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SUSAÑE DEL SIL |
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DATOS DE INTERÉS |
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Población |
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| La población actual ronda los
trescientos treinta habitantes aproximadamente, que
en la época estival se acerca a los quinientos, en su
mayoría emigrantes de la década de los sesenta, que
vienen con sus familias, a casa de algún familiar,
aprovechando la fiesta grande del verano Las
Nieves el cinco de Agosto.
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| Evolución de la población en el siglo XX | ||||||||||||
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Topónimos |
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Situado en la falda de una montaña,
cubierta de urces, robles, castaños y una pedriza las
txeras, regada por la reguera o arroyo que atraviesa el
pueblo.![]() Limita al norte con el Diente de la Pena, y Don Flor, al sur con la Boca del Bierzo abierta por el valle del río Sil, al este se divisa la Cuba, y al fondo la sierra de Vizbueno con el Catoute como pico más alto (2.111 m), y al oeste se ve a Anllares antesala de los valles de Fornela, y los Ancares, con el pico Butxaneo en el horizonte. Los límites urbanísticos están marcados por el Castaño centenario y enorme del Pico del Pueblo, el Caletxo, el Canto Repicón, el Pascón, y la Mata Redonda, como nombres y espacios más significativos. Coincidiendo con los lugares de entrada o donde se extremaban las cabras u ovejas, salen unas bonitas rutas para hacer senderismo. Una por los Campos y otra por la Grisuela, a la sombra de enormes y antiquísimos castaños. Los caminos o calles están muy bifurcados, estrechas o calechones, en función de la situación de las casas. Se subdivide en muchos y pequeños pero a la vez bien diferenciados barrios: El Chano, la Torre, el Palumbar, la Caletxa, la Grisuela, la Poula, los Carrairiegos, la Pena, la Amargura, el Concejo, el Baitxadero, Rayuela, Batxemolín, los Tarces, las Eras, la Fuente. |
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Fiestas |
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| El pueblo celebra
principalmente: Fiesta
de verano : LA
VIRGEN DE LAS NIEVES, el día 5 de agosto. Habitualmente las fiestas de verano se celebran durante los días 4, 5 y 6 de agosto. Durante esos días el pueblo vive los momentos de mayor afluencia de "veraneantes", en su mayoría gentes del propio pueblo, que en su día tuvieron que emigrar. El día 4 es lo que se le denomina la víspera y solo suele haber baile de verbena acompañado de alguna actividad deportiva o cultural. El día 5 de agosto,
día grande de las fiestas, las gentes del pueblo van en
romería a la ermita de "La Virgen de las
Nieves" (en
la foto), compartida con Anllares y Páramo del Sil.
En la misa mayor hay procesión alrededor de la ermita
sita en la carretera de Valdeprado y equidistante de los
tres pueblos. La santa la sacan las mozas de Anllares.
Antiguamente bajaban la gente de los tres pueblos citados
anteriormente, con sus meriendas campestres, comían en
los prados que hay alrededor del santuario. Luego en el
corredor que hay en la casa de al lado de la ermita,
tocaban un rato cada una de las orquestas de cada pueblo,
y la gente compartían el mismo baile, en el prado de
delante de la citada casa de las ánimas. A
la tardecina las gentes recogían sus enseres
y, antes de volver a sus pueblos de origen, se hacía el
baile en su zona geográfica, cada pueblo su orquesta, y
su gente. Ya casi de noche cada uno a su pueblo de origen
para continuar con la verbena. Una comida muy típica
eran los fisuelos, hechos con harina, leche,
huevo, y luego fritos haciendo unas ruedas en la sartén
(es una cosa parecida a los churros pero la pasta es más
líquida). El
día 6 es el día de Nuestra Señora, misa mayor por todo
