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El oso en el centro escolar

PP como todos los animales fue extraído del medio natural donde vivía y educado para trabajar en una moderna galera, una prolongación de los centros de instrucción. El progreso, una ilusión de la civilización, se traducía en una mejora de las condiciones de vida de los galeotes, que ya no eran asesinados lentamente por el esfuerzo bestial que sufrían en las antiguas. Sin embargo se mantenía encerrados a los galeotes aislados de la luz y del aire, se restringía sus movimientos y se mantenían sus ojos pendientes de pequeños cristales luminosos. El ejercicio, algo perfectamente natural en la vida de cualquier animal, sólo podía hacerse a costa de sacrificios. El oso renunciaba a su hora de comida y como otros, aún haciendo ejercicio seguía siendo bombardeado de ruido e imágenes, no fuera a ser, que escuchase a su cuerpo o le diera por pensar en cosas ajenas a su vida de galeote.  Otra cosa en común con las antiguas galeras era la certidumbre de que era imposible escapar, no había otra forma posible de vida. Así el progreso de la potencia vecina gala era evidente, porque las guarderías acogían a las crías aún más tiernas a horas incluso más tempranas, para que sus padres pudieran llegar pronto a las distantes galeras a remar. Como dijo Pompeyo a sus remeros “Navegar es necesario, vivir no lo es”.

 

El oso había tenido ciertas dificultades para encontrar su primera galera, hasta que dio con un sitio donde la peculiaridad de hablar francés compensó con la de ser un oso. La boga en aquella galera, era simple pero requería mucho orden e interacción con sus compañeros, y no se adaptaba nada a las condiciones del oso, que se adaptaba mejor a cosas complejas que requiriesen poca interacción. Al fin y al cabo, un oso, aunque haya sido amaestrado, siempre será un oso, y nunca tendrá facilidad para hacer cosas con ni siquiera otros osos. Este, además, tenía además cierta predisposición al caos.  La experiencia en aquel centro escolar, fue dura para la autoestima del oso, que primero fue ignorado por su jefe y se pasó casi un año sin hacer nada y luego fracasó en la dirección de un proyecto para una caldera cerca de Casablanca. Hubo aspectos positivos, como la vida independiente, el nacimiento de amistades con otros animales bastante majos y la mejora del francés. El oso era recordado allí por cosas de las que él no tenía ni idea, como lo de mezclar el flan con el helado y/o el yogur en el postre y comerlo con patitos de pan. También por cantar mocina dame un besín en la cena navideña, esa ceremonia anual común a muchas galeras, donde siempre se dice que la galera en cuestión es la más mejor entre las que son como ella, que hay que remar más el año que viene, y que hay que procurar convertirse en una galera más grande pero a la vez más flexible, este atar la mosca por el rabo se suele hacer a base de coger galeotes de otras galeras y luego devolverlos.

 

Como allí no era bien tratado el oso decidió que iba a probar suerte al gran norte, a una galera de investigación. La vida en esta galera estaba aún más aislada que en las otras del medio natural y el tipo de trabajo que hacía allí aunque interesante, con el aislamiento facilitaba mucho la tendencia obsesiva del oso(oso obsesivo y desordenado). Además el oso no encontraba a nadie con el que jugar al fútbol, sólo una vez al año por San Eloy, jugaban con él. Así, que pese a su supervisor que le dijo que era perfectamente capaz de acabar el trabajo sobre como hacer remos centrífugos, y los consejos y ánimos de Guillermo, un oso polar, gran amigo suyo que conoció allí buscó un trabajo en Hispania donde pudiera aplicar lo que había aprendido.

 

Así se metió en una galera tecnológica que había en España, que no era una galera grande, sobre todo comparada con las parecidas extranjeras. El trabajo era el que más se adaptaba a sus capacidades, dentro de que él sabía más de compresores que de turbinas, que era a lo que se dedicaba la galera. La entrada en la empresa pasó por una etapa en la que se dedicaba a hacer algo parecido a lo que hacía en Bélgica, desarrollar código, supervisado por un pavo real, que despreciaba a su amigo Guillermo y a su antiguo supervisor en el gran norte . Aquello ya sabía que no le gustaba y menos aguantando al pavo real, así que busco cambiarse a trabajar en el banco que llevaba una hormiga reina, en la parte productiva de la galera. Esta estaba dividida en UDP’s, unidades de producto, que se dedicaban a remar, y CDC’s centros de conocimiento, que decían como había que remar. Una curiosidad del pavo real es que no le gustaba Shakespeare, el oso nunca pudo saber por qué, y le gustaban más otros autores más complicados como Joyce. La verdad era simple y bella para el oso y no entendía por que había que leer cosas complicadas cuando había cosas tan bonitas y sencillas como esta frase de Tagore: “No llores porque se oculta el sol, pues las lágrimas te impedirán ver las estrellas”

