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El
segundo edificio, el más grueso y alto es la hospedería. En la
planta baja están las cocinas, en el primer piso, un gran dormitorio
comunal y en la algorfa un almacén donde guardar equipajes, provisiones,
etc, y que servía de dormitorio a los sirvientes de la hospedería. En
la actualidad, aunque ya no se usa para hospedar visitantes, si se ha
utilizado como vivienda para la mayor parte del Clan de Montedemo, una vez
murió el último de los magos. Esta vivienda se hacía servir la mayor
parte del año, aunque las crudeces del invierno obligaban al Clan a
regresar a la tétrica torre para resguardarse en su sobrenatural calor.
Con la refundación de la Alianza, las gentes de Montedemo se han visto
forzadas a regresar, muy a su pesar, a su antiguo y lóbrego hogar. Los
dos edificios contiguos son establos para el ganado de Montedemo:
el primero utilizado por ovejas y cabras y el segundo, compartimentado,
dedicado a cerdos, vacas y bueyes y aves. En el primer establo, la algorfa
se dedica a vivienda de los pastores. En el segundo, la algorfa únicamente
guarda forraje para los animales y aperos de labranza. La Puerta
Así
se llama comunmente al estrecho tajo labrado por el Júcar en los
murallones y el camino atraviesa Aquí
se apostaban siempre dos grogs con lanzas, aun en épocas tranquilas, y en
tiempos revueltos, esta pareja se apoyaba con otra pareja de arqueros o
silvanos en lo alto de los murallones, camuflados entre las rocas y la
maleza.
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El Vedatus
Magi
Se
denomina así al área sacrosanta en la cual los mundanos foráneos no
pueden entrar y los mismos sirvientes de la Alianza deben evitar transitar
para no molestar a los Señores de la Torre. El miedo a los magos, el
aislamiento y las perennes brumas que acompañan al río recien nacido
hacen de este paraje un lugar de desoladora soledad, donde los hechiceros
paseaban y meditaban, como en un jardín salvaje y sobrecogedor.
El lugar está
constituido basicamente por el Valle del Neblón, un estrecho y alargado
surco excavado por
el brumoso Júcar al nacer y que tiene una dirección NO-SE. Está
limitado por dos estrechos labrados por la erosión del río: la Puerta en
el SE y el Estrecho del Infierno en el NO. La altitud media del valle es
de 1450 m, aunque en el Estrecho del Infierno se alcanzan los 1500 m de
altura. El
camino quedará siempre a levante del joven río, de caudal tan pobre en
ocasiones la maleza o la hojarasca de los árboles que lo escoltan llega a
ocultarlo. Seguiremos en suave ascenso durante los casi dos kilómetros y
medio que mide el valle en longitud (con una media de 500 metros de
anchura aproximada) Un
denso bosque, de robles primero y de pinos albares después, así como de
olmos y avellanos en la ribera del río, viste el valle, dulcificando la
violencia de sus cortados y murallas de roca y la estrechez de su
recorrido. Algunos árboles todavía presentan huellas de los pavorosos
incendios provocados durante la Guerra del Cisma y la Escisión. Solo el
poder de Symel pudo hacer reverdecer este brumoso jardín natural. En
su primer tercio, el camino del Valle serpenteará, además de abrirse
visualmente hacia las muelas más alejadas (en dirección NE).
Este primer tramo acaba en una bifurcación, con un camino que asciende a la Peña del Rosal, donde se encuentra un pequeño oratorio y el Cementerio cristiano de la gente de Montedemo. En cuanto dejamos atrás esta bifurcación, el camino se dirigirá en una larga línea recta hacia el Estrecho del Infierno. El próximo desvío será el Sendero escalonado que ascienda a la Torre. La cual ya será fácilmente visible si las brumas lo permiten. Frente a la roca de los Magos en el otro lado del valle se encuentran las discretas tumbas de los magos de Montedemo.
