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ACTUALIDAD

 

MENSAJES BASTARDOS

El Plan Info XXI, impulsado por el Gobierno, no parece haber comenzado con buen pie. Una ley , que pretende regular el comercio electrónico, ha sembrado la polémica, hay quien asegura que más que regularlo acabará por entorpecerlo. concretamente, el apartado sobre el spam plantea muchas interrogantes, ya que no consigue poner veto a esta práctica tan denostada por los usuarios de la red.

Los internautas deben pagar 10.000 millones de € al año por culpa del spam. Así de contundentes se muestran los datos de un estudio encargado por la UE. Por este motivo, diversas asociaciones de internautas llevan años luchando contra esta forma dañina de publicidad. El correo publicitario no solicitado es una de las lacras que más perjudican a la red, y puede incluso bloquear importantes buzones de correos, con el consiguiente perjuicio económico. No solo eso. La intimidad de los usuarios se ve vulnerada a causa de las listas de correos que circulan sin control. Los traficantes de datos hacen su agosto con este material, que venden a las empresas interesadas en desplegar su azote publicitario. Se ha convertido en un negocio tan lucrativo, que los interesados incurren en una lamentable paradoja: recurren al spam para captar a nuevos spammers que compren los valiosos datos.

La LSSI, que entrará en vigor el próximo 12-10-02, lejos de acabar con la plaga, deja una puerta abierta a que los spammers continúen con sus actividades. El título III dedica un capítulo a las comunicaciones comerciales no solicitadas. Se establece que el anunciante se identifique claramente como tal, y solo se considera ilícito el envío por correo electrónico "si el destinatario se opone a ello". Estas condiciones no parecen suficientes. El hecho de que los spammers revelen su condición en la cabecera no evita que el usuario tenga que emplear tiempo de conexión en descargar el mensaje. En cualquier caso, se evitaría tiempo perdido en discriminar los mensajes desechables de los deseados, pero el tiempo de conexión malgastado continuaría socavando los bolsillos de la mayoría de internautas. Tampoco convence la forma en que se establece la exclusión voluntaria. Los usuarios que no deseen recibir correo deberán comunicarlo a cada uno de los publicistas, algo que ha levantado muchas críticas entre los consumidores. Estiman que no se han impuesto determindas condiciones para moderar las habituales molestias. Los destinatarios deberían tener la posibilidad de suscribirse y cancelar su suscripción automáticamente en las listas de exclusión que se creen al efecto. La solución propuesta en la LSSI significa más de lo mismo en el despropósito actual: el destinatario debe responder al mensaje no deseado con alguna clave determinada si no desea continuar recibiendo publicidad. Esta operación, sin embargo, sirve a los spammers para confirmar la operatividad de la cuenta y continuar con los envíos, como ya ocurre en la actualidad. Por este motivo aconsejo no responder nunca a un mensaje de estas características.

Los más críticos cuestionan incluso la raíz de la ley. Opinan que el consumidor solo debe recibir comunicaciones comerciales si previamente ha dado su conformidad, y no al contrario. La opinión más extendida, sin embargo, se refiere a las limitaciones que la ley debería recoger. Los mensajes deberían limitarse a 10K, lo que paliaría en gran parte el colapso que sufren muchos internautas ante correos de gran peso (imágenes, audio, etc.) Se debería, asimismo, limitar la frecuencia de los envíos a uno al mes, suficiente para que las empresas comuniquen sus actividades a clientes potenciales. Este intervalo concedería el tiempo necesario para que el destinatario se inscriba en las listas de exclusión. La ley contempla la creación de estas listas, que el prestador del servicio estaría obligado a consultar una vez al mes, precisamente la frecuencia que reclaman los consumidores para los envíos. Como al amparo de la ley, los anunciantes pueden envíar spam sin limitación el usuario que se haya inscrito en las listas de exclusión continuará recibiendo los correos durante un mes más, en el mejor de los casos, es decir, hasta que el anunicante se vea obligado a consultar la lista de nuevo.

Por último se objeta que la ley no inicide más sobre la necesaria identificación del anunciante, que, recordemos, solo estará obligado a incluir la palabra "publicidad" o "publi" en las cabeceras de los mensajes. Sería más adecuado, según disitintas asociaciones que se especificara su contenido con más precisión. Se proponen distintas etiquetas para ello: comercio, industria, cultura, deporte, ciencia, sexo y violencia. Sorprende, por todo esto, la apatía del legislador, porque da la impresión de que no acaba de comprender la esencia del correo no solicitado. Por definición, los spammers no dan facilidades para expresar el rechazo a sus mensajes, y si lo hacen, es mediante subterfugios engañosos. Por ej. muchos invitan a responder al mensaje publicitario con determinada frase en el asunto (subject), método que, supuestamente, servirá para que cesen los envíos. Todos sabemos, en realidad, que los embaucadores utilizarán esa respuesta para confirmar la existencia del correo, lo que redundará en su satifacción demoledora. Pero si el Gobierno estipula, precisamente, este mismo sistema como forma de comunicar a los spammers la renuncia a su propaganda ¿qué hemos avanzado?