lo alto donde se ponen las mejores galas del año. Con
baile vermout, competiciones deportivas, actividades
culturales. Antaño
había un deporte por excelencia los bolos:
se colocaban nueve bolos de unos 20cm. de alto y 3 cm de
diámetro aproximadamente, que se pegaban juntos, en fila
de izquierda a derecha, sobre una piedra plana y
ligeramente inclinada hacia arriba (ya que el lugar no
era llano sino cuesta arriba, y la piedra iba paralela al
terreno), con moñica (excremento de vaca)
que tenía que reunir unas características determinadas
(ser fresca y que el animal no hubiese comido grano). Una
buena colocación de bolos era primordial para una buena
bolada o jugada. Los bolos eran de roble de los restos de
los gamachos de la hoja cortada el otoño
anterior, preferentemente albar. La bola con la que se
golpean los bolos solía ser de encina, puede ser redonda
para los jugadores que preferían la modalidad de tirar a
cachete, u ovalada para los que tiraban a brazo. Los
bolos tenían que pasar una raya determinada. El juego
era muy similar a los demás pueblos, sólo que en
algunos es preciso que pase la raya la bola, junto con
los bolos, para que los bolos pasados tengan validez. El
sistema usado para sumar era en base nueve, al igual que
en la vecera de cabras u ovejas que sumaban en base seis,
muchas personas eran analfabetas, y sin embargo en estos
dos casos bolos y vecera, no se equivocaban. Un baile muy tradicional era la jota, bailada por grupos, formando una especie de pasillos, donde las personas demostraban sus grandes cualidades artísticas. Fiesta de invierno: SANTA LEOCADIA, 9 de diciembre (Fiesta de la cabra)
Era la fiesta mayor por excelencia, la comida era abundante, se sacrificaba una cabra para esa fiesta, por eso se le llamaba también la "fiesta de la cabra". La fiesta comenzaba con una misa con procesión en honor de la patrona; la procesión va precedida por el pendón, llevado por un mozo del pueblo muchas veces ofrecido, y que incluso dejaba la señal colocada (un pañuelo atado, significaba que estaba ofrecido), seguido de la cruz y faroles, y a continuación la imagen de la virgen portada por las mozas, y el resto del pueblo, mientras van cantando al ir en procesión, los campaneros tocan las campanas a gloria. Al
anochecer gran baile en el salón del pueblo.
Otras
Fiestas con tradición: San
Antonio: ("laconero" 17 de enero)
("huevero" 17 de junio) y Corpus Con
motivo de la festividad de San Antonio
laconero, de gran arraigo en el pueblo y
que aún conserva su tradición, la gente hace donaciones
en forma de especies, una pata de un cerdo, media cabeza,
un dinero para una misa..., la llamada limosna. Ese día
hay misa mayor, con sacada a hombros de la imagen del
santo por las calles del pueblo. Una vez acabada la misa
se procede a la pública subasta de la limosna a cargo
del sacristán, otorgando la limosna al mejor postor. Se
solía dejar barata y para las familias más necesitadas.
La
fiesta de San Antonio huevero, se recogía la
limosna por las casas, y la gente donaba preferentemente
huevos por eso lo de huevero, no hay procesión, pero si
se subasta la limosna al final de la misa.
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Tradiciones y costumbres |
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| El concejo El pueblo se rige por una Junta Vecinal, elegida democráticamente, que consta de un presidente, cinco vocales y un secretario. Las normas, y demás actividades relacionadas con el pueblo se regulan en concejo público, vestigio de influencia celta, por nuestra proximidad a Galicia. En todos los pueblo del municipio hay un lugar denominado concejo. Normalmente suele estar ubicado en el centro geográfico del pueblo para que todos los vecinos tuviesen igualdad absoluta, ya desde un principio, distancia, voz y voto. Cuando se convocaba, la asistencia era obligatoria y las decisiones allí tomadas por los presentes tenían rango de ley para todos