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Pedrosa derrama lágrimas de alegría./EFE |
MADRID.- A lo grande, a lo campeón, a lo Rossi, con un ejemplar y dominante 'ciao bambinos' desde el primer giro. Daniel Pedrosa (Honda), con sus 18 añitos bien puestos, de niño superclase, se ha proclamado campeón mundial de 125 cc tras conquistar su quinta carrera del año, en Sepang, en una faena cumbre del arte de la fuga. El discípulo de Alberto Puig devuelve a España una corona mundial del motociclismo.
Desde 1999, año en que Emilio Alzamora se coronó en 125 cc, y Alex Crivillé lo hacía en 500 cc, no había ningún campeón patrio en el Mundial de motociclismo. El aplicado Pedrosa hizo tan bien su trabajo en Sepang que le debió de parecer tedioso dominar la prueba desde la primera a la última vuelta, desde el primer hasta el último giro, estrenando laureles mayores con la autoridad de quien ha nacido para hacer esto: un elegido. Eso sí, las 19 vueltas de la cátedra, con todo tan claro, tan bonito, tan fácil, tan estudiado y tan limpio, se le debieron de hacer más largas que un día sin tabaco.
26 coronas para el motociclismo español, pero ninguna tan precoz, tan anunciada por el talento y la clase y por qué no, la planificación metódica de Puig, como la conquistada por el 'niño' más tímido y obediente de Sabadell, por ese imberbe serio, de flequillo lacio, y mirada huidiza al que le cuesta más sonreír que ganar carreras. Rossi tenía razón. Y mucha. Cuando hace dos años, en Estoril, Poggiali y Elías se disputaban el Mundial de 125 cc a dentelladas y patadas, Valentino, que vio la carrera desde la barrera, como ha visto su coronación, anunció la profecía: "A mí el que me ha gustado de verdad es ese niño español, el amigo de Elías. ¡Qué fino pilota!. Sí, ese chico va a ser pronto campeón del mundo". Buen ojo clínico tiene el italiano: para eso se hace llamar 'Il dottore'.
La carrera de Sepang no tuvo más historia, más guión que el que diseñaron Puig y su discípulo, su niño prodigio, desde el banderazo. "Tú tira y el que pueda que te siga. Marca siempre el mismo ritmo: fuerte, fuerte...". Matemática pura. A decir verdad, nadie pudo echar el lazo al chico más listo del parvulario porque nadie es mejor ni en el cuerpo cuerpo ni en el arte de la fuga (su especialidad). Ni nadie sabe salir tan bien, ni es más regular y aplicado, ni desarrolla más talento aunque tenga peor moto. Eso sí, su Honda, con una temperatura ideal para su motor por las nubes que cubrían Sepang, fue fina en Sepang como él, como la seda. No llovió, ¡qué bien!, porque Dani aún tiene cierta alergia a la lluvia. No se puede ser perfecto con 18 añitos.
En fin, se hacía verbo el proyecto que Puig, siempre duro y exigente con su muchachada patrocinada por Telefónica, que se inició hace 5 años cuando entre 600 bebés-pilotos de 12 años eligió a 25 para la Copa Honda Movistar. Y Pedrosa, que debutó en el Mundial hace 5 cursos, era uno de esos pillos locos... y listos. Enhorabuena por el trabajo científico.
La cuestión es que el abandono del único estorbo en la tercera vuelta, es decir Perugini, puso las cosas aún más a huevo: a Pedrosa no le quitaban ni el título ni la victoria ni a tiros. Prácticamente, con su salida fabulosa y posterior tirón de sálvese quién pueda, se acabó la carrera. Sólo una fatalidad como la que aconteció en Motegi (Japón), donde un tornillo del amortiguador de dirección dio al traste con sus aspiraciones, podía truncar su camino hacia la quinta victoria de un curso ejemplar... y su primer título mundial.
Pero esta vez no hubo fallos ni fatalidades. Ahí estaba el título mundial del piloto de Movistar Honda, que en la cuarta vuelta se enteró de la bomba: por la pizarra que le enseñaron desde el muro de boxes de que su rival estaba "K.O.". "Peru K.O" y yo escapado. Mejor imposible. Uff, el título es mío. Sólo tenía que atravesar la línea de meta para proclamarse campeón y lo hizo como vencedor total y moral para que no quedase ni la más mínima rendija de duda.
Primer campeón de 2003
Esa era la verdadera noticia: por fin se conocía al primer campeón de 2003. Pero tras él hubo una lucha tremenda por el resto de plazas del podio y entre los aspirantes a ellas hubo por momentos hasta doce chiquillos con la adrenalina por las nubes, con Jorge Lorenzo (Cajamadrid Derbi) y Pablo Nieto (Aprilia) entre ellos.
Pero ese grupo acabó disgregándose y perdiendo unidades para quedar constituido por seis pilotos kamikazes y jovencísimo: el español Lorenzo, el finlandés Mika Kallio (KTM), el australiano Casey Stoner (Aprilia), el suizo Thomas Luthi (Honda). El sanmarinense Alex de Angelis (Aprilia) y el japonés Masao Azuma (Honda), el único de todos ellos que superaba la barrera de los veinte años, estaban también en la puja.
A la última vuelta se llegó con un Pedrosa destacado con más de tres segundos y un trío formado por Lorenzo, que marcaba el ritmo, Kallio y Luthi, tres ansiosos que no iban a vender barata su derrota. El piloto de la Cajamadrid Derbi se equivocó de planteamiento en la recta anterior a la de meta, después de la cual sólo queda una amplia curva, y para evitar que cogieran su rebufo se cerró en exceso y entró así en la trayectoria de la misma, lo que le obligó a abrirse al salir de la misma y con ello le enseñó el camino a seguir a Kallio, que no perdonó