriendo conceptos mediante composiciones visuales y sonoras o sirviendo directamente como elementos dramáticos con los que interactúa el protagonista. Favorecen con ello las situaciones sorpresivas, dándole dinamismo al espectáculo al permitir cambios ágiles entre escenas y aportando al montaje un aire fresco y novedoso.

            La escenografía se limita a un cubo de 1,5m3 aproximadamente, blanco en su interior y decorado solamente por una bombilla, un interruptor, un enchufe, un gancho en la pared que sirve de perchero, una puerta con pomo y cerradura, además de los más dispares utensilios que por allí irán apareciendo. La cuarta pared que queda abierta al público, puede ser cerrada, como ya se ha mencionado, por una pantalla blanca que se desenrolla como una persiana. Salvo la introducción y la conclusión final, el resto del espectáculo se desarrolla en el interior del cubo. Allí  suceden los diferentes episodios que estructuran la función, que no pretenden resultar simplemente una sucesión de gags, sino de reflejar el transcurrir de la vida cotidiana de este personaje a lo largo de un par de jornadas, suficientes para casi acabar con él.   

     En definitiva, se trata de utilizar un concepto tan expresivo como un hombre encerrado en un cubo, y ni más ni menos, que de volver sobre la fórmula del clown; el pobre hombre del que nos reímos al ver como él mismo magnifica sus desgracias, y del que acabamos sintiendo compasión y ternura; eso que siempre resulta tan saludable por reírnos de las desgracias propias, que como las del clown, en el fondo no son para tanto, y de darnos un respiro encontrando un poco de indulgencia para nuestros propios errores y meteduras de pata… aunque no sucedan en un metro cúbico.