los vecinos, asistentes al concejo o no. De ahí la importancia de la participación de todos en las deliberaciones que se debatiesen. El concejo se celebra cuando el presidente lo cree oportuno, bien para hacer alguna obra, o tomar alguna decisión importante, concerniente a todos o a la mayoría de los vecinos. El aviso se hace mediante un toque especial de campana, que todos los vecinos reconocen. Después de una espera prudente aproximadamente de media hora para dar tiempo a los vecinos a acudir al lugar, y una vez reunidos los vecinos cabezas de familia, el presidente se sube a un alto o púlpito, (bien una roca o una piedra antiguamente, hoy simplemente se pone de pie en la casa del pueblo), y tomando y haciendo uso de la palabra, ruega silencio y atención a los allí presentes, dándoles a conocer el o los motivos de la reunión. Una vez concluida la exposición del orden del día, se pasa a la intervención de los allí presentes, por orden y previo permiso de la autoridad, que es el presidente. Una vez acabadas las intervenciones, se deciden las medidas a tomar, y se disuelve la convocatoria, con las palabras están ustedes despachados. La
siembra Esta era otra norma no escrita, pero si respetada, era la referida a las labores del campo. Existía la mano del pan, y la mano de las patatas; esto significa que todos sembraban el cereal para la misma zona de siembra, y el resto (patatas, maíz, legumbres....) para la otra, respetando escrupulosamente este criterio, por el tema de los pasos, para no pisarse y estropear los frutos unos a los otros. Completando a si los ciclos, a su vez para no castigar demasiado la tierra. La vecera En los pueblos del municipio se
formaban rebaños de animales preferentemente de cabras y
de ovejas, juntando las de varios vecinos. Cada
vecino tenía o poseía las que quería. El sistema funcionaba de la
siguiente forma: cada vecino iba de pastor con todo el
rebaño al que pertenecía, (podía darse el caso de
haber más de una vecera en el mismo pueblo, normalmente
eran por barrios), un día por cada seis cabezas, dos por
doce cabezas, y así sucesivamente. Sumaban en base seis
que era un primor y no se confundían, si eran tres
cabezas, guardaban una vez si y otra no. La vez se la pasaban por
vecindad de forma rotatoria, de forma oral, al reunirlas
por la mañana, antes de ir al monte, nunca al regresar
porque si se le había olvidado correr la vecera (pasar
la vez), tendría que volver de pastor al día siguiente. En muchas ocasiones coincidían
en el monte algunas de las veceras, pero intentaban no
mezclarlas pues, aunque parezca increíble, al regresar
cada rebaño (vecera) por separado, cada cabra u oveja va
sola para su casa, cuadra o establo, y no se equivocaba
ninguna, sin embargo al juntar varios rebaños algunas
veces si se producían equivocaciones. Esto ocasiona
malestar entre el vecindario porque tenían que buscar el
animal extraviado, sobre todo si era mamá con cría, ya
que ésta tiene que amamantar a su cría. Para dar la señal de salida y
que todo el vecindario sacase los animales a la vez se
usaba un determinado toque de campana por la mañana, que
todos reconocían. Por la tarde como todas sabían volver
a sus casas (estremar) , la hora
de llegada no era tan fija ni necesaria. Estremar, es un término que
nuestra juventud ya no conoce su significado. Cuando un
vecino quería renovar o aumentar la cabaña ganadera,
normalmente criaba reses de su propia cabaña, cuando son
pequeños los señala o marca en la oreja, con su marca o
signo propio, casi siempre con la tijera, y cuando ya
tienen unos cuatro meses aproximadamente y
preferentemente en primavera, cuando aún no calienta
mucho el sol, y los recorridos aún no son muy largos, se
empiezan a echar al monte con sus madres, éstas
normalmente vigilarán a sus crías. Se echarán al monte
en días alternos hasta que se vayan acostumbrando, antes
de la llegada del verano, que ya irán todos los días.
