ASUNTO LLAR DE MAJORS - noticias de calvia

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TEMA LLAR DE MAJORS
  Escribe un titular descriptivo, por ejemplo: "Experiencia profesional".
 

La intolerable casa de los horrores La sensibilidad de una sociedad se mide por la atención que presta a los más desvalidos, entre los que figuran, obviamente, los mayores. Este tipo de residencias para mayores o bien pueden ser lugares donde con eficiencia, cariño y dedicación se atiende a los que van allí a pasar los últimos años de sus vidas o bien un «aparcadero» de ancianos, cuya indefensión puede dar lugar a realidades dantescas, como las que ha definido la nueva responsable de la residencia dependiente del Ayuntamiento de Calvià. Las denuncias efectuadas son graves y no sólo desde el punto de vista humano, sino desde el punto de vista penal. Y, al margen de que sorprenda que un ayuntamiento regido por un equipo de gobierno socialista haya podido perpetrar tan antisociales comportamientos, urge abrir una investigación rigurosa y puntillosa para depurar las oportunas responsabilidades, políticas, de gestión y, eventualmente, penales. No hay derecho y resulta intolerable que una institución pensada para atender a quienes más lo necesitan se convierta en la casa de los horrores en medio de la impunidad total. Seguramente, los responsables del centro, abusando de la indefensión de los ancianos, pensaban que ojos que no ven, corazón que no siente. El corazón de los ancianos sí siente y, ahora que los ojos ven esta triste realidad, también siente y se irrita el corazón de los ciudadanos.

 

Nuestros mayores se sentirán como en casa», prometió Margarita Nájera


 


«Vivir como en casa». Este era el lema que encabezaba la publicidad de la Llar de Majors de Calviá cuando se inauguró hace ocho años como uno de los mejores centros geriátricos de las Islas.


 


La ex alcaldesa, Margarita Nájera, escribía de su puño y letra que esta residencia de ancianos «era uno de los principales retos del Ayuntamiento de Calviá». Y que se había construido «para que nuestros mayores vivieran en un ambiente agradable, como el que tendrían en su propia casa». Por si fuera poco, la anterior primer edil reiteraba al final del texto de presentación que se trataba, en definitiva, «de ofrecer servicios para que los usuarios se sintieran como en casa».


Pero el concepto de vivir «como en casa» de Nájera no parece coincidir con el del resto de sus vecinos. Y mucho menos con el de los familiares de los ancianos que residen allí y con el que tienen los nuevos gestores.


Los folletos publicitarios que editó Margarita Nájera en 1995 no se han cambiado desde entonces. Pero lo que parece que sí que ha cambiado es el funcionamiento del centro. Esta publicidad anunciaba una residencia de lujo donde todo había sido previsto «para hacer la vida más cómoda y feliz a los residentes». Donde el mantenimiento en general había sido «especialmente estudiado para garantizar el máximo nivel de confort a todos los residentes».


La campaña indicaba que el equipo médico, sanitario y social era «completo y profesional». Sus misiones eran «extrordinariamente extensas», persiguiendo «la promoción de la salud, la prevención de enfermedades y el logro del máximo nivel de calidad de vida».


 


«¿Problemas? ¡Qué dices!»


 


El anterior presidente del consejo de administración del Llar de Majors de Calviá se mostraba sorprendido al preguntarle por los hechos denunciados por la nueva dirección. Antonio García Moles aseguraba «no entender nada». Y se preguntaba: «¿Problemas? ¿Quejas? Pues... alguno puntual, como en todas partes, pero el trato que se dio a los ancianos fue exquisito y la residencia con nosotros funcionó maravillosamente bien».


En lo que respecta al robo denunciado por Ana Belén Velasco, García Moles reconocía «no saber nada».


Y eso, a pesar de que la desaparición fue denunciada a la policía por el anterior gerente, Francisco Mulet. Que, o bien no se lo dijo a su compañero o éste se ha olvidado.


 


La médico de la 'Llar dels Ancians' de Calvià confirma que hubo negligencias


Una anciana tomó un anticonvulsivo sin tener que hacerlo CCOO insiste en que «todo son mentiras para intentar privatizar el centro»


 


PALMA.-La gerente actual del Llar de Majors de Calvià denunció a EL MUNDO / El Día de Baleares el pasado domingo «la existencia de ancianos mal medicados». Y apuntaba como consecuencia las negligencias médicas cometidas por el equipo anterior. Pero hasta ahora, sólo se habían lanzado acusaciones sin aportar documentos. Y ante «la situación creada» a raíz de lo publicado por este diario, la dirección actual del Llar ha decidido hacerlo.