Desde diversos colectivos, como asociaciones o grupos de defensa de los derechos en la red, se critica el modo en que las administraciones y los grandes grupos empresariales están irrumpiendo en Inet. Se actúa solo con la intención de hacer negocio, pasando por alto los perjuicios que se ocasionan a los particulares. Por este motivo, se legisla con sumo cuidado de no dañar los intereses comerciales, pero nadie se ocupa de proteger los derechos de quienes trabajamos con la red a diario. El anhelado acceso sin trabas (precios asequibles y sin limitaciones) se complica si el descontralado spam bloquea las cuentas de los proveedores, encargados de dispensar el servicio. Pero ni siquiera, según la opinión de destacados expertos, la laxitud en la legislación contra el spam beneficia el eCommerce. Los consumidores, aún basntante remisos a la compra por Inet, tan solo se decidirán por esta opción si reciben la suficiente sensación de seguridad y, sobre todo, si obtienen la garantía de que su intimidad no se verá vulnerada por introducir datos personales en un formulario. ¿Que conclusiones pueden extraer esos consumiodres si, al poco tiempo de rellenar un par de esos formularios, reciben un enjambre de propaganda comercial que desborda sus buzones? Por tanto, lo que en principio se considera como una ley beneficiosa para las empresas, puede resultar perjudicial para sus intereses, así lo han manifestado distintos grupos, como CommerceNet, contrarios a la imprecisión de la ley. Particularmente desastrosas resultan las incursiones de los spammers en los grupos de noticias. Concebidos como espacio para el contraste de opiniones, gran parte de estos grupos ven literlamente tomado su territorio por el acoso de mercaderes y timadores. El "usenetero" pierde tiempo y dinero en descargar los artículos basura, sin hablar del ancho de banda que se comen, y los debates se ven entorpecidos -en ocasiones imposibilitados- por culpa del asedio.... El crossposting es la herramienta de que se valen los anunciantes, y son el terror de las news. Consiste en enviar un mismo mensaje a cuantos grupos se quiera al mismo tiempo. El coste para el spammer es inapreciable, porque con un esfuerzo mínimo se alcanza a gran cantidad de potenciales consumidores, pero esos estragos alcanzan magnitudes de tragedia. Para colmo, resulta imposible responder al agresor para solicitarle el cese de su actividad, porque suelen introducir un dirección de correo falsa. Algunos usuarios indignados han llegado a proponera ataques masivos a los servidores que sustentan a los spammers, tipo mail-bombing o similar, Sin embargo, esta medida supondría el inicio de unas hostilidades de imprevisibles consecuencias, y usenet se concibió como un lugar para el diálogo y no para el bombardeo. Por la dimensión de la epidemia, parece casi imposible salvar a usenet, pero cada uno de los usuarios pueden adoptar medidas particulares. Muchos clientes de news incorporan un función llamada killfile. Haciendo uso de ella se pueden filtrar los artículos no deseados mediante ciertas fórmulas selectivas. Pueden excluirse, por ej., todos aquellos que contentengan la frase "make money fast" en el subject. Obviamente, usenet continuará atestado de spam, pero esta solución parcial aliviará a no pocos tertulianos.

El rechazo que produce el correo no solicitado viene de muy antiguo, cuando Inet se concebía como un espacio para la difusión del conocimiento y la comunicación. El primer caso de un correo de estas características apareció en los USA, allá por el año 1994, cuando los abogados Canter&Siegel de Arizona anegaron la red con ofertas de asistencia para obtener permisos de residencia en ese país. Pronto se hicieron muy conocidos, pero recibieron a cambio una cadena de rechazos que les llevaron al descrédito tanto en USA como en el exterior. Remontándonos aún más en el tiempo, descubrimos que la palabra spam es una contracción de "spice ham" (jamón con especias), conserva alimenticia muy utilizada en el ejercito USA. Debido a su mala calidad, se ha adoptado para designar al correo basura.

Existen, por fortuna, mecanismos para detener la avalancha, La lista RBL Link de MAPS se encarga de incluir a los spammers denunciados por los usuarios. Resulta efectiva porque el 33% de los administradores de correos se encargan de filtrarlos. La lista negra se confecciona atendiendo a las denuncias de los particuales, de modo que todo aquel que se sienta agraviado puede contibuir a la recopilación. Las redes que permiten el envío de spam pueden encontrarse, por tanto, con que sus correos son filtrados sistemáticamente, pues son ellas las que sufren el espulgo por el pecado de permitir el correo masivo. sin embargo, este método ha recibido numerosas críticas. Si algo caracteriza a los spammers, es su capacidad de mutación. Hoy se identifican con una dirección de correo determinada y mañana lo harán con otra. Ayer nos perturbaron con un subject agresivo, pero hoy tratan de seducirnos con otro más sutil. De manera que encasillarlos bajo ciertos patrones, con la espereranza de mantenerlos a raya, no parece una solución definitiva. si acaso, estimulan su creatividad para hallar el hueco por donde colarse. Si además encuentran una legislación permisiva, ya podemos dar la batalla por perdida. El Plan Infor XXI se orienta a incrementar los esfuerzos en favor de la llamada Sociedad de la Información. Sin embargo, la polémica ley entra en conflicto con los objetivos básicos de esa pretensión, pues la escasa energía empleada en penalizar el spam puede disuadir a potenciales consumidores en Inet. No basta con incentivar a las empresas dedicadas al eCommerce, también se deben crear las condiciones necesarias para presentar un entorno agradable al posible cliente, premisa un tanto complicada con una multitud de spammers a la caza de datos personales ©

Aaaaadíos.