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La página del oso astur. Fernando
Pessoa
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Intervalo
doloroso Todo
me cansa, incluso lo que no me cansa. Mi alegría es tan dolorosa como mi dolor. Quién
me diera ser un niño lanzando barcos de papel en un estanque de la quinta, con
un dosel rústico de entrecruzamiento de parras poniendo ajedreces de luz y
sombra verde en los reflejos sombríos del agua escasa. Entre
yo y la vida hay un vidrio tenue. Por más que yo vea y comprenda la vida, no
puedo tocarla. ¿Razonar
mi tristeza?¿Para qué, si el raciocinio es un esfuerzo? Y quien está triste
no puede esforzarse. Ni
siquiera abdico de aquellos gestos banales de la vida de los que tanto quería
abdicar. Abdicar es un esfuerzo, y yo no poseo el del alma con que esforzarme. ¡Cuántas
veces me atormenta el no ser el conductor de aquel coche, el cochero de aquel
carruaje! ¡cualquier banal Otro supuesto cuya vida, por no ser mía,
deliciosamente penetra en mí de tanto yo quererla y hasta penetra en mí de lo
ajena que es! Yo
no tendría horror a la vida como a una Cosa. La noción de vida como un Todo no
me aplastaría los hombros del pensamiento Mis
sueños son un refugio estúpido, como un paraguas contra un rayo. Soy
tan inerte, tan pobrecillo, tan falto de gestos y de actos. Por
más que por mí me embreñe, todos los atajos de mi sueño dan a claros de
angustia. Incluso
yo, el que tanto sueña, tengo intervalos en los que el sueño huye de mí.
Entonces las cosas se me aparecen nítidas. Se desvanece la niebla con la que me
rodeo. Y todas las aristas visibles hieren la carne de mi alma. Todas las
durezas miradas me lastiman al saberlas durezas. Todos los pesos visibles de
objetos, me pesan por el alma adentro.
Cualquier cosa que se te ocurra al ver la página, por favor, cuéntamela, me hará ilusión |
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