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El Camino de Montedemo

Se denomina así a la vía que asciende desde Tragasit en dirección NE hasta los dominios eminentes de la Alianza. Se trata de casi dos horas de ascensión (la mitad de tiempo si se baja), a través de un angosto valle formado por el Jucar al precipitarse desde la Muela de Mons Daemo sobre el valle de Tragasit.

En sentido ascendente, a la izquierda (NO) se tiene el cerrete del Noguerón, mientras que a la derecha (SE) se contemblan los lugares conocidos como la Solana y la Umbría de la Doncella, tras los cuales se extiende la expesura salvaje de una extensa muela –la culminada por el Cerro de la Mogorrita- y que no se interrumbe hasta los cortados del estrecho valle del Alto Tajo. Es precisamente este tramo de descenso del Jucar, el que separa las Muelas del Mons Daemo y la de la Mogorrita, a su vez las dos cumbres de mayor altura de la Serranía de Cuenca (1839m y 1866m respectivamente).

La angostura y precariedad del camino es tremenda. En varios puntos, la pista está levantada sobre muros de contención o excavada en la roca ya que la verticalidad de las paredes impide su trazado natural.

A duras penas se puede mantener un paso de anchura de media en todo el trayecto. En diversos puntos, los muretes de contención se han derrumbado, poniendo en peligro el descenso sin una buena visibilidad. Cada verano se trata de reparar los desperfectos provocados por las inclemencias del tiempo y los deshielos, pero anualmente se vuelven a repetir los daños en otros puntos.

En invierno, a menudo el camino queda intransitable y el acceso a Montedemo bloqueado. La incomunicación invernal es la tónica para las gentes de la Alianza, así que están acostumbrados a despedirse de los vecinos de Tragasit hasta la siguiente primavera.

Molinos de Montedemo

Cuando el camino se coloca bajo la frondosa Umbría de la Doncella, aprovechando la doble caida de aguas del Jucar y de la Cañada del Hontanar, aparece un pequeño conjunto de construcciones de aspecto rústico, las primeras propiedades de la Alianza que dan la bienvenida al visitante.

Se trata de los molinos de Montedemo, dos estructuras hidráulicas que aprovechan la furia de las aguas torrenciales para fabricar harina y cal.

En la actualidad, nadie vive en los molinos, aunque su pertenencia al Clan de Montedemo no deja lugar a dudas a nadie en Tragasit. El molino harinero es aprovechado estacionalmente para moler el grano comprado o recibido como tributo, pero nada más. El deterioro de estas estructuras es manifiesto, aunque el funcionamiento de ambas todavía está asegurado.

Pasados los molinos, el Camino sigue ascendiendo en un duro repecho antes de abrirse a la esplanada final, donde se encuentra el Caserío. Poco antes, el camino es atravesado perpendicularmente por una senda poco transitada que proviene de la Solana del Mons Daemo y que se dirige en dirección Sureste, ramificandose en varias sendas que en su mayoría acaban desembocando en la Mogorrita y sus minas y herrerías abandonadas.

Atalaya de la Umbría

En la altura de la Umbría de la Virgen, controlando todo el camino de acceso, hay una torreta de madera, perfectamente camuflada en el paisaje y apenas perceptible al intruso que asciende por el camino.

Esta atalaya servía de vigilancia a los guardabosques y silvanos de Montedemo, para velar porque intrusos no se adentraran en las posesiones privadas de la Torre sin consentimiento, y para evitar ataques sorpresa de los numerosos enemigos de la Alianza.

Actualmente está en desuso y el tiempo se ha cebado en ella. Los cuatro pilars de madera que la aguantan se tambalean y la escalera de cuerda que permitía subir a la plataforma techada se ha podrido.

Para llegar hasta la torreta hay que ascender, campo a través, desde la senda que lleva a la Mogorrita.

 

Explanada de los Murallones

Tras la dureza de la ascensión (nos encontramos a 1400m de altura) el camino relaja su inclinación y rápidamente se abre en una explanada encerrada entre tres cerretes: El Noguerón (1483m) al O, El Hontanar (1605m) en el NO y la Peña del Rosal (1618) en el NE. Al S queda tan solo descenso a través del barranco que crea el Jucar por la Umbría de la Doncella.

