DISCERNIMIENTO
SOBRE
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ATURALEZAS |
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EBULOSAS |
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ECIAS |
Del Diccionario de
Naturaleza: Esencia y
propiedad característica de cada ser
Nebulosa: Materia
cósmica celeste difusa y luminosa, que ofrece diversas formas.
Necia: Tonta,
boba, estúpida, presumida...
Totalmente alucinado por las noticias del Telediario,
salí a la calle en busca de, pero aún no había tardado cinco minutos cuando
aquel hombre apareció en mi vida, sus ojos me parecieron cristales y su voz retumbó
en mi cabeza, recuerdo su cara verde y sus labios amoratados por el frío, y me
llamó. Después del segundo vaso que volví a pagar yo, empezó a contarme cosas
de su mujer y sus hijos, después de tercero que volví a pagar yo, me habló de
sus padres y sus abuelos y por fin después del cuarto que también volví a pagar
yo, me habló de él; dando un pequeño paseo nos llegamos a la escalinata de la
catedral vieja y resguardados bajó el muro de la entrada, nos sentamos y
hablamos y fumamos y a veces no decíamos nada y otras nos levantábamos y dando
pequeños saltos nos calentábamos los pies. Hace quince días que nos encontramos
y catorce y medio que no sé nada de él. Había nacido muy lejos, casi en el
extranjero y ahora no se afeitaba, su barba canosa y sin cuidar me recordaba
los encajes que hacía mi abuela, me la imaginaba extendida sobre la mesa del
comedor. Me dijo que había viajado mucho antes de casarse y después, cuando
harto de discutir con su mujer, se marcho de casa, y me habló de una playa con
erizos blancos y de una montaña de nieve roja, de un sol con rayos de acero y
de unas noches sembradas de sudor y semen.
Debería tener más de cincuenta años y sus manos aún
eran firmes para masturbarse, porque este hombre era una masturbación continua,
incluso a veces notaba en su cara los terribles y contundentes orgasmos de su
alma. Era capaz de subir a gatas al campanario de la catedral ó de caer al
suelo hipnotizado por la luz de la farola.
Yo seguía con mi viaje de grifa ayudado por los vasos
de vino, y mi mente aún repetía la voz del hombre, porque él ya no estaba. La
última vez que le vi, corría detrás de un gato
vagabundo y aunque esperé que volviese cerca de media hora, ya no volvió
aparecer. Bajé las escalinatas muy despacio, pues no quería caerme y al llegar
abajo corrí por toda la plaza, hasta que un coche me deslumbró con los faros,
escondiéndome detrás de una columna como si estuviera escapando de él. Me senté
en el suelo y encendí el último porro que me quedaba, entonces volví a verle,
llevaba una túnica blanca y su cara era más verde todavía, pasó junto a mí pero
no se detuvo, ni siquiera me miró, solo hablaba, pero no logré entenderle, no
parecía mi idioma, pero su voz volvió a retumbar en mi cabeza, empecé a tener
miedo, pero la voz continuaba machacando, grité, me tapé los oídos, pero era
inútil, volví a gritar pero era imposible sacármela de encima, estaba
aterrorizado y desesperado, no podía aguantarlo más, sentí que me caía al suelo
cuando de pronto la voz desapareció de mi cabeza; poco a poco fui tomando
conciencia de mi persona y pensé en lo que había sucedido por lo que empecé a
relajarme a medida que justificaba la noche como un producto del vino y los
porros, entonces me levanté y caminando llegué hasta un café para tomar algo,
pero cuando iba a entrar tropecé en el portal y dando tumbos caí encima de una
mesa, la gente comenzó a reír con unas carcajadas enormes, una risa que
retumbaba en mi cabeza; estaba encima de la mesa con los ojos cerrados y los
puños cerrados de la rabia, empecé a golpear en la madera como un loco, cada
vez más fuerte, hasta que las carcajadas pararon de golpe, levanté la cabeza,
abrí los ojos y lloré, todos los hombres que habían eran iguales, tenían la
cara verde y una túnica blanca y me miraban con ojos que parecían cristales.
