Queridos amigos:
Nos vamos poniendo en marcha en este nuevo curso que empezamos.
Un gran reto tenemos delante: la celebración de las Bodas
de Plata de nuestra Comunidad Parroquial. En ella, se realizarán
variedad de actividades que es necesario dar a conocer para informar
y para ofrecer cauces de integración de las inquietudes
de los fieles.
Desde aquí queremos agradecer
vuestra participación en la labor parroquial durante veinticinco
años y animaros a continuar y ampliar nuestro esfuerzo común
por crear una verdadera comunidad de cristianos.
Estamos viviendo un momento de la historia de la salvación
sugestivo e inquietante a la vez. No es cristiano cruzarse de brazos,
menos todavía limitarse a juzgar o condenar la acción
y el compromiso de quienes tratan de practicar la fe en su vida.
El cristiano debe convivir en medio de los hombres al estilo de
Jesús, encarnado en el mundo para restablecerlo según
el plan de Dios.
Esto exige enfrentarse a los problemas actuales iluminando sus
incógnitas con la luz del Evangelio. Exige la conversión
personal para acercarnos a las situaciones de conflicto con amor
y ser fermento de la salvación universal que comienza ya
en esta tierra.
Nuestra Parroquia no puede definirse por los límites geográficos únicamente.
El sentido de Parroquia ha de tener hoy un sabor peculiar de familia,
de unidad, de colaboración comunitaria. Las celebraciones
de los Sacramentos deben ser expresión de una fe visible
y compartida, una llamada hacia la esperanza en la salvación
y en la construcción de un mundo mejor, según la
imagen perfecta del Primero entre los hermanos, Jesucristo.
Os invitamos a que una vez más actualicéis vuestro
compromiso de bautizados y juntos recorramos el camino que nos
lleva a Dios con el corazón abierto a todos los hombres. |