En esta explanada hay un pequeño conjunto de casas, donde se ubican las viviendas de los sirvientes de la Alianza, cuadras, establos y una hospedería para los huéspedes de menor entidad. Tras ella, a la sombra del Cerro del Hontanar, un campo de centeno y algunos huertos de legumbres regados por el Jucar, ahora un arroyuelo pacífico y saltarín, incapaz en apariencia de excavar la roca.

Los Murallones

Pero de hecho es así, porque lo que más llama la atención al visitante son los portentosos muros de roca natural, de color anaranjado que cierran casi por completo el paso en dirección NO, N y NE. El camino que lleva a Montedemo transcurre pegado al borde de estos muros en dirección Norte, y desaparece bajo estos. En realidad atraviesa un estrecho corte labrado por el inocente Jucar que separa los Cerros del Hontanar y del Fabio.

El Caserío

Consta de cuatro edificios alargados, puestos en línea perpendicularmente al camino de Montedemo, que queda a su derecha. Los cuatro siguen similar técnica constructiva: un alto zócalo de mapostería sobre el que se aguantan pilares y vigas de madera, rellenos de piedras y adobe hasta terminar los muros –enlucidos y encalados;  el tejado, a dos aguas, está cubierto de madera y ramas de pino, brezo, paja, mezclado con barro y brea. Tienen pequeños ventanucos en los muros y todas las entradadas a las casas están en el lado Norte, de espaldas al visitante que ascienda por el camino.

Aquí se ubicó la alianza de Montedemo mientras se construyó la torre, y han sido reutilizadas sus estructuras para albergar los establos, cuadras, corrales, viviendas de sirvientes y una hospedería para visitantes. La casa de los pastores vive aquí.

A pesar de ser las construcciones más antiguas de la Alianza, son las que presentan un aspecto más limpio y renovado, al utilizarse cotidianamente y, sobre todo, al haber sufriido varias destrucciones durante la Guerra del Cisma que obligaron a su reconstrucción.

El primer edificio, el más bajo y alargado, son cuadras donde se guardan los caballos, monturas y carros de la Alianza. En una algorfa se guarda el forraje y dormían los estabularii (o mozos de cuadras).  

El segundo edificio, el más grueso y alto es la hospedería. En la planta baja están las cocinas, en el primer piso, un gran dormitorio comunal y en la algorfa un almacén donde guardar equipajes, provisiones, etc, y que servía de dormitorio a los sirvientes de la hospedería.

En la actualidad, aunque ya no se usa para hospedar visitantes, si se ha utilizado como vivienda para la mayor parte del Clan de Montedemo, una vez murió el último de los magos. Esta vivienda se hacía servir la mayor parte del año, aunque las crudeces del invierno obligaban al Clan a regresar a la tétrica torre para resguardarse en su sobrenatural calor. Con la refundación de la Alianza, las gentes de Montedemo se han visto forzadas a regresar, muy a su pesar, a su antiguo y lóbrego hogar.

Los dos edificios contiguos son establos para el ganado de Montedemo: el primero utilizado por ovejas y cabras y el segundo, compartimentado, dedicado a cerdos, vacas y bueyes y aves. En el primer establo, la algorfa se dedica a vivienda de los pastores. En el segundo, la algorfa únicamente guarda forraje para los animales y aperos de labranza.

La Puerta

Así se llama comunmente al estrecho tajo labrado por el Júcar en los murallones y el camino atraviesa para llegar a la Torre. También sirve para señalar a partir de dónde comienza el Vedado de los Magos, el lugar donde los mundanos no puede estar sin permiso. Obviamente, el personal de la alianza es una excepción y eran ellos los encargados de evitar y filtrar todo intrusismo en la zona.

Aquí se apostaban siempre dos grogs con lanzas, aun en épocas tranquilas, y en tiempos revueltos, esta pareja se apoyaba con otra pareja de arqueros o silvanos en lo alto de los murallones, camuflados entre las rocas y la maleza.


