Historia de Quipú
Historia de Quipú
El Quipu, Antropología y Cultura
 
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QUIPÚ PSICOTERAPIA, CENTRO CLÍNICO Y DE FORMACIÓN
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QUIPÚ, INSTITUTO DE FORMACIÓN EN PSICOTERAPIA PSICONALÍTICA Y SALUD MENTAL
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Quipú
Historia de Quipú

QUIPÚ, EN SU XXV ANIVERSARIO
El 12 de Mayo de 2000 celebramos una fiesta en conmemoración de los 25 años de trayectoria compartida en torno a la idea y proyecto de Quipú. Asistieron a la fiesta, además de los miembros actuales, numerosos ex-miembros y profesionales que han compartido etapas de su formación o práctica con nosotros. Recibimos también homenaje de una variedad de instituciones hermanas, amigos y colegas del ámbito psicoanalítico y grupal europeo y latinoamericano. Desde aquí las agradecemos, tanto en nombre propio como actuales miembros de Quipú (Clínica Psicoterapéutica), como en representación de Quipú, Instituto de Formación en Psicoterapia Psicoanalítica y Salud Mental , entidad que agrupa a más de setenta profesionales.

Las efemérides siempre convocan al balance y la reflexión sobre lo vivido y aportado, y así se plasmará en diferentes medios. Hemos conmemorado anteriormente nuestros X y XX aniversarios, que a través de sus imágenes, muestran cortes de la historia y proceso personal y grupal compartido. A lo largo del trozo de historia de la Psicología Clínica, Psicoterapia y Psiquiatria que representamos, han sucedido numerosos avatares tanto personales como institucionales. Evitando cualquier tentación panegírica, no corresponde por ahora dar testimonio directo de las transformaciones institucionales habidas en los últimos años, que requieren mayor distancia para ser relatadas con fidelidad, y desde todos los ángulos necesarios. Una tarea que podría quedar para el historiador, si alcanzase el interés que así lo justifique.

Carlos Cabello, Javier Castelo, Antonio García de la Hoz,
Magdalena Grimau, María Luz Rubí, Teresa Santías, Alfonso Viada, Pilar Cano y Jenaro Biyang.

Miembros de Quipú en diferentes épocas celebran juntos el XXV aniversario (12-5-2000). De izquierda a derecha y de arriba a abajo: José Gimillo, Antonio García de la Hoz (abajo), Pilar Alonso, Carlos Cabello (abajo), Fernanda Revilla, José Antonio Reguilón, Magdalena Grimau, Alfonso Viada, Juan José Rueda, Carlos R. Sutil, Alejandro Ávila, María Luz Rubí, Luis Conde, Teresa Santias, Javier Castelo, Paloma de Pablos.
 
Miembros fundadores de Quipú, celebrando en Lhardy (Madrid) el X aniversario (1985): De izquierda a derecha: Isabel Bombín, Carlos Cabello, Alejandro Ávila, Pilar Alonso, Antonio García de la Hoz y Nicolás Caparrós.

ALGO DE HISTORIA GRUPAL
Conmemoramos el XX aniversario de nuestra historia como grupo el 13 de mayo de 1995 en recuerdo de nuestra primera presencia pública como tal: las Mesas Redondas y posteriores grupos operativos realizados del 13 al 15 de Mayo de 1975 para los estudiantes de Psicología en la Universidad Pontificia de Salamanca. Esas actividades fueron promovidas por un núcleo de estudiantes especialmente comprometido y activo, en los que entonces eran los únicos estudios de Psicología en Salamanca y de entre los escasos del país. Demandaron nuestra presencia al considerarnos exponentes de una manera alternativa de enfocar la psicología, tanto en lo teórico como en la práctica. Nuestra respuesta fue proponer unas mesas redondas sobre la Clínica en las que con técnicas de grupo grande se debatían los diferentes aspectos implicados en la Clínica, seguidos por grupos operativos en los que la tarea giraba en torno a la discriminación de los diferentes contextos y papeles en la producción de la patología: familia, institución educativa, entorno social...

