Los Cuatro Elementos
La Tierra
Básicamente se partió de la gran mole pétrea que
los antiguos druidas ocupaban como santuario y cuya gruta albergó la
alianza primigenia. Se trataba de un imponente peñón calizo tronco
piramidal – quasicúbico - de
unas dimensiones aproximadas de 100x100 metros de base y una alzada de 80
metros desde que el promontorio rocoso nace de la montaña sobre la que se
levanta.
El peñón rocoso no era sino la culminación de un
saliente de la gran muela que separa el Júcar del Tajo. Este saliente había
sido labrado por la acción erosiva de las aguas: el naciente Júcar en
todo su flanco oriental, formando una muy pronunciada pendiente de más de
doscientos cincuenta metros, y dos barrancos al norte y al sur. Así el
saliente se constituía en una península en forma de espolón alargado -
dirección NO-SE- situándose el peñón justo en el extremo sudoriental,
cerrando el istmo por donde se adhiere el espolón a la muela.
Así en su cara NO el peñón se adaptaba sin solución
de continuidad al espolón, descendiendo en una ladera a doble vertiente
de forma progresiva durante
ciento cincuenta metros para terminar bruscamente formando el Estrecho del
Infierno, tras el cual se se halla el nacimiento del Júcar.
En la cara SO es donde el acantilado del peñón tenía
mayor continuidad con el borde del espolón, cuya ladera desciende al
valle del Júcar formando una muy pronunciada pendiente que es casi un
acantilado.
En la cara SE el espolón ve escindida su
continuidad con la muela gracias a un barranco labrado por un manantial
que aflora de la base del peñón. Por este lado del barranco es por donde
asciende el camino que sube a la muela y llegaba hasta la cueva del peñón.
La cara NE la constituye el istmo que une el espolón
a la muela y una nueva escisión de ésta provocada por un segundo
barranco, por donde desagua una segunda fuente que nace en la falda del peñón.
Se trataba de un fenómeno orográfico absolutamente
inusual dentro de la tónica paisajística de la Serranía que no pasó
desapercibido para los antiguos druidas ya que en su interior ubicaron el
legendario santuario. Dunfan percibió aquella mole rocosa como un
edificio encerrado en su interior que había que liberar, concibiendo una
gran torre. La forma prácticamente venía dada por la peña, la
cual sólo defraudaba su forma protocúbica en el lado NO. Pero también
influyeron en el diseño cálculos matemáticos y geométricos. El número
cuatro –que les representaba- y su múltiplo el ocho condicionaron el
diseño del gran edificio.
Así Dunfan concibió la estructura básica de la
gran torre como un octógono con cuatro torres octogonales adosadas, de
iguales dimensiones que el octógono central. Estas grandes torres estaban
ubicadas en los lados cardinales, es decir, orientadas a todos los puntos
cardinales. La entrada se ubicaría en el mismo punto donde se hallaba la
cueva que les cobijó en los primeros tiempos, en el muro SE y quedaría
situada justo en el centro de esa pared.
Con matizaciones posteriores Dvnfaen previó seis
plantas desde la entrada y otras dos más bajo el nivel de la puerta. Por
ello había que esculpir la torre, demoliendo el contrafuerte nororiental
del peñón y después limpiar de irregularidades todas las demás caras
para que luciera con una forma casi acabada. Esto se llevó a cabo en una
esforzada tarea en la que colaboraron los cuatro hermanos, pero donde
Dunfan llevó a cabo tanto las tareas más pesadas, como las más sutiles,
destruyendo mágicamente la piedra sobrante mediante Perdo Terram.
El modelo básico obtenido hubo de ser luego
modelado y depurado. Dunfaen había perfeccionado un hechizo de Muto
Terram, al que llamo El Barro Primigenio, y que permitía alterar
temporalmente la consistencia de la roca más sólida, transformandola en
un dúctil barro perfectamente maleable. Así fue como Dunfaen logró
esculpir las hermosas esculturas de la entrada y perfilar las arriesgadas
formas de los niveles superiores, y en especial las agresivas agujas en
las que terminan las cuatro torres y el cimborrio central.
Aunque
la roca presentaba una excelente solidez y consistencia, esta no era
plenamente maciza ya que grietas, recovecos, abrigos horadaban una
superficie que se pretendía lisa. Pero con el hechizo de El Barro
Primigenio, convirtiendo la roca en una masa de estuco, logró alisar,
rellenar y consolidar los muros externos hasta dejarlos perfecamente
lisos.