 

 

El Vedatus Magi

Se denomina así al área sacrosanta en la cual los mundanos foráneos no pueden entrar y los mismos sirvientes de la Alianza deben evitar transitar para no molestar a los Señores de la Torre. El miedo a los magos, el aislamiento y las perennes brumas que acompañan al río recien nacido hacen de este paraje un lugar de desoladora soledad, donde los hechiceros paseaban y meditaban, como en un jardín salvaje y sobrecogedor.

El lugar está constituido basicamente por el Valle del Neblón, un estrecho y alargado surco excavado por el brumoso Júcar al nacer y que tiene una dirección NO-SE. Está limitado por dos estrechos labrados por la erosión del río: la Puerta en el SE y el Estrecho del Infierno en el NO. La altitud media del valle es de 1450 m, aunque en el Estrecho del Infierno se alcanzan los 1500 m de altura.

 El camino quedará siempre a levante del joven río, de caudal tan pobre en ocasiones la maleza o la hojarasca de los árboles que lo escoltan llega a ocultarlo. Seguiremos en suave ascenso durante los casi dos kilómetros y medio que mide el valle en longitud (con una media de 500 metros de anchura aproximada)

Un denso bosque, de robles primero y de pinos albares después, así como de olmos y avellanos en la ribera del río, viste el valle, dulcificando la violencia de sus cortados y murallas de roca y la estrechez de su recorrido. Algunos árboles todavía presentan huellas de los pavorosos incendios provocados durante la Guerra del Cisma y la Escisión. Solo el poder de Symel pudo hacer reverdecer este brumoso jardín natural.

En su primer tercio, el camino del Valle serpenteará, además de abrirse visualmente hacia las muelas más alejadas (en dirección NE).


 
Este primer tramo acaba en una bifurcación, con un camino que asciende a la Peña del Rosal, donde se encuentra un pequeño oratorio y el Cementerio cristiano de la gente de Montedemo.

En cuanto dejamos atrás esta bifurcación, el camino se dirigirá en una larga  línea recta hacia el Estrecho del Infierno. El próximo desvío será el Sendero escalonado que ascienda a la Torre. La cual ya será fácilmente visible si las brumas lo permiten. Frente a la roca de los Magos en el otro lado del valle se encuentran las discretas tumbas de los magos de Montedemo.


 

La Peña del Rosal

Se trata de un lugar de gran valor espiritual para el Clan de Montedemo. Este escarpado cerro que se alza doscientos metros sobre la base del valle, acoje en su cima una pequeña ermita de madera –realmente una caserna, abierta en dirección sur- que acoje una pequeña imagen de San Fabio. En su frente un pequeño crucifijo de madera por el que trepa un rosal silvestre.

En torno a este simple oratorio, se esparcen concentricamente las tumbas de los habitantes cristianos de Montedemo, gentes del Clan en su mayor parte, incluyéndose a los fundadores legendario de este (Martín el Viejo, Mathias el Bravo o Damian el Sabio, entre otros muchos)

Las tumbas tienen una diminuta señalización, un sencillo cipo de piedra tosca que los parientes más directos sabrán identificar como propio de su rama familiar. Algunos magos también se encuentran aquí, por circunstancias especiales (como Garzín de Jerbiton), y también gentes que no profesaban la fe cristiana, como musulmanes y judíos. Pero en general, la veneración a los difuntos del clan se realiza colectivamente, ya que para las gentes de Montedemo, todos los allí enterrados son parientes suyos y merecen la misma consideración. La muerte hermana a todos, y la sencillez del enterramiento no ofrece distinciones ni equívocos, pues es válida para todos los credos.

A pesar de todo, el lugar presenta un Aura Divina +4 (que se sobrepone sobre el Aura mágica del lugar, sin anularla, ya que los magos parecen ignorar las penalizaciones impuestas por el Dominio a su poder)

 

El Cementerio Hermético

Inmerso en el místico jardín que representa el Vedatus Magi, se encuentra el cementerio de los magos de Montedemo. Se trata de un área difusa y definida no más que por situarse justo enfrente de la Alianza, en el lado poniente del valle, habiendo de cruzar el río.

