».Nájera duplicó la mensualidad de la 'Llar del ancians' de Calvià en sólo tres años
El anterior responsable acude al centro a quejarse de lo publicado por EL MUNDO y le echan los familiares de los internos La residencia tiene déficit a pesar de la subida de las tarifas
PALMA.-«La cuota mensual será de 145.000 pesetas», rezaba la publicidad de la Llar de Majors de Calviá cuando se inauguró en 1995. Sí, esa publicidad, que reproducíamos ayer, y que podría haber pasado por la de un hotel de cinco estrellas. Esa publicidad que firmaba de su puño y letra Margarita Nájera y cuyo parecido con la realidad es pura coincidencia. Esa publicidad que desde que se editó por primera vez no se volvió a sustituir por otra. Sí, esa.
Bien, pues la cuota inicial sólo se mantuvo los primeros años. A partir de 1998, los familiares se encontraron con que la cifra que tenían que pagar subía sin ir acompañada de una mejora en los servicios. Hasta el punto de que en 2001, los usuarios tenían que abonar más del doble de lo estipulado inicialmente.
O lo que es lo mismo: se pasó de esas 145.000 pesetas iniciales como cuota base a 287.000. Ante esta desproporcionada subida, la Asociación de Familiares y Amigos de la Llar de Calviá remitió una carta al entonces presidente del Consejo de Administración, Antonio García Moles. En la misiva, la Asociación consideraba que la cuantía era «excesivamente alta para el poder adquisitivo de nuestros mayores». Y en ese mismo escrito se apuntaba que «comparando los precios base de 1998 y de 2001 el aumento había sido algo superior al doble».
«Es lo que hay»
Los familiares transmitían además la petición de que se «mantuvieran congelados los precios» y se «llamaba la atención sobre la evolución de las subidas producidas en los años anteriores». Según los denunciantes, la respuesta fue un «es lo que hay».
Pero no terminaron ahí las subidas. El 27 de noviembre de 2002, la Llar de Calviá, en una carta firmada por García Moles, informaba a los familiares que a partir del 1 de enero de 2003 se «establecería una tarifa mensual de 1.947 euros, a la que se le adicionaría el IVA correspondiente». A esto añadía que «el Ajuntament de Calviá había considerado oportuno reducir dicho importe, fijando una bonificación de 562,27 euros mensuales».
A día de hoy, esta es una de las principales reivindicaciones de los familiares de los residentes, que se sorprenden cada mes al comprobar que «la residencia municipal puede llegar a resultar más cara que muchas privadas».
Este precio público de 1.947 euros se calculó dividiendo los gastos presupuestados entre 62 residentes y el resultado entre doce mensualidades.
El 76% de estos gastos corresponden a la partida destinada a personal. Y si establecemos una proporción entre el personal de la Llar y los residentes, el resultado es de 1,3 trabajadores por anciano: una proporción excesivamente elevada para el número de plazas que hay en la actualidad y que no justifica en ningún caso la cantidad de quejas que se han producido.
Pero lo más curioso llega ahora. La situación de la tesorería es, cuando menos, preocupante. Los nuevos responsables estiman que con la situación económica actual de la Llar, a pesar del elevado precio impuesto a los residentes, «habrá problemas de liquidez durante los dos últimos meses del año».
Ante lo publicado por EL MUNDO / EL Día de Baleares, los sindicatos montaron en cólera y se apresuraron a convocar una manifestación a la puerta del centro para desmentir lo denunciado por la actual gerente.
A las acusaciones de «pacientes mal medicados, medicinas caducadas, robos de más de 400.000 pesetas y ancianos hacinados en salas diminutas», el Comité de Empresa contestó a través de un comunicado. Según los sindicatos se trata de «exageraciones, medias verdades y mentiras flagrantes». Pero lo cierto es que a la manifestación ha acudido el anterior presidente del consejo de administración, Antonio García Moles, y ha sido expulsado literalmente de la Llar por los familiares que afirmaban no quererlo «ni ver por allí».
