Esta,
es la era de la información. Cada día vemos surgir innumerables
noticias, nuevas, interesantes, curiosas, anodinas... Inabarcables.
En estas fechas se habla, entre otros asuntos, de la próxima
subasta de un picasso, obra casi inédita hasta ahora, en manos
de un coleccionista privado. Solo para sus ojos. Sale al mercado con
un precio inicial de 70 millones de dólares, estimándose
que pueda ser finalmente vendido por alrededor de 100 millones.
¡Tanto por un solo cuadro...!
No somos jueces para indicar en qué deben gastar el dinero
los demás. Ni cómo. Las subastas, compra/venta de mercaderías,
trueques, forman parte ancestral de la historia de la humanidad. Fijar
valoraciones ha sido siempre asunto subjetivo y del momento. Si este
caso salta a la palestra es porque posiblemente bata records
anteriores. Pero se trata de un comercio, el del arte, que mueve miles
de millones de dólares cada año, de manera habitual.
No obstante, de vez en cuando salta un resorte, ese "enanito
rebelde", con aires de conciencia, que llevamos dentro; cuando
siendo algo más conscientes de nuestro entorno, paramos e intentamos
hacernos una idea abarcable de qué supone esa cantidad de dinero
gastado en un solo "pedazo de tela con colores de peor o mejor
manera dispuestos". Setenta millones de dólares...
Si fuéramos amigos de cifras y estadísticas podríamos
desarrollar lo que se pudiera hacer con ellos: cuántos proyectos
sociales se podrían dotar de sustento. Cuántos colegios,
molinos de viento, plantas desalinizadoras, viviendas mínimamente
dignas, instalaciones sanitarias; cuántos proyectos de desarrollo
en países atrasados se podrían potenciar, y conseguir
multiplicar ese montante a cantidades inalcanzables. Setenta millones
de dólares...
Podríamos dejar volar la imaginación de manera solidaria,
dejando a un lado los sueños que los promotores de loterías
y el sistema comercial se empeñan en implantar en nuestra mentes:
yates, palacetes en la Riviera, joyas costosas, automóviles
de alta ciclindrada... En su lugar podríamos imaginar cuántas
vacunas ridículamente baratas se podrían comprar, para
salvar vidas de personas; personas con nombres y apellidos; condiciones
higiénicas que se podrían mejorar para evitar absurdas
muertes por diarreas y otros males que hace tiempo se desterraron
del mundo avanzado. Setenta millones de dólares...
También podríamos lícitamente pensar en cómo
se podrían dedicar esos millones a paliar en parte el terrible
daño que la humanidad desbordada e inconsciente le causa al
medio ambiente, a la aceleración en la extinción de
especies, a la irrespirabilidad del aire. Cómo se podría
dedicar a parar la desertización (y desertificación),
a restablecer ecosistemas dañados, a dotar de infraestructuras
sostenibles a Parques Nacionales establecidos a bombo y platillo y
que luego... malviven por no haber previsto el coste de un mantenimiento
digno. Setenta millones de dolares...
Es verdad. Podríamos seguir desgranando cientos, si no miles,
de proyectos. Y esos setenta millones de dólares, presuntos
100, se acabarían esfumando. Aunque de cierto tendríamos
la satisfacción de saber que habían sido bien gastados.
También, nótese que hablamos de un solo cuadro en medio
de un mundo que subasta anualmente miles de ellos. Y porcelanas, y
joyas, y muebles, y esculturas, y bronces, y fetiches... Todo ello
de un cierto valor artístico y estético. Sentimental.
¡Pero tan subjetivo!
Mientras, nos deberemos contentar viendo cómo otras obras de
arte en forma de personas, culturas, vidas vividas con dignidad, fauna,
flora, naturaleza, que quizá debemos tener ya demasiado vistas
y en poca estima (abundan tanto...), si salen a subasta es solo para
padecer a continuación su inexorable desguace, su depreciación
y agostamiento. No se les perdona. Ni siete, ni setenta veces siete.
Setenta millones de dólares. El pagador es libre de hacer lo
que desee con su dinero. Posiblemente. Pero hay veces que, ese "enanito"
que tenemos dentro habla. No es capaz de seguir callando, de mirar
a otro lado. Y lo que menciona, con lágrimas de pena e incomprensión
en los ojos es: "absurdo".
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