En este área, las tumbas se hayan dispersas, y sin orden aparente –y de seguir alguno, escapa a la imaginación del observador. Además la mayoría de las señalizaciones de éstas escapan a la atención, tanto por su parca sencillez como porque se encuentran disimuladas y ocultas entre el barro, la maleza y la hojarasca.

Las citadas señalizaciones no son más que pequeños prismas de piedra, con el sigil de cada mago grabado en ellas, hincadas en la tierra. Los cuerpos se entierran sin ataud ni mortaja, para que su cuerpo se funda con la tierra creadora y vuelva a generar vida. Los magos de Montedemo agradecen con sus cuerpos, la vis que han arrancado de la tierra. En este lugar nunca se ha tolerado un solo rito religioso (ni siquiera islámico o fabiano) El simple enterramiento del cuerpo inerte del mago crepuscular y la señalización de su tumba es el único ritual. Al fin y al cabo, el Crepúsculo no es la muerte, sino el tránsito del mago hacia lo más profundo del  Mundo Mágico –o al menos eso creen la mayoría de los magos.

De todas maneras, no se encuentran aquí todos los magos de la Alianza. De los Renegados muertos, se ignora el destino de sus cuerpos. Los Cuatro Hermanos fueron incinerados en el Corazón del Dragón de la Alianza, donde deben descansar sus cenizas. Los magos que murieron sin alcanzar el Crepúsculo fueron enterrados por el rito fabiano en la Peña del Rosal, para evitar que sus fantasmas aterrorizaran o molestaran a los habitantes de la Alianza. En lugares tan mágicos, toda precaución es poca.

 


 

El Sendero Escalonado

En este punto, oculto entre pinares que todavía conservan restos de la violencia de las llamas, un pliegue en la linea de los muros naturales que cierran en Valle por el Este, ha permitido labrar una senda escalonada en la roca, que asciende hacia a Gran Torre, ahora perfectamente visible, cuyos muros arrancan de la roca viva a más de 150 metros de altura. Aproximadamente cien de esos metros son los que salva este sendero escalonado, antes de convertirse en la zigzagueante Escalinata de Acceso a la Torre.

Se decía que los árboles que flanqueaban este acceso estaban encantados por Symel para que defendieran la Alianza en caso de agresión. No se sabe si caminaban, atacaban o solo cerraban el paso o acorralaban a los intrusos que circularan por el sendero. Tampoco hay testimonios de ello, de si fueron encantamientos permanentes, o simples hechizos lanzados durante el combate. Y aun así, puede que aquellos árboles perecieran por la letales llamaradas de los Flammans.

Sea como fuere, los árboles que flanquean el sendero ocultan parcialmente la contemplación de la torre hasta que termina la ascensión por él. En ese punto, el camino se despejará y dejará contemplar la magnificencia de la Gran Torre de los Magos en todo su esplendor.

 

 

 

El Estrecho del Infierno

Tal aterrador nombre recibe el angosto tajo labrado en la cabecera del Valle del Neblón, y que constituye el primer obstáculo a vencer por el naciente jucar, cuyos manantiales pristinos se encuentran justo detrás.

Sin solución de continuidad el río, valle y camino atraviesan esta angostura labrada en la roca por las aguas bravías de crecidas y deshielos milenio tras milenio.

 

La roca viva deja crecer, con duros esfuerzos a esforzados pinos, cuyas raices indomables perforan la roca, para agarrarse a ella.

  Conforman los lados de este Estrecho, a poniente, la ladera oriental del Mons Daemo y a Levante, la punta de la península de roca escarpada donde se enclava la Gran Torre, labrada en la piedra viva por los magos, como el río esculpió los márgenes de este Estrecho.

Al la misma cumbre del Mons Daemo se puede ascender por un empinado sendero que parte unas decenas de metros antes del Estrecho.

El camino a través del Estrecho, chapoteando sobre el arroyo neonato que es el Jucar en este momento, abarca más de 50 m de asfixiantes angosturas, donde las paredes de roca se elevan a más de doscientos metros de altura.