No obstante, no se quiso dejar una línea clara de
separación que distinguiera la montaña de la torre y en el punto donde
la gran mole esculpida se adhería a la montaña se dejó apenas sin
labrar, para que pareciera claramente que la torre nacía de la roca viva,
emergiendo de la montaña, surgiendo de la tierra.
El Aire
Definida la torre en su forma externa, había que
practicar el espacio interno. Aquí es donde la labor de diseño
requirió mayor atención. Los Cuatro Hermanos estudiaron a fondo las
necesidades que su alianza palaciega había de tener, las defensas, los
servicios y dotaciones con los que había de contar y la capacidad para
albergar un amplio número de habitantes. En la disposición de las
estancias jugó un papel muy importante Lugnazed, quien también sugirió
que no todas las estancias de la torre habrían de estar
excavadas/labradas en la roca, sino que sería preferible vaciar la montaña
hasta dejar un sólido cascarón hueca y construir después por métodos
mundanos los diferentes habitáculos. Dunfan aceptó parcialmente a ello y
las muchas estancias están construidas, sobre todo las más nobles y
representativos.
Así se hizo, y Dunfan procedió a vaciar,
por el mismo método anterior todo el interior de la mole esculpida,
preservando con precisión quirúrgica todo un conjunto de pilares estratégicamente
dispuestos que sostenían los techos abovedados de las diferentes plantas.
Así, quedaron dispuestas las siete plantas originales, como amplios
espacios vacíos, cubiertos de complejos sistemas de bóvedas y cúpulas.
Las cuatro primeras plantas serían de doble altura que las últimas.
Asimismo la primera planta sería totalmente subterránea al estar en un
nivel más bajo que la roca labrada.
La torre sería parca en vanos exteriores ya
que - salvo la gran puerta de acceso- hasta la cuarta planta no se
abrieron ventanas y aun así, sólo proliferan en la séptima planta.
Donde si se abrirán abundantes vanos es en las torres, correspondiendose
con las cámaras destinadas a ser sancta, aunque a menor altura, los vanos
se hacen más escasos.
Este proceso fue larguísimo, tanto por el tiempo
que llevó la perforación de toda la mole como por el cuidado con que se
planificaban cada uno de los futuros espacios que conformarían la Torre,
ya que una equivocación podría acarrear una costosa vuelta atrás
mediante el gasto de vis para regenerar la roca erróneamente
destruida. Llevó más de cinco años de arduos trabajos, durante los
cuales, la alianza se trasladó al poblado de Montedemo.
El Agua
Mientras se horadaba la montaña se fue comprobando
algo que era tanto un beneficio como un inconveniente: las grandes
reservas de agua con que contaba la montaña –que daba nacimiento al
Júcar y a dos barrancos en tres nacimientos diferentes, pero que surgían
de un mismo acuífero. Por un lado aseguraba el abastecimiento de agua
potable para los habitantes de la torre, pero por otro complicaba
enormemente la construcción, ya que las capas freáticas y los
embolsamientos de agua no se situaban precisamente en el lugar más idóneo.
Dunfan hubo de domar literalmente las aguas subterráneas,
haciéndolas discurrir por canalizaciones expresas que atravesaban todas
las plantas hasta descender a los niveles inferiores de la torre. En estos
se dispusieron estanques que recogían el agua que manaba de los muros y
pilares especialmente encomendados. La cantidad de agua disponible
fue tal, que no se dudó en acabar construyendo unas espléndidas termas
en las mazmorras, a las que no debía faltarle el más mínimo detalle.
Igualmente, bajo el nivel inferior quedaría un gran lago subterráneo que
acogería todo el agua sobrante y que constituiría el gran acuífero de
Montedemo.
Esta agua también facilitaría el saneamiento.
Desde el principio se planificaron letrinas en cada una de la plantas,
cuyas cañerías excavadas correrían por dentro de los muros exteriores
para desaguar en cuatro fosas sépticas situadas a la altura del nivel
inferior de la Torre. El agua saliente de las termas se utilizaría para
vaciar y limpiar estas fosas donde caerían constantemente los detritos de
las letrinas, manteniéndolas constantemente saneadas.
Se intercomunicaron todas las fosas para que las dos
corrientes de agua de evacuación las barrieran de una vez, evacuando todo
su contenido por la antigua fuente NE, convertida ahora en desagüe, y por
la pendiente del barranco que formaba se evacuaba bien toda la porquería
que acababa desembocando en el Júcar.