"Si la Psicología no ofrece una alternativa, es preferible silenciarla". Así predicaba el slogan del primer cartel anunciador de uno de nuestros productos más singulares: Clínica y Análisis Grupal , "Revista de Psicoterapia y Psicología Social Aplicada". Tan radical propuesta sintetiza bastante bien el espíritu fundante del grupo, trece psicólogos en ruptura con la psicología académica y profesional de la época, nucleados en torno a una interpretación ideológica sobre el lugar del sujeto (paciente y/o profesional) en la sociedad que le significa y a la que pertenece, formulada y liderada por una pareja fundadora: Nicolás Caparrós, psiquiatra profundamente comprometido con el cuestionamiento de la psiquiatria tradicional de la que se separa tras su experiencia en diferentes "manicomios" y especialmente en el de Leganés, partícipe en Plataforma , y que resulta portador del legado de la psicologia social de base psicoanalítica propiciada por Enrique Pichon Rivière y sus discípulos en Argentina; con él, Susana López Ornat, psicóloga, que a través de su profundo conocimiento de la psicolinguística contribuye a desentrañar el entramado ideológico organizado en torno a la "psicología científica", portadora del pensamiento de Wallon y Vigotsky...

La "Crísis de la Familia", análisis sobre el lugar del individuo, la familia y la sociedad en el difícil tránsito de la ideología dominante en la España de finales de los sesenta a lecturas alternativas; la presentación de las ideas y propuestas antipsiquiátricas ("Laing en la contracultura"); la oferta de métodos de intervención ("Psicología y Sociologia del Grupo") y la posterior articulación del marco epistemológico ("Psicología de la Liberación") son algunos de los brillantes hitos de la etapa inicial de una trayectoria teórica y aplicada que nos reúne en torno a Nicolás Caparrós desde 1974.

Nicolás traía acentos nuevos a su regreso de Argentina a donde había cursado un "exilio" voluntario tras una intensa etapa dedicada a la crítica de las instituciones que interpretaban la salud mental en España, indisociable entonces (y ahora) de una lectura ideológica del conjunto de la realidad política y social. La toma de distancia con esa etapa -en gran parte agotadora y agotada- y el contacto con una lectura más libre pero a la vez más esencialmente comprometida de la teoría psicoanalítica, re-interpretada desde el Sujeto Sociedad-Persona, hace posible que cuando Nicolás regresa, esa vuelta amorosa contenga el germen de un proyecto grupal.

De alguna manera todos proponíamos una lectura radical o expresabamos el descontento con la Psicología que conocíamos.. y no estábamos precisamente desinformados. Los Cuadernos de Psicología Crítica que promovíamos un grupo de estudiantes, casi la única producción científico-profesional "viva", conocieron las aportaciones directas o indirectas de Nicolás y Susana, fueron el germen de destacadas publicaciones posteriores, y tenían gran calidad y actualidad (aunque me parezca feo decirlo). Su posterior transformación y cierre dejó sembarada la semilla que me llevó a fundar la Revista Clínica y Análisis Grupal en el otoño de 1976, y que poco más tarde sería asumida por el grupo. En ella, principalmente en sus primeros diez años, puede rastrear el lector nuestras inquietudes, producciones e influencias recibidas y proyectadas.

Uno a uno desfilan en el recuerdo nombres indisociables de nuestra historia: Antonio Caparrós, incuestionable ejemplo de compromiso y humanidad en quién además nos trajo cuestionamientos teóricos de altura; Armando Bauleo, de quien algunos no podemos olvidar su capacidad para enseñar a pensar (¡aquella clase sobre la ideología!); Emilio Rodrigué, ejemplo vivo de quien sin haber roto con la IPA se permitía pensar y vivir libremente, avergonzándonos a todos (incluso hoy en día) de lo viejos que estamos; Eduardo Pavlovsky y Hernán Kesselman, terapeutas y/o supervisores de algunos de nosotros, que nos confrontaban con las nuevas maneras de pensar y hacer; Fernando Ulloa, que nos hizo con Eduardo Pavlosky un "pequeño" análisis institucional que aún se recuerda... Imposible e inconveniente pretender trazar una nómina de todos los que enriquecieron nuestros comienzos; pero inevitable que acudan otros recuerdos: el taller de psicodrama con Norma Ferro; el curso de terapia de familia con Marta Berlín; el curso de psicosis con Angel Fiasché... forzoso es detenerse. En todo ese hilvanar experiencias, Nicolás Caparrós engarzaba las tramas y llevaba el hilo conductor de la formación teórica y clínica, enseñandonos en profundidad a pensar como clínicos, dándonos además la oportunidad de compartir generosamente con él nuestras primeras experiencias profesionales...