Estas paredes de roca, presentan recovecos donde nace el agua, en improviados manantiales. Se ignora si constituyeron fuentes de vis en un pasado o si lo siguen siendo.

No obstante, los legitimos Manantiales del Jucar, también conocidos como Ojuelos de las Brumas, se encuentran en el florido ábside natural que remata el largo valle.

El Estrecho del Infierno cuenta con un Aura Mágica de 7, igual que la Torre.

 


 

 

Los Ojuelos de las Brumas

En este hemiciclo, en multitud de pequ eñas fuentes, brotes de agua y manantiales, dispersos desordenadamente, como flores en una pradera. nace oficialmente el río Júcar. Las gruesas capas de nieve invernal parecen querer ocultar, adormecer la supurante belleza brumosa de este lugar. Igualmente el sol del verano, si bien viste de verde radiante este paraje, también parece ocultar, la verdadera naturaleza de este lugar legendario.

Porque en otoño y primavera cada punto donde el agua brota al exterior, lo hace también un pequeño hilillo de bruma. Brumas que van uniéndose, agrupandose, ascendiendo hacia la cima del Mons Daemo, reptando y vistiendo los muros de la Gran Torre o fluyendo por el río, atravesando el Estrecho del Infieron y anegando el Valle del Neblón. Pero nunca, jamás, salen más allá de la Puerta que abre y cierra al Sur el Vedatus Magi. Como si fuera un tesoro que solo perteneciera a los hechiceros, las nieblas del Jucar solo visten el aire del Valle del Neblón –al que dan nombre, y sólo sobre su cielo ascienden, vistiendo la Torre de Montedemo con un vaporoso manto blanco, un sudario fantasmal, un velo de misteriosa doncella.

Este lugar, ha consituido desde siempre la fuente de vis primordial de la Alianza de Montedemo, de donde anualmente podían extraer hasta 3 peones de vis Auram. Tambien era el feudo y jardin de Elanora, la dama de las Brumas, quinta fundadora de la Alianza de Montedemo y vastago del Daemo Brumis, poderoso genio del lugar que diera nombre al Mons Daemo.

Pero sus cantos y danzas en la niebla ya no corretean por este paraje de ensueño. El Rey Cuervo dio muerte a Elanora en un acto de crueldad y cobardía sin precedentes. Desde entonces, se dice que las brumas ya no manan como antes y que cada año, el velo de las Brumas que viste Montedemo es mas fino, liviano y breve. Llegará un día, dicen, que las Brumas de Montedemo no sean más que un ocasional fenómeno natural, explicable y predecible.

Actualmente, el paraje cuenta con un Aura Faérica de 6, que se acopla con el Aura Mágica de 6 que tiene en general todo el Valle del Neblón.

 

 

El Tormo del Olvido

Como un grandioso falo de la tierra, este pilar de roca desprendido de las faldas del Mons Daemo, ha quedado aquí, enhiesto, testigo de antiguas guerras pasadas, ajenas a la memoria de los hombres, en el tiempo en que los dioses caminaban por la Tierra y mezclaban su sangre con la de los mortales.

El Olvido, dicen, aguarda aquí para devorar a todo aquel que se atreva a desvelar los misterios que envuelven a este Tormo y las gestas legendarias de un pasado que nadie ha podido recordar. El Olvido es un ser hambriento, que busca sus presas entre los que se atreven a hacerle frente y arrancarle sus secretos. La maldición del Olvido es la más terrible de todas, porque todo cuanto toca, no perece, simplemente desaparece: en el presente, en el pasado y en el futuro. Jamás ha existido.

Este impresionante mojon natural que alcanza los 15 metros de altura, es una señal natural que marca, no solo el fin –o principio- del Vedatus Magi, sino también la divisoria de aguas, a partir de aquí, todos los arroyos, torrentes y rambas irán a verter sus aguas al Tajo, y a traves de él, al lejano Atlántico.

De aquí, siguiendo los senderos en dirección NO, se llega al Palacio del Cuervo, donde nace el río del mismo nombre, y en dirección NE, se conecta con los caminos del Señorío de Molina, un lugar mucho más mundano.

 

 
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