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En 1615, al otro lado
del Puente, se erigió una capilla dedicada a Nuestra Señora de los
Angeles, que pertenecía a los frailes dominicos para construir en el,
una casa de estudios para los hijos miembros de la Cofradía del
Rosario.
Hacia 1624 se
reedificó la Capilla, junto a un espacioso atrio, y 10 años más
tarde en un desborde del río Rimac estuvo a punto de ser arrasada por
las aguas, de no ser por San Martín de Porres, quien corrió en su
auxilio para evitar su total destrucción. Al llegar al barrio de las
Cabezas, calmó a los fieles que salvaron cuanto pudieron y luego de
una oración, arrojó tres piedras en nombre de la Santísima Trinidad
y las aguas volvieron a su cauce.
Ya antes de 1624 se
había mudado la advocación por la de Ntra. Sra. de las Cabezas.
Durante algunos años estuvo cerrada al culto y dado su estado no
llegó a establecerse capellán para dicho templo,; sobre su ajuar
cabe decir que era muy valioso y sus devotos no eran pocos, su
devoción tuvo cierta fama en los años republicanos y aunque estuvo
durante muchos años del sigl oXIX cerrada al culto, se logró reabrir
sus puertas a la feligresía cuando este fué nombrado
vice-parroquia.
Aunque la devoción a
la Virgen de las Cabezas ha sufrido notable decadencia, hoy al menos
en su barrio es conocida, pero de su devoción no se encarga nadie por
difundirla..
Fuente:
- VARGAS UGARTE, Rubén. Historia del Culto de María en Iberoamérica.
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