Debí desmayarme entonces, pues no recuerdo como
llegué hasta esta habitación y estas ropas que llevo no sé de donde las he
sacado, pero me quedan bien, tengo hambre pero no tengo dinero, voy a salir a
la calle en busca de...
UENTO
INERTE EN
Volaba tan despacio que parecía que estaba colgada
del cielo, tenía las alas más bonitas que ninguna otra y su cuerpo era de una
belleza deslumbrante, ella lo sabía y por eso volaba tan despacio, era una
mariposa muy presumida y sin embargo algo no la dejaba ser feliz, tenía miedo,
puesto que era la más codiciada por los cazadores de mariposas. Un día del mes
de Mayo cuando conversaba con una rosa amiga fue cazada por un cazamariposas y
después de llenarla de alcohol, la metió en una caja con las alas abiertas y
pinchada con un alfiler, junto a otras mariposas más feas; la gente que la ve,
dice que es la más bonita que han visto jamas, pero
la mariposa ya no vuela despacio, ni es presumida, y no sabemos si es feliz.
Cuando se supo la noticia hubo un gran revuelo entre
el resto de animales y plantas que la conocían, también hubo una niña que lloró
por ella.
La rosa, que también era la más hermosa del jardín,
la echó de menos durante los días que existió hasta que la cortaron de su rama.
Ese día el jardín se rebeló y vinieron miles y miles de mariposas y abejas y
mosquitos y crecieron rosas y claveles y lirios y crisantemos y allí en el
jardín empezaron a gritar: ¡asesinos! ¡asesinos! a los
dueños, pero estos no escuchaban y continuaron cortando flores y matando
insectos y los que quedaban vivos seguían gritando asesinos, asesinos.
Los gritos fueron oídos por otros animales y pronto
en el jardín aparecieron lagartos, ratas, conejos, cuervos, gorriones, buitres,
gallinas, pavos, y crecieron plantas que nunca habían estado como helechos,
enredaderas, tojos, vides, cactus y malashierbas.
Una vez todos reunidos y en común acuerdo, decidieron
vengar a la mariposa y a la rosa y dar muerte de los habitantes de la casa y
efectivamente, dos días después aparecieron con los brazos y las piernas
abiertas, estaban clavados en una caja con un enorme alfiler atravesándole el
corazón; la gente que lo ve no dice que es bonito, sino que lloran la muerte de
unos asesinos. Ahora son los hombres los que se unen y quieren redimir estas
muertes; para hacerlo no se les ocurre otra cosa que envenenar los ríos y los
mares, quemar montes y praderas, contaminar el aire y levantan torres de
hormigón en los jardines, por lo que poco a poco los animales y las plantas van
muriendo, la lucha contra estas armas ha sido horrible para ellos y los hombres
han triunfado; ahora se les ven por las calles con una mascarillas para poder
respirar y comen a base de pastillas fabricadas por ellos, tienen problemas por
la escasez de agua potable, el sol casi no calienta y los niños parecen de
yeso.
Mueren a los treinta años y queman a sus muertos,
cada vez nacen menos niños, dentro de poco es posible que solo sean dos: un
hombre y una mujer, entonces el hombre meterá a la mujer en una caja, con los
brazos y las piernas abiertas y le clavará un enorme alfiler en el corazón
después llenará la caja con alcohol y se meterá él y morirá con los brazos
abiertos gritando asesinos, asesinos.
Detrás de aquellos montes, una mariposa vuela muy
despacio, parece como colgada del cielo, es muy bonita y tiene un cuerpo y unas
alas preciosas, poco a poco se va acercando, es una mariposa muy presumida, a
su paso todo se destruye: torres de hormigón, puentes, presas, montes, se
desbordan ríos; a su paso solo queda fuego, todo arde, todo muere y hasta la
tierra quema.
La mariposa lentamente se aleja, parece como colgada
del cielo y es muy bonita y tiene un alfiler clavado en el corazón.
L
VIEJO BURNET Y YO (CUENTO DE PIRATAS)
A
medida que voy escribiendo palabras, pienso que pueden decir, pues esta claro
que las palabras por si solas no dicen nada, solamente cuando las pones en orden expresan una idea, un pensamiento, una
historia. Quizás hubiera sido mejor cogerlas todas y arrojarlas sobre un papel,
tal vez hubiese conseguido una buena historia, o quizás me habrían lanzado el
mensaje de que no debo seguir.