Esto supone un aprendizaje para el animal, el cual
estará vigilado de forma especial por el pastor de
turno, para que no se pierda. Cuando regresa a
la tarde el dueño ira cada día a esperar a la cría,
junto al resto del rebaño, el dueño procurará que vaya
junto a su madre, sin grandes aspavientos o revuelos,
porque habrá más crías, y cuanto menos revuelo se
organice más fácil aprenden el camino de regreso a
casa. Esta labor se realizará hasta que cada cría
aprenda el camino; al final del verano ya saben ir para
su cuadra sin problemas. Cada vecino tenía su propia
marca o señal, que incluso también se heredaba de los
progenitores, era sagrada, y servía para identificar al
animal ante cualquier eventualidad. Dos animales podían
parecerse hasta confundirse, pero si estaba marcada
según las normas del pueblo, verbales y tradicionales
(nunca han sido escritas), todo el mundo las da por
buenas. La importancia de las
tradiciones y costumbres eran tan respetadas que puede
decirse que tenían rango o abolengo de ley. Si el propietario es hábil
procura criar de aquella madre que es más celosa o
cariñosa con sus crías, porque sabe que la va a
vigilar, y la va a llevar todo el día a su lado incluso
para ir para casa, en el monte también hay clanes
familiares entre animales. Las veceras (relativas a los
rebaños) tienen otras costumbres:
El término vecera también se usa para:
El toque de campanas
Para cada tipo de actividad hay
un toque o repique distinto. A un determinado sonido de
campanas el vecindario sabe que significa. En Susañe del Sil hay varios
toques distintos y también por desgracia muy pocos que
sean capaces de realizarlos. Voy a describir varios
ejemplos:
El toque de muerto consiste en un golpeo alternativo y sucesivo de ambas campanas una vez una y a la siguiente la otra, con intervalos de tiempo entre un golpeo y otro de varios segundos, unas diez veces aproximadamente y seguido luego de un repique rápido durante varios minutos, este repique va en función de la calidad y habilidad del maestro campanero. En esta fase cada maestro tiene su sello o estilo propio para los no entendidos apenas si serán capaces de apreciarlo. El día del entierro cuando el cura va a buscar al difunto a casa, y en el recorrido de la iglesia al cementerio, se acompaña el entierro con sucesivos toques de muerto, como último homenaje al vecino que se va. Cuando hay un aniversario o cabo de año, también hay un toque especial, se combina el de difunto (niño, mujer, u hombre) seguido de un toque de misa de semana.
El
campanario está abierto todo el año y a todas las horas
y a nadie se le ocurre ir a tocar las campanas cuando le
dé la gana. La tradición dice que en Semana
Santa después de tocar el día Jueves Santo a misa, no
se tocarán las campanas hasta que resucite el Señor.
Sin embargo el día de Sábado Santo a partir de que
resucita el Señor, es el único día del año que se
permite a todo el mundo tocar las campanas, de cualquier
modo y manera durante toda la noche y nadie se va a
enfadar. Además coincide con la noche de las
trastadas, no se empieza la faena hasta que
el Señor resucita. Noche libre, dónde los jóvenes,
niños, mayores andan toda la noche recorriendo las
calles del pueblo ideando o haciendo alguna broma o
trastada al vecino y viceversa, ocurre de todo.
Normalmente reina la armonía y la juerga. Unos en el campanario tocando
las campanas, otros patrullando para que no les
armen alguna, y al cabo de un tiempo se
cambian los papeles, a veces ocurren anécdotas muy
buenas. Por ejemplo se solía sacar el arado del corral,
y luego encontrar al dueño, y decirle vamos a arar un
poco, y desde que lleva un rato arando dice este arado
ara muy bien y le dicen sus amigos claro como que es el
tuyo. A las señoras se les cogían los tiestos o macetas
y se los colgaban en el campanario, las señoras
madrugaban a recogerlo para que no se lo viesen, la gente
al ir a misa, y les gastasen bromas. La ronda Algo muy arraigado era lo de correr la ronda, bien en las despedidas de soltero, las despedidas a la mili, etc. Siempre, después de una buena cena, se corría la ronda con canciones populares, parando en las ventanas de las mozas del pueblo. Los "supervivientes" la remataban en "el canto palombar" (una zona céntrica del pueblo en la que había una enorme piedra -canto- en medio de la calle). Para correr la ronda se hace acopio de bebida para refrescar la garganta durante el recorrido. El
