MARY
DE PEQUEÑA
Mary es una perrita muy pija y
consentida. También es muy lista para sus cosas. De pequeña
fue muy problemática: llorando y quejándose siempre, con
vomitos etc.. Luego fue creciendo y se «normalizó».
Era muy curiosa y prudente. Pronto se fue «espabilando» y,
a veces, le daban ataques de «locura». Cuando llegaba la noche
(no siempre, sólo alguna veces) se ponía a correr de un
lado a otro de manera alocada, y ladrando. Lo hacía de manera impulsiva
, y quizás para descargar toda la tension del día ya que
no salía a pasear en esos meses. Parecía que estaba loca
pero era gracioso verla como se ponía, parecía una liebre.
Fue creciendo y se tranquilizó. Y tanto que normalmente no parecía
que había perro en casa. A veces parecía que le sucedía
algo, siempre estaba tumbada en el sofá o en la cama. Simplemente
estaba aburrida y se dormía. Tras observar esto la provocabamos
para que jugase con nosotros, y así, reaccionaba. ¿Que sí
reaccionaba? La muy loca se ponía como en su juventud a correr
de un lado a otro de la cama ladrando y provocando pasándolo en
grande. A veces parecía una corredora de atletismo: se ponía
a correr en una dirección alternando el sentido de forma repetitiva,
a lo mejor durante un minuto. Y ella se lo tomaba en serio porque la llamabamos
y no hacía caso. ¡¡Parecía que quería
perder kilos!! ¡jejeje! ¡Era asombroso!
Tenía un vecino que era como 4 veces el tamaño de ella que
le gustaba visitar a Mary . Pero luego cuando salía Mary a jugar,
el se asustaba ¿Curioso verdad? Su amigo se impresionaba al ver
como «flipaba» Mary corriendo y como lo provocaba a él
mismo.
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MARY
EN LA PISCINA
En verano Mary, cuando el sol hace
justicia en todas partes, como cualquier hijo de vecino también
tiene y quiere sus vacaciones. Decimos «tiene» porque la llevamos
algunas veces a la casa de campo, donde viven permanentemente sus dos
«hermanastras», Linda y Chica. Allí tenemos una piscina
donde Mary sabe como nadie disfrutar de ella, cosa que las perras nunca
se las ha ocurrido meterse en ella, ni por asomo.
Cuando Mary va a la casa de campo, ella campea corriendo de un lado a
otro por el jardín, y olfateando incesantemente por donde va, sintiéndose
auténticamente libre. Cuando ve tanto espacio donde correr no duda
ni un segundo en jugar de un lado a otro sin parar. Tan significativo
es, que las otras dos perras se quedan «flipadas» viendo la
marcha que tiene Mary. Vamos, que ni siquiera se esfuerzan en seguirle
el juego, sólo miran atónitas. Hay que decir, no obstante,
que Mary se encarga de provocarlas para que le siga el juego.
Al ser pequeña, se cansa muy pronto, y también se acalora
bastante. Aquí viene lo bueno, ya que sin pensárselo ni
un segundo, con toda naturalidad, entra por un lateral de la escalera
(tipo romana) de la piscina, al primer escalón mojándose
las patitas, y sale por el otro lateral, recorriendo el jardín
nuevamente. Y esto lo hace numerosas veces durante la estancia.
Y es que después de algunas
de las veces que se mojaba iba a la dueña a quejarse lloriqueándola
porque se sentía muy húmeda y quería que la cogiera
en brazos para que la secase un poco. Pero como una niña ella volvía
a correr y después nuevamente se metía en la piscina, y
como otra vez se sentía incomoda con la humedad, se hacía
la víctima lloriqueándole a la dueña para que la
secase ¡todo un espectáculo en el jardín!
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| CELOS
EN LA PISCINA Hay
que comentar antes, que las perras entre ellas son muy recelosas y se
mantienen la distancia, a no ser que se conozcan de buen tiempo y estén
compenetradas. En este caso pasa lo mismo con Mary y las perras del campo,
con el agravante de que comparten dueño, y puede surgir celos.
Lo que pasó fue que Chica,
la perrita negra pequeña, se mojó, no recuerdo como pero
el caso es que la dueña fue a cogerla y la estuvo secando estando
sentada. Mary que estaba observando la situación de lejos, parece
que no la hacía gracia que su querida dueña estuviera secando
a aquella cosa (pensaría ella). Así que, con asombroso ingenio,
estando Mary bastante seca, fue de inmediato a la piscina a mojarse y
salió al momento dirigiéndose a la dueña y lloriqueándole
como las anteriores veces, intentando captar de esta forma la atención
de la dueña para que dejase a un lado a Chica. Simplemente asombroso;
buscó la excusa perfecta para su misión.
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MARY
Y SU HUESO
Mary tiene numerosos huesos (de
piel de vacuno) dispersados por la casa, unos medio roidos, otros nuevos.
El caso es que le da importancia en determinados momentos. Ella se da
cuenta cuando hay algo de «vidilla» en la casa, es decir cuando
hay gente en la sala de estar hablando y viendo la televisión,
y ella necesita también integrarse haciendo algo. Aquí está
la gracia, que como tiene siempre perdidos los huesos, y ve que algunos
se van a la sala de estar, inmediatamente le entra una inquietud de aquí
para allá buscando desesperadamente un hueso, aunque sea el más
roido, da igual, la cuestión es encontrar un hueso lo antes posible.
Es gracioso ver con que diligencia va por los cuartos buscando un hueso.
A veces ha venido a mi cuarto a llorarme a ver si le buscaba el hueso
porque no lo encontraba; ¡Toda una escena! ¡Jejeje! Algunos
podrán pensar que más que observación es mi imaginación
proyectada en la perra, pero, creedme, mientras más «jaleíllo»
había en el cuarto con más ímpetu disfrutaba royendo
y comiendo el hueso. Digamos que era su particular forma de participar
de la vida familiar.
También tiene otra forma
de manifestar su participación: Mary tiene una canastita donde
tiene una serie de muñecos y a veces los saca para jugar con ellos,
en la sala de estar. Si vieran como se pone el cuarto a veces, ¡pensarían
que en esta casa vive un montón de niños pequeños!
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EL
PAQUETE DE ARROZ
Esta es una de las anécdotas más
curiosas ocurridas con Mary. Estando un mediodía la familia almorzando
en el comedor y, teniendo en cuenta como son los perros, cuando eres un
poco complaciente en cuanto a la comida se refiere; Mary dejó su
insulso cuenco de pienso como última alternativa a la espera de
un jugoso aperitivo caído del cielo (más bien de la mesa
¡jeje!). Decidimos prepararle un poco de arroz cocido, nada novedoso
aunque tampoco habitual. El motivo principal era para que nos dejase tranquilos
mientras comíamos, ya que últimamente mientras más
permisivos fuimos con ella más confianza ganó hasta tal
punto que aquí viene lo curioso y sorprendente de su actitud: Tras
ponerle en un papel de aluminio la ración de arroz, y nosotros
seguir comiendo, ella probó un poco y seguidamente, para sorpresa
de todos, empezó con el hocico y las patas a cerrar el envoltorio
de aluminio llevándolo a fuerza de empuje hasta el cuarto de baño
(que está al lado de donde le pusimos la comida). Luego volvió
como si realmente ella no tuviera nada para comer haciéndonos saber
que quería algo más suculento que un plato de arroz nutritivo
aunque insípido para un paladar que iba «subiendo»
de tenedores. ¡¡Simplemente fue increíble!!
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