El precio de la mensualidad es de 1.947 y no de 2.400 €
Este diario, en la información publicada el pasado domingo, erró al dar la cifra del precio público estipulado para los usuarios de la Llar de Calviá. La cifra dada fue de 2.400 euros mensuales, cuando en realidad es de 1.947.
Al percatarnos del error, y al leer el comunicado del Comité de Empresa del centro, la primera reacción fue de sorpresa.
Curiosamente, los sindicatos no desmienten en ningún momento este dato, lo cual no deja de resultar muy preocupante.
Los manifestantes se apresuran a desmentir hechos como «los robos de joyas y ropa interior», pero, sin embargo, no reparan en discutir la cifra de la mensualidad.
La diferencia entre la cantidad publicada y la real es de 453 euros. Y todo hay que decirlo. Las dos cantidades son igual de desproporcionadas como precio base para una residencia municipal.
Es cierto que hay subvenciones públicas para los residentes que ascienden a 562, 27 euros. Pero la presencia de esta bonificación no es ni muchos menos suficiente para rebajar una mensualidad que es propia de una residencia de superlujo en la que nunca se podrían dar las situaciones de esta.
a sinvergüenza?», le espetaban.
Margarita Nájera cobraba 2.400 € al mes a los ancianos para tenerlos hacinados en el Llar
Los familiares de una interna denunciaron el robo de 410.000 pesetas de su cuenta bancaria
PALMA. -«Cuando llegué me encontré con una panorama dantesco». Así describe la situación que se encontró en el Llar dels Ancians de Calvià la nueva gerente, Ana Belén Velasco, cuando llegó hace tan sólo unos meses. «Se trataba a los residentes a golpe de silbato y se les movía de un lado a otro como si fueran mercancías», añade la nueva responsable.
«Hemos tenido que tirar a la basura bolsas llenas de medicamentos caducados y revisar la medicación de todos los pacientes al observar hechos gravísimos», prosigue la actual gerente. En algunos casos, esta dejadez provocó daños irreversibles. «Se ha dado el caso de un residente al que el médico le prescribió que dejara de tomar un anticonvulsivo hace tres años, y hasta hace poco se le seguía suministrando. El daño que se le ha hecho a este paciente ya es irreparable, además de constituir un delito al atentar contra la salud de una persona», subrayó.
Pero estos no son más que unos botones de muestra de la «herencia caótica» que han dejado los anteriores responsables. «A los ancianos se les duchaba una sola vez a la semana. Esto es una auténtica marranada. Y, por dejadez, no se les cerraba la puerta del servicio cuando hacían sus necesidades. Son ancianos, y muchos de ellos no se dan cuenta de lo que sucede a su alrededor, pero son personas. Y tienen dignidad», puntualizó la actual gerente.
Medicinas caducadas
Y todo esto ocurría en una residencia en la que la proporción de cuidadores y ancianos es asombrosa: 1,3 cuidadores por cada residente. La sorpresa de Ana Belén Velasco también surgió al comprobar cómo el médico que atendía a los enfermos «pasaba por allí como si fuera de paseo, sin prestar atención a nadie», y cumpliendo «un horario que cualquiera de nosotros soñaría». Los mayores permanecían «hacinados habiendo sitio más que de sobra. En una sala de seis metros cuadrados llegaban a estar seis ancianos sin poder prácticamente moverse. Simplemente porque era más cómodo tenerlos así y ocupaban menos espacio».
Y esto sucedía teniendo salas de sobra. Algunas de ellas se utilizaban para «guardar sin ni siquiera desembalar una máquina para ver radiografías y un innecesario aparato de electroterapia por el que se pagaron 400.000 de las antiguas pesetas». Por cierto que, a día de hoy, nadie sabe dónde está el manual de instrucciones de esta máquina.
