EL ESPERANTO, ¿UNA
LENGUA PARA LA EUROPA UNIDA?
La Unión Europea, o al menos una parte importante de la
misma, ha alcanzado la unidad monetaria con el euro. Pero, ¿cuál
será su futuro lingüístico con tres lenguas de trabajo—inglés,
francés y alemán—, las once oficiales de ahora, más
las que se añadan tras las ampliaciones del 2004 y del 2007? ¿Lograremos
alguna vez entendernos los europeos en una misma lengua? ¿Lograremos
deshacernos de los ejércitos de traductores, intérpretes
simultáneos? ¿Seguiremos condenados a chapurrear, mejor
o peor, una lengua ajena, o a ver cómo chapurrean la nuestra, para
lograr una comunicación—en gran parte de los casos—bastante limitada?
Pero durante siglos Europa, aunque dividida en condados, ducados
y reinos, fue una unidad espiritual. El latín unía en
una sola voz a las universidades de Salamanca y París, de Bolonia
y Cracovia. Era la lengua de la ciencia y del conocimiento, era la lengua
de los monasterios y de los palacios episcopales. El latín fue
perdiendo terreno—su considerable complejidad gramatical y la difícil
actualización de su vocabulario fueron los mejores aliados con
los que contó el imparable ascenso de los estados modernos y las
variedades dialectales que estos erigieron en lenguas administrativas
y nacionales. La torre de Babel volvía a ser un hecho entre las
élites.
Vayamos al Imperio Ruso, a la ciudad polaca de Białystok, donde
en el año 1859 nace Lázaro Luis Zamenhof, un joven judío
que en su casa se expresa en ruso, y en la calle en polaco; y veamos cómo
él nos la describe: “En Białystok la población está
compuesta de cuatro elementos diferentes: rusos, polacos, alemanes y
judíos, hablando cada uno de ellos una lengua aparte y manteniendo
unas relaciones hostiles con los demás... Se me crió en
un ambiente idealista: se me enseñó que todos los jóvenes
somos hermanos; y, no obstante, en la calle, en las casas, a cada paso,
todo me daba la sensación que la humanidad no existe: únicamente
existían rusos, polacos, alemanes, judíos, etc.” Hombre
extraordinariamente dotado para las lenguas y la lingüística,
antes ya de dejar su ciudad natal para ir a estudiar medicina a Varsovia,
había elaborado el proyecto de una lengua artificial (¿qué
lengua no es artificial?) que pudiera servir de medio de comunicación
entre los hablantes de diferentes idiomas. En 1887, tras haberse casado
y haber iniciado su trabajo de oftalmólogo, publica su primera
obra en la “lengua internacional”. La firma con el pseudónimo de
Dr. Esperanto—que en dicha lengua significa “el que tiene esperanza”—.
Con ese nombre sería más tarde conocida su creación.
Zamenhof comenta en la misma la enorme inversión en tiempo,
trabajo y dinero que supone el aprendizaje de una lengua extranjera.
El dominio de la lengua propia, y de la lengua internacional, permitiría
abordar todas las demás lenguas en un plano de igualdad y desaparecería
la sensación de extranjería que nos domina cuando nos
expresamos en una lengua ajena. Él se fija tres objetivos, hacer
que dicha lengua sea fácil, que incluso se pueda aprender jugando;
hacer que sea utilizable inmediatamente gracias a la lógica y a
la simplicidad de su estructura; y encontrar un medio para que el público
la practique masivamente.
El esperanto no pretende sustituir a ninguna lengua, sino hacer
de lengua neutral que sirva para comunicarnos con aquellos que hablan
una lengua que desconocemos o en la que nos cuesta trabajo expresarnos.
Recordemos que cuando alguien estudia el inglés—lengua
muy difícil por su pronunciación y las numerosas excepciones
que sus reglas gramaticales tienen—centra su atención en
la cultura de los Estados Unidos o de Inglaterra, relegando las demás
a un segundo plano. Los autores en lengua inglesa pasarán a ser
su referencia necesaria. Cuando alguien aprende esperanto, trata a todas
las lenguas de la tierra en un plano de igualdad.
¿Hemos de considerar un fracaso la obra del doctor Zamenhof?
Según como se mire. Sí que lo ha sido desde un punto de
vista político, ya que el esperanto no ha llegado a ser, por el
momento, la segunda o tercera lengua en ningún país del
mundo. El intento de convertirla en lengua de las relaciones internacionales
fracasó en la Sociedad de Naciones, cuando Francia consideró
que podía poner en peligro la influencia que a través de
su lengua venía ejerciendo.
No lo ha sido en cuanto que hay una comunidad que se calcula
en unos dos millones de personas que la utilizan frecuentemente en sus
contactos con esperantistas de otros países. En esperanto existen
programas de radio, asociaciones especializadas, ya sea de carácter
religioso (católicas, protestantes, cuáqueros, bahais, etc),
político (comunistas, Partido Radical), científico (informática,
ornitología, etc) o de otra índole (ciegos, radioaficionados,
espeleólogos, amantes de la sauna...). Existen clubs esperantistas
en numerosas ciudades de muchos países dispuestas a acoger al esperantista
extranjero que se desplaza y los visita. Existe una numerosa literatura
de decenas de millares de libros, traducida y original, a disposición
del que la desee. La biblioteca de la British Esperanto Association dispone
de 30 000 volúmenes. Hay unas 100 publicaciones periódicas
de cierta importancia, junto con un número difícil de calcular
de boletines y hojas locales. Y hasta los más acérrimos
enemigos del esperanto, cuando están bien informados, reconocen
sus logros como instrumento de comunicación y vehículo de
cultura.