El Fuego
Quedaba un elemento por implicar en la construcción
de la Torre: el fuego, y Dunfan no lo descartó en ningún momento. El
crudo clima de la Serranía se acentuaba en las alturas donde se emplazaba
la Alianza, lo que convertía los inviernos en una experiencia infernal
–algo que durante años tuvieron la oportunidad de comprobar. No
obstante el carácter troglodítico de la alianza inicial, ubicada en la
gruta, constituía un excelente atenuante del intenso frío serrano, ya
que en su interior se disfrutaba de un microclima más tolerable. Esto fue
lo que indujo a los magos a que su nueva alianza tuviera el mismo carácter
cavernícola, aunque refinada y ampliada.
No obstante, la isotermia de la gruta no era
suficiente para vivir con comodidad en ella, y si pensaban ubicar allí un
edificio de tan grandes dimensiones era necesaria un poderoso sistema de
calefacción capaz de caldear a un numeroso conjunto de habitantes. Esto
por los medios habituales de calefacción habría supuesto la necesidad de
un abastecimiento de leña o carbón ingente que habría despoblado en
pocos años los bosques en rededor, además de resultar insuficiente y
generar problemas de ventilación los humos de las hogueras.
Así el remedio habría de venir de la mano del Ars
Magica. Algo que caldeara la torre entera. Mediante un laborioso
encantamiento creó un poderoso artefacto: El Corazón del Dragón,
un octaedro de crisólito de medio metro de diámetro capaz de generar un
intensísimo calor a su alrededor. La roca de crisólito original fue muy
difícil de conseguir y Dunfan la obtuvo finalmente mediante la fusión en
un solo cuerpo de cuatro fragmentos distintos. Después la talló para
obtener la forma final octaédrica. El encantamiento requirió una gran
cantidad de peones de vis Ignem y Creo y se le imbuyó un encantamiento de
Creo Ignem de nivel 50 que actuaba constantemente.
Pero este objeto no era tan manejable como en un
principio se pensó. No se tenía muy clara su ubicación puesto
que el calor que despedía era tan intenso que hacía inhabitable el lugar
donde se instalase. Por otro lado si se colocaba lejos de las zonas de
habitación, no llegaba calor. Así Dunfan hubo de pensar y recordó como
Deanmainë le instruía en sus enseñanzas sobre la indisolubilidad de los
elementos, que dependen unos de otros mucho más de lo que los mundanos
con su burda razón se empeñan en aislar. De esta manera concibió un
sistema de calentamiento del aire y del agua de la torre, que desde el sótano
más profundo de la torre, llevase calor hasta la cúspide de ésta.
Así, el Corazón del Dragón se instaló en una cámara
en el nivel más profundo y justo en línea con el eje central. El crisólito
caldearía el aire en rededor y este saldría por cuatro grandes conducciones
verticales que le permitirían elevarse todo lo alto de la torre. A estas
cuatro conducciones les practicó salidas, tanto directas como a nuevos
canales, horizontales que llevaban el aire caliente de forma radial hasta
las estancias situadas entre el patio y los muros.
El calentamiento del agua fue una labor más
compleja. El destino de ésta era las termas que se estaban construyendo
en el nivel de mazmorra superior al corazón del dragón. Se ideó una gran cisterna abastecida directamente
por los acuíferos internos de la montaña. La cisterna quedaba situada
justo sobre de la Cámara del Corazón. La incidencia directa del calor mágico
llevaría el agua a ebullición saliendo fuera de la cisterna y conducida
mediante tuberías excavadas en la roca hasta las termas; allí el vapor
ascendería directamente hacia la sudatio, mientras que el agua caliente
llenaría las cisternas del chaldearium. Esa agua, ya templada, pasaría
al tepidarium donde terminaría de enfriarse y llegar al frigidarium, de
donde volvería a salir, para que esta nunca dejase de correr. Igualmente
otra conducción llevaría parte del agua hirivente a manar por la fuente
de cabeza de dragón ubicada en el gran vestíbulo. El agua de aquí
evacuada serviría para vaciar y limpiar las fosas sépticas.
Pero aún tendría otro uso el calor del Corazón:
las Cocinas. Ubicadas en el segundo piso. Así, una mera apertura
de canales directos de aire caliente que llegasen a unos camarines
abiertos en el nivel de las cocinas constituirían unos excelentes hornos
para cocinar todo tipo de alimentos y fabricar pan. Igualmente este aire
hirviente podría calentar desde abajo
un falso suelo de ladrillos que al caldearse podrían servir como
fogones donde asar o colocar grandes ollas para los guisos. Así se
crearon unas cocinas sumamente eficaces, que no requerían combustible ni
generaban más humos que los alimenticios. Así mismo, la inmediata
disponibilidad de agua hirviendo hacía muy rápida la preparación de
alimentos con caldo.
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