filandón Los filandones eran unas reuniones que se hacían por las noches, una vez finalizada la jornada y después de cenar. Se hacían en casa de algún vecino, alrededor del fuego o txume en el suelo, sobre la txariega, sentado en los escañiles o bancos, donde los mayores transmitían de forma oral sus experiencias de la vida, leyendas, cuentos ...., a la luz de un gabuzo (antorcha de palo de piorno untado con grasa) o algún farol de petróleo, o candil de carburo. Los hombres podían fumar sus pipas, jugar a las cartas. Algunas mutxeres (mujeres) filaban (hilaban) el hilo de la lana que habían esquilado a las agüetxas (ovejas),con el fusa (huso) y la rueca. O tejer calcetines, gorros, bufandas, jerséis... La matxa ("trilla") Algo muy tradicional eran las matxas o trilla del centeno, el cereal por excelencia de la zona, no necesitaba mucha tierra para producir grano, se decía que era muy esclavo. Se sembraba en el otoño después de la recogida de las patatas, ( un año la mano del pan y otro la mano de los otros cultivos, patatas, maíz, garbanzos....), por aquello de los pasos, para no atropellarse o pisarse los cultivos unos a otros, desde el San Miguel de Mayo al otro San Miguel, se cerraban los pasos, incluso con calzorros y palancas en las roderas. Se segaba o recogía a finales de Julio, y luego se majaba en las eras del pueblo, cada familia tenía su sitio o lugar determinado. La siega se hacía con una fouz ("hocín") apropiado para ello. Al
ir segando, los segadores iban haciendo montones
pequeños de paja: Una manada era la primera unidad del sistema. Una gavilla era igual a tres manadas. Un monocho era igual a tres gavillas. Un carrillo o carriecho era igual a cinco monochos. Los monochos se ataban con un puñado de pajas, que llevaban la espiga para el mismo lado, llamado grañuela (lo de lo de las espigas era vital para luego hacer la meda). Una vez atados se juntaban todos los monochos y se hacía la parva, consistía en apilarlos formando una casita rectangular, con las espigas hacia dentro. Y además llevaba igual nº de monochos hacia un lado que en el otro, teniendo cuidado al igual que en la meda, de que la segunda fila de monochos y sucesivas, tape la grañuela anterior. Luego se procedía a acarrearlo
para la era de majar, en los carros tirados por una
pareja de vacas o bueyes, y se hacía la meda,
construcción cónica hecha con los monochos de paja de
centeno. Se colocaban unos encima de otros, con la espiga
hacia dentro bien apretados, y se sujetaban por las
espigas de la grañuela. Era muy importante hacerla bien para proteger el grano del agua en caso de que lloviese. Tanto en la construcción de la parva como de la meda en la culera o base se colocaban primero una fila en el centro para así provocar una pequeña inclinación, al colocar los otros apoyados en estos y así verter el agua hacia fuera. Cuando ya el tiempo era óptimo,
calentando bien el sol, se procedía a majar o trillar el
cereal. Majar, consiste en separar el grano de la espiga.
Para ello se colocaba el cereal en la era, (eirada
tendida) extendido perfectamente, y se golpeaba con el
piértigo o menal, en las horas que más calentaba el
sol, pues el grano salía mejor. El piértigo consta de un palo más grueso llamado piértigo, y es el que golpea, de roble albarizo, y otro palo más delgado llamado manueca, de avellano u otra madera blanda o suave a la mano, por donde se agarra para golpear el cereal, ambos están unidos por la arbía de cuero a modo de eje, y esta se unta con unto de caballo. Una vez golpeado las espigas se separan con valeos, y forcadas el grano de la paja, se ata la paja con velortos, en fejes o feises,( mitad de pajas con la espiga hacia un lado y la otra mitad hacia el otro) y las mejores pajas o patxas se atan en cuelmos, la espiga toda para el mismo lado. Los feises se emparreiran en el pajar o patxar, o parreiro. El grano se limpia primero con la ceranda, y luego al viento. Luego se transporta a las arcas en fuetxes o pellejos (odres). Durante el invierno se lleva al molino para molerlo; y tanto el grano, como luego la farina (harina) se transporta en los odres.
La matanza En los pueblos del municipio
existe una tradición aún muy arraigada. El
Sanmartino, donde la familia se reúne,
disfruta de la convivencia, de las aventuras de los
abuelos que tanto gustan a los nietos... El Sanmartino
comienza por el acoso y derribo del cerdo (gocho).