El alfabeto del esperanto consta de 28 letras. A cada letra le
corresponde siempre el mismo sonido. Hay, como en español, cinco
vocales. En las palabras de dos o más sílabas, el acento
tónico recae siempre en la penúltima sílaba. La
mayoría de sus palabras son comunes a varias lenguas europeas,
aunque también se da una presencia de otras de origen no europeo.
Sin embargo, su gramática, regular y nada complicada, se asemeja
en algunos aspectos a la de ciertas lenguas asiáticas, como el
chino (cuya mayor dificultad reside en el uso de ideogramas y en los tonos).
Consta de 16 reglas con una regularidad tal que no admite las excepciones
a las que nos tienen acostumbrados el resto de las lenguas. Sólo
tiene un artículo—“la”—, definido e invariable. Todos los verbos
pertenecen a la misma conjugación. Los infinitivos terminan en
–i como “paroli”, hablar. Los presentes en “as”, los pasados en “is”, los
futuros en “os” y los condicionales en “us”. Los sustantivos terminan en
–o, “la parolo”, la palabra. Los adjetivos en –a, “parola”, verbal. Los
adverbios en –e, “parole”, verbalmente. Para formar el plural, los adjetivos
y sustantivos añaden la semivocal “j” que equivale a la y griega
en las palabras españolas “rey” o “hay”: “la belaj paroloj”, las
bellas palabras. Mediante el empleo de prefijos y sufijos se reduce considerablemente
el número de palabras raíces necesarias y aumenta extraordinariamente
su capacidad expresiva. La abundancia de palabras de raíz
latina y germánica no es un obstáculo para que la mayor presencia
de esperantistas—además de en los países nórdicos de
origen germánico—se dé en Hungría, Polonia, Croacia,
Estonia, Finlandia, Japón, China, Vietnam, etc.
Todos aquellos que la conocen ponen de relieve lo fácil
que resulta de aprender. Muchas personas que han pasado años
estudiando alguna lengua extranjera en sus estudios de grado elemental
y medio, sin lograr grandes resultados, cuentan cómo en pocos meses
de holgado estudio lograban expresarse mucho mejor en esperanto y entender
mejor los textos en dicho idioma que en la lengua a la que habían
dedicado tanto esfuerzo y tiempo. El contacto con esperantistas extranjeros
puede resultar muy conveniente para comprobar la utilidad de la lengua
y constatar los progresos alcanzados.
Hay quien ha dicho que el esperanto goza de la belleza fonética
del italiano, la sucinta gramática del inglés, la riqueza
del castellano, la estructura formativa del alemán y de la expresividad
del francés.
En diciembre de 1954 la UNESCO, en su conferencia plenaria celebrada
en Montevideo, reconoció oficialmente los resultados obtenidos
por el esperanto en el campo de las relaciones internacionales y de la
comprensión entre los hombres. Desde entonces la Asociación
Universal de Esperanto es miembro consultivo del citado organismo internacional.
En 1985, en la declaración de Sofía, invitaría a
los Estados miembros a celebrar el centenario del esperanto con actos,
declaraciones, edición de sellos especiales y actividades similares,
y a intentar introducirlo en las escuelas e instituciones de educación
superior; y a las organizaciones internacionales no gubernamentales a
unirse también a dicha celebración y a estudiar la posibilidad
de emplear el esperanto como medio para la difusión de informes
entre sus miembros, incluyendo los relativos a la labor de la UNESCO.
Radio Vaticano, que comenzó con un programa dominical en
esperanto en enero del 77, hoy emite tres programas semanales en dicha
lengua. Pío XII declaró: “Auguro al esperanto en un futuro
un papel semejante al del latín en la Edad Media”. S.S. Juan Pablo
II, cuando era obispo de Cracovia, fue Alto Protector del 37 Congreso
Internacional de Esperantistas Católicos, celebrado en Czętochowa.
En el terreno de la unidad europea son ya 90 los eurodiputados
que han declarado que el esperanto podía facilitar y acelerar
el dialogo en la Unión Europea en el respeto mutuo de la lengua,
la cultura y la dignidad de cada cual.
¿Llegará a ser el esperanto “el latín de
la democracia de los tiempos modernos”, como algunos lo han llamado?
Lo que no hay duda es que, como aseveraba A. Meillet, ya en 1928 “cualquier
discusión teórica es obvia: el esperanto ha funcionado”.
Es hoy una lengua viva. Depende de cada uno de nosotros el que se extienda
y se convierta en lengua internacional. Y, ¿por qué no empezar
por Europa?
EJEMPLOS DEL USO DE SUFIJOS
EN NOMBRES
kolombo
|
palomo
|
bovo
|
toro
|
o
|
"substantivo"
|
kolombino
|
paloma
|
bovino
|
vaca
|
in
|
femenino
|
kolombejo
|
palomar
|
bovejo
|
establo
|
ej
|
lugar para
|
kolombido
|
pichón
|
bovido
|
ternero
|
id
|
descendiente
|
kolombaro
|
bandada
|
bovaro
|
rebaño
|
ar
|
conjunto
|
MODELO DE PARTICIPIOS ACTIVOS
falanto
|
"el que cae"
|
falonto
|
"el que caerá"
|
falinto
|
"el que cayó"
|
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