 

Pasó por una etapa de transición, en la que PP superó cierta prevención de la hormiga que se llevaba mal con el pavo real y temía que por haber pasado por la galera investigadora, el oso fuese igual que él, y llegó a entender lo que se esperaba de él. Inicialmente su trabajo era muy supervisado y tras cierto tiempo descubrió que querían que actuase más por su cuenta, quizás una vez se descubrió que no era un pavo real. Las relaciones con la hormiga reina eran buenas, PP hacía bien su trabajo y no tenía ninguna intención de ocupar su puesto ni tener más responsabilidad en la empresa. Ella como líder tenía a favor una capacidad de trabajo impresionante y un gran rigor en la supervisión de la forma de remar, en su contra que algunas veces trataba a los remeros como obreros a los que se podía despreciar si su trabajo no estaba a su altura. El único punto de conflicto entre ellos estaba en que el oso quería volver al monte, había posibilidad de remar desde su madriguera y ganar tiempo para él y acercarse a otra forma de vida y ella prefería tener a todos sus remeros allí. PP lo veía más fácil así pero si no podía ser, habría que buscar otra manera que tendría que preparar más. Se rebelaba contra la vida de galeote que terminaba embruteciendo a los animales, que se olvidaban de sí mismos y cada vez tenían más miedo de estar solos.

 

Donde no sabía muy bien cual era el terreno que pisaba era en sus relaciones con sus compañeros de banco, sobre todo con el mandril y el caballo, que habían ido a la misma galera de instrucción de pequeños y eran bastante amigos, algunas veces le trataban de manera muy cordial y otras de manera incluso hostil. El mandril hacía observaciones referidas a que el oso había estado en el gran norte y que por eso era mejor considerado en la empresa, que le sonaban envidiosas como si se sintiese agraviado comparativamente en el trato por parte de la hormiga. Algunos comentarios a ésta sobre lo desordenado que era el oso, que había mejorado sustancialmente en este punto desde que había empezado la vida como galeote, pero que no alcanzaba todavía a sus compañeros, y un comentario sobre un informe de una pieza que había hecho PP, le sonaron malintencionados.

 

Con el caballo se llevaba algo mejor, y sus desencuentros tenían que ver sobre todo con el fútbol. Al fin y al cabo el caballo es un animal noble, en general bueno y que se le ve venir. Sin embargo con el mandril temía el ataque trapacero por la espalda y la huida a las copas de los árboles, donde no podría alcanzarle, los fríos territorios de la razón pura. En un par de las escasas ocasiones en las que comía con ellos, las discusiones terminaron en que eso no es lo racional, a lo que PP replicó que gracias a que no somos racionales seguimos vivos, y otra terminó en que somos seres humanos racionales, lo cual le sonó tan cursi que evitó contestarlo. Sobre racionalidad y humanidad hay un libro de Coetzee, el oso se acordaba de un montón de cosas de libros, en el que un mono se interroga porque el hombre que todos los días le daba un plátano, ahora se lo esconde, o se lo cuelga del techo hasta que muerto de hambre se le ocurre poner las cajas una encima de otra para poder alcanzarlo. ¿Qué le he hecho para que me trate así?¿Por qué ya no me quiere? Cuando el mono encuentra la manera de alcanzar los plátanos es un mono más “humano”, más neurótico también.

 

Con el elefante, PP se llevaba bien, lo veía bastante apegado a la hormiga, como el que guarda un puesto esperando a cogerlo, y soportando a veces un trato humillante a cambio de mantener ese lugar preferencial, aunque a lo mejor eran juegos/bromas entre ellos debido a una mútua confianza, mal interpretados por el oso. A veces ese estar pendiente de la hormiga, le impedía estar al tanto de las andanzas del caballo y el mandril. Ellos tampoco hacían mucho por divulgarlas y él se sentía excluido, incluso puede que pensase que le quisiesen dejar mal delante de la hormiga, por lo que reaccionaba de forma agresiva. PP no tenía ninguna intención de quitarle este puesto preferencial, y como más o menos cada uno guardaba su territorio, no había problema entre ellos.

 

El paisaje de las relaciones sociales en la galera se completaba con más CDC’s y UDP’s en su mayoría ocupadas por pavos reales frustrados o no según el mando que tuvieran. PP aguantaba mal a ambos, los que mandaban porque eran unos soberbios inaguantables y los otros porque aunque no le parecían malas personas no paraban de quejarse de su desgracia y no veía que hicieran nada por cambiar su situación. Además de ellos había algunos búhos que con su sabiduría observaban todo silenciosamente desde una cierta distancia. Había también una foca, que acogía a todos los animales maternalmente, siempre que aceptasen la doctrina metrosexual y la adorasen. Cuando no era así, ponía pucheritos y dejaba de hablarles. A lo mejor tenía miedo del oso, su amigo el osito polar se la hubiera zampado en un momentín, pero a él no le daba por las focas, como buen oso astur, prefería los gochus y los jabalís, las fabes y el arroz con leche. Al principio le molestó que no le hablase, pero después decidió que era más fácil así, hacer como con el resto de los trabajadores de la galera cuya respuesta al saludo era una función de probabilidad, apostar particularmente a ver si contestaba o no. Si estaba aburrido podía ver si había un patrón.

