VA DE LEYENDA

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VA DE LEYENDA

No me preguntes, lector, quién me la contó o si sólo es el fruto de la propia ensoñación; pero la Leyenda comienza cuando estas tierras vivían entre el temor de las razias moras y la esperanza de la Repoblación, favo­recida por la creciente presencia de los ejércitos Cristianos.

 

Las gentes que muchos años antes se habían refu­giado en las montañas, comenzaban a bajar al llano, ampa­rándose en la seguridad que les ofrecían el Castillo y el Monasterio de San Román. Cultivaban tierras propicias, escondidas en los pequeños valles e iban surgiendo, aquí y allá, numerosos y humildes casares y villas, como llamaban a lo que no pasaba de ser dos o tres chozas, con muros de piedras sueltas y techos de ramaje y céspedes.

 

El Valle del Avia se había convertido en la princi­pal ruta de penetración en la zona y enlazaba con la antigua Vía Romana, desde el vado del lodazal del río. Allí vivía, en soledad, un forastero que llegó huido de tierras moras, donde, se decía, había servido en la casa de un hombre muy sabio. Ayudaba a las carretas que intentaban pasar el vado y se había casado con una moza galana del Casar de la Font­ Fecha al pie del páramo.

 

Cuenta la leyenda, que este hombre hizo un río nuevo, al que llamaba "cuérnago" y montó un ingenio, que resultó ser un molino movido por el agua, con el que libró a las mujeres de la penosa tarea de hacer girar, durante horas, las pequeñas muelas de piedra, de que se valían hasta en­tonces para triturar el grano. Nadie había visto antes nada igual y el forastero contaba que lo había aprendido de su antiguo amo. El Ingenio echó a andar unos días antes de los Idus de Diciembre y fue celebrado alegremente, con vino, coplas y danzas, por los curiosos que acudieron de los casa­res cercanos para conocer la novedad. Cuentan que, desde entonces y por esas fechas, las gentes del lugar siguieron recordando y celebrando festivamente el acontecimiento.

 

Fue el inicio de un poblado, el más pujante de toda la comarca, pues poco a poco se fueron instalando allí gen­tes de otros oficios y mercaderías, al ver que acudían los habitantes de otros lugares para moler el grano. El pueblo era conocido como Rivus Penta. Unos decían que ya se llamaba así antes del Ingenio, porque en la lengua primitiva significaba/quería decir: "El Paso del Lodazal del Río ", mientras que otros opinaban que ese nombre, era debido a que el forastero, que recordaban se llamaba Penta, había hecho un río nuevo, el Río de Penta.

 

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