|
||
|
Aquél año fue el comienzo de una dedicación que, posteriormente, me llevó a querer la animación infantil, a sentirme bien por lo que hacía, creérmela como una herramienta de educación en el tiempo libre y de descubrir, poco a poco, el mundo de la animación. Víctor Estrada, toca la guitarra magistralmente. Interpreta la música siguiendo su partitura y yo, lo interpreto con lo que sé hacer y que me gusta tanto hacer, jugar con la música con la ayuda de mi expresión corporal y mi voz. Escogimos un repertorio de canciones y danzas tradicionales y las interpretábamos tan bien como podíamos. Nos encontrábamos Víctor y yo, y comentábamos como haríamos esta canción o como podríamos bailar esta danza. Un buen día, paseando por Barcelona, vimos esa batería que hasta nuestros días ha funcionado. Y no nos lo pensamos dos veces. Aquella misma tarde, la fuimos a recoger y por la noche ya empezamos a trabajar. Fue un elemento que dio muy buen ritmo para el espectáculo. A partir de aquí, actuábamos por escuelas. Surgió entonces, una buena manera de iniciar el espectáculo y que yo recuerdo de una manera muy grata. Víctor entraba por un lado y yo por otro. No nos decíamos nada, sólo nos mirábamos bajo las risas de los niños. Víctor tocaba la batería y yo la guitarra. Lo hacíamos muy mal pero quedaba bien. Las risas continuaban. Nos mirábamos y hacíamos entender que aquello no iba demasiado bien y cambiábamos de instrumentos. Esto era el comienzo que nos funcionaba muy bien, porque lo manteníamos todo el rato que queríamos. También porque los niños se lo pasaban mejor con esta parte que con el resto de canciones y danzas. |