 

Un problema que tenía PP al margen del centro escolar era que no había encontrado una osa, su amigo el osito polar había encontrado una osina polar moscovita, Nadezda, pero él no encontraba a una osina astur, o no buscaba en el sitio correcto o no la sabía ver o cuando aparecía el estaba escondido. También puede ser que fueran aún más escasas que las osinas polares. Estaría bien encontrar una osina que le enseñase a bailar con la cabeza y con los pies o una Gerda que con una lágrima disolviera los trocitos de hielo que tenía en su corazón, pero a lo mejor las osinas querían osos que ya supieran bailar, no estaban por la labor instructora

 

En vista a todo esto, el oso astur se sentó en el suelo (un oso se sienta apoyado en su trasero y sus patas traseras abiertas extendidas, un poco inclinado hacia adelante con las manos colgando a los lados) y pensó, su can se sentó a su lado también a pensar y llegaron a las siguientes conclusiones:

 

El tipo de galera y la forma de bogar eran los que mejor se adaptaban a su forma de ser, así que si seguía remando, el mejor sitio era allí.

 

El más peligroso de sus compañeros de banco era el mandril, pero teniendo un poco de cuidado con él, era completamente inofensivo.

 

Con el resto de compañeros de otros bancos que tenían poca influencia en su porvenir en la galera, lo mejor era llevarse lo mejor posible con todos, evitando atacar la vanidad de los pavos reales poderosos y escuchar pacientemente a los frustrados. Debería mantener y cultivar la amistad con los búhos, animales especialmente sabios y cariñosos con el oso.

 

El trabajo de galeote no era su visión ideal de él mismo en un futuro, el se veía sentado en la hierba, cerca de su madriguera, descansando junto a su can de las labores de su huerto ecológico y su granja, aprendiendo de sus vecinos e instruyendo a sus crías con las lenguas extranjeras que había aprendido, y las matemáticas y ciencias asociadas, con una web que le permitiese compartir con más gente que esa vida era posible y el resto de sus intereses. A lo mejor era posible apasionarse por el remo, pero el no se veía así. Creía que se sentiría más vivo, si estaba apasionado por lo que hacía. Sobre eso había un poema holandés de unas abejitas que al olor de unas flores lejanas volaban hacia ellas en medio del frío y terminaban muriendo en medio de la nieve. La llamada de las flores era inexcusablemente seguida por ellas, aunque muriesen alcanzándolas no se sentían vivas si no seguían ese olor(Nadie puede por naturaleza, detener su pasión/ nadie puede por naturaleza/ en vida anhelar la muerte). El acercarse a esta vida(comodidad, buenos alimentos, vida sana en contacto con la naturaleza y cultura) desde el remo a distancia parecía la vía más fácil pero imposible de acuerdo a los criterios de la hormiga. Así pues, de la misma manera que se habían aprendido los rudimentos de albañilería, trabajando de peón de albañil en la construcción de su madriguera, mientras se terminaba ésta PP fue aprovechando algunos fines de semana aprendiendo cosas del campo y la granja con Claudio, su oso vecino, trabajando digamos de peón agricultor. A la vez hacía publicidad de clases particulares en las localidades cercanas (Cudillero, Pravia, Muros, Soto del Barco, etc). Con el tiempo fue teniendo más y más alumnos los fines de semana. Sus próximas vacaciones las dedicó por entero a aprender cosas de la granja y a aprender a restaurar muebles con el que había restaurado los suyos. Cuando se vio algo más seguro de sus capacidades y ya tenía un grupo de crías que le pagaban por su instrucción, planteó en su galera que se quería ir allí, que si querían contar con él tendría que ser en la posibilidad de boga a distancia, ya planteada repetidamente. Como esperaba le dijeron que no y él se marchó a su madriguera. Poco a poco consiguió aumentar sus alumnos y la productividad de su huerto ecológico, al principio completaba sus ingresos colaborando restaurando muebles, y profundizando sus relaciones con Claudio. Finalmente hubo la posibilidad de que él con otros vecinos se ocupasen de su huerta y de sus animales, en especial del fiel Gos durante un tiempo, y PP inició con éxito la peregrinación a la soñada Florencia, a la que llegó a lomos de su otra fiel compañera, su bici, tras tres semanas de viaje iniciados en Portbou, en la frontera catalana-francesa, a donde llegaron llevados por varias galeras de tierra.

 

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