Para justificar sus denuncias, la actual gerente se escuda en el informe realizado por la actual responsable de los servicios médicos del geriátrico. El citado escrito, llevado a cabo por la colegiada nº 072845210, refleja lo siguiente: «Paciente de 80 años de edad, residente del Llar de Calvià y diagnosticada de demencia tipo Alzheimer desde hace 10 o 12 años, aproximadamente... Hace unos dos años, en 1999, y estando ya ingresada la paciente en la residencia, presentó una crisis comicial por lo que se pautó tratamiento con Carbamacepina (un anticonvulsivo)...».


El 16 de junio de 2001, esta paciente pasa revisión en el Servicio de Neurología del Hospital de Son Dureta. Y según el informe del Dr. M.P.B. «aconseja retirar de forma escalonada la Carbamacepina, reduciendo la dosis hasta su abandono total». Eso se le prescribía el 16 de junio de 2001.


Bien, pues la médico actual de la residencia «reconoce al paciente el 28 de agosto de 2003, al sufrir esta anciana cuatro días antes una nueva crisis comicial. Revisa su historial y encuentra el informe del Dr. M.P.B de Son Dureta. Y «cumple sus indicaciones». De tal manera que «la Carbamacepina se empieza a reducir estando fijado como fecha de finalización del tratamiento el domingo 26 de octubre próximo».


 


¿Por qué ahora?


Los sindicatos del Llar comparecieron ayer para pedir la «destitución de la actual gerente» y para explicar «la verdad de todo». Según CCOO, «todo responde a una maniobra política detrás de la cual se esconde un interés por privatizar el centro». Insitieron en que «los ancianos estuvieron perfectamente cuidados». Y se preguntan ¿por qué Ana Belén Velasco no denunció todo lo que le pareció mal cuando hico prácticas en el Llar en 1997?».


En lo que respecta a la acusación de errores médicos, CCOO lo califica de «calumnias» y denuncian que «la residencia ha estado dos meses en verano sin médico y que con la nueva dirección se han reducido de 25 a 6 las horas de consulta


 

 

 


«Me obligaron a irme del 'Llar dels Ancians' de Calvià para que no viera lo que ocurría»


Un voluntario alemán explica a EL MUNDO su experiencia de dos años y medio en la residencia «Se trataba mal a los ancianos, muchas veces me iba llorando a casa », reconoce el Dr. Preuss


 


PALMA.-El Dr. Uwe Preuss es alemán. Pero lleva 11 años viviendo en Mallorca y el resto de su vida recorriéndose el mundo. Ya está jubilado, pero ha ejercido durante toda su vida la odontología. Primero en Alemania y posteriomente en Suiza y en Estados Unidos. Destaca como una de las experiencias que han marcado su vida la estancia durante varios meses en la jungla de Bolivia ejerciendo como voluntario, «ayudando a los más pobres en unas condiciones inhumanas y difíciles de olvidar».


Con todo este recorrido a sus espaldas no debería sorprenderse con cualquier cosa. Y, sin embargo, le brillan los ojos cuando habla de su estancia de dos años y medio en el Llar de Majors de Calvià ejerciendo precisamente de voluntario.


«Una vecina alemana de Es Capdellà, que trabajaba allí ayudando a los ancianos me sugirió un día que por qué no me animaba a colaborar. Y decidí hacerlo. Empecé en la primavera de 1999 a echarles una mano en la hora de la comida y a medida que pasaba el tiempo empecé a ver cosas que mi corazón me impedía mirar», declaraba Preuss.


 


«Muchas veces me fui llorando de la residencia». Y empieza a dar detalles: «Recuerdo un día en el que a una anciana comiendo se le cayó un diente y las auxiliares bromeaban y se partían de risa». «Recuerdo que a los ancianos se les metía prisa para que acabaran de comer; que se les llenaban los platos hasta arriba, quisieran o no; que a aquellos que no podían tomar alimentos sólidos se les daba la papilla con una jeringuilla y de cualquier manera; que no a todos los ancianos se les trataba de la misma manera; que había privilegios».


Y aporta detalles aún más concretos, con nombres y apellidos. «Una anciana alemana, Alma Kischel, a causa de una parálisis no podía mover el brazo derecho y le obligaban a comer un yogur sin ayuda de nadie». Y añade, «¡que me expliquen a mí cómo se puede comer un yogur con una mano, y sobre todo, una persona mayor!».


