La Luna

.:la Luna:.


La Luna es, quizá, la presencia más querida para nosotros. Ella es la Guía en la noche, la inspiradora de los sueños, la Señora de los Cielos. Luna es el nombre de la mujer que vive en esta Casa, y el de la gata que comparte nuestro techo, Khammar (que significa "Luna" en idioma árabe Sirio) La Luna es el espíritu de la Casa y de su página web, y es el amor eterno del hombre que vive continuamente a su sombra, que soy yo.  

 

 

 

¿Qué es la Luna? Para muchos, es simplemente un satélite que describe órbitas en torno a la Tierra desde la formación de ambos cuerpos celestes. Se trataría de una esfera de roca carente de atmósfera, con numerosos cráteres de impacto, iluminada por el Sol en aquella superficie encarada hacia el mismo y con la peculiaridad de que, dada su órbita, la superficie iluminada varía confome transcurren los días. Su cercanía a la Tierra, poco más que un segundo-luz, hace que su influjo gravitatorio ejerza una fuerte influencia sobre las mareas, y que la luz reflejada por su desnuda superficie haga posible ver enmedio de la noche. Es anómala en el sentido de que ningún otro planeta rocoso del Sistema Solar (ésto es, Mercurio, Venus, y Marte), con la salvedad posible de Plutón y su satélite Carón, cuenta con un satélite tan grande. Sólo los cuatro gigantes gaseosos, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, poseen una corte de lunas comparables en tamaño a la nuestra. Fué hollada por primera vez por un ser humano hace poco más de treinta años.
Hasta aquí, la explicación racional de lo que es la Luna. Nótese que no es muy exhaustiva ni científica, para eso sugiero visitar la página de la Nasa.

 

 

Sin embargo, la Humanidad ha sentido siempre una pasional fascinación por la Luna. Para millones de mujeres y hombres que han nacido y muerto antes siquiera de que nuestros idiomas actuales se hablaran, o de que se tendieran las fronteras del mundo que conocemos, de que descubriéramos el origen de las estrellas y de que el pensamiento científico enunciara la Ley de la Gravedad, la Luna ha existido siempre, y ha sido la hermana que nos ha acompañado en nuestras noches de oscuridad y terror. La Luna mudaba su cara como por arte de magia, la Luna mandaba sobre las mareas, la Luna regía el ritmo de la fertilidad femenina. La Luna era una Diosa, una criatura más allá de nuestro alcance pero tremendamente próxima a nuestros corazones.

¿Por qué hemos perdido ese respeto, ese amor puro e inocente, a la Luna? Supongo que por la misma razón que le hemos perdido el respeto a nuestra Madre, la Tierra.

 

Si el Sol es el padre que dio energías a la vida en la Tierra con su tremendo y abrasador poder, la Luna fue quien sopló sobre la misma y le confirió lo que necesitaba para existir como algo más que un grupo de máquinas vivientes: la Luna insufló el Espíritu en todas las criaturas, y les otorgó el don de poder soñar.

 

 

Al igual que la mujer, la Luna atraviesa tres edades principales a lo largo de cada ciclo vital. Nace y crece como Doncella, como la niña pura que no conoce aun las anfractuosidades del Mundo y que se maravilla ante cualquier pequeño descubrimiento: una flor que se abre, un pájaro que alza el vuelo, su hermanito naciendo del seno de su madre. Permanece virgen, intocada, porque su tiempo de mujer aun no ha llegado, y porque debe vivir su infancia en paz. La Luna Doncella, creciente, es el momento propicio para empezar cualquier tarea, es pródiga en energía y la dispensa a manos llenas a cualquiera que se la pida. Es un buen punto de arranque para los propósitos y para la curiosidad, y cualquier cosa de la que nos alimentemos, material o espiritual, será doblemente añadida a nuestras vidas.

Es el símbolo de Artemisa/Diana, de la Diosa cazadora y peremnemente virgen que recorre los bosques desnuda y en estado salvaje, pura e inmaculada al permanecer lejos de las intrigas de la civilización. Es también la Luna de Brighid, la patrona de Irlanda, Diosa de la curación y de la guerra en defensa de Su pueblo.

 

La Luna llena es la Luna de la Madre. Su vientre ya está hinchado de vida, su cuerpo y su espíritu son plenamente fértiles, y ya ha encontrado su lugar en el orden de las cosas. Ella es la que da el reposo y el bienestar, la que impulsa y protege la vida. Es la dadora de cosechas y la que hincha las mareas, la Señora de la noche. Su luz es tan intensa que parece querer competir con el Sol en la tarea de confortarnos y darnos una esperanza frente a las tinieblas. Representa la vida en su total plenitud.

La Luna llena es el símbolo de Dana, la Gran Madre, que ya ha dejado atrás su etapa de niña y ha madurado para poder dar nueva vida. También representa a Hera, la matrona del hogar, y a Tanit, la Madre de los fenicios y cartagineses. Como en todos los casos, múltiples culturas han puesto múltiples nombres a la Diosa y a su faceta de Luna Madre. Si la Luna Doncella es propicia para recibir energías para empezar, la Luna Madre es la más pródiga en energías para afrontar cualquier tarea vital, intelectual o mágica. Pide que te acaricie con su mano de plata, y sentirás Su bendición y Su tierno cuidado.

 

La tercera edad de la Luna es la Anciana. Una vez ha pasado el tiempo de la niñez, y se va alejando el de la madurez fértil, se acercan los días en los que la fuente se seca, el Mundo se hace viejo a ojos de quien ya ha vivido y aprendido, y llega el tiempo de la sabiduría. La Luna se bate en retirada, su rostro adelgaza, su luz palidece. Es un reflejo de lo que ocurre con nosotras al envejecer, cuando ésta sociedad ridícula a la que pertenecemos nos aparta por inútiles y por feas. ¡Cuánta ceguera! Es ahora, precisamente, cuando estamos en la cima de nuestro poder. Ya hemos deleitado al mundo, ya lo hemos alimentado, y lo que queda es el momento de la Sabiduría, nuestro legado más precioso. La Luna Anciana menguante es la más propicia para liberarnos de aquellas influencias que son negativas para nosotros. Ella recogerá nuestra negatividad y la transmutará en su cuerpo oscurecido y arrugado para convertirlo en semilla de nueva vida. La anciana trae consigo la oscuridad de la Muerte, pero al mismo tiempo regala la luminosa promesa de la resurrección tras el tránsito.

La Luna Anciana es el símbolo de Kali, Perséfone, todas las Diosas que destruyen para que pueda alzarse la nueva creación tras la renovación. Pero, sobre todo, es la Luna de Cerridwen, la más sabia de las Diosas, que con su caldero mezcla los ingredientes de la Sabiduría y los da a beber como Grial de la Inmortalidad. Porque ese es el seceto, la Cuarta Luna: que la inmortalidad consiste en morir para renacer de nuevo.

 

 

 

Página en construcción. Gracias por tu paciencia.

 


   



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