Encima sin contrato
Por no hacerse no se hacía «ni contrato» a quienes entraban por primera vez en el Llar. «Se saltaban un trámite legal obligatorio. Sólo lo hicieron al principio y luego debieron pensar que para qué, que no era necesario», añadió indignada Velasco. «Se les despachaba con un simple formulario», indicó.
Pero la situación de dejadez y de mala gestión no sólo ha afectado a los mayores, sino a las instalaciones, tan sólo con ocho años de antigüedad. «No funcionan las alarmas de las habitaciones ni los interfonos. De tal forma que si un anciano tiene una urgencia no tiene medios para avisar a las enfermeras».
Otro ejemplo de la desidia de la anterior gestión se refiere a las sillas de ruedas. «Si se pinchaban las ruedas de alguna silla, no se molestaban en arreglar el pinchazo. No. La solución era cambiar esas ruedas por unas de caucho, que evidentemente es imposible que se pinchen», aclara la nueva gerente.
«Y todo esto estaba ocurriendo en un residencia con una infraestructura espectacular que, sin embargo, por la mala gestión anterior no cumplía la normativa legal exigida. Es alucinante, pero es real», concluyó la nueva responsable.
A una anciana le desaparecieron 410.000 ptas de su cuenta bancaria
El dinero se sacó con la tarjeta que tenía en la caja fuerte del Llar - Sus familiares «denunciaron a Nájera lo sucedido y se les devolvió el dinero»
PALMA.-La anterior gestión del Llar dels Ancians de Calviá llega a adoptar tintes de novela policíaca. Además del «mal trato» a los residentes, de «la mala situación de las instalaciones» y del almacenamiento de «medicinas y material caducado», también parece que hubo robos.
Según comenta Ana Belén Velasco, actual gerente, «se dio un caso muy curioso». «Los familiares de una anciana denunciaron en 1999 que de la cuenta corriente de la residente habían desparecido 410.000 pesetas. Y según el extracto bancario habían sido sacadas utilizando su tarjeta de crédito, que estaba en la caja fuerte del Llar. Inmediatamente, la familia lo puso en conocimiento del centro geriátrico, pero al no encontrar respuesta por parte de los rectores del centro decidieron actuar de otra forma».
Y según nos cuenta la actual responsable, «los parientes de esta anciana hablaron directamente con la ex alcaldesa de Calviá, Margarita Nájera, para contarle lo que había ocurrido». Bien, pues tras esta conversación «la residencia extendió sin poner ninguna pega un cheque por la cantidad denunciada».
En este caso, prosigue la actual gerente, «sólo caben dos posibilidades. O bien un empleado del geriátrico accedió a la caja fuerte, cogió la tarjeta de crédito y sacó el dinero o lo hicieron sus familiares». Añade Velasco que «son las únicas opciones y que parece bastante descabellado que la familia se invente un robo y se lo diga a la alcaldesa para que lo resuelva». Y concluye que «curiosamente, Nájera no puso ninguna pega y ordenó que se reintegrara el dinero de inmediato».
Caja ¿fuerte?
A Velasco no le sorprende este suceso en absoluto: «era una práctica habitual tener en la caja fuerte del Llar las cartillas bancarias de los ancianos con los códigos secretos para acceder a las mismas. Y esto es absolutamente incomprensible porque no las necesitan para nada, y en caso de que necesitaran algo el centro se podía poner en contacto con sus familias».
La anciana a la que le desapareció el dinero tiene unos 80 años, continúa en la residencia y padece demencia senil.
Según Ana Belén Velasco, «este es el caso más sangrante de todos», pero «no el único». «Se denunciaron también desapariciones menores. Se han echado en falta anillos, joyas, dinero en metálico... e incluso ¡ropa interior!».
No obstante, la presente responsable quiere recalcar que el personal que está a su cargo y que ha heredado de la anterior gestión «es muy profesional, pero que ha estado muy mal dirigido y desmotivado», lo cual ha generado ciertas situaciones que «con una mejor gestión no hubieran sucedido nunca. Ahora