|
Los
valencianos al igual que otros españoles, lograron traer la devoción
a Nuestra Señora de los Desamparados, que en muy pocos años se ganó
al cariño del pueblo limeños y su templo histórico cobijó el
primer Sermón de las tres horas en todo el Orbe católico, conozcamos
esta advocación mariana.
Hacia
el año 1629. D. Bartolomé Calafe, natural de Valencia - España,
pidió al Cabildo de la Ciudad que le cediese el sitio que ocupaba por
aquel entonces la Horca, a espaldas del Palacio del Virrey, para
levantar en dicho lugar una capilla a Nuestra Señora de los
Desamparados, siendole concedido el 3 de agosto del mismo año.
Más
tarde la capilla fué cedida a los Jesuitas el año 1657, pasó a ella
el Venerable Francisco del Castillo, y por su labor la imagen de la
Virgen empezó a tener el culto más lucido. Pasados algunos años el
padre del Castillo tuvo la idea de realizar otra efigie y a su efecto
eligió una de la advocación del Pilar, y la cual fué adaptada a la
nueva iconografía de la Virgen Valenciana.
La
nueva y hermosa imagen se trasladó el 17 de diciembre de 1660 desde
la Iglesia de San Pablo de Lima, siendo notable el concurso de fieles
y de la misma manera el trayecto y cortejo de la procesión. Al
costado de la Capilla el P. Francisco del Castillo estableció la
Escuela de Cristo, dedicada al cuidado de niños y pobres.
Con la
ayuda del Excelentísimo Virrey del Perú, Conde de Lemos, se dió
inicio a la fábrica de un nuevo templo que estuviese a la
altura del crecimiento de la devoción, aunque en sus inicios se
presentaron ciertas dificultades, se dió inicio a la obra en 1669,
concluyéndose gracias a la piedad de los limeños y al celo del
Virrey, en 1672 se encontraba terminado el hermoso templo,
consagrándose el 2 de febrero.
Aquel
día se realizó el traslado procesional desde Palacio hasta su
Iglesia nueva, el boato y suntuosidad eran alentados por la llegada de
la bula de Canonización de la Gloriosísima Rosa de Santa María, y
la noticia de la canonización de Francisco de Borja, ascendiente del
Virrey.
Si Lima
por ser la Capital del Virreinato más importante de América, se
precia de su amor a María, en este día mostró a porfía su
filiación a la Reina del Cielo y lo grande de sus riquezas. Sus
calles fueron regiamente arregladas y los altares fueron
primorosísimos tanto en su elaboración como en el suntuoso costo de
los enseres que lo conformaban.
Desde
este día el culto retornó con gran incremento en la Ciudad, más al
fallecimiento del V.P. Francisco del Castillo decayó un tanto la
devoción, pero no fué mucho el tiempo de este momento y se mantuvo
gracias al P. Alonso Messia. Los Virreyes sucesores no fueron
indiferentes a esta devoción, e incluso la consideraban como la
Capilla de Palacio y la enriquecieron con imagenes y altares.
Con la
expulsión de los Jesuitas de los Virreinatos de América, el culto y
templo decayeron bastante, y desde 1746 a 1776 permaneció cerrada al
culto, solo cuando vinieron a ella los sacerdotes seculares, logró
abrir sus puertas a los limeños. En la república el templo fué
vilmente profanado convirtiéndose en cuartel. En 1894 se convino en
realizar una restauración para restacatar este venerable monumento y
en 1897 se bendijo el templo reestrenado, aunque con desmedro de su
original belleza.
A pesar
de haber sido repuesta al culto y de atesorar un gran pasado
histórico, nada impidió su desaparición, con el fin criminal de
cambiar tan venerable monumento que nuestros antecesores dedicaron a
la Virgen Santísima, para darle un mediocre jardín al Palacio de
Gobierno.
Por
fortuna la devoción logró rescatarse del olvido y el templo fué
reubicado por el Gobierno Peruano en Breña, allí se trasladó el
retablo, la imagen titular y algunas imagenes. Hoy la Virgen de los
Desamparados recibe culto en una moderna Parroquia de líneas
contemporáneas en la transitada Av. Venezuela.
Su
Fiesta se celebra el Sábado anterior al 2° domingo de Mayo.
Fuente:
- VARGAS UGARTE, Rubén. Historia del Culto de María en
Iberoamérica.
|