IMPRESCINDIBLE
1 Llegar el primero al Siq. Nada como
adentrarse por el desfiladero del Siq al amanecer, en soledad y silencio, antes de que
lleguen los grupos de turistas. Da una idea de la emoción que debió sentir Burckhardt al
recorrer esta estrecha grieta rocosa plagada de bajorrelieves votivos y dedicada al
dios Dusares y encontrar, tras un kilómetro de caminata, la sorpresa del Tesoro.
2 Un café frente al Tesoro. Es difícil encontrar otra terraza con
vistas más asombrosas. El sencillo puesto de bebidas y recuerdos del beduino Awad Aid y
su familia, tiene delante uno de los monumentos más sorprendentes del mundo. Tomar algo
en un lugar privilegiado como éste costaría en Europa tres veces más.
3 Colores. Rojo, ocre, gris azulado, blanco, amarillo
hasta nueve
tonos se pueden extraer de las piedras de Petra. En algunas fachadas e interiores de los
templos y viviendas, la combinación de colores en círculos concéntricos crea formas
tornasoladas que han sido inspiración inagotable de poetas.
4 Sin rumbo. Cuando cumpla el espectacular itinerario tradicional,
anímese a salir de lo obligado y haga caminatas por el Túnel Nabateo; por el Jebel
al-Khubtha, encima del Tesoro; por el Altar de los Sacrificios; o por los wadis Muthlim y
Siyagh, para disfrutar de otras perspectivas paisajísticas donde no llega la mayoría de
turistas.
5 Atardecer. Un buen lugar para contemplar la caída del sol es sentarse
en las ruinas de la Vía de las Columnas. Desde allí, la vista panorámica de la Fachada
de las Tumbas y el Palacio es magnífica. Además, resulta entretenido ver las carreras de
camellos que a veces hacen los guías, levantando nubes de polvo dorado.
6 Resonancia. Las piedras devuelven ecos de otros siglos. Pruebe a
quedarse solo en la llamada Tumba de la Urna y, por ejemplo, cante. Además de comprobar
la resonancia, habrá conseguido disfrutar un momento en soledad, cosa que no es fácil en
Petra.
7 Sonrisa beduina. La tribus bedoul, almmaren, al surur, al alayya, al
albediyya o howeita ofrecen la cálida hospitalidad beduina en toda la zona de Petra, y
siempre están dispuestos a ayudar y guiar a los visitantes.
8 Subida al Monasterio. La caminata de una hora hasta el colosal
Monasterio de formas parecidas al Tesoro, pero mucho mayor es una tortuosa
ruta excavada en la roca, con más de 800 peldaños. Desde allí se domina el magnífico
paisaje de riscos y quebradas.
9 Botellas de arena. El típico recuerdo de Petra se hace más especial
al conocer la historia de cómo surgió: Mohamed Abdullah Othman tenía 10 años cuando,
en la década de los 60, se obsesionó con machacar las areniscas de colores para extraer
tonalidades de arena y mezclarlas, una y otra vez, en el único envase de cristal que
tenía: una ampolla de penicilina. Probando cientos de veces, finalmente consiguió formar
un camello con la ayuda de una pajita de plástico. Pasó 20 años perfeccionando sus
diseños: palmeras, geometrías o paisajes, y cargando en su camello las botellas del
restaurante y la pensión del vecino pueblo de Ma'an. Las rellenaba con los dibujos que
inventaba y luego las vendía a los escasos turistas de la época. Botella a botella, fue
el primer beduino de Petra que se compró un coche. Hoy su hermano Hussein Abdullah
continúa con el arte familiar, en el puesto colectivo de la Asociación de las Arenas, en
Petra.
10 Descanso en el Teatro. Las 33 hileras de gradas en colores rojo, gris
y blanco del teatro de origen nabateo que ampliaron los romanos son el lugar perfecto para
sentarse a tomar notas en el cuaderno de viaje y relajarse.
inicio
PacoPalmPilot
http://www.inicia.es/de/francist