 


Ver la tele


Preuss recuerda como uno de los aspectos más desagradables «la defensa de cada uno de los ancianos de su parcela de territorio». Y se explica: «Cada anciano tenía asignada su silla, teniendo preferencia por los mejores sitios aquellos que llevaran más tiempo o que gozaran de la predilección de los auxiliares». Y comenta lo que ocurría al ver la televisión: «Cada uno tenía su sitio. Y algunos de ellos, desde la ubicación que tenían asignada no veían bien el televisor. Bien, pues la única manera que tenían para situarse mejor es que el de al lado se muriera y así ocupar su sitio». «Como si fuera una cadena», añade el alemán.


 


El ex voluntario del centro tenía a su cargo a dos ancianos: Manolo Aldana y Paquita Monjo. Desde que dejó la residencia afirma que no quiere volver, porque en el caso de Manolo, «tiene la cabeza perfectamente y nos ponemos los dos a llorar». «A él yo le ayudaba a comer y, aunque muchas veces terminaba el primero, al formarse la cola para ir al baño le colocaban el último. Y tenía que esperar «que pasaran por el aseo hasta 30 antes que él. Era humillante». El Dr. Uwe Preuss reconoce que, «a pesar de que su única intención era la de ayudar desinteresadamente a los ancianos», el resto del personal «le miraba mal y no querían a nadie externo al centro allí. Les resultaba incómodo que alguien de fuera viera lo que allí ocurría y me hicieron la vida imposible para que me fuera».


Puestos en contacto con los sindicatos del Llar y ante la «gravedad» de las acusaciones que se están publicando en EL MUNDO / El Día de Baleares, han pedido un plazo de unas horas. Tienen previsto recabar toda la información posible y «contestar adecuadamente para que todo el mundo se entere de quienes son los que acusan, el porqué y qué hay de cierto en esto».

  


».Nájera duplicó la mensualidad de la 'Llar del ancians' de Calvià en sólo tres años


El anterior responsable acude al centro a quejarse de lo publicado por EL MUNDO y le echan los familiares de los internos La residencia tiene déficit a pesar de la subida de las tarifas


PALMA.-«La cuota mensual será de 145.000 pesetas», rezaba la publicidad de la Llar de Majors de Calviá cuando se inauguró en 1995. Sí, esa publicidad, que reproducíamos ayer, y que podría haber pasado por la de un hotel de cinco estrellas. Esa publicidad que firmaba de su puño y letra Margarita Nájera y cuyo parecido con la realidad es pura coincidencia. Esa publicidad que desde que se editó por primera vez no se volvió a sustituir por otra. Sí, esa.


 


Bien, pues la cuota inicial sólo se mantuvo los primeros años. A partir de 1998, los familiares se encontraron con que la cifra que tenían que pagar subía sin ir acompañada de una mejora en los servicios. Hasta el punto de que en 2001, los usuarios tenían que abonar más del doble de lo estipulado inicialmente.


O lo que es lo mismo: se pasó de esas 145.000 pesetas iniciales como cuota base a 287.000. Ante esta desproporcionada subida, la Asociación de Familiares y Amigos de la Llar de Calviá remitió una carta al entonces presidente del Consejo de Administración, Antonio García Moles. En la misiva, la Asociación consideraba que la cuantía era «excesivamente alta para el poder adquisitivo de nuestros mayores». Y en ese mismo escrito se apuntaba que «comparando los precios base de 1998 y de 2001 el aumento había sido algo superior al doble».


 


«Es lo que hay»


Los familiares transmitían además la petición de que se «mantuvieran congelados los precios» y se «llamaba la atención sobre la evolución de las subidas producidas en los años anteriores». Según los denunciantes, la respuesta fue un «es lo que hay».


Pero no terminaron ahí las subidas. El 27 de noviembre de 2002, la Llar de Calviá, en una carta firmada por García Moles, informaba a los familiares que a partir del 1 de enero de 2003 se «establecería una tarifa mensual de 1.947 euros, a la que se le adicionaría el IVA correspondiente». A esto añadía que «el Ajuntament de Calviá había considerado oportuno reducir dicho importe, fijando una bonificación de 562,27 euros mensuales».


A día de hoy, esta es una de las principales reivindicaciones de los familiares de los residentes, que se sorprenden cada mes al comprobar que «la residencia municipal puede llegar a resultar más cara que muchas privadas».


 


Este precio público de 1.947 euros se calculó dividiendo los gastos presupuestados entre 62 residentes y el resultado entre doce mensualidades.