Y la variedad de influencias también provocó crísis: el sentimiento de colonización a la inversa y de ser invadidos, que llevó a la editorial del número 3 de Clínica .. que aunque lamento su inoportunidad debió entenderse como inevitable fruto de las tensiones por recuperar límites para la identidad grupal. Las diferencias con quienes nos querían situar desde lecturas particulares de la formación y la práctica psicoanalítica: la ortodoxia IPA tal como se interpretaba en aquella época en Madrid nos situó enfrente de esa interpretación, pero podríamos especular que nos habría sucedido si hubiesemos estado más cercanos a Bercelona; también la lectura de Lacan pasó, enriqueciendo pero no convirtiendonos en adeptos.

Esta es una de nuestras trazas de identidad más genuinas: parece que finalmente no hemos conseguido ser adeptos de nada, y nuestra institución clínica y de formación, o la asociación científico-profesional que hemos promovido, pueden ser descritas como espacios abiertos para el ejercicio libre-pensador de todo un conjunto de personas que respetando el marco de las influencias recibidas del Psicoanálisis -entre otras- ejerce diferentes posiciones dentro de una lectura que sitúa el trabajo teórico, los desarrollos técnicos y la intervención clínica dentro del Psicoanálisis y sus variantes psicoterapéuticas, pero no por eso fuera de la Sociedad y contextos en los que se aplica, y de la evolución general del pensamiento científico y sus diferentes saberes.

Con haber sufrido muchas transformaciones y pérdidas, algunas muy dolorosas, también expulsiones, compruebo que de hecho somos el único grupo en el que permanece inalterable al menos una parte de sus miembros fundadores. Aunque lo intuía, me ha sorprendido constatar que en algún otro grupo que procede aproximadamente de la misma época se han llegado a renovar todos sus miembros. Esta constancia en una institución no oficial ni funcionarial, que se mantiene pese a las divergencias naturales de los intereses y trayectorias privadas, está anclada en substratos más profundos que los que un análisis superficial propondría.

Nos unen muchas cosas: afectos ligados a la experiencia compartida; trozos de vida personal común, pero también toma de distancia para no asfixiarse en lo fusional; el descubrimiento del placer del trabajo profesional o teórico con compañeros con los que exista confianza básica y contención mútua; los proyectos con exito (afortunadamente la mayoría) y los por el momento fracasados (la Unidad de Día y/o Centro de Crísis); la recuperación constructiva de los contrastes y diferencias que surgen de recorridos distintos... pero ante todo la posibilidad de discrepar y pelearnos sin sentirnos esencialmente amenazados. La envidia, la rivalidad profesional, el desamor, la duda, y los cantos de sirena nos amenazan inevitablemente como a todo el mundo.. pero aún resistimos.

Probablemente resistimos porque somos un Quipu, anudamiento singular en el que de una cuerda común penden numerosos hilos anudados portadores de historia y conocimientos a través de las generaciones. Un Quipu al que nosotros pusimos un acento (Quipú) cuando Susana descubrió en sus legajos de conocimientos del lenguaje un sentido que vino a calmar nuestra desesperada búsqueda de identidad. Un acento diferente porque si bien recuperábamos un saber que procedía de una cultura indígena americana (incaíca) que había resistido en alguno de sus símbolos a la colonización, lo hacíamos aquí y para otra resistencia diferente, la que primero como individuos producto de nuestros grupos, y más tarde como grupo, teníamos que enfrentar para ser.

El vértigo que representan veinte años es tanto un placer excitante como un recuerdo de que los proyectos no están concluidos.

S.Freud S. Ferenczi E. Pichon Rivičre M.Klein W. R. Bion D. W. Winnicott J. Lacan M. Langer F. Doltó R. D. Stolorow