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Cenicientoso

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El ceniciento osado

Primera infancia de Cenicientoso


Cenicientoso era el mayor de tres hermanos. Su infancia trascurrió muy pegada a pelotas de fútbol acomodadas o no a su tamaño. El recuerdo de la hierba brillando a través de las grietas de las paredes del primer estadio de fútbol donde entró, está vivo todavía en su cabezota Se ocupaba también de poner paz entre sus hermanos, tomar mucha vitamina C y jugar con bloques a ver si los encajaba en sus correspondientes agujeros. Esta era una tarea bastante aburrida, que el oso realizaba con sorprendente satisfacción de sus mayores. Una cosa que le extrañaba mucho, era que él pensaba que su madre no era guapa, porque en los cuentos no era así, la madre de uno era la mujer más guapa del mundo. Se acuerda también de un día que atropelló a su madre con su bici, y luego se subió a un árbol, para que no le cogiese.  Algunas cosas le fueron aclaradas al oso con los años, le contaron que cuando nació tardó mucho en salir, él no se acordaba, y al final lo hubo que sacar porque su madre parece que al cabo de 24 horas dejó de intentar sacarlo. Se creía que su cabezota, asaz potente, había sufrido daño, por falta de comida o de aire, y por eso le daban tanta vitamina C y le hacían jugar con los bloques, para intentar mitigar el posible daño. El complejo de Edipo un poco raro pudiera tener que ver también con este episodio, cuando a su madre se lo llevaron para que lo viera, ella dijo que no lo quería ver, que sólo quería dormir.

Cenicientoso en los sucesivos centros escolares


En general el oso destacó en los sucesivos centros escolares por los que pasó, sobre todo en matemáticas. Se acuerda mal solamente de un profesor que le cascó en el primer año en el primero, cuando era muy pequeño y era totalmente ajeno a posibles envidias o teorías ideales de igualdad, y del último año del tercero donde se dedicó a estudiar ingeniería, con un miserable que le procuró fastidiar todo lo que pudo. De sus demás  instructores, algunos le alabaron la elegancia al resolver algunos problemas, los que casi nadie hacía. Lo malo es que a veces el oso resolvía los problemas que resolvía mucha gente de otra manera y aquí ya tenía algún problema más. Algunos le  puntúaban más bajo y se lo explicaban así, que ellos valoraban más que las cosas se hiciesen como en clase, otros a veces no le entendían y directamente le acusaban de copiar, y él en esos casos procuraba defenderse según cuanto le perjudicasen.

  El otro problema que tenía el oso era el llevar la camisa por fuera, que era sobre todo más importante para sus primeros instructores. Nadie le hablaba por entonces de sus zapatos, la gente no tiene esa visión, digamos que ellos ven algo y creen que es la camisa, pero el problema siempre son los zapatos, digamos que Cenicientoso se acomodaba cada vez más a llevar unos zapatos con los que no podía bailar.

Cenicientoso en los sucesivos centros escolares(II)

 

El oso empezó a buscarse un nuevo centro escolar lejos de la madriguera paterna, no tuvo mucho éxito profesional, aunque aprendió muchas cosas y ganó algún trofeo a nivel interno jugando al fútbol. De todas maneras decidió partir a Bélgica, a ver si su camino era la investigación. Este tampoco fue su camino, pero conoció a su mejor amigo, Guillermo, un oso polar, también nacido en Asturias como él, y a su mujer Nadya, una osa polar moscovita.

Guillermo dando vueltinas sobre la nieve

  A la vuelta de Bélgica, cuando se estaba asentando en el nuevo centro escolar, su amigo le dijo que su problema con las mujeres venía derivado de que conocía pocas. La solución era lógicamente conocer más. No se producía reacción porque no había masa crítica. Los ingenieros, el oso y su amigo lo son, son criaturas eminentemente prácticas que intentan aplicar lo aprendido en otros dominios del saber. El oso no creía que el problema fuese llegar a la masa crítica, pero tampoco perdía nada siguiendo los consejos de su amigo. Ergo…  

 

El oso en la web de solteros

El oso se inscribió en una web de solteros y allí aumentó algo su “masa”. Al final se aburrió, salió con cuatro mujeres a las que no cree que vuelva a ver nunca más, y se encontró con un montón de otras, las unas no le hicieron caso, y otras pensaron que era majo, que querían chatear con él. El oso odia chatear, o habla o escribe, entiende que las dos son mejores formas de comunicarse, pero ellas preferían chatear, escribir les resultaba muy complicado, no sabían que escribir, el oso le explicó a una una vez como se hacía lo de escribir, pero vio la misma flexibilidad que en él, ergo no

 

 

De como se encuentra un hada madrina en una web de solteros

Que la luz de un hada se cruce en tu vida y te obsequie el alma con un beso de primavera, del hada madrina del oso.

El problema del oso más allá de la masa crítica era que quería bailar, y no sabía en realidad con quién quería bailar, y ni siquiera sabía bailar. Tampoco se vestía para ello ni daba importancia alguna a sus zapatos. Cualquiera que haya leído hasta aquí se habrá dado cuenta de que lo que Cenicientoso necesitaba era encontrarse con su hada madrina. Y en realidad su hada madrina estaba allí, haciendo trabajo de campo para uno de sus libros. Nuestro héroe dio con su perfil, contándole que le había parecido muy brillante, y que le gustaría conocerla, aunque el oso sabía que el suyo era soso, si bien habría pocos por ahí ingenieros que tocasen la gaita. Su hada madrina le contestó que era lógico que su perfil fuera soso, dado que era ingeniero, aparentemente los ingenieros sólo usamos un hemisferio, o mejor dicho uno de cada vez. Lo de la gaita le llamó la a(in)tención y le pidió una foto. El oso, sin discutir que un hada madrina tiene la capacidad natural de jugar con los dos hemisferios a la vez,  no tenía esa percepción digamos estéreo=noingeniero, mono=ingeniero, y aprovechó para comentarlo a la vez que pedía otra foto en justa reciprocidad. El oso dio la lata una vez más y como no supo de ella la dejó en paz.

 

De como se encontró el oso finalmente con su hada madrina

Un cuento algo soso si ni siquiera Cenicientoso y su hada madrina se encontrasen, pero sí, finalmente se encontraron. Al cabo de unos meses su hada madrina aprovechó el trabajo de campo para promocionar su libro de la Reina Calabacina. El oso ha llegado luego a la conclusión de que los libros de su hada madrina tienen un éxito inversamente proporcional a lo que a él le gustan. Por aquel entonces Cenicientoso donando sangre había tropezado con uno que hacía reiki y que le contó jugando con la fecha de nacimiento que era muy importante que jugase su lado espiritual. En la portada del libro aparte de una foto de su hada madrina, decía que sabía reiki y era coach de PNL. Pensó pues que a lo mejor ella sabía de alguien que pudiese ser su hada madrina, pero quién mejor que ella. Así pues, Cenicientoso empezó a ver regularmente a su hada madrina, y hay que pensar que algún día ella conseguirá que nuestro héroe baile

 

 

 

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