Cap a un Teatre pobre

HACIA UN TEATRO POBRE

Fue un comienzo incierto y duro a la vez, que sólo con diez y ocho años, contaba con unos medios mínimos y la reacción de la gente que me hacía actuar de una manera o de otra.

El que surgió muy rápido fue el vestuario que llevaba. Me puse unos pantalones, que un amigo mío, el Llorenç, me dio de su padre, Ciscu, que era muy grueso, con unos tirantes, una corbata, una camiseta, unos zapatos del mercadillo, una matrícula de un coche que cogí de un desguace, un casco de aviador que mi cuñado, el Josep, me proporcionó de no sé de dónde, una maleta de mi padre Lluís, y una vela de Ca l'Armengol.

Lo más importante era el monociclo que, años después, se lo quedó mi sobrino Josep, hijo de mi hermana Maria y que fue ella quien me ayudó a preparar el monólogo y los poemas para las pruebas en el Institut.

 

Trabajaba solo en este montaje de calle hasta que un día, conocí a los Xarop de Canya, y que actuamos juntos en Tárrega y Palau de Plegamans.

Uno de los contratos más importantes que tuve en 1987, fue con el Ayuntamiento de Barcelona, el cual, me ofreció tres bolos en tres centros cívicos: Les Cotxeres de Sants (foto), Casa Elizalde y en el barrio del Clot.