Agustin
AGUSTÍN DE HIPONA (354-430)
Aurelio Agustín  nació en Tagaste (hoy Souk-Arhas, en Argelia), ciudad de Numidia, en el África romana, de padre pagano y madre cristiana. Fue educado en Tagaste y Madaura y estudió retórica en Cartago; leyendo a Cicerón se inició en la filosofía y se cuenta que uno de sus diálogos, el Hortensius, hoy perdido, le llevaría más tarde a convertirse al cristianismo. En su juventud fue seguidor del maniqueísmo, en el que inicialmente le pareció hallar respuesta a sus dudas sobre el mal en el mundo. Desencantado de la secta, se dirigió a 
Roma, donde se adhirió al escepticismo de la Academia nueva y al epicureísmo, y donde enseñó retórica, para pasar luego a Milán. Leyó por esta época a algunos autores neoplatónicos y probablemente las Enéadas de Plotino.
La posesión de la verdad sólo la encontró Agustín en el cristianismo, al que se convirtió, por influencia del obispo Ambrosio, de Milán, en el año 387. Ordenado sacerdote (391) y luego (396) obispo de Hipona (Annaba), inició su producción literaria de mayor importancia, como defensor y expositor de la fe cristiana, al escribir primero contra los maniqueos: Sobre el libre arbitrio (388 y 391-395), La verdadera religión (390); contra los donatistas, cristianos puritanos que hacían depender la validez de los sacramentos de la intención del ministro: Contra Gaudencio, obispo de los donatistas; y contra los pelagianos, seguidores de Pelagio, para quien el hombre, al no tener pecado original, podía él solo, sin la gracia divina, realizar obras buenas: El espíritu y la letra (412), Sobre las hazañas de Pelagio (417). A esta época pertenecen también otras grandes obras y tratados: La trinidad (399-419), Confesiones (397), obra literariamente importante, y su gran obra apologética La ciudad de Dios (413-427). En Retractaciones (426-427), Agustín revisa algunas doctrinas anteriores. Su muerte acaeció en el año 430, mientras los vándalos sitiaban Hipona, cuando desaparecía el Imperio Romano de Occidente.
La ciudad de Dios, principal obra de San Agustín, fue escrita entre el 413 y el 427. Pretendía contestar la opinión de que la caída de Roma en poder de los godos de Alarico (año 410) había sido causada por la aceptación del cristianismo. Agustín argumenta que Roma había caído por su egoísmo y por su inmoralidad y sostiene que ni el politeismo, ni la filosofía pagana pudieron sostener el Imperio. El libro hace de la historia el escenario de la libertad humana en su lucha entre el bien y el mal; el suceso importante no es la caída del Imperio Romano ni nada de este mundo, sino la encarnación del Verbo, 
que hace posible la salvación humana y hecho a partir del cual han de juzgarse todas las cosas, mientras que el tiempo es el espacio en perspectiva lineal, con un comienzo y un final establecidos por Dios, en donde los sucesos, las cosas y las decisiones humanas toman sentido por la aceptación o rechazo que suponen de la "ciudad de Dios" o de la "ciudad terrena", elección que se decide por el "amor de Dios" o el "amor de sí mismo".

El fragmento seleccionado en el programa  hace un análisis de la noción de paz: definición (tranquilidad en el orden), formas, medios para conseguirla (las leyes), etc.