Parece que estoy entrando en una fase negativa y que
busco escribiendo la solución a algo que me atenaza.
Mi imaginación se está derribando por momentos; es
mejor que no siga.
Han pasado varios años, seis, ocho, no sé quizás
solo hayan sido días, quizás solo hayan sido algunas noches, ya casi no
recuerdo porque escribí aquello, solo recuerdo que era más viejo que ahora y
que estaba deprimido, hoy es diferente, hoy hace sol, es por la mañana y el
aire fresco de la primavera mece mi cabello negro. El camino es ancho y está
protegido por unos altos cipreses que miran orgullosamente al cielo, junto al
estanque una muchacha rodea con sus brazos a un niño que llora, porque se le ha
caído la pelota. De repente un pequeño gorrión se posa sobre mi hombro y canta,
el sol calienta sus plumas, y las mueve.
A
lo lejos se perfila la montaña entre la bruma, hacia ella me dirijo, despacio,
el camino es ancho y está protegido por altos cipreses; en la montaña está la
gruta, rodeada de pinos y olmos, solo se la puede ver cuando estas muy cerca,
desde lejos es imposible, solo la conocemos dos personas: el viejo Burnet y yo. Yo la encontré por casualidad, caminando un
día de invierno por la montaña, perdí la orientación con la oscuridad y
siguiendo a un conejo di con ella a la vuelta de un recodo de piedra que la
protegía; allí me guarecí del frío durante toda la noche y a la mañana
siguiente volví para explorarla con todos los utensilios necesarios.
En
el momento de entrar, una voz me llamó, era el viejo Burnet
que se acercaba entre los pinos con un rifle apuntándome, al principio me
asuste después cuando me fui reponiendo y con toda la calma de que era capaz le
hablé:
-Buenos
días, sería tan amable de dejar de apuntarme con ese arma, no creo que haya
hecho nada que pueda molestarle.
El
viejo Burnet no contestó pero bajó el rifle y me
sonrió, acercándose hasta donde me hallaba me dijo:
-Perdona
muchacho, pero hace tiempo que no veo a nadie venir por estos parajes y pensé
que podría ser alguien con malas intenciones.
Después
dijo:
-¿Que
te trae por aquí? Si puede saberse.
Le
contó lo sucedido el día anterior y que me gustaría explorar la cueva, entonces
fue cuando comenzó a contarme la historia, aquella que debía de haber escrito
hace años, cuando era viejo y pensaba que las palabras pueden formar una
historia, si las coges todas juntas y las tiras sobre un papel.
La
historia hubiera sido de piratas de parche en el ojo, de pata de palo, de
tesoros escondidos, de planos que le faltan un pedazo, de loro malhablado, de
abordajes, de café en el puerto, de camiseta de rayas, de duques e hijas
casaderas, en fin de todo lo que hace falta para una buena historia de piratas.
Cuando
hubo terminado recorrimos la gruta y me enseñó el tesoro que estaba escondido,
como ya habéis podido imaginar, pero el viejo Burnet
no se había atrevido a abrirlo después de haberlo encontrado hace ya veinte
años. El motivo era que junto al tesoro encontró un manuscrito donde se leía en
un idioma antiguo, que el primero que abriese el cofre se convertiría en una...
¿rana?, ¿lechuza?, no mejor en una serpiente cascabel (me gusta lo del tintineo
cuando te va a morder). Por esta razón el viejo no se había atrevido. Yo le
dije que eso eran tonterías, que lo escribían en aquella época para asustar, y
que hoy en día no había que hacer caso a maleficios y brujerías. Así que
decidimos abrir el cofre entre los dos, puesto que las cerraduras estaban
oxidadas y uno solo hubiera tardado mucho más tiempo. Ya estaba casi abierto
cuando al fondo de la gruta se encendió una luz, nos quedamos mudos por la
sorpresa, la luz era intensa como las de los faros de los coches buenos, y se
acercaba hacia nosotros lentamente, poco a poco pudimos ver una figura y
después su cuerpo nítidamente. Era una muchacha de unos veinte años desnuda y
con semblante sereno, sin decir nada pasó entre nosotros y terminó de romper la
cerradura, al instante se abrió la tapa y pudimos ver su interior.