La Peña del
Rosal
Se
trata de un lugar de gran valor espiritual para el Clan de Montedemo. Este
escarpado cerro que se alza doscientos metros sobre la base del valle,
acoje en su cima una pequeña ermita de madera –realmente una caserna,
abierta en dirección sur- que acoje una pequeña imagen de San Fabio. En
su frente un pequeño crucifijo de madera por el que trepa un rosal
silvestre. En
torno a este simple oratorio, se esparcen concentricamente las tumbas de
los habitantes cristianos de Montedemo, gentes del Clan en su mayor parte,
incluyéndose a los fundadores legendario de este (Martín el Viejo,
Mathias el Bravo o Damian el Sabio, entre otros muchos) Las
tumbas tienen una diminuta señalización, un sencillo cipo de piedra
tosca que los parientes más directos sabrán identificar como propio de
su rama familiar. Algunos magos también se encuentran aquí, por
circunstancias especiales (como Garzín de Jerbiton), y también gentes
que no profesaban la fe cristiana, como musulmanes y judíos. Pero en
general, la veneración a los difuntos del clan se realiza colectivamente,
ya que para las gentes de Montedemo, todos los allí enterrados son
parientes suyos y merecen la misma consideración. La muerte hermana a
todos, y la sencillez del enterramiento no ofrece distinciones ni equívocos,
pues es válida para todos los credos. A
pesar de todo, el lugar presenta un Aura Divina +4 (que se sobrepone sobre
el Aura mágica del lugar, sin anularla, ya que los magos parecen ignorar
las penalizaciones impuestas por el Dominio a su poder) El Cementerio
Hermético
Inmerso
en el místico jardín que representa el Vedatus Magi, se encuentra el
cementerio de los magos de Montedemo. Se trata de un área difusa y
definida no más que por situarse justo enfrente de la Alianza, en el lado
poniente del valle, habiendo de cruzar el río. En
este área, las tumbas se hayan dispersas, y sin orden aparente –y de
seguir alguno, escapa a la imaginación del observador. Además la mayoría
de las señalizaciones de éstas escapan a la atención, tanto por su
parca sencillez como porque se encuentran disimuladas y ocultas entre el
barro, la maleza y la hojarasca. Las
citadas señalizaciones no son más que pequeños prismas de piedra, con
el sigil de cada mago grabado en ellas, hincadas en la tierra. Los cuerpos
se entierran sin ataud ni mortaja, para que su cuerpo se funda con la
tierra creadora y vuelva a generar vida. Los magos de Montedemo agradecen
con sus cuerpos, la vis que han arrancado de la tierra. En este lugar
nunca se ha tolerado un solo rito religioso (ni siquiera islámico o
fabiano) El simple enterramiento del cuerpo inerte del mago crepuscular y
la señalización de su tumba es el único ritual. Al fin y al cabo, el
Crepúsculo no es la muerte, sino el tránsito del mago hacia lo más
profundo del Mundo Mágico
–o al menos eso creen la mayoría de los magos. De
todas maneras, no se encuentran aquí todos los magos de la Alianza. De
los Renegados muertos, se ignora el destino de sus cuerpos. Los Cuatro
Hermanos fueron incinerados en el Corazón del Dragón de la Alianza,
donde deben descansar sus cenizas. Los magos que murieron sin alcanzar el
Crepúsculo fueron enterrados por el rito fabiano en la Peña del Rosal,
para evitar que sus fantasmas aterrorizaran o molestaran a los habitantes
de la Alianza. En lugares tan mágicos, toda precaución es poca.
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El Sendero
Escalonado
En
este punto, oculto entre pinares que todavía conservan restos de la
violencia de las llamas, un pliegue en la linea de los muros naturales que
cierran en Valle por el Este, ha permitido labrar una senda escalonada en
la roca, que asciende hacia a Gran Torre, ahora perfectamente visible,
cuyos muros arrancan de la roca viva a más de 150 metros de altura.
Aproximadamente cien de esos metros son los que salva este sendero
escalonado, antes de convertirse en la zigzagueante Escalinata de Acceso a
la Torre. Se
decía que los árboles que flanqueaban este acceso estaban encantados por
Symel para que defendieran la Alianza en caso de agresión. No se sabe si
caminaban, atacaban o solo cerraban el paso o acorralaban a los intrusos
que circularan por el sendero. Tampoco hay testimonios de ello, de si
fueron encantamientos permanentes, o simples hechizos lanzados durante el
combate. Y aun así, puede que aquellos árboles perecieran por la letales
llamaradas de los Flammans. Sea
como fuere, los árboles que flanquean el sendero ocultan parcialmente la
contemplación de la torre hasta que termina la ascensión por él. En ese
punto, el camino se despejará y dejará contemplar la magnificencia de la
Gran Torre de los Magos en todo su esplendor.