Para ello hay varias técnicas :
La fuerza de estos animales
está en la cabeza, y las patas traseras, y hay que tener
mucho cuidado pues pueden morder y hacer mucho daño. Una vez sacrificado el cerdo, y
recogida la sangre para un caldero, en el que se han
echado unas arenas de sal, ésta se revuelve con un palo
o cazarote (de acebo) hasta conseguir que no
se solidifique o cuaje, pues después se empleará para
las morcillas (morciechas) y las fichuelas. Hay dos modalidades de
sacrificio del cerdo: una por la espalda, y otra por el
cuello.
Esta paja se usaba en pequeños
manojos formando pequeñas antorchas, pasando la llama
sobre la piel, hasta lograr que saliesen pequeñas
ampollas, lo que indica su estado óptimo para pasar al
paso siguiente). Desde que se ha quemado, y antes
de que enfríe se va raspando o pelando con un cuchillo,
a la hora de quemarlo hay que tener cuidado de no
pasarlo. Una vez pelado se procede a lavarlo con agua, y
ayudado con unas latas de conservas pequeñas,
agujereadas con una punta, que harán las veces de
estropajo o carda, para restregarlo, y dejarlo bien
limpio. Luego se le pasará un cuchillo bien afilado, a
modo de navaja de barbero para rematar las serdas que
hayan sobrevivido. Posteriormente se abre por parte
del maestro. Para ello colocamos el cerdo
boca arriba, y se sujeta manualmente por las patas:
Mientras tanto, se desurden las
tripas, con gran destreza y habilidad, se separan las
tripas de la grasa. Luego se va al arroyo, donde se hacen
madejas y se trocean a la medida que luego tendrá el
chorizo. Se lavan adecuadamente. Las tripas delgadas para
hacer chorizos, las gordas para las morcillas, la cuerna
y las más gruesas son para los lomos y las androchas, el
estómago y la vejiga para los botillos. Estas tripas
antes de ser usadas para el embutido se meten a remojo
hasta el día de hacer los chorizos, en una mezcla de
agua con vinagre, limón y unas arenas de sal, para
quitarles el olor y sabor a tripa, y que luego estropeen
el sabor del embutido. El segundo día después de
superadas las pruebas sanitarias, se procede a trocear o
partir el animal; a cargo del matachín, que con gran
destreza y habilidad lo seccionará, de manera y modo que
no se estropeen las partes fundamentales: lomo, jamón,
espalda o jamoneta, cerrado o espinazo, cabeza y panceta. Una parte del equipo
seleccionará la carne en categorías, y la desprenderá
de los tendones, grasa y tocino. Es un trabajo lento pero
muy minucioso y preciso. Otro equipo ira troceando los
huesos con restos de carne, bien para la salera, o bien
para el botillo. Para cualquiera de estos
trabajos los cuchillos y demás herramientas deben de
estar bien afilados para que los cortes sean limpios y no
se machaque la carne. Una
vez la carne seleccionada, y troceada a tiras se procede
al picado con la máquina apropiada para ello, hoy
eléctricas, antes manuales.
El matachín una vez despiezado
los animales, procederá a salar en la masera o salera la
carne y huesos que no se adoben,( estarán cubiertos de
sal varios días) para luego curar la matanza al humo y
aire y que ésta se conserve. El tercer día se revisarán las
tripas, cambiándoles el agua, se repasa y se prueba el
adobo por si hiciese falta añadirle algún componente
(sal, pimiento...) y se vuelve a amasar de nuevo. Este
día también se procederá a esturruchar (es típico
meter manzanas en la olla en la que se que cuece la grasa, que cogen
un sabor especial y están muy ricas). El cuarto día se procede a
hacer el embutido: los chichos o picadillo
adobado se mete en las tripas para los chorizos, los
lomos, las androchas, los botillos (choscos),
que luego se atan con hilo delgado, para posteriormente
colgarlos en los varales de avellano, donde luego se
curarán. A los lomos y botillos se les introduce en una
de las puntas un palo afilado algo más grueso que un
palillo o escarbadientes, de piorno o brezo para que
aguante mejor el peso a la hora de colgarlo. Para hacer
los chorizos se usa la misma máquina que para hacer el