El 76% de estos gastos corresponden a la partida destinada a personal. Y si establecemos una proporción entre el personal de la Llar y los residentes, el resultado es de 1,3 trabajadores por anciano: una proporción excesivamente elevada para el número de plazas que hay en la actualidad y que no justifica en ningún caso la cantidad de quejas que se han producido.


Pero lo más curioso llega ahora. La situación de la tesorería es, cuando menos, preocupante. Los nuevos responsables estiman que con la situación económica actual de la Llar, a pesar del elevado precio impuesto a los residentes, «habrá problemas de liquidez durante los dos últimos meses del año».


 


Ante lo publicado por EL MUNDO / EL Día de Baleares, los sindicatos montaron en cólera y se apresuraron a convocar una manifestación a la puerta del centro para desmentir lo denunciado por la actual gerente.


A las acusaciones de «pacientes mal medicados, medicinas caducadas, robos de más de 400.000 pesetas y ancianos hacinados en salas diminutas», el Comité de Empresa contestó a través de un comunicado. Según los sindicatos se trata de «exageraciones, medias verdades y mentiras flagrantes». Pero lo cierto es que a la manifestación ha acudido el anterior presidente del consejo de administración, Antonio García Moles, y ha sido expulsado literalmente de la Llar por los familiares que afirmaban no quererlo «ni ver por allí».


El precio de la mensualidad es de 1.947 y no de 2.400 €


 


Este diario, en la información publicada el pasado domingo, erró al dar la cifra del precio público estipulado para los usuarios de la Llar de Calviá. La cifra dada fue de 2.400 euros mensuales, cuando en realidad es de 1.947.


Al percatarnos del error, y al leer el comunicado del Comité de Empresa del centro, la primera reacción fue de sorpresa.


Curiosamente, los sindicatos no desmienten en ningún momento este dato, lo cual no deja de resultar muy preocupante.


 


Los manifestantes se apresuran a desmentir hechos como «los robos de joyas y ropa interior», pero, sin embargo, no reparan en discutir la cifra de la mensualidad.


La diferencia entre la cantidad publicada y la real es de 453 euros. Y todo hay que decirlo. Las dos cantidades son igual de desproporcionadas como precio base para una residencia municipal.


 


Es cierto que hay subvenciones públicas para los residentes que ascienden a 562, 27 euros. Pero la presencia de esta bonificación no es ni muchos menos suficiente para rebajar una mensualidad que es propia de una residencia de superlujo en la que nunca se podrían dar las situaciones de esta.


a sinvergüenza?», le espetaban.


 


Margarita Nájera cobraba 2.400 € al mes a los ancianos para tenerlos hacinados en el Llar


Los familiares de una interna denunciaron el robo de 410.000 pesetas de su cuenta bancaria


PALMA. -«Cuando llegué me encontré con una panorama dantesco». Así describe la situación que se encontró en el Llar dels Ancians de Calvià la nueva gerente, Ana Belén Velasco, cuando llegó hace tan sólo unos meses. «Se trataba a los residentes a golpe de silbato y se les movía de un lado a otro como si fueran mercancías», añade la nueva responsable.


«Hemos tenido que tirar a la basura bolsas llenas de medicamentos caducados y revisar la medicación de todos los pacientes al observar hechos gravísimos», prosigue la actual gerente. En algunos casos, esta dejadez provocó daños irreversibles. «Se ha dado el caso de un residente al que el médico le prescribió que dejara de tomar un anticonvulsivo hace tres años, y hasta hace poco se le seguía suministrando. El daño que se le ha hecho a este paciente ya es irreparable, además de constituir un delito al atentar contra la salud de una persona», subrayó.


Pero estos no son más que unos botones de muestra de la «herencia caótica» que han dejado los anteriores responsables. «A los ancianos se les duchaba una sola vez a la semana. Esto es una auténtica marranada. Y, por dejadez, no se les cerraba la puerta del servicio cuando hacían sus necesidades. Son ancianos, y muchos de ellos no se dan cuenta de lo que sucede a su alrededor, pero son personas. Y tienen dignidad», puntualizó la actual gerente.


 


Medicinas caducadas


Y todo esto ocurría en una residencia en la que la proporción de cuidadores y ancianos es asombrosa: 1,3 cuidadores por cada residente. La sorpresa de Ana Belén Velasco también surgió al comprobar cómo el médico que atendía a los enfermos «pasaba por allí como si fuera de paseo, sin prestar atención a nadie», y cumpliendo «un horario que cualquiera de nosotros soñaría». Los mayores permanecían «hacinados habiendo sitio más que de sobra. En una sala de seis metros cuadrados llegaban a estar seis ancianos sin poder prácticamente moverse. Simplemente porque era más cómodo tenerlos así y ocupaban menos espacio».