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El Estrecho del Infierno
Sin solución de
continuidad el río, valle y camino atraviesan esta angostura labrada en
la roca por las aguas bravías de crecidas y deshielos milenio tras
milenio.
La
roca viva deja crecer, con duros esfuerzos a esforzados pinos, cuyas
raices indomables perforan la roca, para agarrarse a ella.
Al
la misma cumbre del Mons Daemo se puede ascender por un empinado sendero
que parte unas decenas de metros antes del Estrecho. El camino a través del Estrecho, chapoteando sobre el arroyo neonato que es el Jucar en este momento, abarca más de 50 m de asfixiantes angosturas, donde las paredes de roca se elevan a más de doscientos metros de altura.
No
obstante, los legitimos Manantiales del Jucar, también conocidos como
Ojuelos de las Brumas, se encuentran en el florido ábside natural que
remata el largo valle. El
Estrecho del Infierno cuenta con un Aura Mágica de 7, igual que la Torre.
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Los Ojuelos de
las Brumas
En
este hemiciclo, en multitud de pequ eñas fuentes, brotes de agua y
manantiales, dispersos desordenadamente, como flores en una pradera. nace
oficialmente el río Júcar. Las gruesas capas de nieve invernal parecen
querer ocultar, adormecer la supurante belleza brumosa de este lugar.
Igualmente el sol del verano, si bien viste de verde radiante este paraje,
también parece ocultar, la verdadera naturaleza de este lugar legendario. Porque
en otoño y primavera cada punto donde el agua brota al exterior, lo hace
también un pequeño hilillo de bruma. Brumas que van uniéndose,
agrupandose, ascendiendo hacia la cima del Mons Daemo, reptando y
vistiendo los muros de la Gran Torre o fluyendo por el río, atravesando
el Estrecho del Infieron y anegando el Valle del Neblón. Pero nunca, jamás,
salen más allá de la Puerta que abre y cierra al Sur el Vedatus Magi.
Como si fuera un tesoro que solo perteneciera a los hechiceros, las
nieblas del Jucar solo visten el aire del Valle del Neblón –al que dan
nombre, y sólo sobre su cielo ascienden, vistiendo la Torre de Montedemo
con un vaporoso manto blanco, un sudario fantasmal, un velo de misteriosa
doncella.
Pero
sus cantos y danzas en la niebla ya no corretean por este paraje de ensueño.
El Rey Cuervo dio muerte a Elanora en un acto de crueldad y cobardía sin
precedentes. Desde entonces, se dice que las brumas ya no manan como antes
y que cada año, el velo de las Brumas que viste Montedemo es mas fino,
liviano y breve. Llegará un día, dicen, que las Brumas de Montedemo no
sean más que un ocasional fenómeno natural, explicable y predecible. Actualmente, el paraje cuenta con un Aura Faérica de 6, que se acopla con el Aura Mágica de 6 que tiene en general todo el Valle del Neblón.
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El Tormo del
Olvido
Como
un grandioso falo de la tierra, este pilar de roca desprendido de las
faldas del Mons Daemo, ha quedado aquí, enhiesto, testigo de antiguas
guerras pasadas, ajenas a la memoria de los hombres, en el tiempo en que
los dioses caminaban por la Tierra y mezclaban su sangre con la de los
mortales. El
Olvido, dicen, aguarda aquí para devorar a todo aquel que se atreva a
desvelar los misterios que envuelven a este Tormo y las gestas legendarias
de un pasado que nadie ha podido recordar. El Olvido es un ser hambriento,
que busca sus presas entre los que se atreven a hacerle frente y
arrancarle sus secretos. La maldición del Olvido es la más terrible de
todas, porque todo cuanto toca, no perece, simplemente desaparece: en el
presente, en el pasado y en el futuro. Jamás ha existido. Este
impresionante mojon natural que alcanza los 15 metros de altura, es una señal
natural que marca, no solo el fin –o principio- del Vedatus Magi, sino
también la divisoria de aguas, a partir de aquí, todos los arroyos,
torrentes y rambas irán a verter sus aguas al Tajo, y a traves de él, al
lejano Atlántico. De aquí, siguiendo los senderos en dirección NO, se llega al Palacio del Cuervo, donde nace el río del mismo nombre, y en dirección NE, se conecta con los caminos del Señorío de Molina, un lugar mucho más mundano.
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