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Si
deseas relajarte y liberar tu estrés nada mejor que pasear a la
sombra de antiguos y frondosos castaños, escuchando el canto de los pájaros
y el rugir de las hojas de los árboles, movidas por el aire puro y
limpio que te rodea en tu lento y tranquilo caminar.
Acercándote
a la iglesia del pueblo, y bordeándola por el sur hay una antigua era
de “matxar” (majar o trillar) la llamada “Era de La Torre”,
desde donde hay un perfecto mirador hacia la lejanía. En
primer término te encuentras las casas del barrio de “El
Txano”, la zona del pueblo más meridional, rodeado por unas tierras
de labranza llamadas igual que el barrio con el que limitan, hoy
convertidas en pastizales en su mayoría (como ocurre con las de todo
el pueblo). También hay un pequeño bosquecito de “rebotxos”
(robles) y castaños llamado “El Pascón”. Y a lo lejos vemos el
pueblo de Páramo del Sil, y sus montañas.
Iniciaremos
el paseo por el camino que pasa por debajo de la era, dejando atrás
la última casa que hay en el pueblo por ese lado.
A
medida que vamos caminando, tenemos las “Txinares (linares) de la
Peligra” (pequeñas huertas de regadío, donde observamos muy bien
el minifundismo, gran predominante de las fincas del pueblo). A la
izquierda está
“El Pascón” y a continuación se nos unirá un pequeño
camino procedente del pueblo, y de los “eiros” (fincas) de “El
txano”, una tierra muy fértil y
muy llana (de ahí su nombre “txano” = llano).
Más
adelante, con una pequeña cuestecita, llegamos a “Tarañeiros”,
una vega fértil para el cultivo, en forma alargada. Esta vega limita
a la derecha con “El Teso Ciprietxo” (pequeña montaña de escasa
altitud, rodeada de mata de “gamatxos” o robles y en el cerro o
parte superior poblada de monte bajo como urces, escobas o piornos que servían
para hacer escobas o “manizos” para barrer), y a la izquierda,
casi paralelo a ella hay un frondoso soto de castaños enormes y
legendarios, algunos de seis, siete y hasta diez metros de
circunferencia.
Al
fondo o “Cabo de Tarañeiros” está “El Poulo de la Tía Dulia”,
finca cerrada de pared de piedra cuarcitita y arenisca, poblada de
castaños y robles.
[Un
poco antes de llegar a “El Poulo de la Tía Dulia”, hacia la
derecha parte una pequeña rodera o camino que nos lleva a los
“eiros” de “El Requeisao”].
[Y
un poco más adelante, surge hacia la izquierda, con una pendiente
pronunciada, una rodera que nos conduce a “Txamazales”, otra pequeña
meseta de cultivo rodeada de castaños,
limitada al norte por “Las Txeras” (pedriza o canchal de
enormes piedras cuarcitita y arenisca) y regada por un pequeño
manantial.
Continuando
por en medio de “Las Txeras”, llegamos a la zona de “Resmundo”, con “La Txama Margarita” casi en el centro, con un rico
manantial de agua pura y cristalina, y prosiguiendo, aunque parezca
increíble, en la pendiente de la montaña encontramos una roca casi
llana o plana, denominada “La Pena Bailadera”.
Y
llegamos a “La Txera de los Moflancos”, con un “cortín” en
perfecto estado de conservación, en medio del canchal como si se
tratase de un oasis.
Retornando
a “Txamazales”, hay un pequeño camino que parece que volvemos
hacia atrás. Tropezaremos con más castaños en medio de “Las
Txeras” o pedrizas, un “cortín” semiderruido, otro manantial
(en cuya zona aun se puede apreciar los restos de pequeños pozos
o mini lagunillas, donde antiguamente lavaban el “txino” o
lino) en la zona conocida como “Los Pozos”].
Volviendo
a “El Poulo de la Tía Dulia”, dejando atrás un camino casi
llano, iniciamos una pequeña bajada. Si nos asomamos en dirección al
pueblo de Páramo, al final de las fincas, parece que viajamos al
precipicio hacia el río Sil. A esto, nuestros antepasados le llaman
“Los Encinales”, zona de difícil acceso por su inclinación, muy
boscosa (encinas, robles, castaños, zarzas, urces) y buen cobijo para
animales como el “txabalí” o jabalí, “raposo” o zorro,
perdiz y “txobo”
o lobo.
A
la parte de abajo del camino, prosiguiendo con nuestro paseo, llegamos
a “Las Txamas”, antiguos y pequeños prados que, por su situación
al sol del mediodía o solano y las buenas aguas procedentes del
manantial de “Txamazales”, hacían que produjesen abundantes
pastos de primavera, hoy convertidos en perfectos bosques de
“aumeiros” o alisos.
[Al
final de estos prados o mini bosques, parte una rodera bordeando por
debajo de estos prados que nos conduce hasta “La Txama de Aníbal”,
rico prado de pronunciada pendiente y plantado de árboles frutales
(manzanos, perales, y alguna “consial” o nogal), regada con agua
de manantial que baja de “Las Txamas” superiores.
Esta
“Txama” limita por el oeste con “Los Encinales”, hacia el
noreste con “El Matxuelo” y más adelante “Matacaliente”.
Estas dos zonas en su parte más próxima al camino están llenas de
castaños, y la parte más próxima al río Sil está poblada de
“rebotxos” o robles, como si formasen franjas vegetales bien
diferenciadas paralelas entre sí].
Regresando
al final de “Las Txamas”, encontramos una pequeña pero
pronunciada pendiente para adentramos en “Los Batxes”, con un
bonito soto de castaños tanto en la parte superior como inferior del
camino, donde puede sorprendernos algún “esquilo” o ardilla
trepando por los árboles. Si nos fijamos observaremos en la
parte superior del camino un antiguo “cortín”.
Llegando
a una zona llana tenemos “La Parra”, con castaños en la parte más
cercana, y robles en la más alejada y limitada por otro “cortin”
bien conservado en la parte inferior del camino,
y unas pocas de encinas en la parte superior del camino.
Mirando hacia el norte, en medio de “La Txera de los Moflancos”
tenemos el “cortín” que antes hemos descrito como un oasis.
Ya estamos en el final de nuestro paseo,
en “El Alto de la Txeirona”. Perfecto observatorio para mirar al
monte de “La Cuba”, al otro lado del río Sil, y a
“La Pasada de la Raposa” al noroeste (unas grandes rocas a modo de
pasadizo, lugar estratégico como espera de caza).
En nuestro, paseo aunque sea difícil
pero no imposible, podemos ver huellas del oso (por ser una zona de
abundante comida para los animales) sobretodo en otoño. O
sorprendernos el ladrido de algún corzo, aprender algún nido de
alguna “cochorla”, “picatuero”..., y deleitarnos durante todo
el año con su canto.
[Este
camino llega hasta la carretera C 631 (Ponferrada – La Espina), pero
a partir de aquí es de difícil acceso. Podemos encontrar “La
Fuente de las Torronteras”, casi perdida por la espesura de los
“aumeiros” o alisos, y pasando por “La Txeirona” (zona de “txeras”,
mezclada con robles, urces, piornos.....) después de bajar por una
pronunciada cuesta se llega a la carretera.]
El
regreso desde “El Alto de la Txeirona” debe ser lento y tranquilo
saboreando y deleitándonos con lo que hemos visto, escuchado y
olfateado.
Seguro
que no te arrepentirás.

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