 


Y esto sucedía teniendo salas de sobra. Algunas de ellas se utilizaban para «guardar sin ni siquiera desembalar una máquina para ver radiografías y un innecesario aparato de electroterapia por el que se pagaron 400.000 de las antiguas pesetas». Por cierto que, a día de hoy, nadie sabe dónde está el manual de instrucciones de esta máquina.


Encima sin contrato


Por no hacerse no se hacía «ni contrato» a quienes entraban por primera vez en el Llar. «Se saltaban un trámite legal obligatorio. Sólo lo hicieron al principio y luego debieron pensar que para qué, que no era necesario», añadió indignada Velasco. «Se les despachaba con un simple formulario», indicó.


Pero la situación de dejadez y de mala gestión no sólo ha afectado a los mayores, sino a las instalaciones, tan sólo con ocho años de antigüedad. «No funcionan las alarmas de las habitaciones ni los interfonos. De tal forma que si un anciano tiene una urgencia no tiene medios para avisar a las enfermeras».


Otro ejemplo de la desidia de la anterior gestión se refiere a las sillas de ruedas. «Si se pinchaban las ruedas de alguna silla, no se molestaban en arreglar el pinchazo. No. La solución era cambiar esas ruedas por unas de caucho, que evidentemente es imposible que se pinchen», aclara la nueva gerente.


«Y todo esto estaba ocurriendo en un residencia con una infraestructura espectacular que, sin embargo, por la mala gestión anterior no cumplía la normativa legal exigida. Es alucinante, pero es real», concluyó la nueva responsable.


 


A una anciana le desaparecieron 410.000 ptas de su cuenta bancaria


El dinero se sacó con la tarjeta que tenía en la caja fuerte del Llar - Sus familiares «denunciaron a Nájera lo sucedido y se les devolvió el dinero»


 


PALMA.-La anterior gestión del Llar dels Ancians de Calviá llega a adoptar tintes de novela policíaca. Además del «mal trato» a los residentes, de «la mala situación de las instalaciones» y del almacenamiento de «medicinas y material caducado», también parece que hubo robos.


Según comenta Ana Belén Velasco, actual gerente, «se dio un caso muy curioso». «Los familiares de una anciana denunciaron en 1999 que de la cuenta corriente de la residente habían desparecido 410.000 pesetas. Y según el extracto bancario habían sido sacadas utilizando su tarjeta de crédito, que estaba en la caja fuerte del Llar. Inmediatamente, la familia lo puso en conocimiento del centro geriátrico, pero al no encontrar respuesta por parte de los rectores del centro decidieron actuar de otra forma».


Y según nos cuenta la actual responsable, «los parientes de esta anciana hablaron directamente con la ex alcaldesa de Calviá, Margarita Nájera, para contarle lo que había ocurrido». Bien, pues tras esta conversación «la residencia extendió sin poner ninguna pega un cheque por la cantidad denunciada».


 


En este caso, prosigue la actual gerente, «sólo caben dos posibilidades. O bien un empleado del geriátrico accedió a la caja fuerte, cogió la tarjeta de crédito y sacó el dinero o lo hicieron sus familiares». Añade Velasco que «son las únicas opciones y que parece bastante descabellado que la familia se invente un robo y se lo diga a la alcaldesa para que lo resuelva». Y concluye que «curiosamente, Nájera no puso ninguna pega y ordenó que se reintegrara el dinero de inmediato».


Caja ¿fuerte?


A Velasco no le sorprende este suceso en absoluto: «era una práctica habitual tener en la caja fuerte del Llar las cartillas bancarias de los ancianos con los códigos secretos para acceder a las mismas. Y esto es absolutamente incomprensible porque no las necesitan para nada, y en caso de que necesitaran algo el centro se podía poner en contacto con sus familias».


 


La anciana a la que le desapareció el dinero tiene unos 80 años, continúa en la residencia y padece demencia senil.


Según Ana Belén Velasco, «este es el caso más sangrante de todos», pero «no el único». «Se denunciaron también desapariciones menores. Se han echado en falta anillos, joyas, dinero en metálico... e incluso ¡ropa interior!».


No obstante, la presente responsable quiere recalcar que el personal que está a su cargo y que ha heredado de la anterior gestión «es muy profesional, pero que ha estado muy mal dirigido y desmotivado», lo cual ha generado ciertas situaciones que «con una mejor gestión no hubieran sucedido nunca. Ahora