En el interior había un preservativo marca Durex superfino y que inmediatamente me coloque, cogí a la
muchacha y sobre el suelo de aquella gruta hicimos el amor mientras el viejo Burnet se convertía en serpiente cascabel. Desde entonces
voy todos los días, para hacer el amor con la muchacha, que por cierto se llama
Naomi, y a darle de comer al viejo Burnet que se arrastra alegre haciendo sonar el cascabel.
En el interior había un libro escrito en un
idioma antiguo, que por la portada debía de tratar de una historia de piratas,
y entre sus páginas, un pétalo de rosa roja como los labios de la muchacha, y
que al verlo dejó caer una lágrima de sus ojos azules. Imagino los recuerdos
que debían de venirle a su memoria, en ese momento; después se fue diluyendo en
el aire dejando una luz intensa en el interior de la cueva, al tiempo que el
libro comenzaba a arder. Mientras, el viejo Burnet y
yo poco a poco nos fuimos convirtiendo en una serpiente cascabel.
L
SUEÑO DE UNA NOCHE DE RESACA
Todo empezó en la cola del cine, cuando me
dirigía a ver El último mohicano, me preguntó si era el último de la fila, pero
sus ojos parecían querer preguntar mas, yo le dije que si, con la intención de
que se quedara a mi lado, pero de entre los que me seguían salió una voz que
deshizo el hechizo, me sonrío tímidamente y se colocó al final. Una vez que
hube sacado mi entrada, espere en la puerta hasta que la vi
venir, le sonreí y le pedí perdón, ella no dijo nada y siguió lentamente hacia
el patio de butacas, a los pocos pasos se volvió y me miró, corrí a su lado y
nos sentamos juntos entre las ultimas filas del cine.
A
la salida la invite a tomar algo en un bar, empezaba a llover, nos metimos en
el primero que encontramos y nos sentamos en la mesa del fondo, entonces nos
miramos sin decir nada.
-¿Que
van a tomar? - nos preguntó el camarero.
-
Unos bocadillos y unos cafés, por favor
Su
boca se abrió para empezar a comer y yo me la imaginé mordiéndome los labios,
sus manos agarraban el bocadillo con fuerza y yo me la imaginé agarrando mi
sexo de la misma manera, por su mirada me di cuenta que adivinaba lo que estaba
pensando, y le sonreí, ella me la devolvió con un signo de complicidad. Así que
acabamos la cena y cogidos de la mano nos fuimos caminando bajo la lluvia hasta
mi casa, en el ascensor le dije que me gustaba y en la entrada del apartamento
la bese en la boca. Una vez dentro nos sentamos en el sofá y le pregunte si
quería tomar algo, ella me dijo que no con la cabeza, entonces me eche sobre su
cuerpo y empece a acariciarle los senos, las piernas,
el cuello, el trasero, poco a poco su mano se introducía entre mis piernas
rozando suavemente, le desabroche la blusa y el pantalón, pues llevaba unos
vaqueros muy ajustados, le quite el sujetador y bese sus pezones con ansiedad;
mi sexo no aguantaba mas encerrado, así que me desnude dejándole a merced de
sus manos, lo agarro con fuerza y suavemente se lo metió en la boca, cerré los
ojos y la deje hacer hasta que estuve a punto de eyacular, entonces le pedí que
se desnudase que quería introducírsela, ella se negó con rotundidad, yo me puse
furioso y valiéndome de la fuerza le baje los pantalones, entonces fue cuando
apareció, tenia un enorme bulto donde no debía de haber sino jugo, sorprendido
la mire, ella me miraba con temor, durante un largo momento no dijimos nada,
después extendí mi mano, acaricié su enorme bulto y sacándolo de su prisión me
lo metí en la boca.
Empece a masticarlo lentamente, y a saborear su dulce
acidez, y a medida que lo iba tragando mas saliva me producía, de tal forma que
algunas gotas empezaron a caer por la comisura de labios, y al poco en vez de
gotas eran verdaderos ríos de saliva, babea como un manantial, saliva pegajosa
y verdusca, con un olor un tanto extraña, mezcla de lavanda y lentejas pegadas.