picado (se le quita la cuchilla y el espejo y se cambia
por un embudo donde se colocará la tripa para irla
rellenando con el picadillo adobado). Una vez rellenada
es cuando se ata con el hilo de bramante. Los chorizos y demás partes o
piezas del sanmartino se colgará sin que unas piezas
toquen a otras, para que el aire pueda circular por entre
las partes. Las morcillas se hacen cociendo
cebolla, grasa de las tripas del cerdo, sopas de ajo,
compota de peras, sangre del cerdo, y hay personas que le
añaden algunas cosas más (miel). Una vez todo cocido en
una gran olla, se va introduciendo manualmente, ayudados
por un embudo, el bate en tripas gordas,
previamente atadas por uno de los extremos. Una vez
llenas se atan por el otro extremo, y se cocerán un
rato. Una vez enfriadas se colgarán al lado de la
matanza. A los dos o tres días se
sacará de la sal el resto de la matanza, y se colgará
junto a las piezas adobadas (chorizos, lomos...). Para efectuar un buen curado es
importante que haya una buena ventilación (sin
corrientes de aire), y combatir la humedad haciendo
lumbre para que esté más o menos seco y no críe mohos,
pero sin pasarse con el calor, sólo el que le haga
falta. A medida que van curando se van recogiendo, a
estancias más frescas y oscuras de cara a protegerlas
del calor y la mosca. Para ello se confeccionan
mosqueras, y bodegas y hoy en día existen los arcones
congeladores. Antaño de cara al verano se metían los embutidos (chorizos, lomos) en manteca de cerdo derretida, dentro de grandes tinajas de barro, tipo ánforas, para conservarlos más frescos, que luego se irían sacando según se fuesen consumiendo. Este proceso se hacía en primavera una vez el sanmartino estaba curado, para evitar que se pusiese rancio, y tuviese mejor sabor, y más fresco, no poniéndose más duro. PROCESO DE ELABORACIÓN DEL BOTILLO Al partir o trocear el goxto o
cerdo, en piezas, salen o surgen una serie de huesos con
un poco de carne, o lo que es lo mismo, el matachín
procurará al sacar las piezas, que los huesos no queden
muy pelados de carne. Estos huesos son de la paletilla
o espalda, del jamón, la cabeza, el pecho, el
cerrao o espinazo, e incluso algo del
costillar, estos dos últimos elementos van a gusto del
dueño, se echan o no, o sólo una parte de ellos. Se trocean con un hacha o
machete bien afilado, para que los cortes sean limpios y
no queden machacados o anagatxados, del
tamaño de un huevo de gallina aproximadamente. También
se le añade unos pellejos bien pelados de la barriga o
correa, pellejos blandos. En una artesa o
bacita se procede a adobarlos. Se hace igual
que los chorizos: se les echa ajo, sal y pimiento, en las
mismas proporciones que los chichos de los
chorizos. Y se revuelven o amasan con un palo
(cazarote) o cucharón de madera, de mango
largo. Se dejan cuarenta y ocho horas en adobo, y al
cumplir las veinticuatro se revuelven otra vez y se
prueban, por si les faltase algo, y si así fuese se les
añade lo que se echase en falta (ajo, sal o pimiento),
amasándolos de nuevo, para que cojan todos por igual. Luego se introducen o meten al
cabo de las cuarenta y ocho horas, en las tripas
apropiadas para ello, son muy anchas, tanto de cuerpo
como de boca; las naturales del cerdo son el estómago,
la vejiga, la tripa cuerna (la parte más gruesa del
intestino grueso). Se cierran cosiéndolos, y se rematan
con un palo delgado un poco más grueso y largo que un
escarbadientes, para poder colgarlos del varal o palo
igual que los chorizos, por medio de una lazada de hilo
de bramante o algo similar, que resista el peso del
botillo. Una vez colgado se curará al
fresco igual que los chorizos, si la temperatura ambiente
es húmeda se le hará un poco de brasero, para que se
seque mejor y no críe moho, no debe coger el sabor a
humo.
Es un plato muy típico del día
de Navidad, Año Nuevo, Reyes y Domingo Gordo o de
Carnaval, el cual ya daría paso a la cuaresma y su
vigilia a partir del martes de carnaval. Buen provecho. |
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