un día triste El "bosque encantadó" es un soto a orillas del Ebro. Cuando el río se pone serio se integra en el soto, atravesándolo por varios cauces, que son los que me sirven de senda. Pasear por allí hace que me sienta bien. Noto chorros de endorfinas recorriendo mis venas. Observo cada huella, hongo, nido o marca de erosión. Suelo ver rastros de jabalí, y me produce una cierta satisfacción que mamíferos de docenas de kilos puedan desarrollar por allí su vida, tan cerca de la gran ciudad. Son seres que viven sin ayuda, protección ni subvenciones, lo que me parece digno de admiración y respeto.

El día al que me refiero yo había ido navegando al soto con mi hijo, tratando de inculcar el amor y el respeto a la naturaleza, así como la sensibilidad necesaria para distinguir los colores, olores y sonidos de bosque. Pero tuvimos muy mala suerte: el soto estaba invadido por una jauría de humanos vestidos con el uniforme de matar. Portaban escopetas, prismáticos, perros, intercomunicadores, banquetas para no tener que tocar la tierra al esperar a su presa... no les faltaba nada. Una jabalina desdichada de menos de 40 kilos no pudo disimular su presencia y trató de refugiarse en una zarza en la que encontró la muerte. Los humanos se la llevaron a rastras pintando el soto con un impropio color bermellón.

Ya no siento la necesidad de volver. No creo que pueda olvidar aquel rastro de sangre, pero lo que seguro que no olvido es el odio que sentí al ver a aquellos seres que reían y babeaban recordando cada uno su participación en la hazaña. Así tendrán algún mérito que contar a sus nietos, que también serán seres humanos, y tendrán que buscar "jabalí" en Wikipedia para saber a qué se refiere el abuelo cuando babea hablando de escopetas, zarzas y trajes de matar.