Conforme se producía esta cantidad de saliva, notaba que mi cuerpo se deshacía,
se encogía como si fuera un trapo húmedo cuando se le retuerce para sacarle el liquido. Y así fue como quedé tirado en el suelo, flotando
en un gran charco de saliva pegajosa y verdusca con olor a lavanda y lentejas
pegadas, mientras ella me decía adiós con la mano desde la puerta.
UENTO
PARA NO IR AL PSIQUIATRA
Bajó las escaleras despacio, tenía todo el tiempo
del mundo, no sabía dónde ir y atravesando el portal de la calle miró hacia el
cielo como buscando respuestas. En su cabeza se amontonaban las dudas y sus
pies, sin darse cuenta, lo llevaron aquel bar.
Al entrar se vio sorprendido por el lugar, había poca
gente, miró su reloj y al ver la hora, las cuatro y media, comprendió el
porqué, no era un buen momento para un bar, en la barra una mujer le esperaba
para atenderle, así que fue derecho hacia ella, pidió una copa y se sentó en el
taburete, luego fue recorriendo la barra con los ojos y en la esquina otros
ojos le miraban, se quedó clavado unos instantes en ellos y después volvió a
mirar, aquellos ojos pertenecían a una mujer maravillosa para el estado de
ánimo y para la hora que tenía en ese momento, aparte de los ojos se fijó en su
pelo, en su boca, en sus manos y también en un tatuaje que tenia cerca del
pecho, mientras tanto aquella mujer seguía mirando hacia él de una forma
provocadora, cuando se dio cuenta, notó que empezaba a ponerse rojo y desviando
la mirada se dedicó a la copa que le había puesto la camarera.
En su cabeza ya no había dudas, las aparcó para otro
momento, y la imagen de la mujer de la esquina de barra la fue llenando de
golpe, volvió a mirarla y volvió a encontrarse con su mirada, así que no lo
pensó dos veces y como no era tímido se acercó a ella.
- ¿ Es buen momento para invitarla a una copa?
le preguntó, ella no dijo nada y le sonrió, seguía
mirándole
-
¿Me gustaría saber porqué me mira de esa forma? estoy seguro de que quiere
decirme algo que no alcanzo a entender.
La
mujer seguía sin hablar y cogiéndole de la mano lo llevó a una habitación
contigua donde había mesas y sillas apiladas y una cierta penumbra que apenas
dejaba ver las paredes. Una vez allí, la mujer poniéndole las manos sobre la
cabeza, le besó. Fue un beso largo y fuerte con la boca entreabierta y con los
ojos cerrados y un cruce de lenguas que no querían terminar ninguno de los dos,
cuando se separaron al cabo de un buen rato alguien aplaudió al fondo, miraron
sorprendidos y lograron ver a un viejo que sentado en una silla se reía y
seguía aplaudiendo. El viejo estaba desnudo y aunque por su cara pudiera tener
setenta años, su cuerpo parecía el de un muchacho de veinte.
Tenia a la mujer agarrada por la cintura y después de
mirar al viejo la miró para preguntarle si ella entendía algo de lo que estaba
pasando, entonces sucedió, la mujer tenía la cara de una vieja de setenta años
y el cuerpo de una muchacha de veinte. Como la tenía tan cerca se asustó y la
soltó rápidamente dándole un empujón, la vieja cayó al suelo tropezando con las
sillas apiladas y desde allí le sonreía y le miraba, sus ojos no habían
cambiado y su mirada era la misma que minutos antes le provocaba tanto en la
esquina de la barra, acercándose a ella la volvió a besar y desnudándose le
hizo el amor en el suelo, entre los aplausos del viejo y el aroma del café que
venia del bar.
L LADO
OSCURO DE UN TELEVISOR DE COCINA
Lloraba frente al televisor, la chica ciega acababa de
ser abandonada por su marido por culpa de otra mujer que sí veía, tenía las
manos húmedas después de haber estado fregando los cacharros de la cocina, y
mientras el marido de la ciega cerraba la puerta, se las secó con delicadeza
echándose una crema para que no se le abriera la piel.
