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La página del oso astur. Fernando
Pessoa
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Me encontré en este mundo cierto día, que no sé cual fue, y hasta allí, desde que evidentemente nací, había vivido sin sentir. Si pregunté donde estaba, todos me engañaron y todos se contradecían. Si pedí que me dijesen lo que haría, todos me hablaron con falsedad, y cada uno me dijo una cosa suya. Si, de no saber, me paré en el camino, todos se pasmaron de que no siguiese hacia donde nadie sabía lo que había, o no me volviese para atrás -yo, que, despierto en la encrucijada, no sabía de dónde había venido. Vi que estaba en escena, y no sabía el papel que los demás recitaban en seguida, sin saberlo tampoco. Vi que estaba vestido de paje, y no me habían dado la reina, y me culpaban de no tenerla. Vi que tenía en las manos el mensaje que entregar, y cuando les dije que el papel estaba en blanco, se burlaron de mí. Y todavía no sé si se rieron porque todos los papeles estaban en blanco, o porque todos los mensajes se adivinan. Por fin, me senté en la piedra de la encrucijada como en el hogar que me ha faltado Y empecé a solas conmigo, a hacer barcos de papel con la mentira que me habían dado. Nadie quiso creerme, ni por mentiroso, y yo no tenía un lago donde probar la verdad Cualquier cosa que se te ocurra al ver la página, por favor, cuéntamela, me hará ilusión |
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