
Menalcas 1 Menalcas 2 Menalcas 3
Menalcas 4
El placer llamaba a mi puerta; el deseo le contestó en
mi corazón; yo permanecí de rodillas, sin abrir.
¡Es cierto, sí!, mi juventud fue tenebrosa;
Me arrepiento de ella.
No saboreaba la sal de la tierra
Ni la sal de la gran mar salada.
Creía que yo era la sal de la tierra
Y tenía miedo de perder mi sabor.
André Gide