Mientras, la otra mujer le preguntaba al marido de la
ciega que como la había abandonado y que era lo que iban a hacer ahora sin el
dinero del padre, pensó en su vida de todos los días y lo harta que estaba de
fregar cacharros, así que cuando el marido le pegó a la otra mujer, ella
decidió hacer lo mismo y marcharse de casa cuando acabara la telenovela, de
momento seguiría para ver que pasaba con el marido de la ciega, al que la otra
mujer había echado también de su apartamento, pues no quería un amante pobre.
Empezó a imaginarse su vida después de irse de casa y
pensó que al principio iba a estar un poco sola, pues no quería ir a casa de
sus padres ni ver a nadie de su familia, también pensó en sus hijos, pero no
había problema, estarían muy bien atendidos puesto que su marido, sí tenía
dinero para mantenerlos; en cambio el marido de la ciega se encontraba en la
calle solo y sin nada; dando vueltas sobre la misma manzana, se plantea ir a
ver a un amigo que también se había divorciado hacia poco de una amiga de la
ciega, y mientras caminaba con su maleta se acordaba de su mujer, que aunque no
veía y era un poco corta nunca le había hecho sentirse tan mal como se
encontraba ahora. Llegó a casa del amigo y tocó el timbre, no oía nada en el
interior y volvió a llamar, después de un instante se abría la puerta y frente
a él se encontraba la ciega, su mujer. La mujer se alegró y casi se pone a
aplaudir al televisor.
- Te está bien empleado por cabrón - pensó ella
Así que una vez terminado el capítulo se arregló y
salió a la calle, era temprano, las cinco y cuarto de la tarde, su marido no
volvía hasta pasadas las nueve y a veces más tarde, Dios sabe lo que hacía
desde las siete que salía de la oficina.
Caminaba despacio sin mirar a nada, hasta que sus
pasos la llevaron a un parque, se sentó en un banco ocupado, y sin darse cuenta
lo vio. Tendría cuarenta años o por ahí, era guapo y alto, le gustaba, debía de
hacer bastante tiempo que no se fijaba en un hombre como ahora lo hacía, mucho
le había enseñado el marido de la ciega, así que no tuvo que pasar nada raro
para que en media hora estuviera en la cama con él.
Y pasaron dos horas más y sonó el timbre de la
puerta, el hombre no estaba en el cuarto, y el timbre continuaba sonando, se levantó
y fue abrir la puerta. Frente a ella estaba su marido con otra mujer.
L HUMO
DEL CIGARRO Y
Termino la última copa y salgo del bar; en la calle
una lluvia fina que poco a poco me va empapando el cuerpo; recorro dos esquinas
o tal vez más dando tumbos, después me siento en un portal y enciendo un
cigarro rubio.
Dijeron en el telediario que iba a llover y llueve,
hay que ver como aciertan los jodidos.
Oye tu, tienes un cigarro?
Quizás sí, déjame mirar la cajetilla, pues si tengo,
toma, quieres fuego?
No deja, ya lo pongo yo, gracias, adiós.
Adiós.
Deben ser cerca de las cuatro de la madrugada, me
está entrando sueño, será mejor que vaya para casa, menos mal que mañana es
sábado.
Me levanto despacio y un poco mejor, la lluvia y el
cigarro me sentaron bien, aunque tengo la boca un poco pastosa y me duele el
estomago, creo que voy a vomitar.
¡Eh! tú, te encuentras bien?
Me parece que ya estoy mejor, gracias.
Quieres que te acompañe a casa?
No creo que haga falta, pero si quieres podemos
pasear un rato, parece que tienes ganas de hablar verdad?
Pues si, como lo sabes?
Lo dicen tus ojos, vamos cuenta, desahógate.
Por cierto me llamo Javier y tu?
Yo soy el Arcángel San Gabriel que está de
borrachera, bueno, es broma, en realidad me llamo Daniel, y tengo un carro de
fuego para ir a casa.
Aún te queda humor para estas vaciladas.
Anda empieza, prometo no incordiar, soy buen
escuchador, que te pasó?
Mi novia me acaba de dejar, dice que no me entiende, que
no le gustan mis cosas y que se aburre cuando está conmigo.
Y tu la quieres no?
Pues tampoco lo tengo claro, también me aburro con
ella algunas veces y estoy deseando dejarla en casa para ir con mis amigos, con
ellos me río más.
Entonces porque sales con ella?
Por ser como los demás?
Pues creo que sí.
Y como sabes que los demás no están equivocados?
Porque lo que hace la mayoría suele ser lo mejor.
Si, lo mejor para la mayoría, pero y para ti, también
es lo mejor?
Nunca me lo pregunté, al fin y al cabo soy como
todos.
Quizás si, quizás seas diferente, nunca lo sabrás con
esa forma de pensar, ahora quieres ser como todos, mañana cuando seas como
todos, querrías que todo hubiese sido diferente, pero entonces ya no hay
remedio.
Me estas asustando, no quiero pensar en eso.
Nadie se plantea su vida a tu edad, pero luego la
vida te plantea a ti, y ya es tarde para reconsiderarla. Nunca escuchaste lo de
"quien me diera empezar de nuevo?", lo dice
la mayoría cuando han pasado los años.
Creo que estas un poco loco.
Yo creo que también pero no lo suficiente.
Bueno, no quiero calentarme la cabeza, bastantes
problemas tengo ya, espero que puedas llegar a tu casa.
Pues mira, después de hablar contigo creo que me voy
a ir, pero no a mi casa, tal vez me vaya al sur, dicen que hace sol y el mar
acaricia tu piel, dicen que las mujeres son más ardientes y en las noches de
luna llena siempre hay alguien que te invita a una copa.
Definitivamente estas loco, adiós.
Hasta la vista muchacho, ya te acordaras de mí cuando
seas como todos.
Mario Picazo dijo que llovería y empieza otra vez a
caer agua, no tengo paraguas, ¡joder! ahora que tenía la ropa seca, deberían
poner soportales en todas las calles, este Alcalde no sé en que estará
pensando, no deberían dejar los bancos en medio de las aceras, cualquier día
tropiezo y me rompo una pierna, con la buena vista que tengo; parecía buen
chaval, tiene las mismas dudas que tenía yo a su edad, pero a mi nadie me
habló, parece que me están llamando.
Daniel, Daniel, oye que lo pensé mejor y me voy
contigo.
Pues venga, dentro de una hora sale el tren, vamos
andando hacia la estación.
N MES DE
JUNIO EN EL SUR
Aunque a veces no sé lo que me digo, supongo que la
locura de los cuerdos, es el terrible pago que hacemos el resto de los locos,
al progreso de la destrucción de la vida.
Reconozco Señor que soy culpable de haber querido ir
al horizonte del amor y aunque casi lo consigo, bien te encargaste con tus
mágicas artimañas que me transformara antes en un hombre normal, pero se te
olvido borrarme la memoria y ahora medio roto por las inútiles necesidades que
me hiciste crear, escribo palabras que me recuerdan la noche aquella que tan
cerca estuve de la felicidad.
Serían sobre las diez ó tal vez más, las once quizás,
no recuerdo bien, pero aún siento tus manos en mi cuerpo y el sudor de aquel
mes de junio en el sur. Nos acabábamos de despertar, desnudos, había sido una
noche diferente, digamos que fuera de lo normal, no especialmente maravillosa,
increíble, inolvidable, fantástica, simplemente diferente. Pero al despertar,
desnudos, y notar tus manos en mi cuerpo y el sudor de aquel mes de junio en el
sur, y mirarte a los ojos y besarte, se me rompieron los esquemas. Había sido
una noche diferente, pero el despertar fue el momento que estuve esperando
siempre, y aquella sensación de elevarnos abrazados, de sueño real, de plenitud
vacía, de encuentro en la eternidad me quedó tan dentro que pasan los años y
sigo notando tus manos paseando por mi cuerpo mientras el sol me abraza en un
día cualquiera de un mes cualquiera en el sur.
Aunque a veces no sé lo que me digo, supongo que la
locura de los cuerdos es el terrible pago que hacemos el resto de los locos al
progreso de la destrucción de la vida.